Entre el silencio frío de Islandia y las zonas oscuras de la mente humana, la novela negra se convierte en un espacio donde lo cotidiano se quiebra sin aviso y el pasado nunca termina de desaparecer. Una cápsula del tiempo, una promesa aplazada o un recuerdo enterrado pueden acabar conectando años después con consecuencias inesperadas, transformando lo que parecía inocente en algo inquietante.
Yrsa Sigurðardóttir lleva años demostrando que los crímenes más perturbadores no nacen solo de la violencia, sino también de aquello que el tiempo deja sin resolver. Convertida en una de las voces más reconocidas del noir nórdico, la autora islandesa vuelve a reunir al detective Huldar y a la psicóloga infantil Freyja en El castigo, una novela que parte de un gesto propio de la infancia para construir un thriller donde la culpa, la memoria y el deseo de justicia avanzan de la mano. Porque, a veces, lo más peligroso no es aquello que olvidamos, sino lo que termina regresando.
Hablamos con Yrsa Sigurðardóttir sobre la infancia, la memoria, la culpa, la justicia y la manera en que el suspense puede revelar las zonas más oscuras de la condición humana.
Cuando un juego infantil acaba convirtiéndose en una condena
P. En El castigo hay una acción infantil que acaba teniendo consecuencias criminales años después. ¿Qué le atrae de ese contraste entre la inocencia original y el resultado final?
R. Yo creo que los asesinatos y todos los delitos más serios son terribles, pero tal vez lo son aún más cuando involucran a niños. Los autores y las autoras generamos nuestro propio mundo, donde cada acto terrible es castigado. Esto no sucede siempre en la vida real, pero yo he querido que sea así en mis libros, en mi mundo.
P. Parte de una idea aparentemente inocente, como es una cápsula del tiempo infantil. Creo que muchos recordamos haber enterrado algo durante la infancia con la ilusión de que alguien lo descubriría algún día. ¿Le interesaba más esa nostalgia del pasado o la facilidad con la que ese pasado puede deformarse con el tiempo?
R. Un poco de ambas cosas. En realidad, le regalé una cápsula del tiempo a mi sobrino por Navidad y me surgió esa pregunta: ¿alguien abre alguna vez estas cápsulas del tiempo? ¿Qué pasa con esos contenidos? ¿Alguien los descubre?
Me pareció una idea magnífica para llevar algo del pasado hasta el presente y, en ese sentido, se convirtió en un buen vehículo para la historia.

La amenaza también puede crecer con el paso del tiempo
P. La amenaza de la historia se extiende durante diez años. ¿Qué tipo de tensión solo puede existir cuando el crimen no ocurre de inmediato, sino que parece estar esperando?
R. Sí, sin lugar a dudas. Yo creo que ese es un elemento típico del thriller. En una novela negra tradicional, por lo general, la historia se inicia con un delito, un crimen o un asesinato. Luego se van desgranando las motivaciones y se llega al final del libro, a la resolución.
En un libro como el mío, en cambio, al principio todo está bien. Luego algo pasa, o va a pasar. Surgen todas esas preguntas y la tensión va aumentando hasta llegar al desenlace. Es un elemento mucho más típico del género del thriller y creo que engancha mucho más a los lectores y a las lectoras.
El castigo también puede llegar años después
P. Quizá ese mismo efecto también se consigue con el castigo, que no es inmediato, sino diferido. ¿Cambia eso la forma en que el lector percibe la responsabilidad del culpable?
R. Sí. Yo creo que todas las personas, o todos los seres humanos decentes, queremos que los delitos más terribles, o todos los delitos, reciban su merecido castigo. Este no es el caso en la vida real. Por eso creo que produce bastante satisfacción leer una historia donde, aunque tome un tiempo, al final se haga justicia.
Una carta puede convertir el futuro en una amenaza
P. Hay una carta que anuncia muertes —sin desvelar nada importante de la trama— e introduce la idea de que el destino está escrito. ¿Buscaba esa sensación de determinismo o de manipulación deliberada detrás del plan?
R. Sí, sin lugar a dudas. Yo creo que también es la herramienta para que tanto los lectores como la policía sepan que algo va a suceder. Al principio no se presta demasiada atención a esa carta, porque parece escrita por un niño pequeño. Pero, una vez que se produce el primer asesinato, se crea una situación de tensión que va in crescendo, en la que nos preguntamos constantemente si todas esas personas van a terminar siendo asesinadas o si la policía logrará detener al responsable.
Al final, esa carta se convierte en una especie de lista de deseos del asesino. Y la pregunta que recorre todo el libro es: ¿podrá cumplir esa lista de deseos?
Escribir también consiste en poner a prueba a los personajes
P. Hablando de deseos de asesinos y de listas, ¿qué parte disfruta más a la hora de escribir?
R. Hay muchas partes del proceso que me gustan. En realidad, escribir es como una montaña rusa. Hay momentos en los que estoy muy contenta porque creo que he dado con un giro muy bueno y otros en los que estoy muy descontenta. Siempre llega ese momento en el que pienso: «Lo que he escrito es malísimo». Entonces tengo que adoptar una perspectiva muy crítica y buscar soluciones a los problemas que identifico.
Pero tal vez la parte que más disfruto sea describir la atmósfera que conduce a esa tensión. También me gusta escribir las escenas de venganza. Y, además, disfruto haciéndole la vida muy difícil a Huldar. Me gusta jugar con él y ponerle las cosas muy difíciles.

Las grietas personales también ayudan a comprender el crimen
P. Precisamente quería hablar de Huldar y de la psicóloga Freyja. Aparecieron en El grito. ¿Cómo evolucionan ambos personajes en esta nueva novela? Primero por separado y luego en conjunto, porque Huldar vuelve a atravesar un momento de debilidad profesional y no sé hasta qué punto eso va a influir en la investigación.
R. En cuanto a Freyja, es una mujer con mucha ambición profesional. Le encanta su trabajo y desea ascender dentro de la Casa de los Niños, esta institución gubernamental que se ocupa de los niños víctimas de abusos.
Por su parte, la relación de Huldar con Freyja no está pasando por su mejor momento. Él es un personaje que no tiene demasiada ambición profesional.
Hay algo que ambos tienen en común en esta segunda entrega: los dos se encuentran en un escalafón inferior dentro de sus respectivas carreras. Y, desde el punto de vista personal, Huldar se ha dado cuenta de que las historias de una noche no son, digamos, lo ideal para él. Lo que ocurre es que esa toma de conciencia le llega un poco tarde.
Freyja, por su parte, tratará de recomponer su reputación profesional y, en el plano personal, buscará un compañero mucho más asentado que Huldar. Así que su relación pasará por varios vaivenes.
P. ¿Diría que sus propias grietas personales mejoran su capacidad para entender el crimen o la complican todavía más?
R. Yo diría que sí, que probablemente esas grietas personales ayuden. Las personas más imperfectas tal vez tengan una comprensión más cabal de lo que implica un delito. Así que, probablemente, las grietas ayudan.
Islandia también es un personaje de la historia
P. Islandia suele aparecer como un entorno frío y aislado. ¿Ese silencio y ese aislamiento son aliados del misterio o reflejan el estado interno de los propios personajes?
R. Yo creo que forman parte de la ambientación y del escenario. También forman parte del día a día de todas las personas de mi país. Elementos como la naturaleza, el clima o incluso el propio constructo social.
Con esto me refiero, por ejemplo, a una ciudad como Reikiavik. Es una ciudad bastante grande en términos islandeses, pero mantiene esa sensación propia de los lugares pequeños. Las relaciones personales son mucho más cercanas y los grados de separación entre unas personas y otras son mucho menores que en otras ciudades.
Si escribiera estas historias en una ambientación distinta, la dinámica sería completamente diferente. Tal vez no conozcas personalmente a una persona, pero sí conoces a alguien que la conoce o que está emparentado con ella.
El castigo no siempre equivale a la justicia
P. ¿Diría que castigo es igual a justicia?
R. Yo creo que es lo único que tenemos. Claramente, el castigo no es la justicia, pero es el único vehículo que tenemos para hacer justicia.
Por ejemplo, en Islandia, si una persona comete un asesinato, probablemente será condenada a dieciséis años de prisión y, por buena conducta, podrá salir a los doce.
¿Eso equivale a la justicia? No, realmente no. La persona asesinada seguirá muerta y sus seres queridos seguirán echándola de menos.
Entonces, ¿cuál es la mejor opción? ¿Ejecutar a los responsables? Sin lugar a dudas, no.
Así que no es justicia, pero es un poco lo único que tenemos.
Resolver un crimen no siempre significa cerrar una herida
P. La resolución del caso no siempre coincide con una resolución emocional completa. ¿Le interesa esa separación entre el cierre policial y el cierre psicológico?
R. Sí. Yo creo que el cierre emocional es muy importante en la novela negra. A mí me gusta leer mucha novela negra y, si solo nos interesara el proceso policial o el proceso judicial, leeríamos únicamente los periódicos.
Los libros, en cambio, nos dan acceso a las motivaciones de las personas, a la lógica que siguen y al impacto que tienen ese tipo de sucesos.
Se trata de delitos imaginarios, pero nos ofrecen mucha más información sobre esa otra parte que, realmente, es la que nos interesa como lectores y lectoras.
La infancia nunca deja de formar parte de quienes somos
P. Para terminar, ¿somos lo que fuimos durante la infancia, lo que recordamos o aquello que hacen que recordemos? Y hay otra cuestión que me llama la atención: el propio título, El castigo, parece remitir también a la infancia, porque cuando un niño hace algo mal se le dice que será castigado. ¿Había esa intención detrás del título?
R. En cuanto a la primera pregunta, yo creo que nuestra memoria funciona de una manera curiosa, porque se remite a la última vez que recordamos un suceso en particular.
Al final, lo que somos es un constructo formado por una combinación de nuestra naturaleza, de nuestro ADN y de nuestra crianza. En ese sentido, los sucesos que experimentamos a lo largo de la vida pueden tener un impacto todavía mayor que nuestra propia naturaleza.
Si hablo de mis recuerdos de infancia, creo que tienen mucho que ver con las fotografías que conservo, porque son las que fijan determinados sucesos en nuestra memoria. Y también influye el factor que tú mencionas: los padres, cuando estimulan ciertos recuerdos diciendo: «¿No te acuerdas de aquella vez que hiciste tal cosa?». Eso también contribuye a fijarlos.
En líneas generales tengo bastante mala memoria de mi infancia, pero, claramente, los acontecimientos que recuerdo son los más traumáticos, aquellos que tienen una carga emocional más grande.
Y sí, creo que tienes mucha razón. Hay una intención. El castigo no es el título original y me hubiera gustado saber suficiente español como para establecer esa relación, porque me parece un gran título. Claramente tiene que ver con la infancia.
Yo creo que los niños necesitan una indicación del camino ético que tienen que recorrer, y eso llega a través del castigo y también de la charla.
Por mi generación, no entiendo a esos padres jóvenes que nunca pueden decir que no a sus hijos y que no les ponen límites. Me parece que los límites son fundamentales, porque todos en la vida tenemos que seguir unas reglas y, sin límites, es algo que nos cuesta entender.
La venganza nunca deja nada bueno; la felicidad vive en las cosas pequeñas
P. Hablando de venganzas y de emociones, termino con una pregunta más personal. ¿Cuál diría que es su peor emoción y cuál es la mejor?
R. Yo creo que la peor emoción probablemente sea la venganza, que es lo que aparece cuando estás realmente enfadado con alguien. No sucede muy a menudo, pero me parece la peor emoción porque nunca trae nada bueno. Nunca genera ninguna idea positiva.
Al final tienes que convencerte de que debes olvidarlo, seguir adelante o incluso perdonar a esa persona. Nunca sale nada bueno de esa emoción, de ese deseo de venganza.
La mejor emoción, en cambio, creo que es la felicidad que encontramos en las cosas pequeñas: en los momentos que pasamos con los niños, con mi marido y con las personas a las que queremos. Yo creo que esa es la mejor emoción.
Cinco ideas que encontrarás en esta entrevista
- Cómo una cápsula del tiempo se convierte en el origen de una investigación criminal.
- La importancia de la infancia y los recuerdos en la construcción de nuestra identidad.
- La diferencia entre castigo y justicia.
- La evolución de Huldar y Freyja como protagonistas de la serie.
- La forma en que Yrsa Sigurðardóttir construye la tensión en sus thrillers.
Encontrarás…
Una conversación sobre novela negra nórdica, memoria, infancia, culpa, justicia, venganza y la construcción del suspense a propósito de El castigo, la nueva investigación protagonizada por Huldar y Freyja.
Ideal para…
- Lectores de novela negra nórdica.
- Seguidores de Yrsa Sigurðardóttir.
- Amantes del thriller psicológico.
- Quienes disfrutan de investigaciones criminales con profundidad emocional.
- Lectores de autores como Jo Nesbø, Camilla Läckberg o Arnaldur Indriðason.
Ficha del libro
Título: El castigo
Autora: Yrsa Sigurðardóttir
Editorial: Destino
Género: Novela negra / Thriller nórdico
Pregunta al lector
¿Crees que el pasado determina quiénes somos o siempre existe la posibilidad de escapar de aquello que vivimos durante la infancia?
