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Cayetana de Alba: la mujer que reconstruyó un palacio y defendió un legado de siglos

El Palacio de Liria descubre, en el centenario de su nacimiento, a la mujer que pintaba, coleccionaba arte y contribuyó a reconstruir uno de los grandes tesoros patrimoniales de Madrid.

Rosa Sánchez de la Vega

Cayetana de Alba: mucho más que una duquesa, una vida entre el arte y la libertad

El Palacio de Liria celebra el centenario de la XVIII duquesa de Alba con una exposición que descubre su faceta como pintora, su relación con grandes artistas y la historia de un patrimonio que estuvo a punto de desaparecer.

Hubo una Cayetana de Alba que bailaba flamenco, desafiaba los protocolos, vestía como le daba la gana y respondía a los periodistas con una espontaneidad que a veces desconcertaba. Esa es la que casi todos recordamos. Pero existió también otra Cayetana, mucho menos conocida, que pintaba en su propio taller, coleccionaba obras de arte y dedicó buena parte de su vida a conservar un patrimonio que había sobrevivido a guerras, incendios y siglos de historia.

Y quizá sea esa mujer la que más merezca la pena descubrir.

El Palacio de Liria, en Madrid, le dedica Cayetana. Grande de España, una exposición que celebra el centenario de su nacimiento y reúne obras de arte, fotografías, vestidos de alta costura, documentos y recuerdos personales. Una oportunidad para mirar más allá del personaje público y acercarse a una mujer que heredó mucho más que títulos nobiliarios: recibió una responsabilidad que terminaría marcando buena parte de su existencia.

El palacio que ardió y volvió a levantarse

Hay una historia especialmente reveladora detrás de los muros del Palacio de Liria.

En 1936, durante la Guerra Civil, el edificio fue bombardeado y saqueado. Las llamas arrasaron buena parte de su interior y apenas quedaron en pie las cuatro fachadas. Se consiguió salvar una parte importante de las obras de arte, pero la biblioteca y los archivos sufrieron pérdidas irreparables.

Años después, Jacobo Fitz-James Stuart, XVII duque de Alba y padre de Cayetana, decidió emprender su reconstrucción. Era 1945 y España apenas comenzaba a recuperarse de la guerra.

No llegó a ver terminado su proyecto.

Fueron su hija y Luis Martínez de Irujo, con quien Cayetana se había casado en 1947, quienes asumieron la tarea de concluir las obras, reorganizar las colecciones y devolver al edificio su antiguo esplendor.

En 1956, el Palacio de Liria volvió a abrir sus puertas.

Y aquí aparece uno de los documentos más interesantes de la exposición: una grabación de seis minutos en la que se escucha a Cayetana pronunciando el discurso de aquella reapertura, acompañada por imágenes históricas del edificio destruido y de su reconstrucción.

Escuchar su voz en ese momento permite comprender hasta qué punto aquella tarea formó parte de su vida. No se trataba únicamente de recuperar una residencia familiar. Había que devolverle su lugar en la historia cultural de Madrid.

Cayetana, pintora y coleccionista

La relación de Cayetana con el arte comenzó mucho antes de convertirse en duquesa de Alba.

Creció rodeada de pintura, escultura y libros. Su padre, un hombre de amplios intereses culturales, le transmitió la importancia de conservar las colecciones familiares y mantener viva la relación de la Casa de Alba con el mundo artístico.

Pero Cayetana no se conformó con contemplar las obras que había heredado. También quiso crear las suyas.

En el Palacio de Liria tenía un taller de pintura donde pasaba parte de su tiempo. Una fotografía de 1960 la muestra en ese espacio, dedicada a una afición que rara vez ocupaba las portadas de las revistas.

La exposición permite conocer algunas de sus pinturas. No estamos ante una artista que buscara reconocimiento público, sino ante una mujer que encontró en la creación una forma de expresión personal.

Su relación con grandes artistas también dejó huella. Entre las piezas vinculadas a su historia figuran obras de Ignacio Zuloaga y Mariano Benlliure, además de testimonios de sus vínculos con Picasso, Miró y Dalí.

Uno de los retratos más singulares es el que Zuloaga realizó de Cayetana cuando todavía era una niña. Aparece montada sobre Tommy, su poni, en una composición que combina la solemnidad del retrato con la naturalidad de la infancia.

Mucho antes de convertirse en una de las mujeres más fotografiadas de España, Cayetana ya había sido inmortalizada por uno de los grandes pintores de su tiempo.

El día que Yves Saint Laurent llegó a Liria

El 1959, el Palacio de Liria fue escenario de un acontecimiento poco habitual: un desfile benéfico de la casa Dior.

Al frente de la firma francesa se encontraba un jovencísimo Yves Saint Laurent, que había asumido la dirección creativa tras la muerte de Christian Dior.

Una fotografía conserva el encuentro entre Cayetana y el diseñador, testimonio de una época en la que el palacio madrileño también acogía acontecimientos culturales y sociales de proyección internacional.

La moda fue otra de sus grandes pasiones.

Cayetana conocía bien las convenciones de su posición, pero eso no impidió que desarrollara un estilo reconocible, a veces atrevido y no siempre comprendido. Entre sus prendas convivían vestidos de alta costura, diseños de importantes creadores y piezas que elegía simplemente porque le gustaban.

La exposición recupera parte de aquel vestuario y permite seguir los cambios de su imagen a lo largo de las décadas.

Hay vestidos de Dior y Givenchy, fotografías de grandes acontecimientos y prendas que pertenecen a la historia de la moda española.

Sin embargo, lo verdaderamente interesante no es comprobar cuántos grandes diseñadores vistieron a Cayetana, sino observar cómo utilizó la ropa para construir una imagen propia.

En una época en la que las mujeres de su posición estaban sometidas a códigos muy estrictos, ella parecía disfrutar especialmente cuando conseguía desbaratarlos.

Una acuarela de Jackie Kennedy y una amistad con Pastora Imperio

Entre los numerosos documentos personales conservados aparece una carta de Jackie Kennedy, fechada el 23 de abril de 1966.

La antigua primera dama estadounidense agradecía a Cayetana las atenciones recibidas durante su visita a Sevilla. Pero aquella relación dejó también un recuerdo artístico: una acuarela realizada por la propia Jackie Kennedy que representaba el salón de la Emperatriz del Palacio de las Dueñas.

Es uno de esos pequeños detalles que permiten descubrir una dimensión menos conocida de la vida de Cayetana.

Su entorno estuvo poblado de personajes de la política, la cultura y las artes, pero sus intereses no se limitaron a los círculos aristocráticos.

El flamenco ocupó siempre un lugar especial.

Su amistad con Pastora Imperio fue mucho más que una relación social. La bailaora le enseñó a bailar y contribuyó a alimentar una pasión que la duquesa mantuvo hasta sus últimos años.

También compartió momentos con Lola Flores, cuya personalidad artística y temperamento tenían bastante en común con aquella manera tan particular de Cayetana de entender la vida.

Fotografías de encuentros familiares, amistades y acontecimientos internacionales completan un recorrido que permite seguir buena parte de la historia del siglo XX.

Entre ellas aparecen imágenes firmadas por Cecil Beaton, Richard Avedon y Juan Gyenes, fotógrafos que contribuyeron a construir algunas de las representaciones más conocidas de la duquesa. www.casareal.es

La mujer que había detrás de los titulares

Uno de los grandes aciertos de esta exposición es recuperar aspectos que quedaron relegados durante años por la enorme popularidad mediática de Cayetana.

Su preocupación por el bienestar animal, su actividad solidaria, su afición a la pintura y su compromiso con la conservación del patrimonio tuvieron una presencia pública mucho menor que sus matrimonios, sus vestidos o sus declaraciones.

La muestra también permite aproximarse a sus relaciones familiares.

Una de las fotografías más personales, tomada en 1961, reúne a Cayetana y Luis Martínez de Irujo con dos de sus hijos, Fernando y Jacobo, en uno de los balcones del salón Estuardo.

Eugenia Martínez de Irujo ha señalado esta imagen como una de sus favoritas. Quizá porque recoge algo que ninguna ceremonia oficial puede reproducir: un instante familiar que sobrevivió al paso del tiempo.

Un legado que permanece

Cayetana. Grande de España está comisariada por Eugenia Martínez de Irujo y Cristina Carrillo de Albornoz, con la colaboración del equipo de la Fundación Casa de Alba. Su preparación ha requerido más de tres años de investigación y recuperación de documentos.

La muestra se presentó inicialmente en el Palacio de las Dueñas de Sevilla y ha llegado a Madrid con un recorrido adaptado al Palacio de Liria, donde la historia de su reconstrucción adquiere un protagonismo especial.

Y es precisamente ahí donde la exposición encuentra uno de sus mayores argumentos.

Cayetana Fitz-James Stuart nació en 1926 y falleció en 2014. Vivió casi nueve décadas, atravesó épocas muy distintas y fue testigo de cambios que transformaron profundamente la sociedad española.

Heredó uno de los patrimonios históricos y artísticos más importantes del país, pero también tuvo que enfrentarse a la responsabilidad de mantenerlo.

Resulta llamativo que una mujer recordada tantas veces por su carácter independiente dedicara una parte fundamental de su vida a conservar aquello que había recibido de generaciones anteriores.

Tal vez no exista contradicción alguna.

Porque preservar una herencia no significa necesariamente vivir sometida a ella.

Y esa puede ser una de las mejores maneras de comprender a Cayetana de Alba: una mujer que hizo de su libertad una seña de identidad, pero que también supo reconocer el valor de aquello que merecía permanecer.

1. Conocer una faceta menos divulgada de Cayetana. Sus pinturas, su relación con grandes artistas y su actividad como mecenas permiten descubrirla más allá de su popularidad.

2. Comprender la reconstrucción del Palacio de Liria. Fotografías, documentos y una grabación histórica recuperan uno de los episodios más importantes de su vida.

3. Admirar obras y recuerdos de grandes creadores. Zuloaga, Benlliure, Picasso, Miró y Dalí forman parte de un universo artístico que acompañó a la duquesa desde su infancia.

4. Recorrer buena parte de la historia del siglo XX. Las fotografías, los vestidos y la correspondencia revelan sus conexiones con figuras de la cultura y la sociedad internacional.

5. Descubrir el propio Palacio de Liria. La visita permite conocer una de las residencias históricas más importantes de Madrid y parte de sus extraordinarias colecciones.

  • Exposición: Cayetana. Grande de España.
  • Dónde: Palacio de Liria. Calle de la Princesa, 20, Madrid.
  • Fechas: Hasta el 31 de enero de 2027.
  • Horario: Lunes de 10:00 a 14:00. De martes a domingo, de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00.
  • Entradas: Desde 20 euros. La entrada incluye la visita libre al palacio y a la exposición.
  • Organiza: Fundación Casa de Alba.
  • Comisarias: Eugenia Martínez de Irujo y Cristina Carrillo de Albornoz.
  • Web: Palacio de Liria. Palacio de Liria Madrid

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

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