Algunos escritores parecen traídos de otra época, capaces de crear personajes que permanecen en la memoria y atmósferas que inquietan y fascinanEl jurado del Premio Tusquets ha visto en Francisco Serrano uno de ellos. El extremeño, nacido en Guareña en 1982, se ha alzado con el XXI Premio Tusquets de Novela gracias a El corazón revolucionario del mundo, una obra que indaga en los ideales y las sombras del terrorismo de los años setenta a través de la mirada de una mujer que decide hacerse dueña de su destino.
La protagonista, Valeria Letelier, aparece al inicio en un piso franco de Londres. Allí recibe las enseñanzas de Joel, el líder intelectual de una célula anticapitalista que prepara a sus miembros con disciplina férrea y seducción ideológica. Más tarde, refugiada en una casa rural en Francia, Valeria completa un adiestramiento que se asemeja a un viaje espacial: ella misma se percibe como una cosmonauta rusa perdida en la infinitud, flotando en un universo clandestino, aislado, lleno de reglas y renuncias. Pero la irrupción de Carlos Reseda, mercenario experto en armas y documentos falsos —un trasunto de Carlos el Chacal—, hace tambalear sus certezas. Entre Joel, el estratega magnético, y Reseda, el intrigante forastero, la joven comenzará a sospechar que la verdadera batalla no se libra contra el capitalismo, sino dentro de sí misma.
El jurado, presidido por Antonio Orejudo, lo resume con contundencia: la novela es “la historia de una fascinación que deja de ser cegadora y una refutación del idealismo revolucionario”. En su lectura, se ha destacado el magnetismo de una escritura que se adentra en lo más oscuro del corazón humano y que convierte la historia de una célula armada en un mapa de emociones: el deseo, el miedo, la violencia y el poder.

Serrano no oculta que la novela nace de una vieja obsesión: la tensión entre el mito romántico del forajido y la realidad cruda que lo sostiene. “Siempre me han fascinado los rebeldes, ya fueran bandoleros o atracadores de bancos”, reconoce. Pero, añade, cuando se desvanece el halo de romanticismo lo que queda es mucho más turbio. Y precisamente ese contraste —la épica de la revolución frente a la verdad de la sangre, las renuncias y la paranoia— late en el corazón de la novela.
Inspirándose en grupos como la Baader-Meinhof o figuras como el propio Chacal, Serrano explora mundos cerrados en sí mismos, donde el extremismo político convive con dinámicas propias de sectas: la obediencia ciega, el autoengaño, la radicalización mental. Y sin embargo, recuerda, quienes viven en ese ambiente siguen siendo humanos, capaces de amar, de dudar, de equivocarse. “Porque esta es, al fin y al cabo, una historia de terroristas enamorados”, confiesa con ironía.
El reconocimiento ha sorprendido al autor, que hasta ahora se movía sobre todo en los terrenos del terror y la fantasía, con títulos como Perros del desierto (2012), Hajira (2018) o En la costa desaparecida (2020). “Para alguien como yo, que siempre ha transitado géneros poco considerados por la crítica, este premio es una validación inesperada”, asegura. Serrano es también miembro de la asociación cultural Hostia Un Libro y codirector del pódcast Rancho Drácula, dedicado a la cultura popular, facetas que completan el perfil de un escritor que nunca ha renunciado a lo que le apasiona.
Lo cierto es que El corazón revolucionario del mundo, que se publicará el próximo 8 de octubre en la colección Andanzas de Tusquets, parece llegar en un momento preciso: aunque retrata un tiempo en que muchos creían que podían cambiar el mundo, sus ecos resuenan en la actualidad. Entre consignas y adoctrinamientos, lo que brilla en la novela es la lucha de Valeria por afirmarse, por dejar de ser un engranaje más y reclamar su propia voz. Quizá la auténtica revolución, sugiere Serrano, no sea la que se intenta imponer al sistema, sino la que cada cual libra en su interior.
El galardón, que recibió 366 manuscritos, está dotado con 18.000 euros y acompañado por una estatuilla de bronce diseñada por Joaquín Camps. El jurado lo completaron las escritoras Bárbara Blasco y Eva Cosculluela, la poeta Corina Oproae —ganadora de la edición anterior— y el editor Juan Cerezo, que coincidieron en destacar a Serrano como un narrador de prodigiosa inventiva y extraño magnetismo.
Con esta obra, Francisco Serrano no solo obtiene un premio de prestigio. También se confirma como una voz singular de la narrativa española, capaz de transitar de lo político a lo íntimo, de la violencia a la ternura, y de encontrar en medio de la oscuridad un fulgor que lo convierte en uno de los escritores más prometedores de su generación.