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Ouka Leele & Co: los años ochenta también tenían memoria

La Movida quiso ser nueva, pero siguió hablando con los viejos mitos: Ouka Leele devolvió a Narciso, Atalanta y Pandora a Madrid.

Cuando los dioses salieron de noche por Madrid

Ouka Leele, Ceesepe, El Hortelano, Pérez Villalta y otros artistas de los ochenta regresaron a Narciso, Atalanta, las esfinges o Pandora para construir imágenes que parecían completamente nuevas. Mitologías modernas: Ouka Leele & Co recuerda que hasta la modernidad necesita mirar hacia atrás.

Lo primero que sorprende no es reconocer un nombre. Es comprobar que todo aquello que asociamos a una época empeñada en romper con lo anterior estaba, en realidad, lleno de ecos antiguos. En Alcalá 31 aparecen esfinges, dioses, héroes, cuerpos clásicos y viejas historias que regresan transformadas por el color, la fotografía, la pintura, el cómic, la televisión o la cultura popular. Nada parece solemne. Nada está colocado bajo una campana de cristal. Los mitos han bajado a la calle y, por momentos, parecen haber salido también de noche por Madrid.

En medio de todo eso está Ouka Leele. Y basta detenerse ante Peluquería (maquinilla), de 1979, para entender buena parte de su manera de mirar. Sobre una cabeza aparece una enorme máquina eléctrica donde esperaríamos encontrar pelo. La imagen resulta absurda y, sin embargo, funciona. Quizá porque Ouka Leele tenía esa capacidad: alterar ligeramente las reglas de la realidad hasta que lo imposible terminaba pareciendo natural. No fotografiaba simplemente lo que tenía delante. Lo preparaba, lo intervenía, lo coloreaba, lo convertía en otra cosa. Por eso resulta tan fácil reconocer sus imágenes y tan difícil reducirlas a una técnica. El color importa, claro. También la escenificación. Pero quizá lo verdaderamente reconocible sea esa voluntad de no aceptar el mundo exactamente como viene dado.

Ouka Leele, Peluquería (maquinilla), 1979.

Hay otra obra que explica todavía mejor lo que sucede en esta exposición. En 1987, Ouka Leele llevó su cámara hasta Cibeles para recrear el mito de Atalanta e Hipómenes. Durante la intervención se llegó a cortar el tráfico alrededor de la plaza. Durante unas horas, uno de los lugares más reconocibles de Madrid dejó de ser simplemente una fuente para convertirse en el escenario de una historia narrada siglos antes.

Atalanta había decidido que solo se casaría con quien consiguiera vencerla en una carrera. Era tan rápida que parecía imposible. Hipómenes pidió ayuda a Afrodita y recibió tres manzanas de oro. Las fue arrojando durante la competición. Atalanta se detuvo a recogerlas y perdió. Después vendría el castigo. Los dos amantes acabarían transformados en los leones que tiran del carro de Cibeles. Y entonces sucede algo curioso: una historia que parecía lejana vuelve de golpe al presente. Basta mirar la fuente de otra manera.

Ouka Leele hizo precisamente eso en Rapelle-toi, Bárbara!: no ilustró el mito, lo hizo regresar.

Ouka Leele, Rapelle-toi, Bárbara!, 1987.

Ese gesto recorre buena parte de Mitologías modernas. Los artistas reunidos aquí no miran el pasado con reverencia. Lo utilizan. Narciso vuelve a mirarse. Pandora vuelve a abrir aquello que quizá debería permanecer cerrado. Las esfinges continúan preguntando. Los cuerpos clásicos aparecen mezclados con la publicidad, el cómic, el diseño, el fanzine, la fotografía o el lenguaje de la calle. Y entonces la exposición empieza a desmontar una idea muy asentada: que los años ochenta españoles nacieron únicamente de una necesidad de ruptura. Rompieron muchas cosas, sí. Pero no empezaron de cero.

Ceesepe, El Hortelano, Guillermo Pérez Villalta, Carlos Franco, Sigfrido Martín Begué, Carlos Alcolea, Costus, Patricia Gadea, Dis Berlin o Pablo Sycet acompañan a Ouka Leele en una muestra que reúne más de cien obras. Juntos permiten mirar aquella generación desde otro lugar. No solo estaba la noche. No solo estaba Madrid. No solo estaban la provocación y las ganas de vivir de otra manera. También estaba la historia del arte. Estaban los relatos clásicos. Estaban las imágenes aprendidas mucho antes.

Lo interesante es que todo podía mezclarse. Un dios griego podía convivir con un televisor. Una historia de Ovidio podía reaparecer en una fotografía. Una composición clásica podía terminar convertida en algo irreverente, pop o directamente extraño.


Imagen general del montaje de Mitologías modernas: Ouka Leele & Co en Sala Alcalá 31.

Dentro del montaje, esa convivencia se vuelve especialmente visible. Las esfinges reciben al visitante y, muy cerca, el color rosa rompe cualquier tentación de solemnidad. En otro punto, varios televisores recuperan entrevistas realizadas por Paloma Chamorro en La edad de oro a algunos de los artistas de aquella generación. La esfinge y el tubo catódico. La mitología y la televisión. Cibeles y los años ochenta. No deberían encajar y, sin embargo, encajan.

Porque cada época acaba fabricando sus propias imágenes para hacerse las mismas preguntas.

Quizá por eso no resulta extraño encontrar a Narciso aquí. El personaje que se enamora de su propia imagen lleva siglos regresando a la pintura, a la literatura y a la fotografía. Cambia el espejo. Cambia el cuerpo. Cambia el tiempo. La obsesión permanece. Y pocas figuras parecen tan fáciles de traer hasta nuestro presente.

La exposición no necesita decirlo demasiado alto. Basta comprobar cómo los mitos van apareciendo una y otra vez transformados, deformados o directamente apropiados por artistas que, aparentemente, estaban ocupados en inventar algo completamente distinto. Eso es quizá lo más interesante de Mitologías modernas: descubrir que lo antiguo no siempre vuelve disfrazado de antiguo. A veces llega vestido de rosa. A veces aparece en una fotografía coloreada. A veces entra en televisión. Y otras veces interrumpe el tráfico en Cibeles.

Una obra de otro artista de la exposición, preferiblemente Guillermo Pérez Villalta, Sigfrido Martín Begué o Carlos Franco, en la que aparezca con claridad una referencia mitológica o clásica.

Volver a Peluquería después de recorrer la exposición cambia ligeramente la manera de mirar esa cabeza coronada por una maquinilla. Ya no parece únicamente una imagen divertida o excéntrica. Tiene algo de metamorfosis. Algo cotidiano ha cambiado de naturaleza. Un objeto ha abandonado su función y ha pasado a formar parte de un cuerpo. Lo reconocemos y, al mismo tiempo, sabemos que no debería estar ahí.

Ese desplazamiento mínimo contiene buena parte del universo de Ouka Leele. Sus fotografías parten de algo reconocible y nos llevan a un lugar donde las cosas han dejado de comportarse como esperábamos. Quizá por eso su obra encaja tan bien dentro de una exposición dedicada a los mitos. Porque también los mitos hacen exactamente eso. Toman aquello que conocemos —el deseo, la belleza, la ambición, el miedo, la muerte— y lo convierten en una historia imposible para conseguir que podamos volver a mirarlo.

Los años ochenta hicieron lo mismo.

Cambió el color. Cambió la música. Cambió Madrid.

Pero Narciso seguía delante del espejo.

Y Atalanta todavía corría.

Información

Mitologías modernas: Ouka Leele & Co
Sala Alcalá 31
Calle Alcalá, 31. Madrid

Hasta el 18 de octubre de 2026
Martes a sábado: de 11.00 a 20.30 h
Domingos: de 11.00 a 14.00 h
Lunes cerrado
Entrada gratuita

La exposición está comisariada por Julio Pérez Manzanares y reúne más de cien obras de Ouka Leele y otros artistas vinculados a la escena artística de los años ochenta.

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

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