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«Me habría gustado ver a Federico García Lorca enamorado y feliz»

Ilu Ros vuelve a Federico García Lorca con Romancero gitano

Ilu Ros vuelve a Federico García Lorca con Romancero gitano

Ilu Ros sabe que una imagen puede contar mucho más de lo que muestra a primera vista. Por eso sus libros piden tiempo: detenerse, volver atrás, mirar de nuevo. En su trabajo, la ilustración no acompaña el texto, lo abre.

Lo ha hecho en Cosas nuestras, en Federico, en Una trilogía rural y en Una casa en La Ciudad. Ahora regresa a Federico García Lorca, pero entra por otro lugar: Romancero gitano.

Casi un siglo después de su publicación, sus versos siguen conservando una belleza oscura, una música que permanece y un mundo de símbolos que todavía admite nuevas miradas. Ilu Ros entra precisamente ahí: en la luna, los caballos, las flores, el deseo, la violencia y la muerte, pero también en aquello que no aparece a primera vista. Porque ilustrar a Lorca, cuando sus versos ya están llenos de imágenes, obliga a hacer algo más difícil que dibujarlos: encontrar una mirada propia sin apagar la suya.

Ilu Ros vuelve a Federico García Lorca con su edición ilustrada de Romancero gitano.

Volver a Lorca

P. Cuando me encuentro con un libro tuyo sé que tengo que detenerme en las imágenes. Pero aquí vuelves además a Federico García Lorca, un autor al que ya has ilustrado varias veces. ¿Qué has encontrado en él esta vez?

R. Creo que con Lorca sucede lo mismo que con los grandes clásicos. Prácticamente toda su obra se ha convertido ya en un clásico, y Romancero gitano es uno más. Trasciende el espacio, trasciende el tiempo y se hace universal.

En cada relectura volvemos a descubrir cosas, nuevas interpretaciones y nuevos hallazgos que, al final, tratan sobre quién es su país y quiénes somos nosotros. Lorca abre siempre esa pregunta sobre qué es el ser humano, qué es ese deseo que nos mueve y nos lleva a lugares extraños, a veces trágicos, o qué es esa ferocidad de la muerte. Todo el tiempo nos hace preguntárnoslo y nos va dando respuestas, pero parecen respuestas que vuelven a quedar abiertas. Siempre podemos volver a él.

La verdad es que reencontrarme con Romancero gitano, volver a leerlo después de haber hecho Federico y la trilogía rural, ha sido como volver a encontrarme con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Y me ha hecho revisar esa parte lorquiana más oscura, más relacionada con esa profundidad, con esa parte más litúrgica que tiene Lorca.

P. ¿La muerte convirtió a Lorca en un símbolo?

R. Yo creo que sí tuvo que ver. La muerte de Lorca pertenece a un momento muy trágico de la historia de España, la Guerra Civil. Fue al principio de la guerra cuando lo fusilaron y, evidentemente, por su juventud y por lo importante que ya era en aquel momento —era uno de los dramaturgos, si no el más importante—, aquello supuso un antes y un después.

Sí puede ser que su muerte contribuyera a convertirlo en un símbolo, pero eso no quita que Lorca, por su obra y por lo que fue en vida, tenga una obra totalmente infinita.

P. Romancero gitano se publicó en 1928 y terminó convirtiéndose en uno de sus libros más reconocibles. ¿Qué consiguió Lorca para que, casi un siglo después, conserve esa capacidad de fascinación?

R. Creo que lo que hace de Lorca un autor universal, no solo en Romancero gitano, sino en toda su obra, es que nos habla de lo más profundo y de lo más oscuro del ser humano.

En Romancero gitano, esos temas que ya trata en otras obras los desarrolla y los lleva a su máximo esplendor. Habla de los gitanos, pero habla también de esa tradición cultural milenaria que parece tener una profundidad casi telúrica, como si viniera de debajo de la tierra, como una fuerza que emana de allí.

Él la relacionaba mucho también con la pena negra. Tiene el Romance de la pena negra, y esa pena que relaciona con los gitanos y con la pena andaluza no es exactamente una tristeza ni una nostalgia. Es algo mucho más profundo, como si viniera de algún lugar ancestral.

En Romancero gitano, una de las protagonistas es la muerte y también lo es la pena negra. Creo que lo que nos atrae es ese misterio que todos podemos reconocer en algún momento: ese vacío, esas fuerzas que parecen sobrehumanas y que nos llevan a hacer o pensar cosas que están fuera de nuestro control, de nuestro raciocinio.

Dibujar un libro que ya está lleno de imágenes

P. Romancero gitano tiene ya una fuerza visual enorme por sí mismo. ¿Qué desafío has encontrado al intentar ilustrar algo tan potente?

R. El desafío ha sido precisamente el mismo motivo que hace Romancero gitano tan atractivo para una dibujante: Lorca te da todas las metáforas ya hechas. El universo lorquiano está lleno de metáforas visuales.

El simple hecho de leerlo ya te va dibujando en la cabeza esas lunas, esos caballos, las flores, la naturaleza, las aceitunas, los limones… La dificultad está precisamente en que ya te lo da. Entonces a veces te preguntas: ¿es necesario dibujarlo? Porque el lector o la lectora ya se lo está imaginando.

Eso era lo realmente difícil: no quedarme solo en la literalidad, en aquello que ya te está dando el autor, sino intentar buscar el sentido de cada uno de los romances. Porque también hay una narrativa, una historia detrás de cada uno, y quería buscar qué mueve a esos personajes a hacer lo que están haciendo o cuál es el tema principal.

Y jugar con todo eso utilizando siempre la simbología lorquiana, que es lo que lo hace tan especial y tan bello.

P. ¿Y dónde sentiste que podías abrir una lectura nueva sin competir con la imagen que ya tenemos?

R. Hay poemas que tenía muy claros en la cabeza desde el momento en que los leí y otros que me llevaron más tiempo porque quería darles otro sentido o quizá buscar otra narrativa.

Todo Romancero gitano está dibujado a dobles páginas. Las ilustraciones están en la página impar, de manera que vas pasando las páginas y puedes ver cómo va sucediendo el libro, como esos libros que teníamos de niños en los que, al pasar rápidamente las esquinas, veías una ranita que saltaba. Se va moviendo casi como una secuencia de cine.

Esa era un poco la idea que tenía: que fuera un universo en el que van sucediendo cosas.

Por ejemplo, está el Romance del emplazado, sobre un hombre, el Amargo, que tiene la premonición de que va a morir en dos meses. Una de las ilustraciones está formada por cuatro imágenes de ese jinete gitano con su luna, que ya es un presagio de muerte. Al principio está erguido y, según van pasando las páginas, se va cayendo sobre el caballo hasta que finalmente se derrumba y muere.

Quería expresar esa ferocidad de conocer tu muerte próxima. A mí me hacía preguntarme si realmente su sino era morir o si termina muriendo precisamente por ser conocedor de ese futuro que le espera cuando, a lo mejor, ni siquiera era real.

Lorca y la muerte

P. La muerte está muy presente en Romancero gitano, pero también en toda la obra de Lorca. Impresiona incluso esa forma de anticiparla, quizá porque él mismo era muy consciente de ella.

R. Sí. Por lo que leí, sobre todo cuando estaba haciendo Federico, la biografía ilustrada, muchas personas que lo rodearon —amigos, otros escritores, familiares, su hermana Isabel— contaban que hablaba muchísimo sobre la muerte.

Le tenía muchísimo miedo, pero a la vez, como era una persona muy inteligente, se reía un poco de ella y bromeaba mucho con el tema. Hay muchísimas historias de la Residencia de Estudiantes con Dalí, Buñuel y Pepín Bello en las que jugaban a estar muertos. Hacían como si Lorca fuera dentro de su propio ataúd y lo llevaran en su propio funeral.

Son historias muy macabras, pero creo que era una manera de exorcizar ese miedo. Y también era una persona muy divertida.

La muerte está siempre muy presente en su obra, pero creo que también tiene que ver con la época. Ahora vivimos un poco de espaldas a la muerte. Parece que no queremos hablar mucho de ella. Los velatorios son cada vez más cortos y cada vez pasamos menos tiempo con el difunto, aunque sea alguien muy querido.

A principios del siglo XX, en cambio, los niños estaban muy cerca de la muerte. Morían muchos niños y moría mucha gente a tu alrededor. Creo que Federico García Lorca la tuvo muy cerca.

P. Has dicho algo muy interesante: los niños estaban muy cerca de la muerte y ahora tratamos precisamente de evitarles ese tema. Pero conocer que la muerte existe y que puede ocurrir en cualquier momento también forma parte de conocer la vida.

R. Claro. Los cuentos tradicionales ahora los leemos y nos parecen muy macabros, muy duros, porque aparecen muchas muertes. Disney ha hecho mucho por suavizar todo eso.

Pero creo que hay que hablarles a los niños de la realidad porque, si no, es como si vivieran ajenos al mundo al que pertenecen.

Y, hablando de esto, me viene a la cabeza precisamente el primer poema, el Romance de la luna, luna. Está ese niño en la fragua, mientras los gitanos trabajan con el fuego y con el hierro, y la luna está danzando. El niño le dice que se vaya porque, si vienen los gitanos, van a hacer alhajas con su brillo.

Cuando aparece una luna en Federico García Lorca, espérate lo peor. Y ese primer poema termina con la muerte más dolorosa, que es la muerte de un niño.

Deseo, belleza y peligro

P. ¿Qué personaje o qué romance concentra mejor esa mezcla de deseo, belleza y peligro?

R. No sabría decir solamente uno. Quizá Preciosa y el aire.

Preciosa es una gitana que va por el monte. De nuevo están la luz, la noche, y ella va tocando un pandero. Entonces empieza a sentirse atacada por el viento.

Ese viento acaba siendo San Cristóbalón. Federico García Lorca utiliza muchísimos mitos, tanto grecorromanos como bíblicos. San Cristóbalón aparece como una especie de sátiro que la persigue, un sátiro con una erección. Hay mucho erotismo y mucha violencia.

Preciosa termina huyendo de ese viento y consigue zafarse de él entrando en unas casas que hay en lo alto de una colina, donde hay un inglés. Allí le dan un vaso de leche y aparentemente la protegen, pero no te queda la sensación de que realmente esté en un lugar seguro.

Creo que esa parte de Romancero gitano transmite la sensación de que nunca puedes terminar de fiarte, porque siempre están la muerte o el peligro acechando.

Y está también esa parte de Federico García Lorca que vemos en Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba: esa manera de poner voz a las mujeres y a los peligros que sufren muchas veces cuando son atacadas por los hombres.

Preciosa y el aire es uno de los poemas que más me impresionó cuando lo leí por primera vez.

Lo que aparece cuando miramos más allá de «Verde que te quiero verde»

P. Romance sonámbulo está marcado por uno de los versos más conocidos de Lorca: «Verde que te quiero verde». ¿Qué aparece cuando consigues apartar ese verso y mirar el poema entero?

R. Yo no soy una gran lectora de poesía. No leo muchísima poesía, aunque me gustaría leer más, y mientras estaba ilustrando Romancero gitano pensaba que somos muchos los que querríamos leer más poesía, pero le tenemos cierto miedo o cierto respeto por no entenderla.

Creo que también cuesta parar y dejarse llevar por un poema cuando, a veces, no lo entiendes del todo. Pero no pasa nada, puedes disfrutarlo igualmente.

En Romancero gitano creo que resulta más fácil porque cuenta historias y, si prestas realmente atención, puedes descubrir esas historias. Pero aunque no llegues a entenderlas completamente, hay cosas que pueden resonarte muchísimo.

A mí me ha ocurrido con Romance sonámbulo. Quizá nunca había entendido tanto esa historia hasta que ahora me he puesto a analizarla. Cuenta la historia de una mujer que tiene el pelo verde, la piel verde… Y cuando aparece el verde también es un poco un presagio de muerte en Lorca.

Después está ese hombre que llama a una puerta y quiere subir porque piensa que ella está arriba, en un balcón. Y el compadre que abre la puerta le dice que le gustaría ayudarlo, pero que su casa ya no es su casa.

Todo este tipo de cosas resuenan mucho porque ¿quién no ha sentido alguna vez que su casa ya no es su casa? ¿O que uno ya no es uno mismo?

A veces leemos un poema o cantamos una canción sin pensar y, cuando prestamos atención, nos damos cuenta de que hay muchísimo más escondido detrás de esos versos.

Un Romancero gitano todavía contemporáneo

P. ¿Qué parte de Romancero gitano te parece más contemporánea?

R. Posiblemente esa visión de denuncia de los abusos hacia grupos que estaban más marginados, como los gitanos, y también el abuso y la violencia contra las mujeres.

Aunque Federico García Lorca habla de esa violencia y de esa oscuridad de una manera muy bella, en ningún momento las edulcora. Es muy crítico.

Creo que esa denuncia, esa manera de poner voz a ese tipo de violencia, lo hace muy contemporáneo.

P. ¿Y qué parte te obliga a recordar precisamente lo contrario, que fue escrito desde un universo distinto?

R. Creo que está esa cultura gitana, esa parte tan telúrica, tan misteriosa, tan mágica, pero Lorca habla de ella desde un lugar muy lírico.

Está muy cerca de la tierra, pero no es un escritor realista. En Federico García Lorca hay mucha realidad, pero siempre aparece desde un lugar muy poético.

Creo que quizá eso sea precisamente lo que lo embellece y lo que nos atrae tanto: cómo puede hablar de algo tan crudo de una manera tan bella. Hay que ser un escritor que haya trascendido como él para poder hacer eso.

El vértigo de ilustrar a Federico García Lorca

P. Has ilustrado un libro que pertenece ya a muchísima gente y que cada lector ha imaginado a su manera. Cuando empezaste a trabajar con Lorca sentías una responsabilidad, aunque nadie te la pidiera. Después de varios libros, ¿ese respeto sigue ahí o ahora te sientes más cerca de él?

R. Al principio, cuando empecé a plantear Federico, iba con mucho miedo por la figura de Federico García Lorca, por su obra inmensa y por lo importante que había sido para la cultura española y universal.

Luego fui cogiendo un poco de confianza. Pero nunca desaparece del todo ese miedo. Aunque quizá no sea miedo exactamente, sino vértigo. Ese vértigo de tocar cualquier cosa relacionada con García Lorca.

No puedes perderle el respeto porque es alguien muy grande.

Cuando mi editora me planteó hacer Romancero gitano, yo no pensaba volver a hacer nada sobre Lorca. Pero me dijo que se cumplía el 90 aniversario de su fusilamiento y que estaba Romancero gitano, un libro que habla de su Granada, de la muerte y que reúne elementos muy característicos de su obra.

Al principio volví a sentir ese vértigo. Pensé que ilustrar poesía me parecía muy difícil. Pero, cuando me puse con ello, sentí la calidez de regresar otra vez a un lugar conocido, de volver a un sitio que había sido casa durante un tiempo y que ya no era tan desconocido.

P. ¿Romancero gitano te ha permitido decir o dibujar algo sobre Lorca que no habías podido abordar en tus trabajos anteriores?

R. Me ha permitido profundizar en símbolos que después se repiten a lo largo de la obra de Federico García Lorca, pero que en Romancero gitano están muy presentes.

He podido buscarlos, investigarlos y ver todas esas conexiones que establece con relatos bíblicos. Cada vez que aparece una flor —los alhelíes, las toronjas, las naranjas— siempre hay algo detrás.

También están los mitos griegos, en los que todas esas flores tienen significados relacionados con la fertilidad o el erotismo.

Hay una monja encerrada que está bordando alhelíes, pero ella quiere bordar grandes flores, que están muy relacionadas con esos mitos griegos de la fertilidad.

Ese descubrimiento es lo que me ha permitido prestar mucha más atención a Romancero gitano, investigar y después dibujarlo.

El Lorca que Ilu Ros todavía querría dibujar

P. Para terminar, Ilu, si pudieras hacer una ilustración de Federico García Lorca como persona que todavía no hayas hecho, ¿qué Federico te gustaría dibujar? ¿En qué situación o en qué momento te habría gustado verlo?

R. Me habría gustado poder ver cómo vivía el amor.

Conocemos una parte de sus relaciones por sus cartas, por las cartas que escribía a amigos que sabían que era homosexual, pero todo aparece siempre un poco velado. Dice, por ejemplo, que hay por ahí un torerillo que le interesa, pero no sabemos realmente cómo eran esas relaciones.

Conocemos algunas de ellas, como las que tuvo con Emilio Aladrén o Rapún, pero era algo que no podía vivirse abiertamente salvo dentro de un círculo muy cerrado y muy protegido.

Me habría gustado mucho ver a ese Federico García Lorca enamorado y feliz, ver cómo podría vivir hoy eso.

Sí podemos encontrar esa parte incluso en su teatro, en obras en las que aparece la homosexualidad, pero no hemos podido verla realmente en él.

Eso sí me habría gustado mucho verlo.

1. Ilustrar lo que ya parece dibujado.
Lorca llena sus versos de lunas, caballos, flores, naturaleza y símbolos. Para Ilu Ros, el desafío estaba precisamente en no limitarse a reproducir esas imágenes, sino en buscar qué mueve a los personajes y qué historia se esconde detrás de cada romance.

2. Un libro que se mueve como una secuencia de cine.
Las ilustraciones recorren las dobles páginas y construyen una continuidad visual. En Romance del emplazado, por ejemplo, el jinete va inclinándose sobre el caballo hasta derrumbarse y morir.

3. Lorca y la muerte.
Ilu Ros recuerda el miedo que Lorca sentía hacia la muerte y también la manera en que bromeaba con ella. Para la ilustradora, esa presencia constante debe entenderse también desde una época en la que la muerte formaba parte mucho más directamente de la vida cotidiana.

4. Un Romancero gitano que sigue hablando del presente.
La violencia contra las mujeres y los abusos sufridos por grupos marginados son, para Ilu Ros, algunos de los elementos que mantienen la obra conectada con nuestro tiempo.

5. El Lorca que todavía le gustaría dibujar.
Después de haber trabajado tantas veces sobre él, Ilu Ros tiene pendiente una imagen: la de Federico García Lorca enamorado y feliz, viviendo el amor con una libertad que su época no le permitió.

Una mirada distinta a Romancero gitano, el proceso creativo de Ilu Ros, los símbolos de Lorca, la pena negra, la muerte, Preciosa y el aire, Romance sonámbulo, la violencia contra las mujeres, el miedo a leer poesía y el vértigo de ilustrar a uno de los grandes nombres de la literatura española.

Lectores de Federico García Lorca, amantes de la ilustración y quienes quieran regresar a Romancero gitano desde un lugar menos académico y más visual, íntimo y contemporáneo.

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

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