Si en lugar de insinuar una relación de Miguel de Cervantes con el Bajá de Argel, hubiera sido con la hija, a todo el mundo le parecería fantástico.

Emma Lira, autora de El cautivo, transforma en novela el guion cinematográfico de Alejandro Amenábar para explorar los cinco años de cautiverio de Miguel de Cervantes en Argel. Con maestría, Lira nos muestra a un Cervantes joven, vulnerable y resiliente, revelando cómo sus experiencias extremas moldearon su imaginación y sentaron las bases de su legado literario. La novela combina historia, ficción y cine para acercarnos al hombre detrás del mito.


P.–Consideras que la cautividad de Cervantes marcó un antes y un después en su vida y en la literatura?


R.–Creo que no lo sabremos nunca. Por eso esto es una ficción histórica que pretende, apoyándose en algunos mimbres básicos, ficcionar, fabular lo que pudo suceder en esos cinco años de cautiverio. Siempre digo que una novela de ficción histórica no tiene por qué ser veraz.

P.–¿Cuándo surge esa idea?

R.–La editorial contacta conmigo para pedirme que si me atrevo a novelar un guión de un director conocido internacionalmente sobre un personaje español conocido internacionalmente. Mira que tenía pistas, pues no caí. Y tenía un poquito más de información. Me da igual, ya que él sea. Me dijeron que el director era Amenábar y que el personaje era Cervantes, me entra un poco el miedo escénico. Una responsabilidad total y absoluta.

P.–Explícame un poco. Estaba primero el guión, luego escribiste el libro y luego teníamos la película.

R.–La película ya se había rodado, se habían rodado ya muchos planos y demás. De hecho, tuve la oportunidad de ver ya una proyección de la película que no es la definitiva, puedo decir, o sea, no es la que todos vemos ahora en los cines. Yo la he visto ya como tres veces. Yo ya no sé los diálogos de memoria. Me falta en el cine levantarme y ponerme a declamar.

P.–¿Era la primera vez que escribías una novela sobre un guión?

R.–Sí, para mí ha sido todo un ejercicio absolutamente nuevo, en el que por una parte me sentía constreñida la trama, trama que me gustaba. Al principio era como, bueno, ¿y yo qué voy a contar? Que no se haya contado aquí. Pero se me dio una libertad absoluta que me daba un poco de miedo, me sentía un poco cautiva también, es como de verdad, ¿esta libertad la puedo aprovechar? ¿Puedo empezar de otra manera? ¿Puedo acabar de otra?

P.–¿Hubo algún momento en alguna escena o a lo largo de la novela a la hora de ponerte a escribir que te resultó más difícil o tuviste que dejarlo en cuanto a ese guión de cara a una proyección cinematográfica?


R.–Hay escenas que he cambiado, y otras que he añadido. Yo creo que quitar, no he quitado nada y si he quitado algo es tan irrelevante que no tiene sentido comentarlo. He quitado un personaje de los de la trama y he añadido personajes diferentes que no estaban en la trama inicial. He cambiado algunas cosas, he modificado algunas escenas, sobre todo he alargado, he ahondado en los personajes, en esa psique, en las emociones y lo que yo creo que también ha sido una novedad con respecto a la película es que lo he contado desde otra perspectiva.

P.–¿Qué te parece la repercusión o el tema mediático que está tomando la película?

R.–Pues mira, yo no voy a negar que cuando vi la primera proyección y cuando leí el guión, yo tenía la seguridad de que la película iba a ser polémica, pero no porque la película o la trama a mí me parezca polémica, sino porque creo que quizás como sociedad no estamos preparados todavía, por mucho que digamos, para este tipo de afirmaciones que no dejan de ser ficción.

Si en lugar de insinuar una relación de Miguel de Cervantes con el Bajá de Argel, se hubiera insinuado una relación de Miguel de Cervantes con la hija del Bajá de Argel, a todo el mundo le parecería fantástico.
Ahora, como son dos hombres, en muchas ocasiones saltan chispas. Es muy curioso porque hay gente que lo normaliza totalmente, que no ve el problema, y hay gente que ve mucho más problema y deja de ver la trama, deja de ver la historia de resiliencia y supervivencia, porque se centra en una escena en un hammam entre dos hombres.

P.–El hammam era un elemento que forma parte de la cultura musulmana. ¿Cómo lo ves dentro de la película?

R.–Exactamente. No es raro que dos hombres, aunque no tengan atracción uno por otro, se encuentren en un hammam, como pasaba en las termas romanas, lugares de masaje, de relax, de conversación y demás. Por otra parte, si Cervantes fuera homosexual, quizás solo él lo supo. Esto es una fabulación basada en algunos hechos que protagoniza.

P.–¿Crees que hubo un episodio o algo que ocurriese antes del cautiverio que explique la resiliencia de Cervantes?

R.–Sí. Cervantes ya ha huido muy joven de España, tuvo que sobrevivir en Italia por sus medios y participó en un combate naval en Lepanto, que debió ser una masacre total. Además, el barco en el que viajaba fue de los más destacados. Él tenía 28 años cuando llega al cautiverio de Argel, y para ese momento, esa tercera parte de su vida la había pasado resistiendo, sobreviviendo, huyendo de condenas y empezando de nuevo. Incluso en Lepanto le dejan inservible un brazo, pero nunca lo pierde. Por eso creo que ya llevaba consigo una historia de resiliencia.

P.–¿Crees que Cervantes aprendió algo de sus compañeros cautivos, qué nos ha mostrado hasta ahora?

R.–Sí, pienso que sí. Para gestar la obra que ahora reconocemos como la primera obra de la literatura moderna, debió ser un hombre con una mentalidad muy abierta y capaz de beber en todas las fuentes. Muchas de esas historias las encontramos luego en El Quijote. Por ejemplo, cuando Don Quijote y Sancho llegan a una venta y se encuentran con alguien, ese alguien quizá fue un prisionero cautivo como él, cuya historia esperó el momento de salir a la luz. Por eso en la trama y en el guión, y añadiendo aún más detalles, esos guiños a cosas que él pudo ver y sentir le sirvieron para configurar esta obra universal.

P.–¿Cómo manejas la mezcla de culturas entre la cultura cristiana y la musulmana?

R.–Bueno, pues me resulta relativamente fácil decirlo porque es algo que ya he explorado en otras obras. Viajo mucho, por trabajo y por placer, a muchos destinos musulmanes. No soy una experta, pero conozco la historia de las religiones. Por eso me resulta más fácil recrear ese mundo fronterizo y esa pretendida convivencia, que muchas veces es utópica. De hecho, para mí es casi un deber ponerlo sobre la mesa y buscar lo que nos acerca al otro, con quien muchas veces nos peleamos.

P.–En España, todo el mundo está orgulloso de haber sido romano durante 700 años, pero nadie está orgulloso de haber sido moro durante 800. ¿Qué piensas de eso?

R.–La verdad es que sí. Esto demuestra cómo ignoramos parte de nuestra historia. Es importante mostrar ese pasado y esa diversidad que forma parte de nuestra cultura.

P.–¿Presentas a Cervantes como un hombre vulnerable en esta etapa?

R.–Sí, Cervantes es un gran desconocido. Incluso los cervantistas no se ponen de acuerdo sobre su lugar de nacimiento o su linaje. En la novela tuve que elegir un Cervantes concreto, y el guión me ayudó a humanizarlo: mostrarlo joven, vulnerable, con miedo. También incluyo a su hermano, que fue apresado con él, lo que añade tensión y humanidad a la historia.

P.–¿Crees que la ficción permitió mostrar la historia desde otra perspectiva?

R.–Sí, la ficción me permitió abrir ventanas donde la historia tenía muros, contar cosas que de otra manera no podrían aparecer y profundizar en las emociones y la psique de los personajes.

P.–¿Las experiencias de Cervantes en Argel influyeron en su obra posterior?

R.–Sí. Cada experiencia de Cervantes en Argel sirvió para construir su futuro literario. Lo que vivió allí, lo que vio y sintió, le permitió imaginar historias que luego plasmaría en sus obras.

P.–¿Las historias fueron una herramienta de supervivencia para él?

R.–Sí, las historias fueron su fuerza cuando la fuerza física no alcanzaba. Contar y escuchar relatos le permitió mantenerse vivo, resistir y encontrar sentido incluso en condiciones extremas.

P.–¿Buscabas mostrar la resiliencia y humanidad de Cervantes más que su genio?

R.–Exactamente. Quise que los lectores vieran su resiliencia y humanidad, no solo su genialidad literaria. Su historia es un ejemplo de cómo las adversidades pueden formar la mente de un creador.

P.–¿La novela muestra a Cervantes como un joven vulnerable y enfrentado a desafíos extremos?

R.–Sí, lo presento joven, vulnerable, con miedo y limitado físicamente, pero con una gran capacidad para adaptarse, resistir y sobrevivir. Esa etapa es clave para entender su resiliencia y la forma en que luego construye sus obras.

P.–¿Incluyes a otros personajes históricos para enriquecer la narrativa?

R.–Sí, incluyo a su hermano, otros cautivos y figuras del entorno. Esto permite mostrar relaciones humanas, tensiones, lealtades y conflictos que Cervantes vivió, dándole más profundidad a la historia.

P.–¿Cervantes se convierte en un personaje reconocible para los jóvenes?

R.–Sí, una de las cosas que más agradezco de toda esta polémica es que los jóvenes lo vean, se interesen por él y por su historia. La película y la novela hacen que puedan identificarse con un Cervantes de 28 años, que no se puede defender físicamente y tiene que valerse de su inteligencia.

P.–¿Crees que la polémica ha ayudado a recuperar el interés por Cervantes?

R.–Sí, totalmente. La polémica provoca que la gente se acerque a conocer la historia, los personajes y la trama. Incluso quienes critican la película sienten curiosidad y terminan viendo la historia completa. Esto lo pone nuevamente en el foco y genera un diálogo cultural valioso.

P.–¿El hecho de mostrar un Cervantes vulnerable tiene un paralelismo con Shakespeare in Love?

R.–Sí, quiero pensar que funciona de manera similar: humanizar al autor, mostrar su juventud, sus dudas, sus miedos y su ingenio. Esto acerca la figura histórica a la gente y hace que se pueda comprender su proceso creativo.

P.–¿El cautiverio de Cervantes influyó en su creatividad y en la forma de contar historias?

R.–Sí, definitivamente. Las experiencias de Argel, el contacto con distintas culturas, los retos diarios y la interacción con otros cautivos le permitieron ampliar su mirada y nutrir su imaginación. Todo esto se refleja luego en sus obras, incluida la primera parte del Quijote.

P.–¿Es la ficción histórica un vehículo para entender mejor al hombre detrás del escritor?

R.–Sí, la ficción histórica permite acercarnos a la vida de Cervantes y comprender su humanidad, sus miedos, sus relaciones y su resiliencia. No es necesario que todo sea veraz; lo importante es que resulte verosímil y nos acerque a la persona real.

P.–¿Las historias que cuenta Cervantes dentro de la novela reflejan su entorno y sus experiencias?

R.–Sí, absolutamente. Cada relato refleja lo que vivió y vio, lo que imaginó y fabulo. Esto permite que la novela sea rica en contexto histórico y emocional, mostrando cómo las experiencias de la vida real alimentan la creación literaria.

P.–¿La película y la novela buscan mostrar la complejidad del Mediterráneo del siglo XVI?

R.–Sí. Cervantes vivió en un mundo fronterizo, lleno de conflictos, culturas diferentes y tensiones políticas. Tanto la novela como la película intentan mostrar ese contexto, sus contradicciones y la capacidad de convivir, aunque sea de forma utópica, con lo diferente.

P.–¿Hay algún mensaje sobre la humanidad que quisiste transmitir con esta historia?

R.–Sí, que las historias nos salvan muchas veces, nos conectan con otros y nos permiten sobrevivir a circunstancias extremas. También muestran que la resiliencia, la inteligencia y la creatividad son herramientas fundamentales para superar adversidades.

P.–¿Cervantes encontró su lugar después de todas estas experiencias?

R.–No lo sabemos con certeza. Su vida estuvo llena de viajes, escapadas y retos. Lo que sí podemos ver es que todas esas experiencias lo formaron como hombre y como escritor, y que buscó siempre un lugar donde encajar, aunque el mundo que encontró no fuera el mismo del que se fue.

P.–¿La novela logra humanizar a Cervantes más allá de su fama literaria?

R.–Sí, ese era el objetivo. Mostrar su vulnerabilidad, sus miedos, su capacidad de adaptación y su resiliencia. La novela permite acercarse a un Cervantes que cualquiera podría reconocer como un ser humano complejo y lleno de vida, no solo como un ícono literario.

P.–¿El guión cinematográfico fue un apoyo o una limitación para la novela?

R.–Fue un apoyo. Me dio una estructura y un punto de partida sólido. Pero la novela me permitió expandir la historia, profundizar en los personajes, sus emociones y perspectivas, y explorar la historia desde diferentes ángulos.

P.–¿Crees que la novela y la película fomentan un diálogo cultural sobre historia y literatura?

R.–Sí. La polémica y la curiosidad generadas permiten que la gente joven y adulta se interese por Cervantes, por su historia y por la literatura. Esto enriquece el conocimiento y la discusión cultural, y da nueva vida a un autor universal.