Salir de la rutina y prestar atención a lo pequeño es un acto de libertad.

Uno elige qué mirar; mirar es una elección

Hay días en los que conviene soltar el plan, dejar de mirar el reloj y simplemente caminar. Esa idea es el corazón de la última novela gráfica de Agustina Guerrero, Hoy, un recorrido íntimo y visual por una Barcelona inesperada, llena de rincones, pausas y pequeños descubrimientos.

En Hoy, Guerrero no solo retrata la ciudad, sino que también invita a reflexionar sobre la vida cotidiana, la atención plena y la importancia de valorar los momentos simples.

P.— He paseado contigo y te he visto muy reflejada en esa cabeza llena de cosas. Tú eres tú, pero tienes un montón de cosas a tu alrededor.

R.— Creo que ese fue el disparador para hacer este libro. Es algo que nos ocurre a todos hoy en día. En el libro, esa cabeza llena de cosas no solo está presente durante el día, sino también en los sueños, reflejando este ritmo acelerado en el que vivimos.

P.— ¿Hubo algún momento en el que dijiste: “Tengo que parar, tengo que pensar en esto”?

R.— Sí, hubo un momento. El libro fue evolucionando en carácter y contenido. Al principio quería hacer un libro ambientado en un solo día en Barcelona, mezclando ficción, pasado y futuro. Pero la muerte reciente de un amigo me hizo replantearlo. Me di cuenta de que no necesitaba inventar historias; quería contar lo cotidiano, valorar los días, prestar atención al simple hecho de estar vivo, de observar, de pasear y de estar con uno mismo.

P.— ¿Dijiste adiós, de forma permanente, a “la volátil” después de quince años?

R.— Yo creo que sigue estando aquí. Fue una evolución del personaje. En libros anteriores, sentía que el personaje estaba desarrollando su propia personalidad, era más extrovertida y exagerada. Con El viaje y La compañera empecé a sentirme más reflejada en ella, pero luego a la distancia pensé que ya no me identificaba tanto. Sin embargo, para mí era inconcebible eliminarla. Al final entendí que la que estaba en un momento fuerte y sólido era yo como autora e ilustradora. Además, todos los lectores también han cambiado, y el personaje podía evolucionar con el tiempo.

P.— Hay un elogio a la lentitud en tu libro. No sé cómo se puede vivir más despacio en un mundo que nos exige estar siempre acelerados.

R.— Para mí, el paseo es un ejercicio de presencia y calma. Busco estos espacios en la vida cotidiana: con las plantas, viajando en furgoneta con mi familia, recuperando los pinceles y la pintura. Todo esto requiere atención y tranquilidad. También quería que el libro se leyera despacio: cada página tiene muchos detalles para que, al cerrarlo, uno pueda mirar la calle con otros ojos. Me di cuenta de que pasaba cada día por ciertas calles sin notar detalles que nunca había visto.

P.— La mayoría de nosotros no está presente y no ve la belleza que nos rodea.

R.— Exacto. La finalidad de este libro es aprender a valorar lo cotidiano. La vida no solo se sostiene por experiencias extraordinarias, viajes o aventuras, sino también por cómo habitamos los días comunes. El paseo nos permite darnos cuenta de eso y disfrutarlo.

P.— Tenerlo todo en su sitio, ordenado… ¿no se confunde a veces con ansiedad?

R.— Sí, muchas veces la ansiedad se disfraza de orden. Dibujar y crear me ayuda a salir de ese control excesivo de forma consciente. Por ejemplo, viajar en furgoneta me permite desconectarme y reencontrarme conmigo misma.

P.— ¿Qué rol juega el dibujo como forma de pausa o resistencia?

R.— Para mí, dibujar es terapia. Es un proceso de autoconocimiento: me ayuda a comprender mis emociones y a observar mi momento vital. Además, me permite aprender y mejorar constantemente como ilustradora, mientras me reflejo en lo que hago.

P.— Azul y rosa… ¿qué significan estos colores en tu libro?

R.— La paleta de colores es muy importante. El rosa vibrante representa alegría, luz y bienestar, mientras que el azul predomina al principio, reflejando momentos más introspectivos. El amarillo y el rojo aportan luz y fuerza a las páginas. Cada color comunica emociones y acompaña al lector en el recorrido visual.

P.— ¿Qué descubres de ti misma cuando dibujas?

R.— Dibujarme me permite honrar mi pasado y comprenderme mejor. A veces descubro cosas que ni siquiera sabía que sentía. Es una manera de expresarme y de llegar a conclusiones que no surgen solo pensando o hablando.

P.— Hay una Barcelona que describes, y otra que redescubres. ¿Cómo cambia la mirada al volver a los lugares?

R.— En el libro visito lugares que ya conocía, pero los miro con otros ojos. “Uno elige qué mirar”, dice el libro. Poner atención transforma la ciudad. Por eso decidí no incluir transeúntes ni coches: quería mostrar una experiencia de paseo sola, donde todo lo demás desaparece.

P.— Imagínate un día sin móviles, sin aviones, sin pantallas… ¿qué sería un instante perfecto para ti?

R.— Sucedió algo así mientras hacía el libro: un apagón total. Fue revelador. Todo se detuvo, y los que estábamos en el estudio salimos a la calle, compartimos el momento con amigos y vecinos, hablamos, reímos… fue una celebración de lo cotidiano y un recordatorio de que no necesitamos tecnología para disfrutar la vida.

P.— Has dicho algo importante: la gente empezó a hablar. Hoy puede ser un gran día.

R.— Sí, y esa idea también está en el libro. Incluso incorporé una canción con ese mensaje: que depende de ti valorar los días, pese a las cosas malas que puedan pasar.

P.— Por lo tanto, hay una Agustina Guerrero diferente. ¿Más que diferente, se ha descubierto a sí misma?

R.— Sí, con este libro me mostré completamente honesta con lo que soy, con lo que pienso y siento, tanto en forma como en contenido.

P.— O sea, que te abres a ti misma, te muestras a los demás. ¿Cómo te sientes?

R.— Me siento bien, aunque al principio me dio vértigo publicar un libro en el que aparentemente “no sucede nada”. Sin embargo, sucede muchísimo: es una oda a la vida cotidiana, a todos esos pequeños momentos que forman nuestra existencia.

Entrevista: Rosa Sánchez de la Vega

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