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Henrik Fexeus: “Hay que tener mucho cuidado con las conclusiones que sacamos al observar a los demás”

Henrik Fexeus explica qué revela nuestro cuerpo, cómo leemos las emociones y por qué observar no significa siempre acertar.

Rosa Sánchez de la Vega

Nos pasamos la vida intentando descifrar a los demás. Una mirada que cambia, una pausa, un gesto que contradice las palabras. Creemos que escuchamos, pero también interpretamos todo aquello que el otro no dice. Henrik Fexeus lleva años observando precisamente ese territorio: el comportamiento humano, la comunicación, las señales que emitimos casi sin saberlo y la manera en que los otros las reciben.

Mentalista y escritor, ha desarrollado buena parte de su obra alrededor de esa frontera entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que nuestro cuerpo termina contando. También ha llevado ese conocimiento a la ficción: junto a Camilla Läckberg escribió la trilogía formada por El mentalista, La secta y El espejismo. Ahora regresa a la no ficción con El arte de leer la mente, un libro que parte de una promesa tentadora para ponerle enseguida límites: no se trata de adivinar pensamientos, sino de aprender a observar mejor.

¿Qué revelamos sin querer? ¿Cuánto puede aprenderse a mirar a los demás y cuánto podemos equivocarnos al interpretar lo que vemos?

El título promete algo que todos alguna vez hemos deseado: leer la mente de otra persona. ¿Qué podemos llegar a saber realmente de alguien sin que nos lo diga?

Yo diría que bastante.

Es verdad que leer la mente de alguien sería, literalmente, pretender que esa persona estuviera pensando en palabras, pero nosotros no pensamos en palabras. Creo que lo que queremos, lo que cada uno de nosotros pretende, no es leer la mente del otro, sino entenderlo, llegar a entender al otro.

Si somos capaces de identificar lo que la otra persona siente, eso nos va a llevar a identificar, consecuentemente, lo que esa persona está pensando. Cuando hablamos de leer la mente de alguien, de lo que se trata realmente es de leer las emociones, lo que esa persona siente.

Lo que pensamos también pasa por el cuerpo

El libro parte de una relación de ida y vuelta: lo que pensamos afecta al cuerpo, pero también podemos modificar nuestro estado mental cuando intervenimos en él. Si cada pensamiento deja algún tipo de huella física, ¿significa eso que nunca podemos ocultarlo del todo?

Yo te diría que todo pensamiento importante deja esa huella, desencadena esa reacción fisiológica. El punto es que no siempre estamos entrenados o tenemos la formación necesaria para identificar esas señales, ese rastro fisiológico o esa huella.

Esa reacción de nuestro cuerpo tiene dos objetivos o dos propósitos: prepararnos para una situación que se va a producir y también enviar una señal al entorno de lo que puede esperar de nosotros. Es decir, esa reacción fisiológica forma parte de nuestra comunicación.

Por lo tanto, no, no podemos ocultarlo del todo.

¿Cuánto de nuestro lenguaje corporal es espontáneo y cuánto hemos aprendido a representar porque sabemos qué imagen queremos dar?

Hay dos partes en esa reacción. Una es universal, forma parte de nuestro proceso subconsciente, y otra es cultural, aprendida, y por eso difiere de una cultura a otra.

¿Cuál de las dos pesa más?

Diría que depende del contexto. Pero, en cuanto a las relaciones personales, que es en lo que yo me centro en el libro, la que tiene más peso es precisamente esa parte subconsciente, la que no es una parte aprendida culturalmente.

Confiar en quien se parece a nosotros

Dices que nos gustan las personas que se parecen a nosotros. ¿Hasta qué punto confundimos semejanza con confianza?

No coincido en que eso sea un malentendido, en que estemos confundiendo semejanza con confianza. Lo que sí creo es que realmente confío en aquello que se parece a mí.

Es decir, esta persona se parece a mí. Como yo soy quien mejor me conozco, a mí es a quien conozco bien y, por lo tanto, entiendo que, si el otro es como yo, también confío en él, también lo entiendo y tengo esa confianza.

Luego, por supuesto, hay que analizar el comportamiento de esa persona, su conducta, y ver si existe esa coherencia. Pero no creo que sea una confusión, sino que realmente es así. Veo algo que entiendo y, por lo tanto, confío en ello.

Si nos gustan las personas que se parecen a nosotros, pensemos, por ejemplo, en una selección de personal. ¿Hasta qué punto podemos ser objetivos?

Es difícil. Parece que ni siquiera la IA puede ser objetiva durante un proceso de selección, pero yo no creo que un proceso de selección deba ser objetivo.

Sí hay que ser objetivo en cuanto a si esa persona cumple todos los requisitos, todas las necesidades para el puesto, pero, aparte de eso, necesitas tener una idea, una intuición de si esa persona encaja en el equipo. Todo eso no es objetivo, es subjetivo.

De hecho, hicimos una vez un experimento con un programa de televisión en Suecia. Trabajamos con una persona que se ponía muy nerviosa durante un proceso de selección para un trabajo.

Era un escenario controlado, pero el experimento consistía en eso: pasó por todo un proceso de selección con un tribunal determinado, realizó una serie de entrevistas y todos dijeron que no la contratarían nunca.

A continuación, hizo un aprendizaje con las técnicas de mi libro. Hicimos toda esa formación, todo ese entrenamiento, y volvió a pasar por ese panel, por todo un proceso de selección. En ese caso dijeron que la contratarían inmediatamente.

Fue un experimento, una situación controlada, pero vimos una evolución real. Esa persona adquirió todas esas técnicas, esas destrezas que le permitieron afrontar el proceso de otra manera.

De hecho, lo único diferente que hizo en la segunda parte fue presentarse ante esas personas con la seguridad de mostrarles que era una persona en la que podían confiar porque la sentían como uno de ellos.

Qué ocurre cuando mentimos

Desmontas la idea de que exista una señal universal de la mentira y propones buscar cambios respecto a la conducta habitual, incongruencias y fugas. ¿La mentira deja más señales cuando quien miente tiene algo importante que ganar o perder?

Sí. De hecho, las situaciones en las que hablo de esta técnica para identificar la mentira son siempre situaciones en las que hay algo importante en juego.

Porque si a la persona que está mintiendo realmente no le importa, si es algo que no tiene una consecuencia importante, no se produce esa subida de cortisol y, por lo tanto, esa respuesta física no se da.

Si no se está jugando nada, no aparece esa respuesta, esa reacción.

Persuasión, manipulación y comunicación

Hablas también de influir en los demás sin que lo noten. Si la otra persona no sabe que estamos intentando influir en ella, ¿dónde colocas exactamente la frontera, si es que la hay, entre persuasión y manipulación?

En realidad, diría que es una cuestión semántica, porque no hay una diferencia entre manipulación y persuasión, o ni siquiera entre manipulación y comunicación.

Manipular es hacer que algo pase de un estado a otro. Pero no tiene realmente, en origen, ese matiz negativo que le damos ahora a la palabra manipulación.

Cuando yo me comunico, lo que pretendo es que el otro esté de acuerdo conmigo, sienta algo o me entienda. Si con mi comunicación consigo una de esas tres cosas, ya estaría consiguiendo ese cambio de estado mental. Por lo tanto, habría manipulado a la otra persona con la que me estoy comunicando.

Pero lo más importante es que todas estas técnicas de las que hablo en el libro son, en realidad, cosas que ya hacemos en nuestro día a día, pero de manera inconsciente.

Como no somos conscientes de que eso es algo que hacemos con nuestra comunicación, puede que generemos una situación negativa para mí o para el otro en vez de positiva.

Por lo tanto, creo que el único enfoque responsable de todo esto es aprender cuáles son esas cosas que ya estamos haciendo, que hacemos de manera inconsciente, para utilizarlas de manera constructiva en vez de destructiva.

Aprender a observar

¿Cuáles son las indicaciones más importantes que deberíamos tener en cuenta a la hora de poder “leer la mente”, siempre entre comillas? Sobre todo en el terreno emocional, porque las emociones son también las que muestran esa parte física.

Es verdad que hay muchísimas cosas que podemos aprender si realmente queremos profundizar en el tema, pero diría que lo principal es aprender a entender los gestos, especialmente los gestos a nivel facial, la expresión facial de las personas.

Hoy en día parece que eso es más difícil que nunca, porque antes la comunicación era siempre cara a cara y tenías a la persona a tamaño real, al lado tuyo, comunicándose contigo. Ahora es muy común que sea como estamos nosotros ahora mismo: a través de una pantalla, donde tienes una imagen pequeña con la cara de la persona. Por lo tanto, cada vez es más difícil.

Pero sí es cierto que todas las emociones pasan o se trasladan a una expresión facial. Incluso cuando la persona quiere ocultarlas, quiere disfrazarlas, hay muchas cosas, muchos indicios claros, sobre todo en la parte superior del rostro, que siguen dándonos esa información.

Si aprendemos a identificarlos y nos fijamos, si dejamos a un lado la parte baja y nos centramos en la parte superior del rostro, podemos identificar esas señales que nos van a decir si la otra persona está incómoda, si tiene interés en lo que le estamos diciendo o si realmente nos da muestras de que lo que debemos hacer es retirarnos en ese momento.

Todo eso lo podemos tener muy claro aprendiendo a observar e identificar los gestos de la parte superior del rostro.

Y también, por supuesto, si la otra persona está especialmente interesada en nosotros.

Si conoces y has aprendido todas estas técnicas, entiendo que tiene que haber una diferencia entre estar delante de una persona a la que acabas de conocer y hacerlo ante alguien con quien ya has estado en otras ocasiones. No puedes conocer de pronto suficientemente a alguien como para saber si sus gestos están diciendo lo contrario de lo que dice.

Cuando es alguien a quien conoces, evidentemente tienes una clara ventaja, porque lo que puedes hacer es tratar de analizar o identificar cambios respecto a eso que tú ya conoces, a aquello a lo que estás acostumbrado.

Pero, aun así, si estás con alguien a quien no has visto en tu vida, esa parte de los gestos faciales es universal. Es una reacción fisiológica universal. Entonces, esa parte de información la sigues teniendo.

Por supuesto, siempre es más fácil cuando estás con alguien a quien conoces bien.

Y sabiendo todo esto, cuando estás delante de alguien y ves realmente cómo gesticula o cómo muestra sus emociones, ¿no te asusta o te decepciona? ¿O sucede al contrario y te emociona descubrirlo?

Diría que me emociona. No es que me asuste.

Cuando identificas algo, enseguida ves que es algo que puedes utilizar para mejorar tu comunicación con esa persona, para poder llegar a un entendimiento mutuo, para lo que sea que quieras conseguir de esa comunicación. Y eso es muy interesante.

De hecho, yo siempre digo que toda mi carrera está basada en estas técnicas, o que he llegado a tener la carrera que tengo gracias a ellas, porque eso me ha ayudado a mejorar esa comunicación de manera que los otros entiendan mejor mis ideas y yo pueda entender mejor las ideas de los demás.

Y, aparte, es divertido. Siempre puedes echarte a la calle e ir observando esos gestos, esas expresiones faciales. Tampoco es algo técnicamente muy complicado. Una vez que lo conoces, realmente es bastante obvio.

Es muy divertido observarlo directamente en la calle.

Cuando quien observa es el otro

Después de enseñarnos a observar, conectar, sopesar emociones y descubrir incongruencias, le doy la vuelta a la pregunta: ¿qué deberíamos aprender para que resulte más difícil que otros hagan todo eso con nosotros?

La verdad es que no creo que debiéramos hacerlo, porque, si una persona está intentando aplicar estas técnicas con nosotros, lo que quiere es construir una buena relación.

Todas estas técnicas de las que hablo en el libro son técnicas que, en realidad, están programadas en nosotros. Están ocurriendo, es algo que hacemos de manera inconsciente. Se supone que debemos utilizarlas.

No se trata de que alguien quiera controlarte y tener una superioridad sobre ti, sino de intentar conseguir que entre ambas partes se construya un entorno mejor para los dos.

Durante este rato solo me has visto a través de una pantalla, la mitad del cuerpo y mis expresiones. ¿Qué has podido leer de mí?

Es muy interesante, porque además estamos en ese contexto que mencionaba: una pantalla donde solo ves a la persona en pequeño, en digital.

Aparte, por ejemplo, en tu caso, con tu corte de pelo, que te tapa parte de la cara, tienes una visión muy parcial.

Pero hay algo que me gustaría decir. Muchas veces, cuando nos ponemos a observar e identificar estas cosas en el otro, debemos tener mucho cuidado con las conclusiones a las que llegamos a partir de esa información.

Por ejemplo, en el caso de esta entrevista, diría que al principio veía muchos gestos por tu parte con las manos, gestos en los que te tapabas la cara. Eso puede ser una señal de nervios o de que, a lo mejor, no estabas segura de lo que ibas a preguntar, pero también puede ser que simplemente tuvieras que rascarte la nariz.

Yo no puedo saber ahora mismo cuál era el motivo.

Lo que sí puedo decir es que, a lo largo de todo el tiempo de duración de la entrevista, eso ha ido desapareciendo y ha pasado a haber más risas.

¿Y eso qué me puede decir? Que, con el paso del tiempo durante la entrevista, se ha ido generando comodidad, confianza…

Pero, de nuevo, todo esto, en un principio y solo con esta información, son presunciones, son ideas que después yo tendría que buscar la manera de verificar.

1. Leer la mente no significa adivinar pensamientos.
Fexeus parte de una idea mucho más concreta: observar emociones, gestos y reacciones físicas puede ayudarnos a entender mejor qué está sintiendo la persona que tenemos delante y, desde ahí, acercarnos también a lo que está pensando.

2. El cuerpo revela más de lo que creemos.
Los pensamientos importantes dejan una respuesta fisiológica. El problema no es tanto que esas señales no existan como que muchas veces no sabemos reconocerlas o interpretarlas correctamente.

3. Confiamos más fácilmente en quienes se parecen a nosotros.
La semejanza genera familiaridad y esa familiaridad puede convertirse en confianza. Fexeus explica cómo ese mecanismo interviene incluso en situaciones aparentemente objetivas, como un proceso de selección de personal.

4. No existe una señal universal de la mentira.
Más que buscar un gesto que delate a quien miente, propone observar cambios respecto a su conducta habitual, incongruencias y reacciones que aparecen especialmente cuando hay algo importante en juego.

5. Observar no significa acertar.
Aprender a leer gestos y expresiones puede mejorar nuestra comunicación, pero Fexeus insiste en una cautela fundamental: una señal aislada no permite sacar conclusiones definitivas. Lo observado siempre necesita contexto y verificación.

Lenguaje corporal, emociones, expresión facial, comunicación no verbal, mentira, confianza, semejanza, persuasión, manipulación, procesos de selección, reacciones fisiológicas y técnicas para observar mejor a quienes tenemos delante.

Quienes sienten curiosidad por el comportamiento humano y la comunicación no verbal, lectores interesados en comprender mejor cómo interpretamos a los demás y quienes quieran aprender a observar gestos y emociones sin convertir cada señal en una certeza.

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

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Henrik Fexeus

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Autoayuda, inteligencia emocional, habilidades sociales, ciencias humanas y sociales, sociología

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