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«La literatura es la mejor manera de explorar la ambivalencia de casi todo lo relacionado con el ser humano»

«La literatura es la mejor manera de explorar la ambivalencia de casi todo lo relacionado con el ser humano»

"No te veré morir" Antonio Muñoz Molina (ed. Seix Barral)

miércoles 06 de septiembre de 2023, 15:19h
“Dijiste que volverías pronto y has tardado 50 años”
“Dijiste que volverías pronto y has tardado 50 años” -le recrimina Adriana después de una apasionada historia de amor de juventud vivida con Gabriel. Medio siglo separados por un océano de incomunicación y el reencuentro ahora ya en la vejez. “La nostalgia de aquel primer amor y de la persona que una vez fuimos”

Rosa pasa página se ha citado con Antonio Muñoz Molina, emocionada porque la novela ya leída con deleite, prosa narrativa, es de un autor que dice querer escribir novelas que retratan de verdad la vida. Podría parecer una zona como antigua o evidente, afirma Muñoz Molina, pero así es como lo siento, inventar personajes que parezcan seres vivos.

La novela arrancó como algo compulsivo a raíz del poema cuyo título de la novela hace referencia. Gabriel, uno de los protagonistas, se encuentra frente a él mismo caminando por la calle desde su hotel hasta la casa de ella. En ese tiempo hay una enomre intensidad porque se está acercando el momento del encuentro. Todo el pasado viene con una fuerza tremenda. Y esa idea simple que yo tenía al principio de escribir, esa agitación del personaje hizo que estallara en mí, en mi imaginación. Escribía e iba descubriendo cosas al mismo tiempo que el propio protagonista.

—Hablábamos de espacio y de tiempo, yo creo que la distancia sobre todo es el tiempo, los 50 años que han transcurrido y ese sueño recurrente que tiene Gabriel de cómo la ve, un punto de vista hacia lector y del que tiene que fiarse de ello.

Sí, y también el lector tiene motivos para recelar de algunas cosas, igual que Adriana recela, ¿no? En el caso de él hay una cosa peculiar y es que ese recuerdo, esa remembranza de ella, no es algo que él haya cuidado, es algo que se le ha impuesto a los ojos en los sueños. Es decir, es la memoria. Durante el día, tú recuerdas cosas más o menos conscientemente, pero hay muchas otras de las que te olvidas y esas cosas olvidadas precisamente vuelven, salen en los sueños muchas veces. Igual que en los sueños sale de pronto una persona a la que tú querías, que murió hace tiempo y de la que ya te acuerdas mucho menos, pero de pronto esa persona vuelve en un sueño y lo hace con una precisión que la memoria consciente no tiene.

La memoria es mucho más defectuosa de lo que parece. Entonces hay ese misterio de las cosas, ese misterio de que quizás una parte muy importante de nuestra psique, tiene que ver con nuestra voluntad. Entonces, eso me llamaba mucho la atención. Y claro, en esa memoria, como con cualquier persona que hayamos querido, a la que nos vemos a lo largo de mucho tiempo, se va convirtiendo en un fantasma, porque nosotros no sabemos ya cómo es.

—La distancia. Porque él se va a Estados Unidos a vivir y esa propia distancia te hace alejarte de lo tuyo, tener una visión, no me refiero ya de Adriana, sino de su vida en España, te alejas de todo lo tuyo y al final acabas siendo un poco de ninguna parte.

Sí, es más antes que ahora. En los años en los que está ambientada la novela, existía la distancia de verdad. Ya nadie se va. Nadie se va nunca. Ya no hay lejanía, porque llevas contigo todo lo que eres, y estás en el móvil estés donde estés.

—Relaciones de amistad entre Gabriel y Julio. Julio es un personaje que arrastra una pérdida que no va a superar, no ha superado nunca. Dicen que el tiempo todo lo cura, todo lo sana, todo se olvida. Yo creo que el tiempo a veces lo que hace es agrandar esa herida.

Sí, en algunos casos. Eso me llamaba la atención de este personaje. Para mí también fue una sorpresa. Porque al principio, cuando llegó la segunda parte, el “yo” que habla, iba a ser más o menos yo mismo, hablando con Aristu, no tenía pensado que ese personaje tuviera una entidad propia aparte del interlocutor, pero cuando estaba escribiendo sobre él, empecé a escribir sobre mis recuerdos de la llegada a Washington. Pero según escribía, ese personaje empezó a diferir de mí.

Y, sin darme cuenta, rescaté un recuerdo de un amigo mío que había sufrido tanto que acabó destruyendo a esa persona. La incertidumbre. Entonces ese personaje empezó a cobrar otro tono más sombrío y desolado.

Vive un poco por delegación también, por eso presta tanta atención a lo que le cuenta el otro.

— La herencia paterna, inoculada. Ese peso del infortunio y del miedo de su propia vida, el cargo de un hijo de no decepcionar a un padre, el sentirse siempre en deuda con tu padre, que no siempre ocurre, pero a veces sí.

Yo estoy convencido de que se nace deudor o acreedor. Hay personas, y hablo en primera persona, que tendemos a sentirnos en deuda.

Claro. La literatura es la mejor manera, creo yo, de explorar la ambivalencia de casi todo lo relacionado con el ser humano. Por una parte, él tiene un padre que se ha preocupado generosamente por darle la mejor educación posible. Además en una época muy difícil, su padre quería salvarlo de la negrura a la que él había sucumbido.

Pero al mismo tiempo, aparte de lo que nosotros voluntariamente queremos transmitir a nuestro hijo, hay cosas que estamos transmitiendo involuntariamente, y este hombre sin proponérselo probablemente le está transmitiendo a su hijo la ansiedad del que ha sufrido tanto…

—Separados durante cincuenta años, ella atrapada en la dictadura.

Sí, a día de hoy sigue existiendo una incapacidad total de reconocer abiertamente que el franquismo fue una guerra sanguinaria.

—Adriana, para mí es el personaje. Una mujer romántica, apasionada, admirable, con una vida, por supuesto, nada fácil tampoco.

Cuando escribo novelas, yo creo que siempre acabo enamorándome de la protagonista, ya lo sabes, porque es una mujer de la que hay cosas que sabemos y otras que no sabemos, Ella es de una familia judía refugiada en España. Me gustaba esa integridad que hay en ella. Porque es romántica, pero también es muy lúcida. Muy inteligente. Tiene una lucidez que él no tiene, ¿no?

—Hay una cosa muy bonita, acerca de las miradas, porque aparte de lo de la edad y saber envejecer. Hablo de cómo consigues que el lector pueda ver al personaje desde distintas miradas. Sabes cómo es desde los ojos de los demás personajes.

Para mí era muy importante esa cosa como poliédrica, que se fueran viendo caras distintas. Porque cada persona tiene una mirada sobre el mundo. Y no hay miradas inferiores a otras.

El arte de la novela, ha enseñado a los seres humanos a mirar. Además, el punto de vista del que está como en la sombra o al margen, ese, es el más agudo.

—El paso del tiempo. La edad.

Pero si es que el tiempo embellece muchas veces. Si se cuida un poco y tiene una templanza o una hondura en su conciencia. Esa persona irradia belleza. Y esa irradiación para mí es fascinante….


Puedes continuar la entrevista en Spotify y Youtube: Rosa pasa página.

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