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«Me gustaría que de una vez por todas se entierre la guerra civil, se entierren para siempre aquellas banderas que algunas personas intentan seguir ondeando a día de hoy»
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«Me gustaría que de una vez por todas se entierre la guerra civil, se entierren para siempre aquellas banderas que algunas personas intentan seguir ondeando a día de hoy»

"El abogado de rojos" Juan Pedro Cosa (ed.Espasa)

miércoles 31 de enero de 2024, 20:55h
"Cuando yo leo novelas sobre la guerra civil, en la que se oculta, lo que hizo un determinado bando me parece que ha engañado al lector"

Rosa pasa página charla con Juan Pedro Cosano de “El abogado de rojos”, su último libro publicado con editorial Espasa. El lugar de la entrevista, la terraza de la azotea de un hotel ofrece una vistas maravillosas de un Madrid luminoso una mañana de Enero del 2024

Madrid se prepara para el fin de la guerra, donde los años más terribles de la vida de Eduardo podrían por fin acabarse. Pero lo que podría considerarse como volver a la normalidad se ve ahogado entre los desafueros de los vencedores y la humillación de los vencidos.

P.—Si hablamos de la guerra civil; la nuestra, esta guerra de hermanos en la que parece que los vencidos siempre son los que más la han sufrido; los que son de un color y los ganadores que son de otro. Yo creo que esa losa no nos la vamos a quitar nunca, o ¿sí?

R.—Yo confío en que sí, y esta novela tiene ese propósito la novela es una historia de ficción una historia de abogado del Madrid inmediato a la guerra después de la toma del ejército de Franco pero la lectura que me gustaría que hiciera quien se acercara a ella, es el deseo del autor de que de una vez por todas se entierre la guerra civil, se entierren para siempre aquellas banderas que algunas personas intentan seguir ondeando al día de hoy. Ya han transcurrido 90 años desde la guerra civil, es el momento de mirar el futuro y no el pasado, de reconciliarnos con nuestra historia, de contar la verdad también porque se está deformando. Que aquello que pasó no puede volver a pasar, que tenemos que vivir sin el trauma de la guerra civil .

P.—¿A quién cree que beneficia seguir manteniendo esa diferencia?

R.—Pues… beneficio o creo que piensan que le puede beneficiar a quien intenta conseguir créditos políticos de la tragedia pero más allá de ello a nadie le interesa.

Rosa, tú hablabas antes de vencedores y vencidos. Yo creo que hay una tercera categoría que es la mayoritaria, la cantidad de millones de españoles que no quisieron la guerra y que no estuvieron ningún mando ni en otro. La guerra se produce por dos cuestiones fundamentales. La incapacidad de unos de gobernar sin el caos y la incapacidad de otros de no saber cambiar el estado de las cosas sin bombas y sin armas.

Ese es el motivo de la guerra. Pero en medio había millones de españoles que no estaban en ningún lugar ni en otro y que se vieron sometidos no solo al horror de la guerra sino a las consecuencias de aquello que aún seguimos viviendo.

P.—El miércoles 4 de abril un suelto en el ABC anunciaba que empezaba la paz. Al mismo tiempo desde Radio Nacional se pregonaba que la paz exigía sangre. Pero ¿qué paz era aquella que reclamaba venganza?

R.—La paz que Franco había prometido era que nadie que no tuviera las manos manchadas de sangre tendría represalia. La realidad no fue esa, la realidad es que, y sobre todo en Madrid que se se la castiga, porque Madrid se había resistido ferozmente al alzamiento y se la castiga de un modo que no se produce en ninguna otra ciudad de España. Pasa con el rastreamiento, pasa con el hambre. A Madrid se la castiga principalmente por esa resistencia a las tropas vencedoras. Fue una paz manchada de sangre.

Fernán Gómez en”Las bicicletas son para al verano”, referenciaba el niño que le decía al padre: ha llegado la paz, no papá. Dice, no hijo, ha llegado la victoria. Pues en la realidad pasó eso, no se supo imponer una paz sin rencor. Hubo crímenes horrendos durante la guerra, evidentemente tenían que tener una respuesta jurídica, algunos de ellos se narran en la novela, pero en muchísimos casos se castigó a la idea y no al hecho criminal y las ideas no se deben castigar. Lo dijo, creo que fue Voltaire además esa referencia en la novela dice, no estoy de acuerdo con tus ideas pero daría la vida para que puedas expresarlas a la idea no se la debe castigar.

P.—Vamos con el protagonista, con Eduardo el abogado de rojos. Yo creo que a muchos se les va a escapar el título y va a pensar que es el abogado de los rojos.

R.—Yo insisto mucho en que es el abogado de rojos, no es de los rojos. Eduardo Peña es un abogado humilde, modesto de Madrid, tiene un pequeño bufete en la calle del Arenal, es mercantilista, civilista, se dedica a temas de sociedad, de gerencia, divorcio, quiebras e intenta no involucrarse, ser más espectador que actor. Tiene el trauma de que su padre lo abandonó cuando era muy pequeño y vive con su madre, es un timorato, él se llama incluso cobarde.

Intenta no involucrarse, y de hecho más allá de servir con su quinta en el ejército rojo y ser director del boletín. Posteriormente es encausado por la justicia militar y condenado a pena de cárcel, cuando en un momento determinado se decide a preguntar por dos vecinos suyos que habían sido detenidos y esa pregunta al final acaba con su propia detención porque estaba en busca de captura. Es condenado, encarcelado, indultado por Franco. Después, Franco empieza a indultar ya en septiembre del 39, y posteriormente reclutado para servir en el cuerpo jurídico-militar como funcionario, como auxiliar, lo cual es un hecho histórico, además, curiosamente pasó en realidad. A partir de ahí, posteriormente es ascendido a defensor militar, y es cuando al defender a presos rojos y en sus informes, en sus juicios, que es la tercera parte de la novela, es cuando enarbola esa bandera de la paz real. Vamos a hacer una paz real, vamos a no represaliar, no castigar las ideas y vamos a reconciliarnos de verdad. Esos informes, esos juicios, es un poco el leitmotiv de la novela…

P.—No Hay que olvidar que murieron 200.000 personas de desnutrición, no quiero decir que fueran niños todos, ni mujeres, pero era una labor muy encomiable la que tenía que hacer la mujer, no solamente en la guerra.

R.— En toda la historia del mundo siempre ha sido la mayor víctima, también sucedió durante la guerra y durante la posguerra. La mujer no solamente en muchos casos fue sometida a procesos militares sino que en los casos en que no fue sometida, sufrió las consecuencias de esos procesos porque se vio o sola, o viuda, con hijos, sin posibilidad de acceder al mercado de trabajo y siempre marcado por el hecho de ser la mujer de un rojo. Sufrieron desde los rapados de pelo hasta el aceite de recino, que sucedieron en la realidad, hasta la penuria del hambre.

Como siempre pasa en la historia, pues la mujer siempre es un poco la gran víctima. Hablábamos de la desnutrición y de las cartillas de racionamiento, el mercado negro.

P.—También tenemos a la alta burguesía y los altos cargos del nuevo régimen; esa diferencia social tan brutal.

R.—Sí. En Madrid en particular, la alta burguesía sufre la persecución de los milicianos, principalmente, de la República, cuando se produce el alzamiento. El simple hecho de ser acaudalado económicamente o militar en un partido político de derecha supuso para muchos casos la muerte de la persona.

Al igual que Franco hizo barbaridades, también se hicieron en tiempo de la república, muchos de ellos tuvieron que refugiarse en embajadas en Madrid y posteriormente con ayudas de las delegaciones extranjeras huir de Madrid y salir del país hasta que pudieron volver por Francia.

P.—Las mujeres que “pasan” por la vida de Eduardo como hilo conductor en esta historia.

R.—Tenemos primero a una miliciana, Clara no es un hombre real porque él nunca llega a saber su nombre, es una miliciana que aparece un día en su despacho, le había pedido los papeles por la mañana y por la tarde va a su bufete y se lía con él, y durante unos meses están liados simplemente por el placer de la carne, un sexo feroz e indómito, de hecho él no llega a saber el nombre de esta miliciana.

Está Charo Velarde, que es la que aparece en su vida después de que la miliciana desaparece es mayor que él, la que le da un poco de sentido a esa vida tristísima del Madrid de la guerra madura, inteligente.

Después Marisa, la novia desaparecida que huye de Madrid porque su padre era un miembro del partido agrario y temía por su vida que aparece cuando ya Eduardo está encarcelado, está enamorada de él, sigue enamorada de él, y es la que le ayuda a rehacer su vida después de que es liberado a raíz de que Franco promulgue el primer indulto que se produce en septiembre del 39, poco después de la victoria.

Y la tercera persona es Génesis Castillejo, que es una de las presas a la que tiene que defender Eduardo Peña una vez que se convierte en abogado de Rojas; sobre ella no vamos a hablar para no incurrir en lo que hoy en día se llama spoiler, pero es un poco lo que da sentido a la novela y lo que es la encarnación del propósito del autor de hablar de la reconciliación de la misericordia de la indulgencia de acabar con la guerra, la guerra ya acabó en el 39 vamos a vivir en paz.

P.—Eduardo también sufre un cambio en la personalidad como es lógico.

R.—Es un poco la evolución que todos sufrimos, en su caso tuvo que producirse por las propias imposiciones del tiempo en el que vive, en muy pocos espacios de tiempo, y al final se ha involucrado en la catarsis de la justicia militar y es cuando a pesar de su carácter, de su idiosincrasia, decide que si es abogado tiene que defender, si él se le ha puesto la toga militar es para ejercer la defensa de los presos a los que tiene que defender y es cuando cambia, cuando se produce ese cambio en el carácter de Eduardo.

P.—Rojo lleva añadido el adjetivo de pobre y de malo.

R.—Bueno, realmente lo que se trasluce es una novela que yo no he querido ideologizar, el que piense que la novela del abogado de rojo, es una novela para para engloriar a uno de los bandos de aquella terrible contienda se equivoca de medio a medio es una novela en la que yo he querido contar la realidad de lo que pasó que es equidistante y que la realidad de lo que pasó es que buenos y malos lo hubo en ambos bandos que barbaridades se hicieron en ambas trincheras, que existió el terror blanco y existió el terror rojo y que lo que pasó fue una culpa compartida, no fue una culpa exclusiva y eso es lo que se habla en la novela, pero claro, aparte de las culpas está el derecho de la defensa, el derecho a ser defendido, algo que hoy tenemos asumido pero entonces no existía recogido en los códigos y es lo que el abogado dice existió el crimen, evidentemente existió el crimen pero también existe el derecho a la defensa y si yo soy abogado voy a defender y voy a defender diciendo que hay que acabar con lo que produjo el enfrentamiento francés de la guerra civil y hay que llegar a la reconciliación.

P.—¿Lo que hizo Franco en los juicios militares de la posguerra también lo hicieron los republicanos antes y durante la guerra es una realidad palmaria?

R.—Cuando yo leo novelas sobre la guerra civil, la que se oculta, lo que hizo un determinado bando me parece que ha engañado al lector ¿existió el terror blanco? ¿Existió el terror de la posguerra? por supuesto que si, existió, se represalió, se mató, se fusiló, pero que en el tiempo de la República se hizo exactamente igual, es decir, en Madrid se murieron durante los tres años de la contienda, fueron 18.000 ajusticiados, solamente en Madrid. Estamos hablando de que en Madrid el simple hecho de llevar sombrero podía ser, podía dar pie a que un piquete de milicianos te detuviera ahí y corrías el riesgo de ser fusilado por el simple hecho de llevar sombrero. Y por supuesto no te cuento nada si eras católico o si estabas afiliado a un partido de derecha.

Que la barbaridad existió por ambos bandos, que la culpa no fue exclusiva, que la culpa fue compartida. Que la guerra se produce por la incapacidad de uno de no contener el caos en que se convierte la república, que es un caos, y la incapacidad de otros de no saber o no querer cambiar el estado de las cosas por medios pacíficos y no por el uso de las bombas y de los fusiles. Esa fue la causa de la guerra y en medio, como decía antes, millones y millones de españoles que no tenían nada que ver ni con uno ni con otro y que sufrieron las consecuencias de aquella contienda terrible y fratricida.

Sigue la entrevista en Spotify y Youtube Rosa pasa página

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