«Ojalá yo hubiera tenido un hilo invisible cuando era niña»

«El teatro musical permite que los niños canten y conecten con los momentos difíciles»

El hilo invisible ha saltado de las páginas de un libro infantil para convertirse en un exitoso musical familiar. Basado en el cuento de Míriam Tirado, consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad y vínculos emocionales, el espectáculo muestra de manera tierna y mágica cómo los lazos afectivos nos unen a quienes más queremos, trascendiendo el tiempo y la distancia.

En nuestra conversación con la autora, Tirado comparte cómo una historia tan íntima puede convertirse en experiencia colectiva y tocar tanto a niños como a adultos.

“El hilo invisible nace para ayudar a los niños a transitar las separaciones desde la calma y el vínculo.”

P.— Estamos en el teatro donde se ha estrenado la versión escénica de El hilo invisible. ¿Cómo y cuándo nace esta historia?

R.— El hilo invisible nace hace más de doce años. Un día, mi hija mayor —que ahora tiene 16—, cuando tenía tres, me preguntó: “Mamá, ¿para qué sirve el ombligo?”. Faltaban solo dos días para que empezara el colegio y estaba muy nerviosa por la separación.

En ese momento me inventé la historia del hilo invisible, explicándole que siempre estaríamos conectadas aunque ella estuviera en clase y yo no. Años más tarde, cuando una editorial me encargó un libro sobre el vínculo —uno de mis ámbitos de especialización profesional—, pensé que era un tema muy abstracto y complejo para explicar a los niños. Entonces recordé que ya tenía esa historia, la que habíamos utilizado con Laia para afrontar las separaciones.

Escribí el libro y se publicó en 2020, en plena pandemia. No lo pudimos presentar ni promocionar, pero el boca a boca empezó a funcionar. Muchas familias nos decían que ayudaba a niños que tenían que afrontar separaciones: al empezar el colegio, cuando los padres se separan o incluso ante la pérdida de un ser querido. De ahí viene el éxito que está teniendo ahora.

“A los tres años el mundo de la imaginación y la magia es absolutamente real.”

P.— ¿Cómo reaccionó tu hija cuando le explicaste por primera vez la idea del hilo invisible?

R.— Se quedó muy tranquila. A los tres años todo es posible y el mundo de la imaginación y la magia es muy real para ellos. Yo le expliqué que estábamos conectadas por un hilo invisible que iba de ombligo a ombligo, y que cuando estuviera en el colegio podía tocarse el ombligo y sentir que yo estaba cerca, igual que yo haría lo mismo.

Eso la tranquilizó muchísimo y la adaptación escolar fue muy bien.

“Una historia que nace de lo íntimo puede acabar siendo profundamente colectiva.”

P.— Algo tan íntimo como la relación con tu hija y esa primera separación se ha transformado en una experiencia colectiva que atraviesa a madres, hijos, hermanos… ¿Cómo vives esa exposición y esa resonancia compartida?

R.— Por un lado, con mucha emoción, porque es algo que no te esperas: que una historia que nace de lo íntimo acabe teniendo esta repercusión. Y por otro, con mucha felicidad al ver que ha podido ayudar a tanta gente.

Recuerdo un momento muy emocionante en el teatro de Barcelona el año pasado. Vinieron dos hermanas, de unos cuarenta años, y me contaron que su madre había fallecido recientemente. Me dijeron que, en el hospital, le habían contado El hilo invisible y que ella les dijo que, con esa historia, se quedaba mucho más tranquila, que se iba más en paz. Que te cuenten algo así te llena profundamente.

También me hace muy feliz que los niños, a través de esta historia, puedan vivir mejor las separaciones. La verdad es que siento mucha plenitud con El hilo invisible.

“Cuando una historia pasa del papel al escenario, se llena de nuevas capas emocionales.”

P.— Este cuento se transforma ahora en una experiencia escénica con música, luz y movimiento. ¿Qué es lo que más te ha fascinado de esta metamorfosis?

R.— En el libro la historia está en el papel: tú lees y te lo imaginas todo. Pero cuando la ves sobre el escenario, con luces, con movimiento, con personas y con música que llega directa al corazón, es muy emocionante.Es como si la historia se hubiera ido llenando de capas. Cada elemento suma y la hace todavía más grande, más profunda.

“La música tiene una capacidad única para llegar al corazón y quedarse ahí.”

P.—¿Qué te ofrece el formato teatral —y especialmente el musical— que no te da el formato cuento?

R.— La música, sin duda. No sabes muy bien por qué, pero hay músicas que te elevan, que te emocionan, y luego te pasas el día entero con la canción en la cabeza, conectando con lo que te hizo sentir. Eso es algo maravilloso del teatro musical.

De hecho, cuando pensé que El hilo invisible tenía que llevarse al teatro, lo imaginé directamente como un musical; no concebía una versión sin música. Y más tratándose de niños, porque la música les conecta muchísimo.

Que puedan cantar las canciones les ayuda también a atravesar aspectos difíciles como la separación o la despedida de alguien que ha muerto. La música provoca un subidón emocional que ayuda a que la historia llegue al corazón, que se vuelva más palpable. En ese sentido, el teatro musical aporta algo que el cuento, por sí solo, no puede ofrecer.

“Un cuento debería tocar algún lugar del lector y dejarle algo para llevarse.”

P.— Más allá de El hilo invisible, ¿qué crees que debería ser un cuento en general para un niño —y también para quien ya no lo es tanto—?

R.— Yo creo que un cuento debería ser una historia que llegue a tocar algún lugar del lector, sea pequeño o no tan pequeño, porque también hay niños más mayores que leen cuentos. Que algo les resuene y que puedan llevárselo con ellos.

Ese es siempre mi objetivo: que el cuento ayude en algo, ya sea a través del imaginario, ofreciendo otra forma de ver las cosas o ayudando a atravesar situaciones difíciles. Y hay historias que te acompañan toda la vida. Yo recuerdo cuentos de cuando era pequeña, cosas que leí y que me impactaron y que aún hoy siguen grabadas en mí. Ojalá a los lectores de mis cuentos les pase lo mismo.

“Echar de menos a quien no está es un recuerdo muy vivido.”

P.— ¿Qué cuentos de tu infancia permanecen en tu memoria y cómo viviste las separaciones de entonces?

R.— El inicio del colegio no lo recuerdo, pero sí  que mis padres se separaron cuando yo tenía cinco años. Y recuerdo muy bien el echar de menos al que no estaba.

Cuando estaba con mi madre, echaba de menos a mi padre, y al revés. Es un recuerdo muy vivido, porque es algo muy recurrente: cuando te pasan cosas bonitas con uno, te gustaría que el otro también lo viera; y cuando estás triste o enfadada con uno, quieres al otro para compensar. Eso lo recuerdo mucho. Y ojalá hubiera tenido una herramienta así entonces. Un hilo invisible. Ojalá.

“Antes de decir que sí, necesitaba mirarnos a los ojos.”

P.— ¿Cómo fue tu primer encuentro con el equipo creativo —Alicia, Daniel y Víctor— y qué te dio la confianza para embarcarte en este proyecto?

R.— Muy bien. Lo primero que les pedí fue vernos en persona, cara a cara, antes de decir que sí. Para mí era importante. Estuvimos hablando durante dos horas y, al salir, pensé: vale, sí, ya está.

Ha sido un proceso muy bonito. Ahora ya no diría que somos solo un equipo: somos amigos. Ha sido muy especial compartir una experiencia creativa con ellos, porque yo normalmente creo sola. Ver cómo ellos llevaban la propuesta y, al mismo tiempo, sentir que mi voz y mi criterio estaban presentes y eran escuchados, ha sido muy bonito.

“Aunque lo haya visto mil veces, me sigo emocionando cada vez.”

P.— ¿Qué te ha sorprendido más al ver cómo el equipo interpreta y lleva a escena algo que tú escribiste? Entre el texto, la adaptación y la interpretación, ¿hubo algo que te tocó especialmente?

R.— Esa es la magia del teatro. Las partes humorísticas me hacen reír incluso después de haberlas visto mil veces, porque he ido muchas veces a verlos. Y las partes más emotivas, que además son literales del cuento y las he escrito yo, me siguen emocionando muchísimo.

Lloro por la interpretación que hacen. Verlo ahí, de esa forma, me toca cada vez. No lo puedo remediar.

“La obra me ha llevado por lugares que no conocía.”

P.— Cuando leemos una historia proyectamos en él nuestras vivencias y descubrimos cosas que quizá el autor dejó ahí sin saberlo. En este caso no hay solo lectura, sino interpretación. ¿Qué has descubierto de El hilo invisible ?

R.— Es una pregunta difícil. La verdad es que no sabría decir una sola cosa concreta. Es muy similar al cuento y, a la vez, muy distinto.

La obra me ha llevado por lugares que no conocía. Al final, el cuento leído en voz alta dura unos diez minutos y la obra es de más de una hora. Ahí ha habido mucho contenido nuevo, cosas que no existían o que no existían en mi cabeza de esa forma. Eso me ha sorprendido y me ha gustado.

Yo tenía miedo: pensaba “a ver qué crean”, “a ver si no me gusta”, “a ver si está muy alejado de cómo yo concibo mis cuentos y mis historias”. Pero al final ha sido diferente y, aun así, me ha gustado muchísimo.

“Ahora estamos todos unidos por un hilo invisible.”

P.— ¿No te parece que en esa interpretación también hay un hilo invisible que os une como equipo?

R.— Totalmente. De hecho, lo decimos mucho. Ahora estamos todos unidos y cada vez que nos escribimos hay siempre el dibujito de un hilo. Está muy presente.

“Hay cosas que no se ven, pero existen y lo cambian todo.”

P.— Hablas mucho de la importancia de los vínculos emocionales. ¿Qué te ha vuelto a enseñar esta historia sobre cómo no solo los niños viven la separación y la presencia afectiva?

R.— Yo creo que hay algo más profundo que el mundo físico en el que vivimos. Hay cosas que no se ven. El amor, por ejemplo: no lo puedes ver ni tocar, no es algo material, pero existe.

El vínculo y el apego que tienes con alguien funcionan igual. No se ven, pero son tan fuertes que tenerlos o no tenerlos puede marcar la diferencia entre estar bien en el mundo o no estarlo, entre ser feliz o no serlo. Para mí es muy importante transmitir esta idea: esto existe, es importante, hay que ponerle foco, darle valor y cuidarlo.

“Cuando algo te toca por dentro, el boca a boca es imparable.”

P.— El hilo invisible conecta la infancia, la pérdida y el mundo adulto, lo que la convierte en una obra para todos los públicos. En solo dos meses ha reunido a más de 26.000 espectadores, algo poco habitual. ¿Cómo explicas este fenómeno?

R.— Creo que todo empezó con las primeras personas que vinieron al teatro. Yo lo veía porque después salgo a firmar libros, y muchos adultos salían llorando. Pero no era un llanto de tristeza, sino de emoción: de “qué bonito”, “cómo me ha gustado”, “tengo que decírselo a mi hermana, a mi padre, a los abuelos”.

También pasó mucho que venían familias, padres con hijos, y luego esos hijos querían volver a verla con los abuelos. Al final, cuando algo te llega dentro, se activa el boca a boca.

Puedes ir al teatro solo a entretenerte, pasarlo bien y ya está. Pero cuando una historia te toca un lugar más profundo, cuando llegas a la lágrima, hay algo más. Y eso es lo que hace que la gente quiera compartirlo.

“Cuando algo te llega, no solo emociona: también divierte y conecta.”

P.— Has mencionado  el boca a boca y  la emoción que despierta la obra, pero ¿qué te cuenta exactamente el público cuando sale del teatro?

R.— Me dicen que es divertida, que se ríen mucho y que se les pasa volando. Recuerdo especialmente a unos adolescentes. Yo pensaba: bueno, a ver qué pasa, porque a esa edad a veces desconectan o se ponen a bromear entre ellos.

Cuando terminó la función, se me acercaron y me dijeron: “Ha durado muy poco”. Que un adolescente te diga que una obra familiar de teatro musical se le ha hecho corta es un piropazo enorme.

El hilo invisible también conecta mucho con los adultos, porque mientras la ven no solo piensan en sus hijos, sino en su madre, en una hermana, en un amigo. Hay muchos hilos invisibles activándose a la vez.

“Mi hija siempre dice que le tengo que dar parte de lo que gane.”

P.— ¿Y qué te dice tu hija al ver todo lo que ha generado aquella pregunta que te hizo con tres años?

R.— Siempre me dice: “¿Qué hubiera pasado si yo no te hubiera hecho esa pregunta?”. Y luego añade: “Me tienes que dar parte de lo que tú ganes”. Es muy lista.

“Hay preguntas que no tienen una respuesta fácil.”

P.— ¿Ha habido alguna pregunta que te haya hecho y que no hayas sabido responder?

R.— Muchas.

“Crecer también implica aceptar que no todo está bajo nuestro control.”

P.— ¿Y qué haces cuando te pregunta por cosas tan difíciles como por qué hay guerras o por qué hay niños que pasan hambre?

R.— Le explico que entiendo su frustración y su incredulidad, porque a mí también me pasa. Que hay cosas que se nos escapan y que no están a nuestro alcance ni bajo nuestro control.

También le digo que crecer a veces es duro, porque implica darte cuenta de que hay muchas cosas ante las que no puedes hacer nada. Pero que sí podemos actuar en nuestro entorno más cercano, en los vínculos que tenemos, y hacer algo ahí.

“Cada cuento responde a una emoción o a una etapa.”

P.— El hilo invisible no fue tu primer libro. ¿Cómo ha sido tu recorrido como autora de cuentos infantiles?

R.— El primero fue La fiesteta, que habla del destete. El segundo fue Tengo un volcán, sobre la rabia. Y creo que El hilo invisible fue el tercero. Ha sido un recorrido muy necesario, también para mi. Cada cuento ha ido respondiendo a una emoción o a una etapa.

“Acompañar emocionalmente a los hijos es clave para que no busquen respuestas en otro lugar.”

P.— Para quien no esté familiarizado con el término, ¿qué significa exactamente ser consultora de crianza?

R.— Acompaño a madres y padres a entender un poco mejor a sus hijos y a guiarles sobre cómo estar, especialmente a nivel emocional, que es el ámbito en el que me he especializado.

“Estamos buscando el equilibrio después de salir de una crianza muy autoritaria.”

P.— ¿En qué aspectos notas hoy más desconcierto o dificultad en las familias?

R.— Ahora mismo hay mucha confusión, sobre todo en el tema de los límites. Venimos de una crianza muy autoritaria, no queremos repetir eso, pero mucha gente se ha ido al extremo contrario y ahí hemos perdido el equilibrio.

También hay mucha duda con el tema de las pantallas, porque es algo nuevo que nosotros no vivimos y, por lo tanto, no sabemos bien cómo gestionarlo. Y, por supuesto, en el acompañamiento emocional. Es un momento intenso y es importante estar disponibles, responder siempre, que no busquen respuestas fuera.

Para mí es fundamental que no haya temas tabú en la familia. Y si hay algo que nos cuesta más como adultos, trabajárnoslo nosotros para poder dar la respuesta que nuestros hijos necesitan.

“Decir ‘no me cuentes un cuento’ es pedir que no te mientan.”

P.— Para terminar, si yo te dijera “no me cuentes un cuento”, ¿qué te evoca esa frase?

R.— Para mí “no me cuentes un cuento” significa “no me cuentes mentiras”, no me cuentes cosas que no son.

“Muchas historias inventadas son profundamente reales.”

P.— ¿Por qué crees que la palabra ‘cuento’ tiene esa ambigüedad?

R.— No lo sé del todo. Supongo que porque son historias, y muchas están inventadas. Pero lo curioso es que muchas historias inventadas son muy reales.

Nota final: He tenido la suerte de leer el cuento y asistir al musical, y puedo decir que sin duda que es una experiencia maravillosa. La historia de El hilo invisible emociona, divierte y conecta con todos, grandes y pequeños. Recomiendo a cualquiera que tenga la oportunidad de vivirla: es un espectáculo que deja huella.