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«Creo que la librería no es un lugar en el que entras y te llevas algo para descongelar»

«Creo que la librería no es un lugar en el que entras y te llevas algo para descongelar»

"La librería de Doña Leo" Buñol. Máximo Huerta

jueves 30 de mayo de 2024, 00:00h
"Las librerías son como los perros que necesitan de un refugio, que los toques y los acaricies"

Hoy era martes, pero no un martes cualquiera, digo era porque ahora cuando escribo, lo hago desde el recuerdo, sí, pero en presente.

Tenía una cita que había deseado desde hacía tiempo, desde que alguien muy querido y admirado habría una librería como las que pude visitar en París. El pueblo, Buñol, era el lugar donde comenzaba una idea, que fue un sueño y que ahora tocaba hacerlo realidad.

“La librería de Doña Leo”

Tras disfrutar del viaje, y aparcar mi vehículo, me dispongo a caminar hacia la librería, paso por delante de ella con la intención de que nadie me vea, no me atrevo a mirar, porque me detendría absorta contemplándola, antes he de ir a otro lugar, quiero comprar una cosa…y sigo caminando, pero Máximo me llama, grita mi nombre, pero bajito. Él me ha visto, mientras está sentado en un taburete alto de la terraza de un bar, tomando una botella de agua y un vaso con cubitos de hielo, que me provocan inconscientemente sed.

Nos saludamos, a veces solo hace falta mirar a los ojos y ver alegría en ellos. Me invita a sentarme y a tomar algo, pero yo le digo que quiero comprar una cosa….me quedo con él…y observo una preciosa libreta que descansa sobre la mesa. Y me llama la curiosidad, él me cuenta que siempre anda tomando notas, y además tiene varios proyectos, concretamente tres, así que me siento, me dice que me olvide de lo que iba a comprar, ante le he confesado que era para él…

Y conversamos por supuesto de libros, de autores, de Buñol, un pueblo de más de 9.000 habitantes que se multiplica, cada fin de semana o cada vez que Máximo Huerta, el librero, anuncia la firma de un autor en su librería. O cuando celebró un especial Sant Jordi, cuyo cartelón cubre una fachada enorme como recuerdo de aquél día. Me cuenta orgulloso como los autores no pararon de firmar, ese día. O, un sábado especial: un libro y una cerveza, o aquellos que están bajo papel de regalo, con una etiqueta y una pregunta:

¿Juzgas los libros por su etiqueta? Máximo me cuenta que una lectora se llevó todos los que había y no eran pocos para regalarlos en Navidad.

Así que tras unos minutos y una vez recorrido apenas unos metros hacia la librería, abro la puerta de madera y dejo que ese momento llene mis sentidos, ese instante en el que sé que voy a entrar en la magia de los libros, la de sus páginas y la de aquellos personajes que quieren contagiarme su vida.

P.—Máximo, 21 de mayo, por fin Rosa pasa página viene a hacerte una visita. Estoy emocionada aquí están el espíritu de los libros y del librero. Un nuevo trabajo.

R.—Ser librero, se ha convertido en uno de los trabajos más agradables, más llenos de sorpresas, en el que siendo un entorno tan pequeño, parece a veces inmenso, porque aquí entra mucha gente.

Creo que todo lo que recibimos son buenas noticias, buenas nuevas, que dirían, siempre parece algo nuevo, es como los libros, que tienen el mismo aspecto todos, con portadas diferentes, pero siempre ofrecen una historia diferente. Y las librerías creo que deben ser un poco parecidos a los libros, que deben tener un envase similar, pero ofrecen historias que sucederán, que tendrán algo de magia también dentro de las propias librerías.

P.—Todo lo que envuelve esta librería es muy literaria.

R.—Yo creo que las librerías no pueden ser esa acumulación de libros como si fueran supermercados de latas, conservas... no. Los libros lo que incluyen, lo que traen y lo que te regalan son para ir a esos lugares desconocidos, historias, personajes que nunca vas a encontrar si no entras en este libro. Entonces creo que todo lo que tiene que envolver la atmósfera para que la temperatura de una librería sea diferente es así. Yo creo que la librería no es un lugar en el que entras y te llevas algo para descongelar. Al contrario, el que te descongela es al propio autor, al propio lector, cuando viene y hay una novela que de pronto la lees y te descongela a ti y por eso debes ser de otra manera.

Las librerías tienen que ser no almacenes sino hogares de historias y de personajes. Yo pienso que cuando se apaga la luz digo ahí seguro que se mezclan ahora Madame Bobary se cuela con Quijote y ahora con “La pasión turca” y llevan a la orquesta de Otero, o se van de crímenes.

P.—Imagínate que vienes un día a mitad de la noche y te los encuentras a todos.

R.—Sí, yo creo que abrimos con cuidado y creo que la alarma les avisa a los personajes para que se reordenen. Y por eso siempre me ha parecido un poco literario este lugar.

«...Mejor que te lo cuente todo Máximo, el librero...»


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