“Ellos vinieron antes que nosotros y manipularon genéticamente a nuestros primeros antepasados”

JJ Benítez: “Los militares saben desde hace décadas que los OVNIs existen”

Durante más de treinta años, miles de avistamientos y testimonios sobre OVNIs han permanecido en carpetas secretas y expedientes clasificados. En Están aquí, JJ Benítez rompe ese silencio. El libro reúne investigaciones, entrevistas con militares y testigos, material gráfico y casos que desafían cualquier explicación. Es un recorrido audaz por un fenómeno que ha intrigado al mundo entero, poniendo sobre la mesa preguntas que los gobiernos prefieren evitar.

P. Llevas más de medio siglo investigando el fenómeno OVNI. ¿qué nos vamos a encontrar en este nuevo libro?

R. Llevo 53 años en esta investigación y he reunido una enorme cantidad de material, documentación y testimonios. He conversado con militares de muchos países y la información que tengo es mucho mayor que la que aparece en el libro. Pero era imposible publicarlo todo; Están aquí es una síntesis.

P. ¿Tuviste un papel clave en la primera desclasificación OVNI del Ejército del Aire español?

R. No sé si aquello fue un acto de transparencia real o una maniobra de distracción. Quiero creer que el general Felipe Galarza, jefe del Estado Mayor que me entregó en 1976 los doce primeros expedientes, actuó de buena fe. Creo que lo hizo porque también estaba convencido de que el fenómeno existe y que detrás hay civilizaciones no humanas. Aunque, por supuesto, puede haber razones que desconozco.

P. En el libro mencionas la instrucción IG-40-5, un documento interno del Ejército del Aire que describe incluso las características físicas de los humanoides. ¿Hasta qué punto somos conscientes de lo que el Estado ha registrado oficialmente?

R. Es una gran contradicción. Mientras oficialmente los militares niegan la existencia del fenómeno, internamente circulan cuestionarios como la IG-45, donde se piden detalles sobre el aspecto de los seres que tripulan estas naves. Es decir, niegan públicamente lo que investigan en secreto. Esa información no se había hecho pública hasta ahora.

P. ¿Por qué esa contradicción? ¿Se sabe, pero no se quiere revelar?

R. Los militares, desde hace casi ochenta años, saben perfectamente qué es el fenómeno OVNI. Saben que son naves tripuladas, que pertenecen a civilizaciones no humanas muy avanzadas, y tienen evidencias: imágenes, testimonios y registros de radar. Por eso elaboraron la IG-45, para interrogar a testigos que aseguren haber visto a los tripulantes y recopilar información precisa. Sin embargo, hacia la opinión pública mantienen la negación.

P. Dices al principio del libro que el fenómeno OVNI desarticula dogmas y creencias. ¿Por eso no interesa?

R. Exacto. Estudiar el fenómeno te obliga a hacerte preguntas muy profundas: ¿tienen el mismo concepto de Dios que nosotros? ¿Existe la democracia en otros mundos? ¿Hay políticos fuera de la Tierra y son tan mentirosos como los nuestros? ¿Cómo es su sanidad, su cultura, su modo de vida? Son cuestiones que pueden resultar desestabilizadoras. Si se demostrara que Dios existe, pero que las religiones no sirven para nada, ¿qué pasaría con cristianos, musulmanes o budistas? Esa es una de las razones por las que los gobiernos prefieren callar.

P. ¿Y cuál dirías que es la razón más importante?

R. La principal es que la presencia de estas naves deja a los militares en una posición muy incómoda. El ciudadano podría decir: “Yo pago impuestos para que usted me defienda, pero estas naves violan nuestros espacios aéreos y no puede hacer nada”. Ante eso, han optado por negar el fenómeno. Es más fácil.

“Los testimonios que tenemos, que hemos recogido de personas que han visto salir y entrar estas naves en el mar, son cientos.”

P. En el libro hablas también de supuestas bases secretas en España, como la W6. ¿Siguen registrándose fenómenos de este tipo?

R. Lo que sabemos —o deducimos— es que estas civilizaciones se ocultan sobre todo bajo el mar. Es un entorno al que el ser humano apenas puede acceder, y hay cientos de testimonios de personas que han visto naves entrar o salir del agua. Es muy posible que existan bases submarinas. También he recogido casos sorprendentes en la cordillera de los Andes: un testigo aseguró que una nave lo llevó hasta una montaña en Argentina, que se abrió para dejar entrar la nave, y dentro había muchas más. Luego, la montaña se cerró. Podrían ser bases subterráneas.

P. ¿Cómo se hace creíble algo tan increíble?

R. Lo más importante en este tema es la palabra del testigo. Por supuesto, hay huellas, rastros, registros de radar, pero la credibilidad del relato humano es esencial. Si puedes demostrar que una persona no miente ni fabula, su testimonio vale oro. Lo fácil es acusarla de mentirosa. Pero cuando sientes que está diciendo la verdad, su palabra es lo más valioso que tenemos.

Fotografías, Operación Prato y riesgos de investigar OVNIs

JJ Benítez ha recopilado más de 10.000 fotografías y negativos relacionados con el fenómeno OVNI.

P. JJ, ¿cuál es la imagen más contundente que has visto?

R. He visto muchas, y algunas las he publicado. Recuerdo un caso de 1952 en Brasil: un hombre paseaba por la playa de Barra de Tijuca y, a plena luz del día, apareció un objeto con forma de disco y una cúpula. Consiguió fotografiarlo varias veces. Las imágenes fueron verificadas como auténticas, sin ninguna manipulación. Pero hay muchas fotografías impactantes.

P. ¿Y la primera imagen que realmente te impactó?

R. Fue en 1972, cuando comencé a interesarme por los OVNIs y a comprar libros sobre el tema. En una publicación aparecían unas imágenes de Brasil que me impresionaron. Años después, investigando en Cádiz, en la aldea de Bolonia, un joven aficionado a la arqueología fotografió un objeto idéntico saliendo del mar. No conocía las imágenes brasileñas, así que fue una confirmación más de la veracidad de esos avistamientos.

P. Narras episodios estremecedores, como la Operación Prato en Brasil, donde decenas de personas sufrieron quemaduras y ataques.

R. Sí. Fue en 1977, en Belén, al norte de Brasil. Mujeres acudían al hospital contando que habían visto una luz que las dejaba inconscientes. Los militares instalaron plataformas en los árboles para observar y grabar las luces, y constataron que aparecían. Hubo numerosos casos de mujeres con anemia, y se sospecha que las naves extraían sangre de alguna manera. Los militares obtuvieron fotografías y vídeos, todo secreto.

P. ¿Crees que alguna vez sabremos todo?

R. No lo creo. Seguramente siguen ocurriendo encuentros fugaces todos los días, pero un contacto definitivo, oficial o público, lo considero improbable. Creo que está prohibido.

“Alguien me suministró una bacteria para provocarme un infarto”

P. Hablaste del riesgo del investigador. ¿Llegaste a temer por tu vida?

R. Sí, ha habido momentos graves. Con otro libro, Materia Reservada (1993), denuncié la manipulación de la segunda desclasificación de 1992, y a partir de ahí surgieron problemas serios. Durante la filmación de Planeta Encantado, sufrí un dolor muy fuerte en el pecho: 13 anginas que requirieron intervención. Un análisis especial reveló que tenía una bacteria llamada Chlamydia pneumoniae, que se contrae al ingerirla o recibirla intencionalmente. Descubrí que me la habían suministrado en un Pisco Sour en América. Esta bacteria obstruye arterias y puede causar infarto.

P. La gente diría simplemente “murió de un infarto”.

R. Exacto, pero la causa subyacente fue esa manipulación. Esa ha sido la situación más grave que he vivido.

P. ¿Tomas precauciones ahora?

R. No puedo hacer mucho. Si los servicios de inteligencia lo consideran necesario, eres vulnerable. No tienen prisa, pero tampoco piedad.

P. ¿Qué te impulsa a continuar investigando?

R. Un poco de todo: curiosidad, necesidad de conocer más y sobre todo ofrecer información al público. Sé lo que está pasando: civilizaciones no humanas nos visitan desde tiempos inmemoriales y son muy avanzadas. La gente tiene derecho a saberlo, y por eso sigo investigando.


“Mi obligación como periodista es ofrecer lo que sé, no guardarlo”

P. ¿No te parece un regalo para todos plasmar todo tu conocimiento en este libro?

R. Por supuesto. Son muchos años de investigación y de trabajo. El 99% de la gente no puede hacer lo que yo hago: viajar, hablar con testigos, reunir documentación. Mi obligación como periodista es ofrecer lo que encuentro, no guardarlo. Esa es la ley más básica del periodismo: si descubres algo, debes compartirlo.

P. ¿Qué es lo que más te desconcierta del fenómeno OVNI?

R. Me desconciertan las civilizaciones agresivas. Tras años de estudio, calculé que alrededor del 52% de los casos que investigué implicaban agresiones injustificadas, incluso con resultado de muerte. Eso me sorprendió, porque solemos pensar que estos seres son “hermanos mayores”, bondadosos, y probablemente algunos lo sean, pero no todos. Como los humanos. Por eso siempre digo: si tienes la suerte de ver un OVNI, actúa con prudencia. Hay muchos casos en los que los tripulantes o las naves atacan sin razón aparente.

P. ¿Cómo deberíamos reaccionar si viéramos uno?

R. Con prudencia. Si puedes acercarte, hazlo, pero sin provocar. No actúes como algunos testigos humanos que han reaccionado con miedo o violencia. Si llevas una cámara, haz una foto, pero con cautela.

P. ¿Qué te da más miedo: el silencio o la verdad?

R. La verdad, suponiendo que alguien la tenga. Todos tenemos verdades parciales, pero la verdad absoluta no la posee nadie, y quizá sea mejor así.

P. ¿Hay algún caso que te persiga especialmente?

R. Sí. Especialmente los que implican a militares. Es muy difícil llegar a ellos; se niegan a hablar o a reconocer nada, aunque la información termina apareciendo de alguna forma. Cuando por fin localizas al testigo y se niega a contar lo que sabe, es frustrante. Esos casos me persiguen.

P. ¿La mentira oficial o la verdad prohibida?

R. Prefiero la verdad prohibida. Estoy cansado de las mentiras oficiales.

P. Y aun así sigues.

R. Sigo porque creo que todavía hay asuntos que deben salir a la luz. Tengo mucha información, y no tengo derecho a guardarla.

P. ¿Qué les dirías a los incrédulos?

R. Que se informen. Es sencillo. Hay dos posibilidades: o no estás bien informado y por eso dudas, o eres un intoxicador profesional que se dedica a desacreditar los casos, diciendo que todo es Venus o una ilusión óptica. Lo importante es buscar información seria y contrastada. La información es la clave para estar tranquilo.

P. ¿Hasta dónde has llegado por una verdad?

R. He llegado a estar al borde de la muerte. Hubo un momento en que el cansancio me superó, pero lo superé y sigo investigando. Cuando me entero de un caso importante, trato de analizarlo.

P. ¿“Están aquí” o “siempre han estado”?

R. Siempre han estado. Estoy convencido —aunque no puedo demostrarlo— de que ellos son nuestros primeros padres. Vinieron antes que nosotros. Estas civilizaciones pudieron tomar algún tipo de primate y manipularlo genéticamente; quizás los lémures, de ojos amarillos. A partir de esa hibridación comenzó a desarrollarse la inteligencia humana, y es posible que esos primeros seres fueran trasladados al este de África, donde empezó la historia del Homo erectus y los australopithecus.

“Esta sociedad está enferma; solo le interesa el poder y el dinero”

P. ¿Qué piensas de esta sociedad?

R. Esta sociedad, en general, está enferma. No acepta nada de esto. Solo le interesa el poder y el dinero. Por supuesto, hay minorías excepcionales, pero vivimos en una época en la que abrir la mente cuesta. Aun así, sigo luchando, como otros investigadores, para intentar que la gente despierte.

P. Para terminar, ¿cómo definirías a los llamados extraterrestres?

R.Con dos palabras: ángeles y demonios. Los hay buenos, pero también los hay muy malos.