Thomas Erikson, autor de la exitosa serie Rodeados de, vuelve con Rodeados de Mentirosos, un libro en el que explora en profundidad la psicología de la mentira. En esta obra, Thomas analiza por qué mentimos, cómo afectan nuestras relaciones personales y profesionales, y nos ofrece herramientas para reconocer el engaño en la vida cotidiana. En esta entrevista, Erikson comparte su visión sobre los distintos tipos de mentira, la influencia de la personalidad en nuestro comportamiento y reflexiona sobre la importancia de la honestidad y la autenticidad en un mundo cada vez más digitalizado.
P.—Tomás, tras estudiar perfiles como el de los narcisistas o los idiotas, ¿por qué decidiste enfocarte en la mentira?
R.—Lo que me llamó la atención es que todos mentimos. Aunque parece un tema menos complejo, el hecho de que todos mintamos influye mucho en la dirección del mundo. Tenía este proyecto pendiente desde hace años, y hace año y medio empecé a investigarlo en serio, quedando fascinado. No solo por las mentiras entre parejas, amigos o en el trabajo, sino por el gran impacto que tienen en redes sociales, la sociedad y el mundo en general. El tema se vuelve especialmente preocupante cuando analizamos mentiras en medios de comunicación o incluso en la ciencia, donde rara vez encontramos verdades absolutas.
P.—Señalas que al conocernos podemos decir hasta tres mentiras en cinco minutos. ¿Qué nos revela esto sobre nuestra naturaleza y nuestra necesidad de proyectar una imagen, especialmente en redes sociales?
R.—Exacto, y ese es el problema: mentimos constantemente, sobre todo en la vida digital. Antes pensaba que las personas eran buenas por naturaleza, pero si fuera así, no necesitaríamos enseñar a nuestros hijos a decir la verdad o a no dañar a los demás. La mentira es fácil y muchas veces empieza con nosotros mismos: creemos algo que leemos o escuchamos y lo difundimos sin cuestionarlo.
Todos tenemos máscaras, mostramos lo que creemos que los demás esperan de nosotros. Cuanto más auténticos y conscientes somos de quiénes somos, menos necesitamos mentir. Incluso la mentira más común es la que decimos a diario: responder “estoy bien” cuando en realidad no lo estamos. Esto refleja cómo la proyección de una imagen supera a la sinceridad en nuestra vida cotidiana.
P.—¿Dónde está la línea casi imperceptible entre una mentira piadosa y un engaño que destruye la confianza?
R.—La diferencia clave está en la intención. Las grandes mentiras —como decir que no conoces a alguien que sí conoces o asegurar que llegarás a tiempo cuando no lo harás— son las que realmente minan la confianza.
En cambio, una “mentirijilla” suele tener la intención de proteger las emociones propias o de los demás. Por ejemplo, si alguien estrena una chaqueta y le preguntas tu opinión, quizá no digas que el azul no combina; buscas ser amable y no herir. Otro ejemplo clásico: un niño te da un dibujo y le dices que te gusta aunque no sea perfecto. Aquí, la mentira protege sentimientos y relaciones.

Sin embargo, estas mentiras no siempre son inofensivas. Entre adultos, si alguien presenta un proyecto y decimos que está fantástico solo para no incomodarlo, en realidad no lo estamos ayudando; luego tendremos que corregirlo. La verdad siempre supera a la mentira porque permite confianza y feedback útil.
No es fácil decidir cómo ni cuándo decir la verdad, pero como dice Jordan Peterson: “Todos nos mentimos, pero intento decir toda la verdad que pueda soportar”. Esa frase resume bien la idea de equilibrar honestidad y cuidado emocional.
P.—Voy a plantear tres motivaciones para mentir: protegerse a uno mismo, proteger a otros o obtener beneficios. ¿Cuál considera más peligrosa a largo plazo?
R.—Entre estas tres, mentir para protegerse o proteger a otros tiene un propósito y una intención ética: no dañar. En cambio, mentir para obtener beneficios es lo más peligroso. Eso es manipulación abierta, intentar sacar ventaja injustamente, y me parece moralmente y éticamente reprobable. La honestidad y la confianza son fundamentales: si alguien no puede conseguir las cosas con trabajo, paciencia y confiando en los demás, entonces está cruzando un límite. Actuar así destruye la confianza y hace difícil respetar a esa persona.

P.—En tu sistema de perfiles —rojo, amarillo, verde y azul—, ¿cómo se relacionan estos colores con los distintos tipos de mentira?
R.—Es una excelente pregunta y no es sencilla, porque todos los seres humanos mentimos en algún momento, pero la motivación y el estilo de la mentira varían según el perfil.
- Rojo: tiende a mentir por competitividad. Su objetivo es ganar, ya sea un concurso, un contrato o simplemente superar a un rival. No le importa tanto agradar a los demás; lo que busca es obtener ventaja o estar por delante.
- Amarillo: miente para proyectar una imagen que sea apreciada. Aquí la motivación es más emocional: quiere gustar, ser reconocido o valorado. No necesariamente con fines narcisistas extremos, pero sí con el deseo de generar aprobación.
- Verde: miente para evitar conflictos y cambios. La armonía es su prioridad, así que sus mentiras suelen ser “blandas”, orientadas a que las cosas sigan estables y sin fricciones.
- Azul: probablemente son los que menos mienten. Están muy apegados a los hechos, a los detalles y a la evidencia. Su compromiso con la verdad los hace muy confiables. Podrían mentir solo para protegerse si cometen un error, pero en general buscan ser precisos y auténticos. Por ejemplo, si discutes un tema científico, un azul probablemente te mostrará pruebas o estudios en lugar de dar una opinión vaga o manipulada.
En resumen, todos pueden mentir, pero la forma en que lo hacen y la intención detrás de la mentira dependen mucho del perfil. Los rojos buscan ventaja, los amarillos aprobación, los verdes armonía y los azules exactitud y verdad. Esto ayuda a entender no solo la frecuencia de la mentira, sino también su motivación y el contexto en que aparece.
P.—Para terminar, Tomás, dos preguntas rápidas: una, ¿qué color de mentiroso dirías que eres tú, considerando que todos mentimos? Y dos, ¿crees que en algún momento estaremos rodeados de emociones o características humanas positivas que no sean idiotas, mentirosos o narcisistas?

R.—Es una pregunta que me hacen mucho los periodistas: “¿Cuándo fue la última vez que mentiste?” Pues, esta misma mañana. Le dije a alguien que había metido la pata: “No te preocupes, no pasa nada”, para mantener la armonía. Esa es una mentira pequeña, una mentirijilla, y es muy típica de personas con perfil verde. Curiosamente, el verde es el único color que no está en mi propia personalidad.
Sobre estar rodeados de características positivas, sí, estoy trabajando en un proyecto relacionado, aunque todavía no puedo dar detalles. Lo que sí es evidente es que lo negativo nos impacta más que lo positivo, y por eso en los medios vemos más noticias de guerra, desgracias o problemas. Es un reflejo de la naturaleza humana: lo negativo vende y nos afecta más.
Así que, aunque la negatividad domine titulares y percepciones, hay espacio para lo positivo; solo que a veces es más difícil de percibir. El proyecto que menciono buscará explorar justamente eso.
Entrevista: Rosa Sánchez de la Vega
