“Ser la editorial de las grandes obras de la RAE es un privilegio y una responsabilidad histórica.”

“La pasión por el idioma y los libros nos une desde hace un siglo.”

Espasa celebra 100 años de colaboración con la Real Academia Española, una alianza única que ha permitido publicar todas las obras troncales de la Academia desde 1925. Con motivo de este centenario, nos adentramos en la trayectoria de quien dirige la edición de algunos de los sellos más emblemáticos de España, para conocer su mirada sobre la edición, su forma de trabajar junto a los autores y cómo Espasa ha acompañado la historia y la evolución del Diccionario de la lengua española. Hablamos con David Febrián, director de Editorial Espasa, MR y Esencia.

“La pasión por el idioma y los libros nos une desde hace un siglo.”


P. — ¿Cuáles son los objetivos comunes que han permitido que esta colaboración dure más de un siglo?

R. — Es un motivo de alegría. Justo estamos festejando con una exposición aquí en Casa del Libro. Creo que los objetivos comunes son la pasión por el idioma y la pasión por los libros. La Real Academia no tiene comparación: es una institución que nació hace más de tres siglos y cuya misión principal es cuidar y conocer el idioma español. Nuestra pasión es editar los libros, por lo que no hay mejor socio posible que la Real Academia.

“En los momentos difíciles, la editorial ha podido ayudar a mantener vivo el diccionario.”


P. — ¿Qué papel juega la editorial como guardián del diccionario, incluso en momentos históricos difíciles como la Guerra Civil o la Transición?

R. — En estos 100 años han ocurrido muchas situaciones diferentes. Hubo momentos en que los diccionarios se vendían por millones y otros en que el contexto era completamente distinto, como ahora con internet. La Real Academia ha tenido épocas muy buenas y otras más difíciles, en las que la editorial pudo ayudar a mantener y difundir sus obras. Esta alianza nos ha permitido aprender, colaborar y poner a disposición de todos los hispanohablantes las obras troncales de la Real Academia. Sin duda, es uno de los mayores motivos de orgullo para nosotros como editores.

“El conocimiento ya no está solo en papel; está también en internet, pero el papel sigue teniendo prestigio.”


P. — Hubo un momento en que se dejó de publicar en papel y se pasó a la era digital. ¿Cómo se ha notado ese cambio?

R. — Hace 30 años, los diccionarios y enciclopedias eran muy distintos a hoy. Tener una enciclopedia en casa marcaba una ventaja cultural y educativa. La enciclopedia Espasa era probablemente la más famosa en español. El conocimiento estaba principalmente en el papel. Hoy, está en el papel y en internet. El papel sigue teniendo prestigio, sobre todo cuando viene de instituciones como la Real Academia y Espasa, que aportan confianza que a veces no ofrece la red.

Las enciclopedias tradicionales casi desaparecieron debido a la rapidez y capacidad de actualización de internet, además de su alto costo. Sin embargo, las obras de la Real Academia se han mantenido por su prestigio y el orgullo de los hispanohablantes de adquirirlas.

“Habrá una XXIV edición del diccionario en papel; la tradición y el valor del papel se mantienen.”


P. — Hace unos años se pensaba que el diccionario no tendría sentido en papel.

R. — Estoy seguro de que seguiremos viendo diccionarios en papel. Habrá una XXIV edición en formato físico; la tradición y el valor del papel se mantienen.

P. — Has hecho referencia a la exposición. Antes de avanzar en la entrevista, cuéntanos un poco.

R. — Estamos especialmente contentos porque este año se cumple un siglo de colaboración. En 1925, la editorial Calpe, que ese mismo año se fusionó con Espasa, comenzó el proyecto de crear un diccionario de la lengua española, dirigido por Menéndez Pidal y con corresponsalías en España y América. Contó con los mejores filólogos de la época.

El proyecto era maravilloso, muy apetecible para cualquier filólogo, pero también de una magnitud descomunal. La Real Academia llevaba casi 200 años trabajando en su propio diccionario, así que era natural que ambos proyectos se unieran. Calpe llegó a un acuerdo con la RAE, y desde 1925, justo hace 100 años, Espasa se convirtió en la editorial de las grandes obras de la Academia.

“La exposición muestra la evolución del diccionario y las principales obras de la RAE en 100 años.”


P. — ¿Qué vamos a ver en la exposición?

R. — Es una exposición pequeña, pero realizada con mucho cariño. Mostramos la evolución del diccionario desde la XV edición de 1925 hasta la XXIII, la del Tricentenario. No nos centramos solo en el diccionario; también incluimos las obras principales de la Academia: diccionario, ortografía y gramática, y en estos 100 años hemos publicado muchas otras. Entre ellas, la Biblioteca Clásica de la RAE y la Biblioteca Clásica de Bolsillo, recién publicada.

P. — ¿Qué se siente al trabajar en estas obras que forman parte del patrimonio cultural de millones de personas?

R. — Primero, una gran responsabilidad, y segundo, un orgullo enorme. Espasa publica casi 200 libros al año, y a lo largo de sus más de 160 años de historia se han publicado muchísimos títulos. Pero ser los editores de la Real Academia, con obras que llegan desde Estados Unidos hasta Chile y, por supuesto, España, es algo realmente especial.

“El diccionario refleja cómo hablamos, qué palabras usamos y cuáles dejamos de lado.”


P. — ¿Podrías decir que el diccionario de la lengua española es un espejo de la sociedad actual?

R. — Sin duda. Los académicos registran cómo hablamos, qué palabras incorporamos y cuáles dejamos de utilizar. Es un reflejo vivo de nuestra lengua y de la sociedad que la usa.

“Mi formación en librería y marketing me dio herramientas para ser un editor más completo.”


P. — Vamos a hablar de tu trayectoria. Trabajaste primero en marketing. ¿Qué dejaste atrás y qué te trajiste al pasar de comercializar a editar?

R. — Primero fui librero mientras estudiaba, y luego trabajé muchos años en marketing y comunicación. Esa experiencia me dio una visión clara de costos, beneficios, riesgos y oportunidades. Como editor, no todo se trata de rentabilidad: hay libros imprescindibles por su valor cultural y social. La función del editor es equilibrar la necesidad de la sociedad con la viabilidad económica, siempre con un ojo puesto en la calidad y relevancia de los libros.

“Autores y editores somos socios; nuestro papel es acompañar en cada etapa del libro.”


P. — ¿Qué espera un autor más allá de publicar su libro?

R. — Que lo acompañemos. Ser editor implica guiar al autor, dar feedback sobre su manuscrito, y luego apoyarle en la publicación y promoción. Hoy es muy difícil que un libro se venda solo; la colaboración entre autor y editor es clave para que la obra llegue al público. El autor trabaja solo durante meses o años; necesita a alguien que le aporte perspectiva, orientación y apoyo en cada paso.

“El talento de un autor se reconoce cuando su propuesta conecta con la sociedad y comunica claramente su mensaje.”


P. — ¿Cómo reconoces el talento de un autor, más allá del marketing o las ventas?

R. — Lo primero es el talento. No se trata de ser el mejor escritor del mundo, sino de tener algo que contar y saber comunicarlo. El texto es lo fundamental: sin un buen texto, nada más importa. Después, valoramos cómo el autor entiende su obra, cómo la comunica y cómo quiere que llegue al público. Esa claridad facilita enormemente nuestro acompañamiento.

“Publicar un libro no es solo un negocio, es una responsabilidad cultural.”


P. — ¿Qué valor tiene hoy para un editor publicar obras que no son necesariamente rentables, pero sí necesarias para la sociedad?

R. — Hay muchos libros cuya principal función no es vender mucho, sino aportar algo relevante a la sociedad. Como editor, tu foco no está solo en la rentabilidad, sino en la idoneidad de la obra y en la necesidad que puede cubrir. Por supuesto, los números deben cuadrar, pero siempre buscamos un equilibrio entre sostenibilidad y aporte cultural.

“El acompañamiento al autor es tan importante como la edición del texto en sí.”


P. — ¿Cómo acompañáis a los autores durante el proceso editorial?

R. — El autor trabaja solo durante largos periodos, escribiendo y revisando su obra. Nuestro papel es estar a su lado, ofreciendo orientación sobre el manuscrito, ayudándole a tomar decisiones sobre portada, marketing, comunicación y estrategia de venta. También les ayudamos a que su libro llegue al público, porque hoy en día la competencia es enorme. La relación autor-editor es de verdadera colaboración; somos socios, pero unos socios muy particulares.


P. — Más allá del talento literario, ¿qué cualidades valoráis en un autor?

R. — Primero, el talento: que tenga algo que contar y sepa comunicarlo. Después, que entienda su obra, lo que quiere transmitir y cómo desea que llegue al público. Hoy, publicar un libro no es suficiente: necesitamos que el autor tenga claridad sobre su mensaje y su estrategia de comunicación. Eso hace mucho más efectivo nuestro acompañamiento y maximiza las posibilidades de que el libro llegue a su audiencia.

P. — Volviendo a la RAE, ¿qué supone para Espasa ser la editorial de sus obras?

R. — Es una gran responsabilidad y un honor. Publicar las obras de la Real Academia significa participar en la historia y el patrimonio cultural de millones de personas. Cada diccionario, cada gramática, cada ortografía es un legado que trasciende generaciones y territorios, desde España hasta América Latina y más allá. Para un editor, es un privilegio y una tarea que se asume con máxima seriedad y orgullo.

“El diccionario refleja cómo evolucionamos como sociedad y cómo cambiamos nuestro idioma.”


P. — Para terminar, ¿qué representa el diccionario hoy en día para la sociedad?

R. — El diccionario es un espejo de la sociedad. Recoge cómo hablamos, qué palabras incorporamos, cuáles dejamos de usar, y cómo evolucionan nuestras expresiones y nuestra cultura. Es una obra viva, que se adapta al tiempo y mantiene su relevancia gracias a la colaboración constante entre la Real Academia y Espasa.


P. — ¿Ha habido algún autor o alguna visión que te haya hecho cambiar de opinión o replantearte algo?

R. — Sí. Cuando nos sentamos con un autor, él lleva uno o dos años trabajando en su texto y muchas veces conoce su obra mejor que nadie. Es fundamental escucharlo primero. Nosotros contamos con datos del mercado en tiempo real sobre lo que funciona y lo que los lectores exigen, pero los autores muchas veces aportan perspectivas brillantes que nosotros no habíamos considerado.

También ocurre cuando trabajamos en planes de marketing y comunicación: vamos con una idea inicial, pero muchas veces la idea final que se implementa surge del diálogo con el autor.

“El éxito de un libro no se mide solo en ventas, sino en cuánta gente encuentra lo que busca y lo disfruta.”


P. — Has mencionado ventas; ¿cómo defines el éxito de un libro y cómo influye en la cultura?

R. — Para mí, el éxito es que el mayor número de personas encuentre el libro que está buscando. No importa si se venden 100, 1.000 o 100.000 ejemplares: lo importante es que cada lector obtenga lo que busca, ya sea entretenimiento, conocimiento o una nueva perspectiva de la realidad. Algunos libros están pensados para el gran público, otros para audiencias más pequeñas, y nuestra labor es asegurarnos de que todos los lectores potenciales puedan acceder a ellos.

P. — ¿Cómo influye la era digital en la difusión de los libros?

R. — La parte digital es un gran aliado: nos permite llegar a mucha gente de forma rápida y directa, tanto al lector como al librero. Pero, personalmente, sigo prefiriendo el libro en papel. Hace 15 o 20 años muchos pensaban que el papel estaba condenado, pero hoy tiene más fuerza que nunca, incluso entre los jóvenes.

La digitalización facilita la difusión y el acceso, además de ser muy práctica, por ejemplo cuando viajas y llevas un lector en lugar de veinte libros. Pero la fortaleza del papel se mantiene: el libro, una vez inventado, sigue siendo un objeto perfecto, como decía Umberto Eco.

P. —Si miramos hacia el futuro, ¿cómo ves la evolución del diccionario? No solo desde la digitalización y la globalización, sino considerando la incorporación constante de nuevas palabras. ¿Cómo lo ves dentro de 10 años?

R. — Cuando publicamos el Diccionario del Tricentenario en 2014, muchos pensaban que sería el último en papel. La parte digital tiene muchas ventajas: se actualiza constantemente, mientras que un diccionario en papel se revisa cada 10 o 12 años.

Sin embargo, el diccionario de la RAE tiene un prestigio y unos intangibles que hacen que, como lector, quieras tenerlo en papel. El formato físico da la sensación de tener acceso al conocimiento. Por supuesto, también está disponible en digital, y muchos lo consultan en el móvil, pero miles de personas que lo usan digitalmente lo compraron en papel y estoy seguro de que lo volverán a adquirir con cada nueva edición.

“Un diccionario te da acceso a un idioma, y un idioma es un mundo completo.”


P. — ¿Para qué sirve un diccionario hoy en día?

R. — Tener un diccionario es tener un acceso completo a un idioma. El lenguaje configura el pensamiento; sin lenguaje no somos nada. Recordemos lo maravilloso que era, sobre todo para nuestra generación, abrir un diccionario o una enciclopedia y descubrir el significado de una palabra. Era un momento de aprendizaje y asombro. Además, el diccionario acababa con las discusiones: “¿Qué significa esto?” — lo abres y ahí está la definición.

A mí, personalmente, me sigue pareciendo magia, y creo que por eso el diccionario de la RAE sigue funcionando y manteniendo su relevancia, generación tras generación.