“Siempre habrá imperialismo y mentiras en el poder, pero este hombre nos lleva a un límite exagerado”
El IV Reich, de Bruno Cardeñosa, funciona como una alerta sobre el avance de ideologías reaccionarias, la desinformación y el papel de Donald Trump en un ecosistema que alimenta miedo y polarización. Cardeñosa es periodista y escritor especializado en política y movimientos extremistas, con amplia trayectoria en investigación y análisis de fenómenos de poder.
En esta entrevista, el autor profundiza en los temas centrales de su libro y reflexiona sobre los riesgos que enfrentan las sociedades contemporáneas ante la manipulación y la polarización.
El IV Reich: alerta sobre autoritarismo y desinformación
P. — El IV Reich describe un panorama inquietante. ¿Cuál es el mensaje principal que busca transmitir?
R. — El libro busca alertar sobre el avance de nuevas formas de autoritarismo, la fuerza de la desinformación y el papel que personajes influyentes pueden tener dentro de un ecosistema que fomenta miedo y polarización. Ante lo que está sucediendo en el mundo, es importante tener los ojos y los oídos abiertos, porque estamos viendo un retroceso en derechos, libertad y en lo que podría considerarse la decencia mínima. Todo eso nos obliga a prestar atención a cómo ciertas figuras pueden influir negativamente en la sociedad.
P. — Usted se refiere a este personaje como un “nuevo jefe de «El IV Reich”. ¿A qué se refiere exactamente?
R. — Lo llamo “jefe”, pero de manera negativa. Estamos ante un tipo de autoritarismo impulsado por la tecnología. Él ganó democráticamente, pero no muestra un gran respeto por los valores de la democracia. De hecho, es el primer presidente en la historia de Estados Unidos —y probablemente de cualquier democracia occidental— que, antes de asumir, lideró un intento de golpe de Estado contra su propio país. Eso no solo indica un autoritarismo muy marcado, sino que, por su relevancia global, lo convierte en el presidente más autoritario de la historia estadounidense. Lo más preocupante no es solo su comportamiento, sino que muchas personas apoyan este autoritarismo y lo consideran positivo. Tiene un ejército de seguidores que respalda sus acciones y cree que su estilo de liderazgo es necesario.
P. — ¿Qué lo llevó a relacionarlo con el concepto de:«El IV Reich”?
R. — Hay varios factores. Primero, su historia familiar está vinculada con Europa: sus padres y abuelos son alemanes. Esto se relaciona con una familia, que fue expulsada de Canadá por sus vínculos con partidos nazis. Además, sus antecedentes incluyen conexiones con Sudáfrica y movimientos asociados al apartheid. En el libro se documenta, por ejemplo, que Trump hizo el saludo nazi y, días después, su jefe de prensa replicó el gesto. Todo esto evidencia una relación directa con ideologías autoritarias históricas.
P. — El libro incluye frases de Trump al inicio de cada capítulo. ¿Cuál fue la razón de esa decisión?
R. — Trump tiene tantas frases controvertidas que podrían llenar un libro entero. Cada capítulo comienza con una de ellas porque reflejan su pensamiento y el impacto que tienen sobre sus seguidores. Una de las más alarmantes es cuando dijo que Hitler hizo “algo bueno”, un comentario especialmente grave considerando los 11 millones de judíos que murieron durante el Holocausto. Esa frase sintetiza la gravedad de su influencia y cómo el lenguaje puede normalizar ideas peligrosas.

P. — ¿Cómo ha podido separar la realidad de la narrativa conspirativa al analizar los datos y testimonios?
R. — Eso es muy difícil en su caso. Yo puedo acercarme a ciertos temas con información y contexto, pero lo que él hace no es conspiración: es directamente locura. Una cosa es analizar teorías sobre la influencia de la CIA en golpes de Estado o en la muerte de Kennedy, que podrían considerarse conspiraciones clásicas, y otra muy distinta son las barbaridades que este hombre defiende. Por ejemplo, apoyó a los grupos que dieron el golpe de Estado en Estados Unidos tras las elecciones, grupos que promovían ideas como que la Tierra es plana o que el hombre nunca llegó a la Luna, afirmaciones totalmente absurdas.
Trump necesita esa narrativa conspirativa, porque le permite consolidar su base de seguidores. La narrativa afecta aproximadamente al 10 % de la población estadounidense, un número significativo. Aunque ganó las elecciones con una diferencia mínima —1,6 %—, necesita el apoyo de estas personas conspirativas para mantenerse como es.
P. — Además de apoyarse en estas teorías, parece que tiene una habilidad excepcional para hacer creer que las mentiras son verdades.
R. — Exactamente. Por ejemplo, el caso de Eysenck —aunque el libro estaba terminado hace un tiempo— todavía era relevante por las recientes declaraciones de Elon Musk. Trump ha utilizado este caso para atacar a los demócratas, acusando a sus rivales políticos, y ahora él mismo está implicado o bajo sospecha por lo mismo. Lo utiliza para decir una cosa y su contraria, y es un especialista en eso. Su voz es la más poderosa del mundo, y estamos hablando de la voz del presidente de Estados Unidos.
Un ejemplo claro son los aranceles, que fueron un detonante importante para escribir este libro. Trump imponía aranceles a todo el mundo y cambiaba su postura constantemente: primero afirmaba que China se comportaba mal y ponía aranceles del 150 %, luego bajaba la cifra al 10 % cuando se dio cuenta de que afectaba a empresas estadounidenses que fabricaban en China. Cambiaba sus declaraciones deliberadamente, sabiendo que muchas eran falsas, y eso demuestra su estrategia de manipulación.
P. — Siguiendo con la política, ¿cómo ve la situación actual en España con la polarización tan marcada que estamos viviendo?
R. — Es un fenómeno similar al que vemos en Estados Unidos. La política se ha convertido en un reflejo de polarización absoluta: en España, como antes en otros ámbitos como el fútbol, todo parece obligarte a posicionarte. Lo mismo ocurre en Francia o Alemania, donde gobierna un partido diferente al anterior. Esta polarización está presente en toda Europa. Las derechas no son tan extremas como se perciben, y la izquierda tampoco, pero al posicionarse en los extremos, ambos lados creen que es la mejor manera de conseguir apoyo político.
Ese enfrentamiento constante contribuye al crecimiento de personajes como Trump o partidos de extrema derecha. En Alemania, por ejemplo, ha crecido un partido con vínculos ideológicos nazis, advertido por los servicios de inteligencia por su ideología basada en el supremacismo ario. Lo mismo ocurre en España: la confrontación entre izquierda y derecha fortalece a la extrema derecha.
Creo que los llamados pactos de Estado, aunque limitados y con problemas, son necesarios. No hay un partido que pueda gobernar solo; todos los gobiernos necesitan apoyo de otros grupos y del electorado. En España, con 50 millones de habitantes, alguien que obtiene el 10 % de los votos representa alrededor de 4 millones de personas. Es importante escucharlos y tenderles la mano, porque esto contribuye a la educación política de la sociedad y al bien social.
P. — ¿Qué capacidad de manipulación tiene Trump en cuanto a noticias falsas o la forma de llevar a la gente a determinadas ideas? Y volviendo a España, ¿hasta qué punto somos capaces de reconocer cuándo nos manipulan o cuando una noticia es falsa?
R. — Creo que vivimos en un momento de manipulación total, especialmente desde la pandemia. No es que la pandemia cambiara el cerebro de la gente, sino que generó una serie de conductas asociales. La pandemia fue terrible: murieron alrededor de 10 millones de personas en todo el mundo, la mayor catástrofe humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. Pero también fue el inicio de narrativas conspirativas que dejaron de ser marginales y se volvieron centrales en la sociedad. Por ejemplo, teorías sobre los efectos secundarios de las vacunas o que las vacunas fueran dañinas son totalmente falsas, pero se difundieron como verdades.
El director de campaña de Trump en las elecciones pasadas, que era el jefe de prensa de una científica china que promovió la teoría de que el virus se había escapado de su laboratorio, utilizó esta narrativa para atacar a los demócratas. No nos damos cuenta de que eso es una manipulación directa que ha perjudicado a millones de personas. Creo que lo que le falta a mucha gente no es inteligencia ni cultura, sino tiempo para reflexionar. El sentido común necesita espacio y pausa, y hoy vivimos en la inmediatez, en el scroll constante de redes sociales. No reflexionamos; pasamos de una noticia a otra sin detenernos a pensar si lo que leemos es verdad o mentira.
P. — Sí, y nos creemos más una noticia que vemos en redes sociales, incluso si viene de alguien que no conocemos, en lugar de comprobar su veracidad.
R. — Exacto. Queremos la inmediatez, y el scroll es un invento perfecto para eso. Permite pasar de un contenido a otro rapidísimamente, fomentado por el mundo tecnológico, pero utilizado por personas como Trump para mantenerse en el poder. La gente no se detiene a pensar si la están engañando o si les están mintiendo.
El papel de los asesores es fundamental. Trump es el líder de un movimiento, pero no está solo. Sus asesores provienen en gran medida de lo que yo llamo la “ilustración oscura”: personas vinculadas a la tecnología y al mundo empresarial que fomentan un entorno aparentemente científico pero irracional en cuanto a reflexión. Esto es mucho más marcado en su segunda presidencia, donde incluso el vicepresidente proviene de ese mismo entorno. Trump combina lo político y lo empresarial, lo político y lo tecnócrata, y se rodea de personas con conexiones estratégicas, como su relación con líderes históricos de Sudáfrica durante el apartheid.
Por ejemplo, Peter Thiel, que formaba parte de la llamada “mafia de PayPal” en Sudáfrica, creó sistemas informáticos usados en Estados Unidos para la detención de inmigrantes sin papeles. Esto se traduce en cifras estremecedoras: en los primeros diez minutos de nuestra conversación, unas 150 personas fueron detenidas en Estados Unidos por inmigración ilegal, lo que equivale a 16 personas cada minuto. Desde el comienzo de su mandato, casi 400.000 personas han sido detenidas, muchas separadas de sus familias y esperando deportación. Hay entre 15.000 y 60.000 personas en centros de detención, auténticos campos de concentración.
Mientras ocurre todo esto, Trump sigue haciendo barbaridades, como cuando se burló de un periodista en el avión que le preguntaba sobre Einstein. Él no se cree que tenga derecho, sino que se cree cumpliendo una misión sagrada o divina. El peligro no es él en sí mismo, sino la gente que lo sigue. Locos siempre ha habido, pero cuando la locura está defendida y respaldada por seguidores, ahí radica el verdadero problema.
P. — ¿Hacia dónde vamos?
R. — Espero que algún día podamos poner fin a todo esto. Lo veo complicado, pero aún soy ideotimista. Libros como este cumplen un papel importante al alertar a la gente. No va a generar votos para figuras como Trump —en España no se representa—, pero puede abrir los ojos. No va a sumar apoyos, pero puede contribuir a que se pierda ese apoyo entre todos. Cada uno tiene que aportar su granito de arena para mantener una visión optimista. Siempre habrá imperialismo y mentiras en el poder, pero este hombre nos lleva a un límite exagerado.

P. — La gente que le sigue, ¿es el verdadero problema?
R. — Sí, la gente que le sigue va a la deriva y necesita a alguien, un líder.
P. — ¿El peligro son las ovejas?
R. — Somos todos ovejas en cierto sentido. Si vamos a la deriva es porque algo nos está faltando. Por eso necesitamos detenernos, reflexionar y pensar. La transformación social requiere reflexión. Lo que estamos viendo actualmente, incluso en España, refleja esto: la política se ha convertido en un espectáculo. La Casa Blanca, el centro de poder más importante del mundo, se ha convertido en un reality show; el Despacho Oval se ha transformado en un plató de televisión. Ese no es el camino.
P. — Para terminar, en tu investigación, ¿qué descubriste que te sorprendiera o te impactara?
R. — Me llamó la atención, por ejemplo, los vínculos personales de Trump, Maas y otros con grupos supremacistas. En Alemania serían defensores de la teoría aria; en EE. UU., supremacistas blancos. Son conexiones con un mundo extremista, radical, racista, machista y homófobo, y eso me parece muy peligroso.
P. — Bruno Cardeñosa, ha sido un placer. Espero que en el futuro podamos hablar cada vez menos de este personaje.
R. — El problema es que seguramente vendrá otro. Aunque espero que no, Trump tiene hijos y familia bien posicionada, y parte de su entorno sigue influyendo. Así que probablemente tengamos Trump o los Trump para rato.
Rosa Sánchez de la Vega