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75 años del Premio Planeta: mucho más que 47 millones de libros vendidos

Con 1.424 novelas presentadas, el galardón celebra su aniversario en pleno «milagro español» del libro, mientras la inteligencia artificial plantea nuevos desafíos y nueve obras esperan el fallo del jurado.

Rosa Sánchez de la Vega

Del restaurante Lhardy de Madrid al millón de euros actual, el Premio Planeta cumple 75 años en un momento de crecimiento del libro español. Una edición que mira al pasado, descubre nuevas formas de leer y plantea los desafíos de la literatura frente a la inteligencia artificial.

El Premio Planeta cumple 75 años: del primer libro de 40.000 pesetas al «milagro español» de la lectura

El galardón celebra su aniversario con 1.424 novelas presentadas, nueve finalistas y un sector editorial que lleva más de una década creciendo. En Barcelona se ha hablado de escritores, lectores, inteligencia artificial y de todo aquello que no cabe en las cifras de un premio literario.

Hay libros que cambian la vida de quienes los leen. Y hay uno, cada 15 de octubre, que también puede cambiar la de quien lo ha escrito. No sabemos todavía su título ni quién está detrás de sus páginas, pero sí que mañana dejará de ser uno de los 1.424 manuscritos presentados al Premio Planeta para incorporarse a una historia que comenzó hace 75 años, alrededor de una mesa del restaurante Lhardy de Madrid.

Era 1952. José Manuel Lara Hernández había decidido crear un premio literario en un país que apenas salía de la posguerra, donde se leía poco y vivir de la escritura resultaba casi una quimera. La primera dotación fue de 40.000 pesetas y el ganador, Juan José Mira, con En la noche no hay caminos. Aquella cena fue el principio de algo que, con los años, terminaría convirtiendo cada 15 de octubre en una cita que trasciende las fronteras de la literatura.

La fecha tampoco fue casual. Lara eligió el día de Santa Teresa como homenaje a su esposa, María Teresa Bosch. En 1959 la ceremonia se trasladó a Barcelona y allí ha permanecido desde entonces.

Este miércoles, en el Palau de la Música, el Premio Planeta ha comenzado a celebrar sus tres cuartos de siglo. José Creuheras, presidente del grupo editorial, ha recordado la doble intención de su fundador: conseguir que los libros llegaran a más personas y que los escritores pudieran dedicar su vida a escribir. Setenta y cinco años después, las obras premiadas acumulan más de 47 millones de ejemplares vendidos y más de 30.000 autores han participado en el certamen.

Pero la rueda de prensa ha servido también para hablar de lo que está ocurriendo fuera del premio. Y lo que está ocurriendo con los libros en España tiene bastante de historia inesperada.

El milagro que nadie se atrevía a pronosticar

En 2013, el mercado editorial español tocó fondo. La crisis económica había golpeado las ventas, las librerías atravesaban momentos difíciles y las previsiones sobre el futuro del libro de papel no invitaban precisamente al optimismo. Se hablaba de lectores que desaparecían y de jóvenes que parecían haber encontrado en las pantallas todo cuanto necesitaban.

Trece años después, resulta que en la Feria del Libro de Frankfurt se habla del «milagro español».

Así lo ha contado Jesús Badenes, director general de la División Editorial de Planeta, al explicar que el mercado del libro de interés general ha acumulado un crecimiento del 56% desde 2013. No se trata de una recuperación puntual. El sector lleva más de una década avanzando y solo en 2025 volvió a crecer un 3,8%.

Los jóvenes, aquellos que parecían destinados a abandonar la lectura, se han convertido en uno de sus motores. Llegan a los libros a través de TikTok, de las recomendaciones de otros lectores y de comunidades capaces de recuperar novelas publicadas hace años y convertirlas de nuevo en éxitos.

También han cambiado los propios libros. Las ediciones especiales, los cantos tintados y las cubiertas que circulan por las redes han conseguido que el objeto vuelva a despertar interés. Pero sería un error quedarse únicamente en la apariencia. Detrás hay lectores que comparten lo que leen, discuten sobre personajes y esperan la siguiente novela de un autor que quizá descubrieron en la pantalla de un teléfono.

Los mayores, entretanto, continúan leyendo. Badenes ha situado alrededor del 70% la población lectora en España, una cifra que permite mirar el futuro con cierto optimismo.

Aunque no todo son buenas noticias. El director editorial ha recordado los preocupantes resultados de comprensión lectora que reflejan los informes PISA. Conseguir que más personas lean es importante, pero también lo es que comprendan lo que tienen delante. Ahí situó uno de los principales desafíos del sector para los próximos años.

Hay otra particularidad que ayuda a comprender este crecimiento. El libro de papel sigue siendo el preferido de los lectores españoles, con un 92% de las ventas por formato. Y las librerías independientes conservan alrededor del 40% del mercado, frente a cifras mucho menores en países como Reino Unido.

Badenes ha defendido esa fortaleza de las librerías españolas, que siguen teniendo un papel fundamental incluso cuando tantas compras se realizan a golpe de pantalla.

Y entre tanta novela, ensayo o cómic, ha aparecido también Murdoku, que se acerca al millón de ejemplares vendidos. Un fenómeno editorial que quizá no responda a lo que solemos imaginar cuando hablamos de literatura, pero que demuestra que el mercado del libro sigue encontrando caminos inesperados.

La inteligencia artificial también quiere escribir novelas

No todas las transformaciones despiertan el mismo entusiasmo.

La inteligencia artificial ha ocupado una parte importante del encuentro. En muy poco tiempo hemos pasado de preguntarnos si una máquina sería capaz de escribir una novela a tener que establecer procedimientos para comprobar si ya lo ha hecho.

Badenes ha advertido de la multiplicación de contenidos que están llegando a las plataformas de publicación, hasta el punto de que algunas, como Kindle, han comenzado a establecer límites para frenar la producción masiva de títulos.

El director editorial ha defendido que la inteligencia artificial debe seguir siendo una herramienta y ha reivindicado la creatividad intelectual. También el trabajo de los editores, responsables de leer, seleccionar, reconocer una voz y acompañar una obra hasta convertirla en un libro.

Creuheras ha explicado que Planeta utiliza Pangram, un sistema destinado a detectar posibles textos generados con inteligencia artificial. Ha reconocido que ninguna de estas herramientas es completamente fiable y ha añadido que los autores deben declarar contractualmente que no han utilizado esta tecnología.

La cuestión es mucho más profunda que descubrir si detrás de un manuscrito hay una máquina. En un mundo donde producir miles de páginas resulta cada vez más sencillo, el verdadero desafío será distinguir entre la acumulación de palabras y una historia que alguien ha necesitado contar.

Nueve novelas y una inquietud que las une

De los 1.424 manuscritos presentados este año, 778 proceden de España, 383 de América del Sur y 151 de América del Norte. Argentina, con 154 originales, encabeza la participación entre los países extranjeros.

La selección tenía inicialmente diez novelas, como es habitual, pero una de ellas, Cuando tu muerte es mi liberación, presentada bajo el seudónimo de Lita Rowe, ha sido descalificada al comprobarse que ya estaba publicada. El premio exige obras inéditas y finalmente serán nueve las que lleguen a la última noche. Solo dos de sus autores concurren con su nombre; los otros siete lo hacen bajo seudónimo.

Luz Gabás, ganadora del Planeta en 2022 y portavoz del jurado, ha presentado las obras. Hay novelas históricas, intrigas criminales, secretos familiares, conflictos políticos y personajes empeñados en encontrar respuestas a preguntas que llevan demasiado tiempo acompañándolos.

La sombra de Isabel, de Pedro Regalado Rodríguez, se acerca a Isabel la Católica para explorar la vida de la mujer que hubo detrás de la reina. La noche de los faroles, de Mencía Salazar, recupera una operación de espionaje protagonizada por una española durante la guerra de Independencia de Estados Unidos.

Los Caminantes, de Martín Guerrero, nos lleva a la Barcelona de 1959, donde una historia de amor y un misterio relacionado con Antonio Machado terminan cruzándose. En Los que faltan, de Luz Ventura, una mujer regresa embarazada a su hogar después de sufrir la cárcel y las torturas de una dictadura.

Cuatro mujeres de una misma familia protagonizan Alba Naranja, de Tamsilt El Hayani, una historia atravesada por los vínculos familiares y la identidad cultural. Y en Kintsugi o tres almas rotas, de Hugalma de la Sierra, tres personas que atraviesan profundas crisis emocionales coinciden en un taller inspirado en la técnica japonesa de reparar la cerámica sin ocultar las grietas.

Letraherido, de Pepe M. Carrascosa, convierte los libros en parte de una trama policial donde la literatura se mezcla con la venganza. El jardín de Lennon, de Jorge Herrero, recupera la amistad y los recuerdos de juventud a través de una investigación sobre un supuesto hijo secreto del músico. Por último, La mujer desnuda sale a las once, de Bernardo Galeana, sigue a un guerrillero y artista zapoteco enfrentado al poder y a la violencia.

Lo llamativo no es solo la variedad de argumentos. Después de leer las nueve novelas, Luz Gabás ha encontrado algo que las relaciona y que le ha llevado a preguntarse en qué tiempo estamos viviendo para que historias tan distintas compartan una misma necesidad: encontrar la paz, sanar las heridas y alcanzar una vida plena.

La escritora lo ha expresado con una imagen que se ha quedado flotando en la sala: las cicatrices no pueden pesar más que la vida.

Quizá sea eso lo que estamos buscando también cuando abrimos una novela. No necesariamente respuestas, pero sí otras maneras de comprender lo que nos ocurre. La literatura lleva siglos hablando de pérdidas, de injusticias, de conflictos y de amores que no siempre encuentran su lugar. Y seguimos regresando a ella.

Cuando el ganador se sienta al otro lado de la mesa

El jurado presenta este año dos incorporaciones: Paloma Sánchez-Garnica, ganadora en 2024 con Victoria, y Javier Sierra, premiado en 2017 por El fuego invisible. Sustituyen a José Manuel Blecua, fallecido el pasado mayo, y a Juan Eslava Galán, que deja el tribunal después de diecisiete años.

Ambos conocen lo que significa ganar el Premio Planeta. Han vivido la incertidumbre de aquella noche y lo que sucede después, cuando una novela llega a lectores que hasta entonces quizá ni siquiera conocían a su autor.

Pero una cosa es ganar y otra decidir quién merece hacerlo.

Durante la rueda de prensa se les ha preguntado a los antiguos ganadores qué han descubierto ahora, al formar parte del jurado, que no comprendieron cuando recibieron el galardón.

Javier Sierra ha destacado lo difícil que resulta ganarlo. Desde fuera se conoce el nombre del vencedor, la novela premiada y la celebración posterior. Desde dentro se comprende mejor todo el proceso de selección y la cantidad de obras que aspiran a llegar hasta ese momento.

El jurado lo completan Carmen Posadas, Luz Gabás, Pere Gimferrer, Eva Giner y Belén López, directora de Editorial Planeta, que ejerce como secretaria con voto.

El aniversario también invita a recordar a quienes abrieron camino. Ana María Matute fue la primera mujer en ganar el Planeta, en 1954, con Pequeño teatro. Desde entonces, nombres como Soledad Puértolas, Maruja Torres, Dolores Redondo, Sonsoles Ónega o Paloma Sánchez-Garnica se han incorporado a un palmarés históricamente dominado por los hombres.

Lo que no cabe en los balances

El buen momento de la lectura tiene también su reflejo en las cifras empresariales. Grupo Planeta cerró 2025 con una facturación récord de 2.200 millones de euros y afronta 2026 con un crecimiento provisional cercano al 7%. Casa del Libro ha alcanzado los 80 establecimientos y prepara nuevas aperturas. Creuheras ha confirmado, además, conversaciones avanzadas para adquirir Editorial Juventud, una casa centenaria cuyo catálogo incluye las aventuras de Tintín y las obras de Enid Blyton.

Durante la mañana se han sucedido las cifras. Las ventas, los originales, los lectores, el crecimiento del mercado. Son importantes, naturalmente, y Creuheras las ha defendido también ante las controversias que en ocasiones acompañan al premio. Para el presidente de Planeta, son los lectores quienes terminan avalando la trayectoria de los libros.

Pero hay algo que los números no pueden explicar por sí solos.

En 75 años tienen que haber ocurrido historias capaces de contar lo que significa este premio mejor que los millones de ejemplares vendidos o la relación de sus ganadores. La pregunta se ha planteado durante la rueda de prensa y Creuheras, después de reivindicar la importancia de aquellas cifras y de los autores que han formado parte de su historia, ha remitido al discurso que pronunciará este jueves ante los Reyes para profundizar en el significado del aniversario.

Tal vez sea difícil elegir una sola historia entre tantas. Basta pensar en los escritores que enviaron sus manuscritos sin saber si alguien llegaría a leerlos, en quienes escucharon su nombre cuando ya habían perdido la esperanza o en los lectores que descubrieron a un autor gracias a una novela premiada y después continuaron buscándolo en las librerías.

El Premio Planeta nació precisamente para eso: para que los libros circularan y quienes los escribían pudieran seguir haciéndolo. El tiempo ha añadido millones de ejemplares, nuevos públicos, discusiones literarias y un premio económico que hoy alcanza el millón de euros para el ganador y los 200.000 para el finalista, que este año recibirá además un trofeo.

La celebración tendrá lugar este jueves, 15 de octubre, en el Pabellón 1 del Recinto de Montjuïc de Fira de Barcelona. La elevada asistencia ha obligado a trasladar la cena desde el Museu Nacional d’Art de Catalunya, donde estaba prevista inicialmente. Los Reyes Felipe VI y Letizia presidirán una ceremonia cuyo fallo se conocerá a partir de las 21.00 horas.

Han pasado 75 años desde aquella primera cena en Lhardy. Ya no son 40.000 pesetas, ni la literatura ocupa el mismo lugar que entonces. Han cambiado los libros, los lectores, las formas de publicar y hasta las máquinas con las que escribimos.

Pero mañana, cuando se conozcan los nombres del ganador y del finalista, volverá a ocurrir algo que no ha cambiado: habrá dos escritores que descubrirán que su historia está a punto de comenzar otra vez. Esta vez, en manos de los lectores.

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

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