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«Somos tan cortos que nos cuesta entender la inteligencia de las plantas»

«Somos tan cortos que nos cuesta entender la inteligencia de las plantas»

"Planta Sapiens" Paco Calvo con Natalie Lawrence (ed.Seix Barral)

domingo 05 de noviembre de 2023, 15:53h
"No hacemos nada con la mejor tecnología del momento si no tenemos la mente preparada y despierta para observar lo que está ahí fuera"

Las plantas, ese mero elemento decorativo en nuestras vidas, aunque no tengan cerebro, ni caminen o se muevan como nosotros, los animales. Resulta que pueden aprender, recordar, comunicarse, reconocer a sus iguales, evaluar, riesgos y tomar decisiones. Tienen personalidad. Paco Calvo, catedrático de filosofía de la ciencia y director del laboratorio de inteligencia mínima, ha publicado junto a Natalie Laurens: “Plantas Sapiens”

—Me llama la atención eso, inteligencia mínima.

Sí, efectivamente, entiendo que el nombre del laboratorio ya de por sí es chocante.

Laboratorio de Inteligencia Mínima. Yo siempre hago el chiste de que la gente piensa que nos referimos a la inteligencia de las plantas, que si son inteligentes, lo son mínimamente, y yo siempre digo que hace referencia a nuestra inteligencia, que somos tan cortos que nos cuesta entender la inteligencia de las plantas. No sé quién tiene la inteligencia mínima, si nosotros o ellas.

—Yo así, a pie de calle te diría que sí, que la planta se comunica con consigo misma o decimos que dispara ese dispositivo de alerta cuando por ejemplo hay una parte que se está estropeando, se está secando y yo creo que de alguna forma se comunica, Voy a decir con el resto de esa planta o de esas hojas, y le dice, oye, aquí está ocurriendo algo serio.

Absolutamente, Sí. Están todo el día, 24 horas, al día, 7 días a la semana, monitorizando el entorno, monitorizando los estados internos, y comunicando esa información tanto a otras partes de la misma planta, como a otras plantas colindantes en el vecindario.

O sea, que tienen que estar constantemente atentas a qué está pasando a su alrededor. No es descabellado pensarlo, piensa que no se desplazan, con lo cual ante cualquier estrés potencial más les vale saber lo que se avecina y tratar de hacer algo al respecto.

—Aprovecho lo que acabas de decir con respecto a que no se pueden mover porque vamos a pensar que está en una maceta, con lo cual la raíz, por mucho que quiera, tiene los límites, pero sí que tiene capacidad de expandirse de alguna manera.

Sí. Verás normalmente nos gusta pensar que el comportamiento, la conducta, siempre es animal. Hablamos de comportamiento animal, de conducta animal, la estudiamos en el laboratorio, la estudiamos en condiciones naturales, de conservación de campos, y no se nos ocurre pensar que cuando estudiamos a una planta no solamente la estudiamos fisiológicamente hablando, sino que estudiamos su conducta, su comportamiento. Lo que pasa es que, claro, tenemos que entender dónde reside o en qué consiste su conducta.

La conducta de una planta consiste en el conjunto de patrones de crecimiento y desarrollo. Por eso nosotros, por ejemplo, en el laboratorio hacemos timelapse. hacerles una foto cada X tiempo, montar el vídeo, y entonces sí que podemos apreciar, podemos observar su conducta, su comportamiento.

—Observar. Voy a leer una cosa de tu libro sobre Darwin.

“Darwin se divierte con sus zarcillos convaleciente de un brote virulento de eczema. Se había visto obligado a vivir despacio, por lo tanto, a parecerse a una planta. Esa manera de mirar era lo necesario para entrar en el mundo de las plantas”. Mirar más que mirar, ver.

Sí, efectivamente. Darwin era capaz, o sea, hablamos de hace un siglo y medio, donde no había la posibilidad de hacer timelapse, de observar. Y él podía ver a simple vista patrones de comportamiento que a fecha de hoy, 2023, se nos siguen escapando. O sea, la tecnología más importante no es la que puedes comprar con un proyecto de investigación.

No hacemos nada con la mejor tecnología del momento si no tenemos la mente preparada y despierta para observar lo que está ahí fuera. Efectivamente, hay que aprender a mirar. Eso es.

—¿Si las plantas no tienen cerebro, pueden pensar?

Cuando hablamos de plantas, nos referimos a algo que va más allá de la conducta reactiva. Y a mí me gusta hablar de conducta proactiva. Y esto ya es distinto. Aquí ya estamos jugando a otra cosa. Porque la conducta proactiva requiere que seas capaz de anticipar el futuro.

Antes hablábamos de estrés y la comunicación de la planta, ¿no? Tenemos que saber, oye, que las cosas se van a torcer y tengo que poner en marcha una maquinaria defensiva si se trata de un herbívoro, otra maquinaria defensiva si se trata, por ejemplo, de un patrón de estrés hídrico si va a faltar agua, pero insisto, no que falte agua en el presente, sino que una planta me chive, por ejemplo, a través de las raíces que lo hacen, que la cosa se va a torcer, que se está empezando a deshidratar y aunque tú no hayas recibido todavía esa falta de agua, ese estrés hídrico, o sea, no puedes reaccionar a lo que todavía no te ha llegado, sí puedes prepararte anticipatoriamente ante un mensaje que te han chivado.

La inteligencia vegetal residiría precisamente en la sofisticación, en la complejidad de esos patrones de conducta que trascienden el presente. La planta necesita predecir el futuro. Por lo tanto, son capaces de asociar patrones para ese puro aprendizaje.

Puedes seguir la entrevista en Spotify o Youtube

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