75 años de la memoria de un premio y del futuro de la literatura

Setenta y cinco años después, el Premio Planeta sigue reivindicando el poder de los libros para transformar vidas.

Bajo la bóveda de cristal del Palacio de Cibeles, el universo Planeta se reunió anoche para celebrar sus 75 años de historia. Madrid, todavía envuelta en el ambiente de la Feria del Libro, acogió el primero de los actos conmemorativos de una efeméride que trasciende lo editorial para adentrarse en el terreno de la memoria cultural española. Más de seiscientas personas participaron en una velada que reunió a escritores, periodistas, editores, empresarios y representantes institucionales en torno a uno de los galardones literarios más influyentes del ámbito hispanohablante.

La sensación al atravesar la Galería de Cristal era la de asistir a una gran reunión familiar. No solo por la presencia de autores que han marcado las letras españolas de las últimas décadas, sino porque el aniversario invitaba a mirar atrás y recorrer una historia compartida por varias generaciones de lectores. Juan del Val, Sonsoles Ónega, Carmen Posadas, Espido Freire, Dolores Redondo, Eduardo Mendoza, Javier Sierra, Santiago Posteguillo, Eva García Sáenz de Urturi o Paloma Sánchez-Garnica fueron algunos de los escritores que quisieron acompañar una celebración en la que el verdadero protagonista era el propio Premio Planeta.

Entre los invitados se encontraban también numerosos representantes de los medios de comunicación. Periodistas, comunicadores y presentadores compartieron espacio con escritores, editores y responsables institucionales en una celebración que puso de manifiesto la estrecha relación que el Premio Planeta ha mantenido a lo largo de su historia con el mundo de la información y la divulgación cultural. La presencia de profesionales procedentes de distintos ámbitos de la comunicación contribuyó a reforzar el carácter transversal de una convocatoria que fue mucho más allá del ámbito estrictamente literario.

Más allá de la fotografía de familia, la noche estuvo marcada por las reflexiones sobre lo que significa formar parte de una historia literaria que comenzó en 1952 y que continúa escribiéndose cada otoño.

Javier Sierra, ganador del Premio Planeta en 2017 por El fuego invisible, resumió con una imagen especialmente reveladora la relación que muchos autores mantienen con el galardón. Tras recordar que una de sus novelas giraba en torno a la búsqueda del Santo Grial, confesó que, de algún modo, su auténtico Grial había terminado siendo el propio Premio Planeta. Una metáfora que reflejaba la importancia simbólica que sigue teniendo este reconocimiento incluso para escritores con una sólida trayectoria.

Eduardo Mendoza aportó una de las intervenciones más celebradas de la noche al comparar la experiencia de ganar el premio con el momento en que Alicia atraviesa el espejo y descubre un mundo nuevo. Con el humor y la inteligencia que caracterizan su obra, evocó aquel salto a una dimensión donde la literatura convive con una enorme proyección pública y donde los libros encuentran lectores a una escala difícilmente imaginable por otras vías.

Dolores Redondo, por su parte, puso el foco en una cuestión menos visible, pero quizá más importante. Para la autora, el verdadero valor del premio no reside únicamente en el reconocimiento o en la repercusión inmediata, sino en el compromiso que genera con los lectores. Un vínculo que obliga a seguir creciendo como escritora y que convierte cada nueva novela en una forma de renovar la confianza depositada por quienes descubrieron su obra gracias al galardón.

Bajo la conducción de Esther Vaquero, la celebración fue alternando recuerdos, testimonios y homenajes en una noche concebida para recorrer algunas de las páginas más significativas de la historia del premio y reconocer a quienes han contribuido a construir su prestigio.

Las palabras de los autores encontraron eco en la intervención institucional de la noche.

José Creuheras, presidente del Grupo Planeta y de Atresmedia, quiso recordar a las personas que han construido la historia de la compañía desde sus orígenes. En un discurso cargado de emoción, evocó las figuras de José Manuel Lara Hernández, fundador del grupo; José Manuel Lara Bosch y Fernando Lara Bosch, nombres inseparables de la evolución de uno de los proyectos editoriales más importantes del mundo en español.

Lejos de centrarse únicamente en cifras o hitos empresariales, Creuheras reivindicó la dimensión humana de un proyecto que nació con una vocación muy clara: fomentar la lectura y apoyar a los escritores. Recordó que, cuando José Manuel Lara Hernández creó el premio en 1952, lo hizo impulsado por una ambición empresarial, pero también por una ilusión personal que terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad de la casa.

Creuheras quiso detenerse además en una tradición que resume mejor que ninguna otra el vínculo entre pasado y presente. El Premio Planeta continúa fallándose cada 15 de octubre, día de Santa Teresa, en homenaje a María Teresa Bosch, esposa del fundador. Una fecha que se ha mantenido inalterable durante décadas y que forma parte del ADN de una institución que ha sabido crecer sin renunciar a sus raíces.

El presidente del grupo recordó asimismo que más de 30.000 autores han confiado sus manuscritos al premio a lo largo de estos 75 años. Una cifra que sirve para comprender la dimensión de un galardón que ha acompañado la evolución de la literatura española contemporánea y que ha servido de plataforma tanto para escritores consagrados como para nuevas voces.

Especialmente significativas fueron sus reflexiones sobre la lectura y el papel que desempeña en la sociedad. Frente a los cambios tecnológicos y las transformaciones culturales, defendió la vigencia del libro como herramienta de conocimiento y formación, insistiendo en una idea que sobrevoló toda la velada: una sociedad que lee es una sociedad mejor preparada para comprender el mundo que la rodea.

Las palabras más emotivas de Creuheras estuvieron dedicadas a los escritores, a quienes definió como los auténticos compañeros de viaje de Planeta. Sin ellos —vino a señalar— no existiría un proyecto que ha publicado más de 140.000 títulos y ha llevado más de mil millones de ejemplares a lectores de todo el mundo.

La ceremonia reservó también un recuerdo para José Manuel Blecua, histórico miembro del jurado y exdirector de la Real Academia Española, fallecido recientemente. Su figura estuvo muy presente durante una noche que quiso rendir homenaje no solo a los autores premiados, sino también a todas aquellas personas que han contribuido desde distintos ámbitos a consolidar el prestigio del galardón.

La presencia de representantes institucionales como Isabel Díaz Ayuso, José Luis Martínez-Almeida, Ernest Urtasun, Francina Armengol o Alberto Núñez Feijóo confirmó igualmente la relevancia que el Premio Planeta ha adquirido dentro de la vida pública española. Junto a ellos, numerosas figuras del ámbito cultural, editorial y de la comunicación contribuyeron a convertir la celebración en una de las grandes citas sociales y culturales de la temporada.

La próxima cita llegará el 15 de octubre en Barcelona, cuando se incorpore un nuevo nombre a una lista de ganadores que forma ya parte de la historia de las letras españolas. Hasta entonces, las actividades organizadas con motivo de este aniversario seguirán recordando la dimensión de un premio que ha acompañado a varias generaciones de lectores y escritores.

Setenta y cinco años después de su nacimiento, el Premio Planeta sigue demostrando que pocas celebraciones reúnen con tanta naturalidad a escritores, lectores y protagonistas de la vida pública española. Una historia que mira al futuro sin olvidar las páginas que la hicieron posible.