Revista. Periodismo literario y actualidad cultural

Una entrevista comienza
mucho antes de
encender el micrófono

El precio de la red: creímos que Facebook nos conectaba, hasta que descubrimos cuánto sabía de nosotros

Aaron Sorkin regresa al universo de La red social para contar las revelaciones que pusieron a Facebook contra las cuerdas.

Rosa Sánchez de la Vega

Dieciséis años después de La red social, Aaron Sorkin vuelve a Facebook. Una mujer que decide revelar sus secretos, un periodista dispuesto a investigarlos y un imperio obligado a responder por sus decisiones

Hubo un tiempo en que creímos que las redes sociales habían llegado para acercarnos. Recuperamos amistades perdidas, encontramos compañeros de colegio, compartimos fotografías y empezamos a contar nuestra vida a personas a las que apenas conocíamos. Todo parecía bastante inocente. Nadie nos cobraba por entrar y nosotros, encantados, abríamos de par en par las puertas de nuestra intimidad. Tardamos bastante más en preguntarnos quién estaba al otro lado y qué hacía con todo aquello que le entregábamos. Para entonces ya habíamos aprendido a vivir pendientes de una pantalla.

En 2010, David Fincher nos contó en La red social cómo un estudiante de Harvard había convertido una idea en uno de los mayores negocios del mundo. Aaron Sorkin escribió aquella historia de ambición, talento y amistades rotas. Dieciséis años después regresa a Facebook, esta vez también como director, con El precio de la red. Pero las preguntas han cambiado. Ya no importa tanto cómo nació aquel imperio como lo que ocurrió cuando empezó a conocerse lo que sucedía dentro. Y resulta que quienes creíamos estar utilizando una herramienta habíamos terminado formando parte de un negocio mucho mayor.

Una mujer frente al imperio de Zuckerberg

Frances Haugen trabajaba en Facebook y conocía desde dentro algunos de sus mecanismos. Había tenido acceso a documentos e investigaciones que planteaban preguntas incómodas sobre las decisiones de la compañía. En 2021 decidió sacarlos a la luz. Su colaboración con Jeff Horwitz, periodista de The Wall Street Journal, dio lugar a The Facebook Files, una investigación que puso bajo escrutinio a una de las empresas más influyentes del planeta.

Mikey Madison interpreta a Haugen y Jeremy Allen White al periodista. Ella tiene que decidir cuánto está dispuesta a arriesgar; él, cómo transformar aquella información en una investigación que pueda publicarse. Sorkin encuentra aquí una historia que conoce bien: la de unas personas enfrentadas a un poder que parece demasiado grande para ser cuestionado. Y vuelve a demostrar que una conversación, una duda o un documento pueden sostener tanta tensión como una persecución.

Las revelaciones abordaban, entre otros asuntos, la desinformación y los posibles efectos perjudiciales de Instagram sobre algunos adolescentes. No era la primera vez que se cuestionaban las redes sociales. Lo que resultaba especialmente grave era que los documentos permitían examinar qué sabía la propia empresa sobre determinados problemas y cómo había respondido a ellos.

El muchacho que quería conectar el mundo

Jeremy Strong interpreta a Mark Zuckerberg, y resulta inevitable recordar al joven al que Jesse Eisenberg dio vida en La red social. Aquel muchacho parecía dispuesto a sacrificar cualquier amistad con tal de alcanzar el éxito. El empresario que ahora encontramos lleva años instalado en él y tiene que enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones. Strong le presta una frialdad inquietante, aunque Sorkin parece menos interesado en descubrir sus contradicciones que en señalar sus responsabilidades.

Ahí aparece una de las diferencias entre ambas películas. Fincher retrataba a unos personajes capaces de despertar fascinación y rechazo al mismo tiempo. Sorkin, en cambio, deja bastante claras sus posiciones. Su película gana contundencia, pero pierde algunos matices. Y hay momentos en los que sus personajes parecen empeñados en explicarnos lo que debemos pensar, cuando la propia historia ya contiene motivos suficientes para inquietarnos.

Lo curioso es que buena parte de aquello que denuncia nos resulta familiar. Abrimos el teléfono, encontramos noticias, fotografías y opiniones escogidas para nosotros y seguimos avanzando sin preguntarnos por qué aparecen unas y no otras. Nos indignamos, discutimos, compartimos y volvemos a entrar. No hace falta que nadie nos obligue. Hemos convertido la costumbre en una necesidad y apenas recordamos cuándo ocurrió.

Cuando el negocio entra en nuestras casas

La película se adentra también en una de las cuestiones más delicadas: la relación de los adolescentes con las plataformas. Durante años hemos advertido a nuestros hijos de los peligros de internet mientras les dejábamos crecer en espacios cuyo funcionamiento tampoco nosotros comprendíamos del todo. Nos preocupaban las horas que pasaban delante del móvil, pero quizá no tanto lo que encontraban durante ese tiempo.

Sorkin lleva esa preocupación más allá de las cifras empresariales. Detrás de las decisiones sobre qué contenidos se muestran y cuáles reciben mayor difusión hay personas que pueden verse afectadas. También las hay detrás de la desinformación política, otro de los asuntos de la película, que llega hasta el asalto al Capitolio estadounidense. Son conflictos enormes y no siempre consigue abordarlos con la profundidad que merecen. A veces quiere explicar demasiadas cosas, como si temiera dejar alguna acusación fuera.

Sin embargo, El precio de la red acierta al recordarnos que las consecuencias de determinadas decisiones empresariales no se quedan encerradas en los despachos. Llegan a nuestras conversaciones, a las relaciones familiares y a la manera en que entendemos lo que sucede a nuestro alrededor.

El periodismo también puede cambiar una historia

Quizá lo más interesante sea que Sorkin no reserva todo el protagonismo a Zuckerberg. Frente al dinero y al poder coloca a una mujer que decide hablar y a un periodista que tiene la obligación de comprobar lo que cuenta. No hay grandes gestas. Hay documentos, preguntas, conversaciones y un trabajo que exige algo bastante menos espectacular que las grandes declaraciones: demostrar los hechos.

El periodismo encuentra aquí uno de sus mejores retratos dentro de la película. Una filtración no es todavía una noticia y una sospecha no puede convertirse en certeza porque encaje con nuestras convicciones. Horwitz debe investigar, contrastar y enfrentarse a las dificultades de publicar información que compromete a una gran compañía. Sorkin conoce bien las posibilidades dramáticas de ese proceso, aunque su escritura, brillante en algunos enfrentamientos, vuelva a excederse cuando los personajes se entregan a largos discursos.

Conviene recordar también que estamos ante una dramatización de acontecimientos reales. Sorkin selecciona, interpreta y construye su propio relato. Y esa diferencia importa especialmente en una película que habla de información, de intereses y de nuestra facilidad para aceptar aquello que confirma lo que ya pensamos.

Lo sabemos, pero seguimos entrando

Dieciséis años separan La red social de El precio de la red. En ese tiempo hemos aprendido a comunicarnos de otra manera, a compartir lo que antes pertenecía a nuestra intimidad y a vivir pendientes de las respuestas de personas a las que quizá nunca conoceremos. Las redes también nos han permitido descubrir, aprender y mantener relaciones que de otro modo habríamos perdido. Sería absurdo negarlo. Pero tampoco podemos fingir que desconocemos sus riesgos.

Sorkin no consigue una película tan afilada como aquella que escribió para Fincher, aunque encuentra una historia que nos afecta de una manera mucho más directa. Porque ya no estamos contemplando cómo un joven ambicioso construye una fortuna. Estamos viendo las consecuencias de un mundo al que hemos entregado demasiadas cosas sin hacer demasiadas preguntas.

Y quizá esa sea la mayor contradicción que deja la película. Nos hemos enterado de cómo funcionan algunas de las plataformas, conocemos las investigaciones y sabemos que nuestra atención tiene un precio. Pero cuando termina la proyección, salimos del cine, encendemos el teléfono y volvemos a entrar. Casi sin pensarlo. Como si todo lo que acabáramos de ver les ocurriera siempre a los demás.

Título: El precio de la red (The Social Reckoning)

Dirección y guion: Aaron Sorkin

Reparto: Mikey Madison, Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Betty Gilpin, Wunmi Mosaku, Bill Burr y Billy Magnussen.

País: Estados Unidos

Año: 2026

Género: Thriller dramático basado en hechos reales

Duración: 112 minutos

Estreno en España: 9 de octubre de 2026

Distribuidora: Sony Pictures Entertainment Iberia

Calificación: No recomendada para menores de 12 años.Datos contrastados con el ICAA y la información de reparto publicada.

1. Aaron Sorkin regresa al universo de La red social, dieciséis años después, para contar las consecuencias del poder de Facebook.

2. La película recupera las revelaciones de Frances Haugen y la investigación que puso a la compañía de Zuckerberg bajo escrutinio.

3. Jeremy Strong interpreta al fundador de Facebook, mientras Mikey Madison y Jeremy Allen White encarnan a la informante y al periodista.

4. Los algoritmos, la desinformación y los posibles riesgos de Instagram para los adolescentes atraviesan una historia basada en hechos reales.

5. El periodismo de investigación se enfrenta al poder empresarial en una película que también cuestiona nuestra dependencia de las redes.

Una historia de poder, secretos empresariales y periodismo. Aaron Sorkin regresa al universo de Facebook con un reparto encabezado por Mikey Madison, Jeremy Allen White y Jeremy Strong. Una película que recupera uno de los grandes escándalos de la compañía y examina las consecuencias de unas decisiones que terminaron afectando a millones de personas.

Quienes disfrutaron de La red social, quienes se interesan por las historias basadas en hechos reales, el periodismo de investigación y las películas que exploran las contradicciones del poder. También para quienes desean mirar de otra manera las redes sociales que utilizan a diario.

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

MUCHO MÁS QUE
UNA ENTREVISTA

SÍGUENOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Cada semana lo mejor de
Rosa pasa página en tu correo. 

MÁS LEÍDOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Cada semana lo mejor de Rosa pasa página en tu correo. 

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR