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Getafe Negro: un premio para celebrar una vida y otro para abrir un debate

Juan José Millás recibió el XVII Premio José Luis Sampedro y el Ciudad de Getafe de Novela Negra quedó desierto tras recibir 221 obras. Dos decisiones que marcaron una edición en la que el crimen, la literatura y la actualidad compartieron protagonismo.

Rosa Sánchez de la Vega

Getafe Negro: Juan José Millás, Stephen King y los crímenes que nos ayudan a entender el mundo

Juan José Millás confesó que escribe para entender la realidad, aunque cada vez la comprende menos. El jurado de un premio decidió que ninguna de las 221 novelas presentadas merecía ganarlo. Stephen King, sin necesidad de viajar a Getafe, se convirtió en uno de los grandes protagonistas del festival. Son algunas de las historias que deja la XIX edición de Getafe Negro, doce días en los que la literatura criminal ha demostrado que puede hablar de casi todo.

Juan José Millás lleva más de cincuenta años escribiendo y todavía tiene dudas sobre si ha elegido bien su profesión. Al recibir el XVII Premio José Luis Sampedro, uno de los momentos más destacados de Getafe Negro, recordó que había empezado a escribir porque había cosas que no entendía. El problema es que, después de tanto tiempo, ahora entiende todavía menos. No sabía si considerarlo un fracaso profesional o un éxito extraordinario.

También encontró la manera de hacer reír al público al hablar de la escritura, esa actividad solitaria que tantas veces se desarrolla en pijama, y agradeció el galardón en nombre de sus personajes, incluso de aquellos a los que había tratado «escrupulosamente mal».

Pero hubo emoción en su recuerdo de José Luis Sampedro. «Sampedro fue mucho más que un escritor: fue una forma de estar en el mundo», afirmó. Millás conoció y admiró al autor que da nombre a un premio cuyo prestigio se ha construido reconociendo trayectorias literarias, pero también el compromiso con la sociedad y la defensa del pensamiento crítico.

Su nombre se incorpora a una lista en la que figuran Antonio Muñoz Molina, Rosa Regàs, Adela Cortina, Clara Janés, Eduardo Mendoza, Rosa Montero, Alicia Giménez Bartlett, Emilio Lledó o Don Winslow, entre otros.

No deja de resultar significativo que un festival dedicado al crimen distinga a un escritor que ha dedicado buena parte de su obra a demostrar que la realidad puede ser mucho más extraña de lo que parece.

Y hablando de realidades extrañas, este año los monstruos de Stephen King se pasearon por Getafe sin que su creador tuviera que abandonar Estados Unidos.

La XIX edición del festival dedicó al escritor estadounidense su primer Congreso de Novela Policíaca, organizado en colaboración con la Universidad Internacional de La Rioja. Durante tres jornadas, especialistas e investigadores examinaron la violencia, el miedo, las identidades y los conflictos sociales que atraviesan sus historias.

King conoce bien los mecanismos del terror. Sus lectores saben que, en ocasiones, lo verdaderamente espantoso no es la criatura que aparece en una habitación, sino lo que sucede entre personas aparentemente normales.

El festival amplió esta exploración del miedo con Catriona Ward, autora de La casa al final de Needless Street, y Thomas Olde Heuvelt, conocido por Hex. Dos escritores que saben inquietar al lector tanto por lo que muestran como por aquello que prefieren dejar en la oscuridad.

La exposición Tras la última página. El universo de Stephen King, organizada por La Carpa Creadores de Getafe, prolonga además esta celebración hasta el 1 de noviembre.

El miedo, sin embargo, no ha sido el único protagonista. Eduardo Mendoza recordó con su presencia que una novela criminal también puede hacernos reír. Su detective sin nombre lleva décadas intentando resolver asuntos cada vez más disparatados. Con Mendoza nunca sabemos si el personaje más sospechoso es el delincuente, el investigador o la sociedad que ambos habitan.

Y si hablamos de investigadores singulares, Petra Delicado ha cumplido treinta años.

Fue en 1996 cuando Alicia Giménez Bartlett presentó a una inspectora que no se parecía demasiado a las mujeres que entonces acostumbraban a protagonizar las novelas policíacas. Petra tenía carácter, contradicciones, una independencia poco negociable y un compañero, Fermín Garzón, con quien terminaría formando una de las parejas más reconocibles del género.

Tres décadas después, continúa despertando el interés de los lectores. Quizá porque, afortunadamente, su creadora nunca intentó convertirla en una mujer perfecta.

También hubo tiempo para recordar a Agatha Christie, de cuya muerte se cumplen cincuenta años. Medio siglo sin la escritora británica y todavía seguimos disfrutando de sus crímenes imposibles, sus sospechosos educadísimos y esas reuniones finales en las que Hércules Poirot explica lo que todos teníamos delante y nadie había sabido ver.

[FOTO 3. Alicia Giménez Bartlett durante el festival. Como alternativa, Eduardo Mendoza.]

Pero Getafe Negro no se ha limitado a celebrar aniversarios.

Su inauguración llevó al público a un territorio donde la curiosidad puede convertirse en algo bastante peligroso. Juan Mayorga y Lorenzo Silva conversaron sobre El chico de la última fila, la obra teatral que cumplió veinte años y que François Ozon adaptó al cine en Dans la maison.

La historia de un alumno que comienza a introducirse en la intimidad de otra familia a través de sus escritos plantea un juego inquietante entre realidad y ficción. ¿Hasta dónde puede llegar un escritor para conseguir una buena historia? ¿En qué momento observar la vida ajena deja de ser un ejercicio de curiosidad y se convierte en una invasión?

Una pregunta que también encuentra resonancias en algunos de los encuentros dedicados al crimen real.

El true crime vive un momento de enorme popularidad. Desapariciones, asesinatos e investigaciones policiales alimentan documentales, series y pódcast que encuentran audiencias millonarias. Pero detrás de cada uno de esos relatos hay personas reales, víctimas y familias cuyas vidas no terminan cuando aparecen los créditos.

Uno de los casos abordados fue el de Madeleine McCann, la niña británica desaparecida en Portugal en 2007. El festival incluyó el preestreno del documental Madeleine McCann: el sospechoso número uno, acompañado de un coloquio con Russell Dehn, responsable de contenidos de AMC Crime, y la escritora e investigadora Concha Calleja.

También hubo espacio para recordar los cincuenta años de Interviú, una revista que hizo de las investigaciones periodísticas, los sucesos y los grandes escándalos una parte importante de su identidad.

La pregunta resulta inevitable: ¿cuánto hay de interés informativo y cuánto de fascinación por el horror cuando una tragedia se convierte en espectáculo?

Y hay crímenes que no pueden explicarse sin mirar a la historia.

El noventa aniversario del asesinato de Federico García Lorca permitió recuperar conversaciones sobre la Guerra Civil, la represión y las heridas que siguen presentes en nuestra memoria colectiva. También se abordaron asuntos tan controvertidos como la prostitución y el abolicionismo.

Una investigación literaria puede conducirnos a un asesino, pero también a los mecanismos del poder, a la violencia institucional o a los silencios que una sociedad ha mantenido durante generaciones.

Precisamente, uno de los episodios más interesantes de esta edición no tuvo que ver con un asesinato, sino con un premio que nadie ganó.

Doscientas veintiuna novelas y ningún ganador.

El jurado del XXX Certamen Internacional de Novela Negra Ciudad de Getafe, presidido por Lorenzo Silva, decidió declarar desierto el galardón. Había encontrado obras de calidad entre las presentadas, pero ninguna consiguió el consenso necesario para recibirlo.

La noticia abrió un debate que merece la pena mantener. Estamos acostumbrados a que los premios literarios terminen con una fotografía, un escritor sonriente y un libro que, a partir de ese momento, llevará una faja anunciando su triunfo. ¿Qué ocurre cuando el jurado decide que no hay ganador?

En Rosa Pasa Página ya dedicamos un artículo a esta decisión: 221 novelas y ningún ganador: cuando un premio decide no premiar.

La controversia invita a reflexionar sobre el valor de los premios, la responsabilidad de quienes los conceden y la diferencia entre reconocer una obra y cumplir con la obligación de entregar un galardón.

Mientras tanto, el festival continuaba abriendo ventanas a otras formas de entender la literatura criminal.

Mai Jia, autor de El don y En la oscuridad, llevó a Getafe sus historias de espionaje, inteligencia y secretos de Estado. Sus novelas exploran un territorio donde la información puede ser más peligrosa que cualquier arma.

Muy diferente es el universo de Shamini Flint, creadora del inspector Singh, un policía de Singapur cuya peculiar manera de investigar permite descubrir sociedades y conflictos poco habituales en la novela negra occidental.

A ellos se sumaron otros autores que confirmaron la dimensión internacional de un encuentro que ha reunido escritores de Europa, América y Asia.

Tampoco faltaron los zombis.

Manel Loureiro, que consiguió que miles de lectores siguieran con inquietud las aventuras de su trilogía Apocalipsis Z, participó para hablar de literatura criminal y de su nuevo thriller, Antes de que todo cambie (Planeta).

El festival encontró incluso un espacio para el romantasy, el misterio y las historias románticas relacionadas con mundos criminales. Una combinación que hace unos años habría sorprendido a muchos lectores y que hoy demuestra que los géneros literarios se mezclan con una naturalidad creciente.

También hubo actividades infantiles, propuestas juveniles, talleres y encuentros destinados a acercar los libros a públicos diversos. Entre las iniciativas solidarias destacó la participación de jóvenes voluntarios de la Asociación Española Contra el Cáncer vinculados al área de Oncología Infantil del Hospital Universitario 12 de Octubre.

La Feria del Libro, las bibliotecas y los distintos espacios culturales de Getafe completaron una programación que convirtió durante doce días a la ciudad en un punto de encuentro para quienes disfrutan leyendo y hablando de literatura.

Un último crimen antes de cerrar

Getafe Negro se despidió el domingo 25 de octubre con Los huérfanos (Planeta), la nueva novela de Carmen Mola, protagonista de la última cita del festival. El encuentro, conducido por Bárbara Ruiz, puso el broche a doce días en los que la literatura criminal demostró que sus fronteras son cada vez más difíciles de establecer.

Porque esta edición ha tenido espacio para los asesinos imaginados por Stephen King, los enigmas de la literatura asiática, el humor de Eduardo Mendoza, los crímenes reales y las preguntas que siguen incomodándonos como sociedad.

La novela negra hace tiempo que dejó de ocuparse exclusivamente de descubrir al asesino. También quiere comprender el mundo en el que alguien llega a matar. Y quizá esa sea una de las mejores conclusiones de este Getafe Negro: los libros pueden cerrar sus casos, pero las preguntas que plantean permanecen abiertas.

1. Juan José Millás recibió el XVII Premio José Luis Sampedro con humor y una reflexión sobre la escritura.

2. Stephen King protagonizó el primer Congreso de Novela Policíaca del festival.

3. Petra Delicado celebró treinta años y Agatha Christie fue recordada medio siglo después de su muerte.

4. El Premio Ciudad de Getafe quedó desierto tras la presentación de 221 novelas.

5. Carmen Mola y Los huérfanos protagonizaron la clausura programada de la XIX edición.

Porque detrás de los asesinatos, los detectives y los enigmas hay escritores que utilizan la ficción para hablar de nuestras contradicciones, nuestros miedos y nuestra manera de entender el mundo.

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

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