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Cristina Fernández Cubas, Premio Cervantes 2026: una vida dedicada a contar historias

El Cervantes reconoce una trayectoria que ha transformado el cuento contemporáneo y una fidelidad a la literatura que nunca ha dependido de las modas.

Rosa Sánchez de la Vega

La gran maestra del cuento español recibe el máximo reconocimiento de nuestras letras y se convierte en la séptima mujer galardonada en medio siglo.

Cristina Fernández Cubas ha recibido el Premio Cervantes 2026 y me hace inmensamente feliz. Admiro su literatura y tengo la suerte de disfrutar de su amistad. Por eso, al conocer la noticia, he recordado nuestros encuentros, su sentido del humor, su independencia y aquella conversación que mantuvimos hace apenas un año sobre sus libros y su manera de entender la vida. Hoy se reconoce a una de las grandes escritoras de nuestra literatura y, para mí, tiene además la emoción de ver cómo alguien a quien quiero recibe un premio tan importante.

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha anunciado este martes el fallo del jurado, que distingue una trayectoria de más de cuatro décadas y una aportación decisiva a la renovación del cuento contemporáneo. El reconocimiento tiene especial importancia porque reivindica el relato breve como un género con entidad propia, una convicción que Cristina ha defendido desde sus comienzos.

El Premio Miguel de Cervantes, dotado con 125.000 euros, es el máximo galardón de las letras en español. Se concede desde 1976 y reconoce el conjunto de la obra de un escritor. Cristina sucede al mexicano Gonzalo Celorio y se convierte en la séptima mujer que lo recibe en cincuenta años, después de María Zambrano, Dulce María Loynaz, Ana María Matute, Elena Poniatowska, Ida Vitale y Cristina Peri Rossi.

La curiosidad de quien nunca deja de mirar

Cristina Fernández Cubas nació en Arenys de Mar (Barcelona) en 1945. Estudió Derecho y Periodismo y comenzó su trayectoria literaria en 1980 con Mi hermana Elba. Después llegarían títulos como Los altillos de Brumal, El ángulo del horror, Con Agatha en Estambul y Parientes pobres del diablo, que fueron dando forma a un universo narrativo muy personal.

En sus cuentos, lo aparentemente normal puede convertirse en algo desconcertante. Una casa, un recuerdo de infancia, una conversación familiar o una relación entre hermanos esconden preguntas que no siempre encuentran respuesta.

En octubre de 2025 tuve la oportunidad de entrevistarla para MAGAS, de EL ESPAÑOL, con motivo de la publicación de Lo que no se ve. Hablamos de literatura, de sus personajes y de esa curiosidad que la acompaña desde pequeña.

Me contó que de niña se quedaba fascinada mirando los espejos. Observaba una habitación reflejada y se preguntaba por aquella imagen que parecía exactamente igual y que, sin embargo, podía esconder algo distinto.

Me gustó descubrir que esa fascinación seguía acompañándola tantos años después. Porque Cristina conserva la capacidad de mirar lo conocido como si todavía quedaran muchas cosas por descubrir.

Le interesan especialmente los secretos, las contradicciones y aquello que permanece oculto en la mente de las personas. Sus relatos nos obligan a reconsiderar lo que creemos saber y dejan espacio para que cada lector encuentre sus propias respuestas.

Cristina sabe que no siempre es necesario explicarlo todo. A veces basta con una sospecha, una ausencia o un pequeño detalle para que una historia continúe inquietándonos mucho después de haber terminado de leerla.

La libertad de escribir y de pensar

Nuestra conversación me permitió acercarme también a una mujer independiente, con un punto rebelde y un sentido del humor que aparece incluso cuando habla de cuestiones importantes.

Me contó que nunca le había gustado organizar su vida alrededor de normas demasiado rígidas. Esa libertad se refleja también en su relación con la escritura.

Entre La habitación de Nona y Lo que no se ve transcurrieron diez años. Cuando le pregunté por aquella larga espera, me explicó que había seguido participando en encuentros literarios, talleres y actividades relacionadas con los libros. No había dejado de escribir por una decisión meditada: sencillamente, necesitaba encontrar el impulso para hacerlo.

Cristina nunca ha querido que un calendario decida cuándo debe publicar.

También hablamos de su preocupación por las nuevas formas de censura. Le inquieta que determinadas prohibiciones, incluso cuando se presentan como una forma de protección, terminen limitando la libertad de los escritores y la capacidad de los lectores para interpretar las obras por sí mismos.

Es una reflexión especialmente interesante en alguien que ha construido su literatura explorando situaciones incómodas, contradicciones humanas y preguntas que no siempre admiten respuestas sencillas.

Y hubo tiempo para reírnos. Recuerdo que, cuando le pregunté si se gustaba a sí misma, respondió con esa ironía tan suya que, después de tantos años, ya estaba acostumbrada a convivir consigo misma. Me hizo sonreír porque hay mucho de Cristina en esa manera de responder, inteligente, natural y sin darse demasiada importancia.

Aquellos lectores que siempre estuvieron ahí

Pero si hay algo de nuestra conversación que hoy recuerdo de manera especial es cómo hablaba de sus primeros lectores.

Cristina sabía que el cuento no tenía la misma repercusión que la novela. Durante años contó con un público más reducido, pero también muy fiel. Y siempre tuvo el respaldo de Tusquets, la editorial que confió en su literatura desde el principio.

Nunca consideró que debiera abandonar el relato breve para alcanzar un mayor reconocimiento. Era el género que había elegido y en el que encontraba todas las posibilidades que necesitaba para contar sus historias.

Me habló también de su confianza en los lectores. Para ella, leer un cuento no es buscar una historia más corta por falta de tiempo. Es aceptar una invitación a participar, a pensar y a descubrir aquello que el escritor ha dejado abierto.

Hoy, cuando el Cervantes reconoce precisamente su aportación al cuento, recuerdo con especial cariño aquella conversación y a los lectores de los que me hablaba con tanta gratitud.

Los que la acompañaron desde Mi hermana Elba, los que esperaron cada nuevo libro y los que nunca necesitaron que se convirtiera en otra clase de escritora para reconocer su talento.

Un reconocimiento a toda una trayectoria

En 2016 Cristina recibió el Premio Nacional de Narrativa por La habitación de Nona. En 2023 obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas y este mismo año ha sido distinguida con el Premio Albert Camus.

Su último libro, Lo que no se ve (Tusquets, 2025), reúne seis relatos que vuelven a explorar los secretos, la memoria, la identidad y todo aquello que intuimos sin llegar a comprender completamente.

Durante nuestra entrevista también hablamos de sus anteriores premios. Recordaba la sorpresa y la alegría que le habían producido, especialmente después de tantos años dedicada a un género que no siempre había tenido la consideración que merecía.

Hoy llega el Cervantes, y me gusta pensar en aquella escritora que comenzó publicando cuentos en 1980 y que nunca necesitó renunciar a su manera de entender la literatura.

El reconocimiento más importante de nuestras letras llega precisamente por aquello en lo que siempre creyó.

Y quiero terminar regresando a lo personal. Me alegra profundamente que Cristina reciba este premio, por su talento, por su independencia y por todo lo que ha aportado a nuestra literatura. Pero también porque tengo la suerte de conocer a la mujer que hay detrás de esos libros, de compartir conversaciones con ella y de disfrutar de su amistad.

Hoy celebro a la escritora que tanto admiro y a la amiga a la que tanto quiero.

¡Enhorabuena, querida Cristina! Qué felicidad tan grande celebrar contigo este Cervantes.

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

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