Juan Tranche presenta Innocentia: «La sociedad romana en cuanto a impunidad no es muy diferente a la de hoy en día»

"...quiero que mis hijas caminen tranquilas por la calle sin miedo y que tengan las mismas oportunidades y sueldos que los hombres.

El escritor Juan Tranche conversa con Rosa Pasa Página sobre Innocentia, su nueva novela publicada por Planeta, en la que convierte la antigua Roma en el escenario de un thriller sobre la corrupción, el miedo y la lucha contra la impunidad.

Con Innocentia, publicada por Planeta, Juan Tranche regresa al universo de la antigua Roma con un thriller histórico que combina investigación, corrupción, poder y una reflexión muy actual sobre la violencia contra las mujeres y la impunidad. Tras el éxito de Gladiadoras, el autor vuelve a demostrar su capacidad para convertir episodios de la historia romana en un espejo de los problemas que siguen presentes en nuestra sociedad.

En esta entrevista para Rosa Pasa Página, Juan Tranche nos habla del proceso de documentación de la novela, de la construcción de personajes como Marcelo Tauro y Domicia, del papel de las mujeres en la antigua Roma y de cómo el miedo, la corrupción y el abuso de poder siguen siendo temas profundamente contemporáneos.

Hay épocas que creemos enterradas bajo siglos de historia, pero siguen respirando bajo nuestros pies. Cambian los nombres, las ciudades y los rostros del poder, pero el miedo, la ambición, el silencio y la impunidad sobreviven. Quizá por eso algunas historias ambientadas en el pasado terminan hablando con inquietante precisión del presente. Entre las ruinas de los imperios, quedan preguntas sobre quién dice qué vidas importan, quién se beneficia del silencio y cuánto cuesta enfrentarse a una verdad que nadie quiere escuchar.


El origen de Innocentia: cuando el miedo se convierte en el punto de partida de una historia

P. El miedo es el gran hilo conductor de este thriller. ¿Nace la historia de la necesidad de explorar cómo se gestionaría en la antigua Roma un temor tan actual como el de que les pase algo a los hijos?

R. La verdad es que no me imagino escribiendo sobre otra cosa que no sea la historia romana. Con mis anteriores novelas ya había tocado el mundo de los gladiadores y gladiadoras, que fue como empecé a observar y a analizar esa sociedad. En esta ocasión quería hacer algo diferente: escribir un thriller actual y vertiginoso, de los que hoy en día tanto nos enganchan, pero llevándomelo a la antigua Roma. Quería explorar cómo se gestionaría entonces un miedo que hoy sigue muy vivo: el temor a que les pase algo a las personas que más queremos —en mi caso, a mis dos hijas—. El miedo es uno de los grandes temas de la novela; no solo el de las niñas secuestradas o el de los investigadores, sino incluso el del propio asesino. Al final, la vida es un miedo constante.

P. La novela arranca con una imagen muy poderosa: varias niñas desaparecen y la reacción institucional es el silencio. Ver lo que ocurre y callar. ¿Nace la historia de la idea de que hay crímenes que solo existen porque se decide no verlos? ¿La primera violencia es la propia indiferencia?

R. Exacto. Quiero que el lector haga el ejercicio de ponerse en la situación de esas personas. Es muy fácil decir: «Si secuestran a mi hija, hago lo que sea», pero ¿y si te amenazan con hacer daño al resto de tu familia? Ahí surge un dilema moral e intento que el lector tome partido sobre qué haría en esa encrucijada. Además, hay que entender que hace 2000 años no existía la policía ni un grupo de homicidios; gran parte de la justicia se tomaba por mano propia y no siempre se investigaba. Pero Marcelo Tauro sufre esta violencia de cerca y se vuelca por completo en el caso.


Marcelo Tauro y Domicia: dos protagonistas unidos por la búsqueda de la justicia

P. ¿Te interesaba mostrar que la justicia no se activa por principio, sino cuando el daño rompe el círculo de los privilegiados? Porque a Tauro también le toca por estatus.

R. Sí, y surge de la forma más inverosímil: Tauro busca a la sobrina de su fiel compañero de armas de la Legión. El personaje de Marcelo Tauro existió de verdad; siempre busco historias reales para luego novelarlas y entretener, que es el objetivo principal. En esa época tan militar, se creaban lazos indestructibles dentro de los contubernios (grupos de ocho legionarios que cocinaban y se protegían juntos). Tauro tiene un sentido del honor y de la lealtad que hoy en día se ha perdido un poco; es lo que los romanos llamaban el vir bonus: un hombre confiable que hace justo lo que se espera de él. Él pone la fuerza, pero necesitábamos una mente sagaz, y esa es Domicia. Ella investiga realmente qué ocurre con las niñas. Él mismo se lo dice: «Yo pongo la fuerza, tú pones la inteligencia».

P. Has nombrado a Domicia. Me gusta cómo muestras la inteligencia femenina, logrando que no aparezca como un simple acompañamiento, sino como el verdadero motor narrativo de la investigación.

R. Es que en la antigua Roma funcionaba así. El tiempo ha silenciado a muchas mujeres de la antigüedad, pero estaban ahí. Tenemos a Julia Mesa, hermana de Julia Domna, la mujer que realmente gobernaba y decidía quién se sentaba en el trono del imperio (primero Heliogábalo y luego Alejandro Severo). Fue la primera senadora de la historia. O Livia, la mujer de Augusto, y Agripina la menor, madre de Nerón. Las fuentes nos dicen que en los consejos familiares y en las conversaciones de alcoba eran las mujeres las que aconsejaban y guiaban a sus maridos. Yo quería que Domicia representara a esa mujer astuta, inteligente y con principios romanos muy marcados. De hecho, le echa en cara a Tauro que él solo se preocupe por la sobrina de su amigo, mientras que a ella le preocupan todas las niñas. Me lo he pasado genial con este dúo, y con el pequeño Dentatus, que rebaja la tensión pero tiene mucho protagonismo.


La pérdida de la inocencia y la violencia contra las mujeres

P. En Inocencia varias niñas desaparecen y se juega con ese concepto. ¿Cómo has podido escribir sobre la pérdida de la inocencia y el sufrimiento de esas niñas sin convertirlo en un espectáculo morboso?

R. Ha sido lo más difícil: no caer en el morbo. Cuando había que remangarse y exponer la situación, me empapé bien, pero preferí centrarme en el recorrido de la investigación y en qué pasa con ellas. El mito fundacional de Roma ya es un hermano matando a otro (Rómulo a Remo), por lo que la violencia era intrínseca a su sociedad. Quería narrar las escenas con crudeza porque no me las imagino de otra forma, pero sin regodearme.

P. Yo creo que hay que contarlas tal cual, el lector tiene que saber lo que hay y que existe el peligro, pero sin caer en el morbo, que es lo que has hecho. Al final, la realidad es la que es, y especialmente para las mujeres.

R. Sí, porque ser mujer a lo largo de la historia nunca ha sido fácil. Incluso hoy en día existen esos miedos. Yo, como padre, voy a buscar a mi hija a donde sea para que no vuelva sola por la calle. Desgraciadamente, el miedo de las mujeres a que les pase algo ocurre hoy, ocurría hace 100 años y ocurría 200 años después de ahora.


Corrupción, poder e impunidad: el verdadero enemigo

P. Hay una idea muy incómoda que atraviesa toda la novela: para que exista una red de explotación de este calibre no bastan los criminales; hacen falta cómplices, silencios institucionales y personas que obtengan un beneficio. ¿Era importante mostrar toda la cadena de responsabilidades del sistema?

R. Para mí era la base de la novela: la indiferencia de los que están obligados a defenderlas. Quería narrar la corrupción de la época, cómo las élites se tapaban unas a otras por intereses dinásticos o matrimoniales, sintiéndose impunes por encima de todo. Hasta que llega alguien como Tauro o Domicia a ponerlo todo patas arriba. La sociedad romana en cuanto a impunidad no es muy diferente a la de hoy en día. Al final, la novela no deja de ser un espejo de nuestra sociedad.

P. Pero las víctimas no son iguales según su estatus.

R. No, eso está claro. Ya lo vimos en Gladiadoras: según tu condición social o tu apellido, se investigaba más o menos. No es lo mismo una víctima de clase patricia que una de clase humilde. Si toca de cerca a alguien con estatus, la justicia se mueve de otra forma.

P. De hecho, en nuestro presente también existe esa queja de que según quién sea la víctima se investiga más o menos.

R. Totalmente, es un patrón que tristemente se repite.

P. Hablemos de personajes como Orbiana o Foedus. Ellos representan la violencia más visible y son muy inquietantes, pero suelen conservar las manos limpias. ¿Te interesan más quienes ejecutan el horror o los poderosos que lo hacen posible desde la sombra?

R. Es una buena pregunta. Estos grandes mandos siempre necesitaban a sus secuaces, aprovechándose de sus odios. El gobernador Aurelio Caricio, por ejemplo, utiliza el odio visceral de Orbiana hacia las niñas de clase alta en su propio beneficio para tenerla controlada. Quería humanizar a estos secuestradores sin escrúpulos porque, por muy malos que sean, tienen sentimientos. El lector descubrirá de dónde nace el odio de ella.

P. ¿Cuál es el punto débil de Orbiana?

R. Su propio hijo, absolutamente. El gobernador Aurelio Caricio se aprovecha de ese único punto débil para manipularla y tenerla controlada. Quería humanizarla de alguna forma: por muy mala que sea, comparte ese miedo tan real de cualquier madre. El sistema utiliza los sentimientos de la gente, incluso de los criminales, para tejer sus alianzas de poder.

P. Según avanza la novela, queda la sensación de que el problema no es solo de los criminales, sino del sistema que los protege. ¿Te interesa mostrar cómo el poder convierte la injusticia en algo normal?

R. Exacto. La injusticia se normaliza para que los poderosos consigan lo que anhelan. El secuestro de las niñas es una excusa para conseguir un fin mayor a través de una red de alianzas. Los lectores descubrirán a lo largo de las páginas las causas reales de por qué se ensañan con las niñas y no con otra cosa.


El miedo como herramienta de control y la esperanza frente a la violencia

P. Decíamos que el miedo (de las familias, las víctimas y los testigos recorre el libro. El miedo es, en realidad, una herramienta para ejercer la violencia.

R. Sí, de hecho la novela nace de ahí. Cualquiera escribe en base a sus miedos, y mi mayor temor es que les pase algo a mis hijas. Quería plasmar ese techo de cristal que es el miedo en todos y cada uno de los personajes, incluidos los villanos.

P. Siendo una novela tan oscura, sorprende que quede espacio para la lealtad, el afecto y la esperanza. ¿Necesitabas esos vínculos para equilibrar la mirada sobre la condición humana?

R. Claro, por eso creé a tres investigadores tan distintos. Tauro refleja la lealtad y la justicia inmediata; Domicia va más allá y busca una justicia estructural para que no vuelva a repetirse; y el niño Dentatus (cuyo nombre real es Expositus, pero ya sabemos cómo les gustaba poner motes a los romanos) aporta la mirada inocente. Él admira al héroe y, al final, termina haciendo mucho más por Tauro que Tauro por él. Necesitaba esos tres hilos conductores para equilibrar la balanza.

P. Sobre la cosificación de las mujeres, muestras el horror pero también algo que siempre ha existido: la capacidad de unión y defensa de las propias víctimas. Ese círculo físico y de apoyo mutuo se ve entre las niñas.

R. Ese horror compartido obliga a personajes como Elia o Fabia a unirse para buscar una vía de escape. Quería reflejar que en una situación tan extrema (niñas encerradas en una habitación oscura temiendo morir en cualquier momento), la solidaridad las mantiene en pie. Pasaba hace 2000 años y pasa hoy en día.

P. Y todo eso lo provoca el ansia de poder.

R. Sin duda. El poder busca someter a una persona y destruir su capacidad de lucha. En psicología se llama «indefensión aprendida»: anular la esperanza del otro para hacerle ver que está totalmente en tus manos y que no puede rebelarse. Se hacía en Roma, se ha hecho en los grandes conflictos de la humanidad y se sigue haciendo hoy porque el ser humano es capaz de cualquier cosa sin escrúpulos por obtener poder. No vamos a cambiar.


La antigua Roma como reflejo de nuestra sociedad

P. Presentas una Roma que es culta pero al mismo tiempo bárbara y brutal en sus jerarquías. Esa contradicción te sirve perfectamente para retratar nuestro presente.

R. Todos pensamos en una Roma idealizada de mármol, pero el 98% de la población no asistía a banquetes ni eran senadores. Eran ciudadanos normales a los que les costaba la misma vida conseguir comida para el día. La vida en la antigua Roma era durísima; yo no iría allí ni loco, no sobreviviría ni un día. Era una Roma peligrosa donde se decía que si salías de noche de tu casa sin haber hecho testamento, eras un insensato. Había miles de esclavos cuya única meta era sobrevivir y esperar que su domine les otorgara la manumisión. A mí me interesa la Roma del día a día: qué comían los artesanos, cómo se organizaban en patrullas vecinales contra los robos. Me fascina mucho más eso que los grandes vestivios del imperio.

P. Detrás de la fachada impecable de los poderosos se escondía una disolución moral total, algo muy parecido a lo que vemos hoy detrás de la pantalla con muchos políticos o figuras públicas.

R. Si hay una sociedad del pasado a la que nos parecemos, es la romana. Tras la caída del imperio llegó el feudalismo, pero en Roma había un senado como nuestra política actual y un sistema judicial que hemos heredado directamente a través del derecho romano. Está todo reflejado: la corrupción, los espectáculos de masas (el anfiteatro, el circo) que hoy vemos clonados en nuestra sociedad. Por eso nos sentimos tan identificados al leer sobre ellos.

P. Hoy vivimos en una sociedad hiperconectada donde aparentemente todo se sabe. ¿Somos realmente mejores enfrentándonos a las injustices o simplemente preferimos mirar para otro lado como hacían los que callaban en Roma?

R. Afortunadamente, lo que tenemos hoy es un sistema de derecho que nos impide tomarnos la justicia por nuestra mano. En la novela vemos actos terribles y todos querríamos hacer lo que hace Tauro, pero hoy existen las leyes y los jueces para poner fin a este tipo de crímenes que, por desgracia, siguen llenando los informativos cada vez que abrimos las noticias.

P. ¿Qué es lo que más miedo te da de Inocencia? ¿Lo que cuenta sobre la antigua Roma o lo que revela sobre nosotros mismos?

R. Lo que cuenta sobre nosotros. El gran miedo es lo que el ser humano actual sigue estando dispuesto a hacer en el mundo empresarial o en el día a día sin escrúpulos con tal de obtener un fin. Somos capaces de cualquier cosa, incluso de matar, por ambición. Es un patrón que se repite a lo largo de los tiempos.


La infancia, el papel de la mujer y la mirada personal de Juan Tranche

P. Defíneme el concepto de «inocencia» en el contexto de la novela. ¿Hasta cuándo se le permitía a un niño ser niño en el Imperio Romano?

R. En la época romana, la infancia terminaba muy pronto. Investigando para el libro, una de las cosas que más repugnancia y sorpresa me causó fue encontrar la lápida real de una niña romana de nueve años que murió dando a luz. Por estas lealtades y lazos de poder, los padres pactaban matrimonios de sus hijas con hombres de 40 o 50 años. Legalmente no podían casarse hasta los 13 o 14 años, pero la ley permitía que la niña conviviera ya en la casa del hombre para «acostumbrarse», y muchos hombres adultos se aprovechaban de ello. Decidí no incluir esta trama específica en la novela para no caer en el morbo excesivo, pero nos demuestra lo cruel que era la antigua Roma y cómo el papel de la mujer estaba trágicamente reducido a traer hijos al mundo.

P. Como padre de dos hijas, ¿ha cambiado tu sensibilidad a la hora de abordar la violencia histórica contra las mujeres? Tu mirada ahora debe ser muy diferente.

R. Absolutamente, mi vida cambió por completo cuando nacieron mis dos hijas y tengo otra mirada. No me considero una persona machista, a pesar de haberme criado en una sociedad donde la generación de nuestros abuelos lo era profundamente (en mi casa me decían que un hombre no podía levantarse a recoger la mesa). Bastante hemos avanzado los hombres, pero tener hijas te hace exigir una justicia real: quiero que caminen tranquilas por la calle sin miedo y que tengan las mismas oportunidades y sueldos que los hombres. Si eso es ser feminista, entonces sí, soy feminista porque lo considero de justicia. Con mi anterior novela (Gladiadoras) me criticaron e insultaron muchísimo en redes sociales, perfiles falsos de hombres y mujeres, por poner en valor a la mujer en la historia, pero me da exactamente igual. No hay que entrar al trapo. Lo único que espero es que el día de mañana hombres y mujeres puedan caminar por la calle en igualdad de condiciones, libres de los miedos del pasado, del presente y del futuro.

Las claves de la conversación

Innocentia nació del deseo de Juan Tranche de escribir un thriller contemporáneo ambientado en la antigua Roma.

✔ La novela utiliza la desaparición de varias niñas para reflexionar sobre la corrupción, la impunidad y los silencios del poder.

✔ Marcelo Tauro y Domicia representan dos formas diferentes de entender la justicia: la fuerza y la inteligencia.

✔ El autor considera que la sociedad romana y la actual comparten mecanismos muy parecidos de corrupción e intereses políticos.

✔ Como padre de dos hijas, Juan Tranche reconoce que esa experiencia ha cambiado profundamente su manera de escribir sobre la violencia contra las mujeres.

«La sociedad romana en cuanto a impunidad no es muy diferente a la de hoy en día.»

📖 La novela en un vistazo

Título: Innocentia

Autor: Juan Tranche

Editorial: Planeta @editorialplaneta

Género: Thriller histórico

Ambientación: Antigua Roma

📚 ¿Qué encontrarás en Innocentia?

Si te apasionan las novelas históricas con ritmo de thriller, Innocentia reúne algunos de los elementos más atractivos del género:

✔ Una investigación criminal ambientada en la antigua Roma.

✔ Personajes inspirados en hechos y figuras históricas.

✔ Una trama donde la corrupción y el poder son protagonistas.

✔ Una mirada crítica sobre la violencia contra las mujeres.

✔ Una novela que demuestra cómo el pasado sigue dialogando con nuestro presente.



¿Crees que la corrupción y la impunidad son problemas exclusivos de la antigua Roma o siguen formando parte de nuestra sociedad? Te leemos en los comentarios.


📌 Cinco curiosidades que descubrimos hablando con Juan Tranche

  • El origen de Innocentia nace de un miedo muy personal: el que siente como padre de dos hijas.
  • Marcelo Tauro está inspirado en un personaje histórico real.
  • Domicia representa a las mujeres cuya influencia fue silenciada por la historia.
  • Juan Tranche considera que la corrupción de la antigua Roma sigue teniendo muchos paralelismos con la sociedad actual.
  • El autor reconoce que convertirse en padre cambió completamente su manera de escribir sobre la violencia contra las mujeres.

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