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Juan Eslava Galán: «La Guerra Fría nunca se ha desconvocado»

Juan Eslava Galán analiza el nuevo equilibrio mundial, el ascenso de China, la inteligencia artificial y las debilidades de nuestra democracia en La Guerra Fría contada para escépticos (Planeta).

Rosa Sánchez de la Vega

Juan Eslava Galán: «Mientras los demás países piensan en el mañana, China ya piensa en el pasado mañana»

El historiador presenta La Guerra Fría contada para escépticos (Planeta) y sostiene que el enfrentamiento entre las grandes potencias nunca terminó. China, Estados Unidos, Rusia, la inteligencia artificial y las debilidades de nuestra democracia entraron en una conversación en la que tampoco faltaron las revelaciones personales, las afirmaciones incómodas y el humor.

La Guerra Fría terminó oficialmente hace más de tres décadas. Cayó el muro de Berlín, desapareció la Unión Soviética y el mundo pareció respirar aliviado después de tantos años bajo la amenaza nuclear. Pero Juan Eslava Galán no comparte del todo aquella sensación de victoria definitiva. «La Guerra Fría nunca se ha desconvocado», afirma. Lo que antes era una confrontación ideológica entre comunismo y capitalismo se ha transformado, a su juicio, en una disputa fundamentalmente comercial. Las grandes potencias siguen compitiendo por el poder, aunque hayan cambiado sus estrategias y los escenarios en los que libran sus enfrentamientos.

El escritor reunió a un grupo de periodistas en el Café Comercial de Madrid para presentar La Guerra Fría contada para escépticos (Planeta), el decimocuarto título de una colección con la que ha recorrido algunos de los grandes episodios de la historia. Casi una hora de conversación dio para viajar de Stalin a la inteligencia artificial, de Franco a los problemas de nuestra democracia. Todo ello con la ironía de un autor que puede explicar una crisis internacional recurriendo a las dificultades económicas de una familia o encontrar en unos pantalones vaqueros una pista para comprender el derrumbe de la Unión Soviética.

La Guerra Fría parece haber encontrado nuevas formas de continuar. Para Eslava Galán, en realidad, nunca terminó. Cambiaron los intereses y las estrategias, pero no la disputa por el poder.

Las grandes potencias, explicó, difícilmente volverán a enfrentarse en una guerra mundial semejante a las del siglo pasado. Han encontrado otras formas de medir sus fuerzas. Los conflictos se trasladan a países menos desarrollados, donde prueban sus armas mientras las poblaciones locales soportan las consecuencias.

La industria armamentística continúa siendo uno de los grandes negocios internacionales. Se fabrican armas, se utilizan y se sustituyen por otras. «El negocio no para nunca», resumió.

Y mientras unos siguen fabricando armamento, otros se preparan para dominar la economía mundial.

«Mientras los demás países piensan en el mañana, China ya piensa en el pasado mañana».

Eslava Galán considera que el gigante asiático acabará ocupando una posición dominante. Su capacidad para anticiparse y planificar a largo plazo supone una ventaja frente a las potencias occidentales. India y Brasil también tendrán que ser tenidos en cuenta, aunque nadie puede saber con certeza cómo se configurarán las alianzas de las próximas décadas.

Para explicar la magnitud de esos cambios, Eslava Galán recurrió a una comparación histórica: «Estamos viviendo una época que se parece mucho a la decadencia del Imperio romano».

La diferencia está en la velocidad. Aquel proceso se prolongó durante aproximadamente tres siglos; el actual podría desarrollarse en apenas cincuenta años.

Y el cambio no afectará únicamente a la economía. También puede modificar nuestra manera de entender la libertad. Eslava Galán observa que los sistemas autoritarios han conseguido importantes ventajas en determinados ámbitos porque sus gobernantes pueden imponer decisiones sin depender del resultado de unas elecciones.

China constituye, a su juicio, el ejemplo más evidente. El desarrollo económico convive allí con un control político que alcanza numerosos aspectos de la vida de sus ciudadanos.

«El futuro es el gran hermano», advirtió, evocando el universo de vigilancia imaginado por George Orwell.

Después de semejante pronóstico, alguien ironizó sobre su optimismo. Él respondió con humor: «Un optimista es un pesimista bien informado».

Estados Unidos, Franco y el precio de las alianzas

La política exterior estadounidense ocupó buena parte del encuentro. Estados Unidos fue uno de los principales arquitectos del orden internacional que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y durante décadas obtuvo enormes ventajas de aquel sistema.

En ese contexto, mi pregunta fue:

«Estados Unidos contribuyó decisivamente a construir el orden internacional surgido de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué lleva a una potencia a cuestionar un sistema del que ha sido la principal beneficiaria?»

Eslava Galán comenzó por recordar que Estados Unidos siempre ha tenido un espíritu contradictorio. Desde su independencia ha mantenido una inclinación al aislacionismo, una resistencia a involucrarse en los conflictos europeos que sobrevivió hasta bien entrado el siglo XX.

Pearl Harbor terminó por obligarlo a participar directamente en la Segunda Guerra Mundial, aunque ya colaboraba con los aliados mediante el suministro de recursos y armamento.

Cuando terminó el conflicto, el problema era otro. Stalin controlaba buena parte de Europa oriental y el comunismo ganaba terreno en una Europa empobrecida.

El Plan Marshall, explicó, no respondió únicamente a la necesidad de reconstruir los países devastados. También buscaba impedir que la pobreza favoreciera el crecimiento de los partidos comunistas, especialmente en Francia e Italia.

Corea, Vietnam y buena parte de los conflictos posteriores formaron parte de aquella estrategia de contención.

«La economía es lo que dirige la historia siempre, aunque parezca otra cosa», afirmó.

A partir de ahí, la conversación encontró uno de sus ejemplos más cercanos en la España franquista.

Franco había quedado aislado internacionalmente después de la derrota de las potencias fascistas, pero la Guerra Fría terminó proporcionándole una oportunidad que difícilmente habría imaginado unos años antes.

Eslava Galán recordó el papel de Churchill, contrario a extender la intervención aliada hasta provocar la caída del régimen español. También pesaban los intereses británicos que Franco había respetado durante la guerra.

La necesidad estadounidense de rodear a la Unión Soviética de bases militares acabó haciendo el resto. España ofrecía una posición estratégica privilegiada y el control del estrecho de Gibraltar resultaba especialmente importante.

Los acuerdos de 1953 permitieron a Franco conseguir respaldo internacional a cambio de ceder instalaciones militares a Estados Unidos.

«España es, desde el año 53, un satélite de los Estados Unidos y lo seguimos siendo», aseguró.

No considera que aquella dependencia se haya mantenido intacta. La integración europea ha permitido reducirla, pero sigue viendo consecuencias de las cesiones de soberanía realizadas durante el franquismo.

Y si aquella alianza permitió a Franco salir de su aislamiento, también dejó a España en una situación complicada cuando sus intereses chocaban con los de otros socios de Washington.

El caso de Marruecos ocupó una parte especialmente controvertida de la conversación.

Eslava Galán recordó que Estados Unidos mantiene una relación histórica con el país norteafricano. Durante la guerra de Ifni, señaló, los estadounidenses impidieron que España utilizara determinado armamento de procedencia norteamericana, lo que obligó a recurrir a material militar mucho más antiguo.

Su conclusión es que Washington continuará dando prioridad a sus intereses estratégicos en Marruecos, incluso cuando estos puedan entrar en conflicto con los españoles.

Fue más lejos al hablar del futuro de Ceuta y Melilla. Considera posible que, con el tiempo, aparezcan fórmulas de soberanía compartida que terminen alterando la situación de ambas ciudades. Una previsión personal que expuso sin ocultar su pesimismo.

África, en cualquier caso, tendrá un protagonismo creciente. Eslava Galán insistió en la extraordinaria riqueza natural del continente y en el interés de China por asegurarse el acceso a materias primas y minerales estratégicos. Las grandes inversiones en infraestructuras forman parte de una política que, a su juicio, busca garantizar recursos fundamentales para la industria del futuro.

Espías, propaganda y una bomba atómica española

La Guerra Fría no se libró únicamente mediante tratados y operaciones militares. También se disputó en los periódicos, las películas y la vida de quienes podían convertirse en sospechosos por sus ideas políticas.

La llamada caza de brujas estadounidense fue uno de los episodios que surgieron durante el encuentro.

Eslava Galán recordó que la Unión Soviética contaba con importantes redes de espionaje. Algunos de sus colaboradores actuaban por convicción ideológica, sin necesidad de recibir dinero. Los famosos cinco de Cambridge fueron uno de los ejemplos que mencionó.

Pero el miedo a la infiltración comunista acabó desencadenando una persecución que afectó especialmente a intelectuales y profesionales del cine.

El historiador recordó también las peculiaridades religiosas de la sociedad estadounidense. Sus presidentes juran sobre la Biblia y las referencias a Dios forman parte habitual de sus discursos. Esa tradición, explicó, permite entender algunas de las reacciones colectivas que se han producido a lo largo de su historia, desde los procesos de Salem hasta la persecución anticomunista del siglo XX.

El cine tuvo su propio papel en aquella confrontación.

Hollywood se convirtió en una poderosa herramienta de propaganda. Eslava Galán recordó la constante presencia de la bandera estadounidense en las películas y la manera en que la industria cinematográfica ayudó a construir una determinada imagen de Estados Unidos y de sus adversarios.

El cine soviético también había alcanzado importantes logros artísticos, pero su difusión en Occidente fue mucho menor.

Las formas de propaganda han cambiado, aunque la intención de influir en otros países continúa. El historiador señaló especialmente a Rusia por su capacidad para difundir noticias falsas y desarrollar estrategias destinadas a desestabilizar gobiernos.

Recomendó incluso El mago del Kremlin, la película y novela que, a su juicio, permiten comprender algunos de esos mecanismos de manipulación política.

La confrontación entre ambos bloques alcanzó igualmente a la organización de la sociedad y al papel de las mujeres.

Eslava Galán recordó que una de las directrices del comunismo había sido ampliar sus derechos y favorecer su incorporación al trabajo, algo que la Rusia soviética impulsó antes de que se generalizara en buena parte de Occidente.

Sin embargo, la promesa de prosperidad chocó con las limitaciones económicas del sistema.

La Unión Soviética debía competir con Estados Unidos en armamento convencional, desarrollo nuclear y exploración espacial, pese a disponer de una capacidad productiva muy inferior.

Para explicar el problema, recurrió a una comparación doméstica: si una familia gana tres veces menos que sus vecinos, pero pretende comprar el mismo coche y permitirse las mismas vacaciones, tendrá que renunciar a otras necesidades.

Algo semejante, sostuvo, ocurrió con la economía soviética. Mantener la carrera armamentística obligaba a realizar sacrificios que acababan repercutiendo en la vida de sus ciudadanos.

La cumbre de Reikiavik entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov fue uno de los momentos que recordó para explicar el agotamiento de aquella competencia. La negativa estadounidense a renunciar a su programa de defensa espacial, conocido como la guerra de las galaxias, contribuyó a aumentar la presión sobre una economía que ya atravesaba enormes dificultades.

Pero el derrumbe de la Unión Soviética no respondió únicamente a razones económicas. También había una población que aspiraba a vivir de otra manera, a «pasar del comunismo al consumismo», como señaló Eslava Galán.

Eslava Galán recordó las largas colas que se formaron ante los primeros establecimientos de comida rápida occidentales en Moscú. También la fascinación que despertaban unos pantalones vaqueros, hasta el punto de que algunos ciudadanos estaban dispuestos a intercambiarlos por prendas de piel mucho más caras.

Aquellos objetos representaban algo más que una moda. Eran símbolos de una vida que muchos ciudadanos soviéticos contemplaban con creciente interés.

Su recuerdo de la revolución cubana también tuvo una dimensión personal.

«Yo admiraba mucho a Fidel Castro y estaba completamente a favor de la revolución cubana».

Era una admiración compartida por muchos jóvenes de su generación. Después visitó Cuba y su visión cambió. Conoció las dificultades del país y comenzó a cuestionar los resultados del sistema implantado por Castro.

Tampoco olvidó el papel de Estados Unidos, que desde el principio intentó impedir la consolidación de un régimen comunista tan próximo a sus fronteras.

Recordó el fracaso del desembarco de bahía de Cochinos, las decisiones de Kennedy y la dependencia económica que Cuba terminó desarrollando respecto a la Unión Soviética.

Cuando desapareció aquel apoyo, la isla quedó sumida en una crisis de la que todavía arrastra consecuencias.

La amenaza nuclear tuvo también un capítulo español que suele quedar fuera de los relatos más conocidos de la Guerra Fría.

El proyecto Islero contempló la posibilidad de que España fabricara su propia bomba atómica. Eslava Galán recordó el interés de determinados sectores del franquismo por conseguir ese armamento y las investigaciones de científicos españoles después del accidente nuclear de Palomares.

También se refirió a las especulaciones sobre la oposición de Carrero Blanco a abandonar el programa y su posterior asesinato por ETA. En este punto reconoció que no dispone de certezas que permitan establecer una relación entre ambos acontecimientos.

De la carrera espacial a la inteligencia artificial

La Unión Soviética consiguió adelantarse a Estados Unidos en algunos de los primeros hitos de la exploración espacial. Durante años, las dos potencias destinaron enormes recursos a una competición que pretendía demostrar no solo su capacidad científica, sino también la superioridad de sus respectivos sistemas políticos.

Aquella carrera encuentra hoy un paralelismo en la disputa por las nuevas tecnologías.

La Guerra Fría también fue una competición científica y tecnológica. Le pregunté qué diferencias encuentra entre aquella carrera por conquistar el espacio y la actual disputa por el control de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías.

«El futuro radica en la inteligencia artificial, se diga lo que se diga», respondió Eslava Galán.

Las grandes potencias compiten por una tecnología cuya importancia estratégica resulta evidente, aunque todavía desconocemos hasta dónde llegará su desarrollo.

El historiador destacó especialmente la capacidad científica de Rusia. Pese a sus retrasos industriales y a su dependencia de la exportación de materias primas, considera que conserva investigadores de enorme talento y una tradición tecnológica que no debe subestimarse.

«No sabemos en qué va a quedar la inteligencia artificial, lo que sí sabemos es que va a ser determinante en el futuro, sin lugar a dudas».

La competición tecnológica ya no se limita a fabricar mejores armas o desarrollar sistemas espaciales más avanzados. También afecta a la información y a la capacidad de utilizarla para influir en otros países.

El control de estas herramientas puede proporcionar nuevas formas de vigilancia y manipulación política, precisamente algunas de las cuestiones que más preocupan a Eslava Galán cuando habla del futuro de las democracias.

Y mientras las potencias compiten por controlar esas tecnologías, la dependencia económica continúa marcando sus posibilidades. Rusia, explicó, sigue viviendo en buena medida de sus exportaciones de petróleo y gas. Eso le permite ejercer presión sobre Europa, pero también la obliga a mantener compradores para unos recursos que constituyen una parte esencial de su economía.

La democracia española y los jóvenes que han perdido la confianza

La conversación terminó acercándose a un problema que preocupa al historiador tanto como las grandes disputas internacionales: el funcionamiento de nuestra democracia.

Eslava Galán fue especialmente crítico con los representantes políticos españoles. Considera que tanto la derecha como la izquierda han sustituido con demasiada frecuencia el debate de ideas por los eslóganes y que la confrontación política se ha empobrecido hasta convertirse en una sucesión de mensajes simples.

Tampoco tiene una visión complaciente de la Transición.

«Realmente fue una transacción, no una transición», afirmó.

España llegó tarde a la democracia, sostiene, y algunos de los acuerdos alcanzados después de la muerte de Franco siguen condicionando el funcionamiento de nuestras instituciones.

Cuestionó el modelo autonómico y las consecuencias que, en su opinión, ha tenido la distribución territorial de determinadas competencias, especialmente en ámbitos como la sanidad y la educación.

Son posiciones políticas controvertidas que defendió abiertamente, dentro de una crítica más amplia a un sistema democrático que considera profundamente imperfecto.

Pero las dificultades de la democracia no se limitan a sus instituciones.

También existe un desencanto creciente entre ciudadanos que han perdido la confianza en sus representantes. Me interesaba especialmente conocer qué podía decirles Eslava Galán a los jóvenes que lo leen y lo siguen, pero que empiezan a preguntarse si merece la pena acudir a las urnas.

«¿Qué les dirías a esos jóvenes que han perdido la confianza en sus representantes y que, ante el desencanto político, empiezan incluso a cuestionarse si merece la pena votar?»

«Los españoles estamos absolutamente desinformados, vivimos de espaldas a la política», respondió.

Su crítica no se dirigió exclusivamente a los gobernantes. También cuestionó el comportamiento de una parte importante del electorado, que sigue votando a los mismos partidos por tradición familiar o fidelidad ideológica, sin examinar suficientemente sus propuestas ni valorar los resultados de su gestión.

Millones de personas, sostuvo, mantienen esa lealtad a la derecha o a la izquierda independientemente de lo que hagan sus representantes.

Ese comportamiento termina creando una clientela electoral que considera especialmente perjudicial para la democracia.

Recordó sus años de residencia en Inglaterra, donde, según su experiencia, los ciudadanos muestran una mayor disposición a cambiar el sentido de su voto cuando consideran que un gobierno no ha respondido a sus expectativas.

A los jóvenes les recomienda, ante todo, que se informen. Que conozcan los programas políticos, sigan la actualidad y valoren las decisiones de quienes gobiernan antes de depositar su voto.

La responsabilidad, según su planteamiento, no corresponde únicamente a los políticos. También a quienes deben elegirlos y exigirles cuentas.

El escritor reconoció que La Guerra Fría contada para escépticos no había sido inicialmente uno de sus proyectos más deseados. Sus investigaciones se habían concentrado durante mucho tiempo en periodos anteriores, pero sus lectores comenzaron a pedirle que dedicara uno de sus libros a aquella etapa.

Aceptó el desafío y amplió sus lecturas y su documentación.

También habló de las dificultades de escribir historia sin que las propias convicciones intervengan en la interpretación de los acontecimientos.

«No existe la historia, digamos, absolutamente neutral, científica, no existe».

Cada historiador selecciona los hechos y establece relaciones desde una perspectiva determinada. Eslava Galán reconoce que intenta moderar la presencia de sus propias ideas, pero tampoco quiere ocultarlas al lector.

Prefiere ofrecer los argumentos a favor y en contra de cada cuestión y dejar que cada persona saque sus conclusiones.

Antes de despedirse, todavía hubo tiempo para una confidencia literaria. «Creo que no se debe decir nunca el libro que vas a escribir, pero aquí no va a salir de aquí», bromeó antes de revelar que está trabajando en una historia de Estados Unidos. Un proyecto ambicioso que prolonga su interés por uno de los países que más profundamente han condicionado la política internacional.

La presentación había comenzado con la afirmación de que la Guerra Fría nunca terminó. Casi una hora más tarde, tras recorrer las decisiones de Stalin, las alianzas de Franco, los errores estadounidenses en Cuba, el ascenso de China y las posibilidades de la inteligencia artificial, aquella idea seguía presente.

Los escenarios han cambiado, pero las disputas por el poder siguen ahí. Y en ese mundo que intenta encontrar un nuevo equilibrio, la historia que cuenta Eslava Galán tiene bastante más que ver con nuestro presente de lo que podría parecer.

Rosa Sánchez de la Vega

Fotos: Javier Ocaña

1. Las claves del enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética y sus consecuencias en el mundo actual.

2. Espías, operaciones encubiertas y estrategias de propaganda que marcaron décadas de tensión internacional.

3. La carrera nuclear y espacial que llevó a ambas potencias a competir por la supremacía tecnológica.

4. Las guerras indirectas, los golpes de Estado y las decisiones que cambiaron el destino de numerosos países.

5. Los intereses políticos y económicos que se escondían detrás de los grandes discursos ideológicos.

Porque entender la Guerra Fría permite reconocer el origen de muchos de los conflictos que siguen condicionando el mundo. Juan Eslava Galán recupera los acontecimientos, las decisiones y los personajes de una época decisiva con su característica combinación de conocimiento histórico, ironía y escepticismo. Una lectura que invita a cuestionar las versiones demasiado simples de la historia.

FICHA DEL LIBRO

Título: La Guerra Fría contada para escépticos
Autor: Juan Eslava Galán
Editorial: Planeta
Publicación: 21 de octubre de 2026
Páginas: 384
Género: Ensayo histórico

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

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