“La fantasía es nuestro refugio… y también nuestro espejo.”
Tras el éxito de La tierra de los dorados, Hermanas Greenwood, regresan con una nueva historia autoconclusiva que se sumerge en un universo tan poderoso como el mar que la inspira: El mar de los ocultos. Manteniendo su sello único de fantasía con fuerte carga mitológica y personajes complejos, esta novela despliega un romance intenso ambientado en un archipiélago donde el poder se hereda por sangre, las bestias aladas descansan bajo tierra y el deseo puede ser tan peligroso como la guerra.
En esta entrevista, las autoras nos cuentan cómo nació la inspiración para esta historia, cómo construyen sus mundos con precisión obsesiva, y cómo logran equilibrar la fantasía con emociones reales, explorando temas como el destino, la herencia y la libertad a través de personajes inolvidables. Una charla imprescindible para quienes quieren adentrarse en la creación de un universo literario rico, evocador y lleno de fuerza femenina.
A partir de ahí, cogimos la ola —nunca mejor dicho—. Como acabábamos de terminar La Tierra de los Dorados, decidimos aprovechar el tirón y empezar El Mar de los Ocultos. La inspiración también venía de ese viaje.
La Tierra de los Dorados estaba basada en mitología egipcia, y esta nueva novela en mitología nórdica. Aunque los elementos principales —fantasía, romance, etc.— se mantienen, cada historia tiene su propio enfoque muy distinto.
Eso se nos da bien porque somos unas frikis —creo que es la mejor definición—. Más que escribir en sí, disfrutamos muchísimo sentándonos horas frente a frente (hasta aburrirnos de vernos la cara) para esquematizarlo todo. Apuntamos: “Aquí pasa este libro”, “aquí este otro”…
Y lo hacemos de la manera más guarra posible —me explico—: cogemos una hoja y no escribimos de forma ordenada. Anotamos aquí, luego una flecha hacia arriba, un círculo, tachamos cosas… A eso me refiero con “guarro”.
Después toca interpretar esas notas para pasarlo a limpio, y ahí empieza otro nivel del proceso. Pero es muy divertido. Todo un tetris, un croquis.
Es el camino que ella decide tomar. Al principio lleva una vida muy cotidiana: trabaja como pescadera, su ambición es mantener el negocio de sus padres, quizá tener una familia en el futuro, vivir tranquila…
Pero todo cambia cuando cierto personaje (que ahora si eso Bea puede contar quién es) se cruza en su vida. A partir de ahí, empieza a tomar decisiones que van moldeando su destino.
Es un personaje muy evolutivo. Parte de una vida muy humilde y normal, pero termina empoderándose muchísimo a través de las decisiones que toma. Y no siempre serán las correctas, claro. Pasan muchas cosas que le hacen reflexionar: «¿Y si hubiera hecho esto en lugar de lo otro…?» Como en la vida real, vamos.
Es cierto que lo pasó mal de pequeño. En estos libros tratamos bastante la crítica social, y con él abordamos cómo tu trasfondo o tu ascendencia pueden marcarte en una sociedad sin que tú tengas culpa de nada.
Ser extranjero, por ejemplo, puede determinar cómo te trata el mundo, y eso le pasa a Enoch. Lo que vivió con su familia le obligó a sobrevivir como pudiera. Él sabe matar, usar armas… y acaba siendo un asesino a sueldo. Ese es el destino que se ha labrado.
Hasta que se cruza con Iduna. Alguien como ella, que va empoderándose, empieza a asustar a ciertas personas. Así que le encargan a Enoch ponerle fin.
Pero claro, el destino juega sus cartas. Ambos se dan cuenta de que el rumbo que tenían previsto para sus vidas no era el verdadero, y la vida les da la vuelta por completo.
Cuando tienes una historia tipo enemies to lovers o hired to kill her, quieres que sea coherente. Que al principio se detesten, que choquen, pero que luego eso evolucione con sentido.
Tiene que ir a su ritmo: ni demasiado lento, ni demasiado rápido.
La evolución debe sentirse humana, aunque estemos en un mundo de fantasía. Y como hay tantos secretos y mentiras en su vínculo, cuando todo eso empieza a desvelarse, tiene que sentirse natural, real.
Entonces nos preguntábamos constantemente: ¿Qué decisiones humanas tomarían en este punto? ¿Cómo reaccionarían a esta verdad?
Ese equilibrio fue lo que más nos preocupaba: que la evolución de la relación encajara, que fuera creíble.


R.— Es difícil escapar del cliché, sobre todo si has leído mucho del mismo género, porque hay ciertos pilares esperables. Pero siempre intentamos ir un poco más allá, introducir un elemento discordante o un giro inesperado en la relación para romper con lo previsible y mantener el interés del lector.
R.— Un poco ambas cosas. Algunos términos ya existían, quizá con otros nombres, y otros surgen durante la escritura. También influye el marketing y cómo ha cambiado todo con las redes. El público joven va directo a lo que busca, con palabras clave muy concretas. Antes íbamos a la librería a curiosear; ahora se elige por etiquetas. Por eso se renombran conceptos de siempre con un solo término que lo resuma todo.
R.— En el primer libro el linaje tenía más peso. Aquí sigue presente, pero se cuestiona. A Iduna se le dice: “Esto te pertenece por sangre”, y ella no lo acepta sin más, se pregunta por qué tiene más derecho que el resto solo por herencia. El linaje aquí causa más daño que beneficio, marca a los personajes y cómo son tratados por los demás.
R.— Estamos creando un universo dividido en cuatro libros interconectados: Dados, Dorados, Guerreros y Perdidos. Cada historia es independiente, con personajes distintos, pero comparten el mismo mundo. Cuando terminemos los cuatro, haremos un quinto libro final en el que se cruzarán los personajes que sobrevivan.
R.— Sí, tenemos claro quién vive, quién muere y por qué. Aunque los libros aún no están todos escritos, el esquema general está definido. Incluso ya hemos escrito una escena de un próximo libro porque nos inspiró una canción.
R.— Nos dividimos los capítulos según una escaleta muy definida. Cada una escribe los suyos y luego los intercambiamos para revisarlos y unificarlos. Queremos que haya una sola voz narrativa, que no se note quién ha escrito qué.
R.— Sí, pero poco. Lo hablamos todo. Si una no ve algo claro, se comenta y se cambia. La comunicación es muy fluida y eso facilita mucho el trabajo.
R.— Mantener el nivel emocional. El primer libro fue muy visceral, y queríamos que el lector sintiera lo mismo con nuevos personajes. También fue un reto el tono: el primero era muy oscuro, y aquí queríamos introducir más luz, esperanza e incluso algo de humor, sin perder la intensidad.
R.— Es un personaje muy especial. Queríamos mostrar qué ocurre cuando alguien criado para matar pierde su propósito. El dios de la guerra es su única referencia, su forma de entender el mundo.
Además, nos interesaba que no se supiera si el dios le habla de verdad o si es producto de su mente, su trauma. Esa ambigüedad nos parecía muy potente.
R.— La magia en este mundo es sutil. No hay hechizos espectaculares; es más bien algo emocional y simbólico, que aparece en mitos, sueños o intuiciones.
Por ejemplo, un personaje ve muertos, pero no literalmente: es su culpa, su dolor, lo que se manifiesta. La magia es una forma de hablar del trauma.
R.— Nos interesa ese contraste porque refleja la vida: en el horror puede haber compasión, y en lo cotidiano, amenaza.
La ternura es poderosa porque cuesta mucho alcanzarla. En personajes rotos, mostrar afecto es un acto valiente, casi revolucionario.
R.— Que haya sentido algo: tristeza, rabia, esperanza… Lo que sea, pero que no le deje indiferente.
Y también, que vea que siempre hay espacio para la esperanza, incluso en los mundos más oscuros.
R.— No. Esta bilogía está cerrada y nos gusta cómo termina. Pero si un día sentimos que queda algo por contar, volveremos.
R.— Sí, estamos empezando algo nuevo. Es muy diferente, más íntimo y realista, pero con nuestro estilo. Aún no podemos contar mucho, pero tenemos muchas ganas.
Escucha la entrevista completa en Spotify y Youtube.
Entrevista: Rosa Sánchez de la Vega
Editor de sonido: Manuel Muñoz