Revista. Periodismo literario y actualidad cultural

Una entrevista comienza
mucho antes de
encender el micrófono

Fernando Puell de la Villa: «Es tanto el peso del nacionalismo en Europa que somos incapaces de dejar de ser nacionalistas para pasar a ser europeístas»

La guerra cambia de armas, de escenarios y de estrategias, pero nunca termina de desaparecer. Detrás de cada conflicto hay mucho más que dos ejércitos enfrentados: poder, dinero, tecnología, intereses políticos y sociedades que han aprendido a organizarse también alrededor de la violencia.

Fernando Puell de la Villa conoce bien ese territorio. Historiador militar y uno de los especialistas españoles en el estudio de las Fuerzas Armadas y la guerra, ha dedicado buena parte de su trayectoria a investigar cómo han evolucionado los ejércitos y su relación con la sociedad y el Estado.

En Historia de la guerra amplía la mirada para recorrer siglos de conflictos y observar cómo y por qué hemos cambiado nuestra manera de combatir. Una perspectiva histórica que inevitablemente conduce al presente: Ucrania, Oriente Próximo, Europa, la ciberguerra, la propaganda o esa nueva «zona gris» en la que ya resulta difícil distinguir dónde termina la paz y dónde empieza una guerra.

Y la entrevista arranca muy bien inmediatamente después con tu primera pregunta:

P. La guerra ha acompañado a las sociedades humanas a lo largo de la historia, aunque sus formas, sus motivos y sus consecuencias han cambiado con el tiempo. Más allá de las batallas, entenderla implica analizar también la política, la economía, la tecnología y las ideas que la sostienen. En un momento en el que el mundo vuelve a estar marcado por conflictos y tensiones entre potencias, mirar al pasado permite comprender mejor el presente. ¿Conocer el pasado nos permite entender mejor el presente?

R. Totalmente. Y además se puede aprender mucho, si queremos. Eso es la historia. Ya lo dijo Cicerón, que es el primero que lo dice: es maestra de vida. Y los humanos no hacemos ningún caso de nuestros maestros.

Detrás de las guerras: economía, poder y creación del Estado

P. Si la guerra refleja la sociedad que la produce, ¿qué factores históricos han permitido sostenerla durante largos periodos?

R. Yo creo que fundamentalmente la economía. Detrás de todas las guerras hay intereses económicos, fundamentalmente. Ansias de poder, pero detrás de las ansias de poder lo que prima es la economía.

P. Usted plantea que la guerra pudo ser uno de los motores de la creación del Estado. ¿Cómo se produce ese proceso histórico?

R. A finales de la Edad Media, principios de la Edad Moderna, que es cuando aparecen los Estados, la primera organización estatal digna de tal nombre, lo primero que hacen los estadistas, por llamarlos de alguna manera, es controlar la violencia.

Durante 500 años, pudiéramos decir, el Estado ha ejercido el monopolio de la violencia. Y cuando no es así, es casi peor. Porque si la violencia se desmadra y no está sujeta a unas normas, se llega al caos, evidentemente.

«La guerra sin impuestos y sin burocracia es imposible»

P. ¿Qué relación hay entre la guerra, los impuestos y la burocracia en la formación de los Estados?

R. Es que la guerra sin impuestos y sin burocracia es imposible. La organización de los ejércitos permanentes es relativamente moderna. Los ejércitos permanentes, tal como los concebimos ahora, se empiezan a forjar más o menos en el siglo XVII, pero son un producto del siglo XVIII, de la Ilustración, curiosamente.

Sin la burocracia, sin el dinero, no hay guerra. Hay guerra, pero guerra irregular. Es decir, las naciones no organizadas en el siglo XIX, por ejemplo, todos los alzamientos coloniales que hay, producen guerras, pero evidentemente no son guerras como las que enfrentan a dos ejércitos organizados.

Son tipos de guerra que durante el siglo XX van a tener gran auge: la aparición de la guerra irregular, que se produce sobre todo a partir de los procesos de independencia de las antiguas colonias europeas.

Cada época ha tenido su propia manera de hacer la guerra

P. Hablamos también de estilos de guerra. ¿Cada sociedad tiene el suyo?

R. Yo creo que cada tiempo, más que cada sociedad. El estilo de guerra depende mucho de los medios disponibles, tanto humanos como materiales. Es decir, si tú tienes poca gente, haces un estilo de guerra. Si la gente es difícil de reponer, como pasaba en el siglo XVIII, donde los ejércitos eran profesionales, cuando mataban o causaban baja por enfermedad o por heridas al contingente que tú tenías en ese momento, reemplazarlo era totalmente imposible.

Eso condicionó, por ejemplo, que la guerra del siglo XVIII fuera una guerra, pudiéramos decir, casi cortesana. Había muchos de los que hoy llamaríamos protocolos. Por ejemplo, en la guerra de asedios, si el enemigo conseguía romper la muralla, hacer brecha, inmediatamente se capitulaba. Y no era deshonroso capitular, porque ya en el siglo XIX y en el siglo XX capitular es deshonroso para el que capitula. Sin embargo, en el siglo XVIII era un convencionalismo.

Más que protocolos, eran convencionalismos. En el siglo XVIII debemos hablar de una guerra convencional, donde las batallas están sujetas a unas normas fijas y se sabe inmediatamente quién es el vencedor. Inmediatamente el vencido lo reconoce y, muy caballerosamente, se dan la mano: «Me considero vencido».

Visto desde el prisma de hoy es incomprensible. Esa caballerosidad que había entre los enemigos durante las guerras ilustradas, por llamarlas de alguna manera, hoy es impensable.

La Edad Media no fue una guerra de todos contra todos

P. Tenemos una imagen popular de la Edad Media asociada a una violencia bastante caótica. ¿Es una imagen engañosa?

R. En la Edad Media no creo que haya una violencia caótica. Lo que hay son unos ejércitos señoriales. Los que combatían eran los señores.

Hay que distinguir una cosa: una cosa es el régimen feudal y otra el régimen señorial. En el régimen feudal es donde hay señores y vasallos, pero tanto los señores como los vasallos son nobles. Se crea una pirámide donde en la cúspide está el rey; por debajo están, pudiéramos decir, para simplificar, los duques; debajo, los marqueses; debajo, los condes, y debajo, los señores. Pero todos son aristócratas.

Es una estructura, podríamos decir, de índole política. Eso es el sistema de vasallaje en la Edad Media.

Y luego, por debajo de eso, está el régimen señorial. Tanto el rey como los duques, los marqueses, los condes y los señores tenían, a su vez, siervos, que eran los que trabajaban para ellos.

En la guerra era esa estructura señorial la que combatía. Y los que auxiliaban a los señores en la guerra eran los siervos. Por lo tanto, el infante no tenía importancia. Se dedicaba solamente a acompañar a su señor, a darle medios de vida y demás, pero no llegaba en realidad a combatir.

Combatían ejércitos normalmente a caballo. Ya en el siglo XIV y principios del XV, con la Guerra de los Cien Años, aparece el arquero inglés, que va a ser, pudiéramos decir, un siervo de alta categoría al cual se le entrena para que tire con arco.

Cuando un hombre común pudo matar a un señor

P. ¿Qué cambia con la aparición del arco, la ballesta y, posteriormente, las armas de fuego?

R. Tirar con arco no es fácil, porque el arco servía para que por un resquicio de la armadura entrara la flecha, pero eso no era nada sencillo.

Con la aparición de la ballesta, la guerra se empieza, entre comillas, a popularizar. Entonces aparecen más siervos capaces de manejar una ballesta. La ballesta, con respecto al arco, tiene una velocidad mucho mayor y además es de más fácil manejo, aunque también es complicada.

Y cuando la guerra se populariza totalmente es con la aparición del arma de fuego, donde cualquier villano es capaz de matar, al menos, al caballo del señor, y también con la aparición de la pica.

La pica es una lanza que hoy no nos podemos imaginar, de unos cinco metros de longitud, que, al ponerla en ristre, como se decía entonces, formaba una barrera que la caballería no podía atravesar.

Entonces la guerra, pudiéramos decir, se vulgariza. Hay infinidad de tratados de finales del siglo XV y principios del siglo XVI donde se quejan de cómo un villano puede matar a un señor, al señor contrario. La guerra había dejado de tener la prestancia señorial que había tenido.

Oriente Medio: un conflicto que nunca ha dejado de desestabilizarse

P. ¿Por qué Oriente Medio sigue siendo el epicentro recurrente de tantos conflictos internacionales?

R. Pues porque nunca, nunca, pudiéramos decir, se ha organizado bien. Y luego está la decisión, quizá inducida por el Holocausto, de conceder a los judíos una franja de terreno donde poder establecerse. Eso ya desbarató totalmente las cosas.

Como ninguno de los países árabes aceptó inicialmente la aparición del Estado de Israel, fue siempre un foco de inestabilidad. Ahí ha habido guerras prácticamente cada tres días.

Y luego está la vocación, pudiéramos decirlo entre comillas, imperialista del Estado de Israel. Es decir, el Estado de Israel nunca se ha conformado con el territorio que se le asignó en 1947, sino que siempre aspiraba a más.

Yo el otro día escuchaba en un informativo de radio a una persona que llevaba muchos años viviendo en Israel, pero no era judío. Creo que era sudamericano, pero no recuerdo de qué país. Contaba que hay una parte de la población israelí que todavía está esperando la venida del Mesías.

Es decir, hay una parte de la población israelí que cree que el Mesías vendrá y que no llegará hasta que Israel recupere los territorios históricos de lo que fueron Judea, Samaria y Galilea, etcétera, en sus días; lo que desbarató el Imperio romano en el siglo I de nuestra era y, como eran tan rebeldes, los dispersó por el mundo.

Ellos creen todavía que, si consiguen recuperar la Tierra Prometida completa, será el momento en que llegará el Mesías. A mí escuchar eso realmente me chocó. No lo había oído nunca y no me podía imaginar que hubiera una parte de la población israelí que creyera eso.

Europa y el ejército que nunca llegó a construir

P. Desde el punto de vista de la seguridad y las relaciones internacionales, ¿hasta qué punto debería España respaldar en este momento las decisiones de Estados Unidos?

R. Yo no me quiero meter en política.

P. No me refiero a hacer una valoración política, sino a analizar la posición de España en el contexto internacional actual.

R. Yo creo que no es momento de que España respalde a Estados Unidos. Creo que el problema que tenemos en Europa es que no hemos conseguido hacer los Estados Unidos europeos.

Los estadounidenses consiguieron hacer los Estados Unidos de América, o de una parte de Norteamérica, en el siglo XVIII. Nosotros no hemos sido capaces de eso.

Hemos logrado crear las comunidades europeas, lo cual, evidentemente, ha conseguido que los europeos, después de la Segunda Guerra Mundial, no nos hayamos vuelto a enfrentar en el campo de batalla. Eso es un gran logro, porque llevábamos peleándonos desde la Edad Media.

Pero no hemos llegado a dar el paso de crear un Estado federal europeo donde haya unas autoridades más o menos consensuadas que de verdad dirijan la Unión Europea. Tampoco hemos logrado hacer un ejército europeo, que parece que sería lo lógico.

Es tanto el peso del nacionalismo en Europa que somos incapaces de dejar de ser nacionalistas para pasar a ser europeístas.

Muchas veces son cuestiones de semántica. Por ejemplo, en Estados Unidos la nación es Estados Unidos y los estados tienen mucha importancia. Cada estado federal tiene mucho peso y hay mucha conciencia de pertenencia.

Un tejano, por ejemplo, creo que antes de ser americano es tejano. Ahora bien, comprenden, y se les ha educado desde niños para ello, que la nación está por encima del Estado.

Hay determinadas competencias que son nacionales, allí dicen federales, y otras competencias que son estatales. Y está claramente delimitado.

Los ciudadanos saben qué impuestos pagan al Estado y para qué son. Por ejemplo, tienen clarísimo que las escuelas dependen de lo que pagan al Estado y que lo que pagan a la Federación, a la nación, es para temas de defensa, política exterior, etcétera.

Pero: «A mí que no me toque Washington una escuela, porque eso es asunto mío». Eso son ya 250 años y lo tienen muy aprendido y muy interiorizado.

Además, a través de la educación han logrado crear un sentimiento nacional de toda la nación que es verdaderamente admirable. Pero eso se logra en la escuela, donde a los niños, desde que tienen cuatro años, se les están inculcando las ideas de la importancia de ser americano y de la importancia de la nación.

Aquí se dijo una vez que, si esto se hacía en España, era adoctrinar a los niños. No. A los niños hay que educarles sobre qué es España, qué es Europa, cuáles son las competencias. A los niños hay que explicarles esto porque, si no, nunca se enteran.

La frontera entre la guerra y la paz «ha desaparecido hace mucho tiempo»

P. Para terminar, ¿está desapareciendo la frontera clásica entre guerra y paz?

R. Ha desaparecido hace mucho tiempo.

Yendo a términos generales, evidentemente, la frontera entre la guerra y la paz ha desaparecido hace mucho tiempo porque en el mundo nunca ha dejado de haber guerras.

Lo que pasa es que nosotros damos importancia, por ejemplo, a la guerra de Ucrania, pero lo que está pasando en el centro de África, donde están en guerra total, ni nos enteramos, ni se comenta en los medios de comunicación, no existe.

Ahora damos importancia a lo que está pasando en Oriente Próximo porque nos puede influir: va a subir la gasolina, va a bajar la Bolsa, nos afecta directamente o va a subir la inflación. Si no, sería un conflicto como lo que está pasando en el Sahel, que nos importa muy poco.

La «zona gris»: una guerra que no se nota

P. Y dentro del terreno estrictamente bélico aparece también un concepto relativamente nuevo: la llamada «zona gris». ¿Qué significa?

R. Es eso: ni blanco ni negro. Es decir, ni es guerra ni es paz.

Hay determinados países que están atacando a sus presuntos enemigos en esa zona gris: a través de la ciberguerra, de la economía, de las redes sociales… Por ejemplo, influyendo en las elecciones.

Todo eso es guerra. Lo que pasa es que es una guerra, pudiéramos decir, que no se nota.

P. ¿Podríamos decir que es una guerra más limpia?

R. Bueno, más limpia… No sé hasta qué punto es limpia. No se mata a la gente, pero también puede ser más sucia que la otra.

P. La inteligencia artificial también puede ser importante en este terreno.

R. Seguro que sí.

«El primer caído de la guerra es la verdad»

P. ¿Cómo ve los conflictos en las próximas décadas?

R. No me los puedo imaginar, porque cada vez vamos de sorpresa en sorpresa.

Este libro lo que hace es estudiar lo que sabemos. No me he atrevido ni siquiera a meterme con Ucrania, y eso que ya entraba.

El último capítulo, en teoría, quería llegar hasta el año 2024. Pero ya aviso ahí de que Ucrania estaba demasiado tierna para poder sacar alguna consecuencia de qué es lo que está pasando.

No tenemos ni idea de lo que está pasando en Ucrania porque, naturalmente, eso es un axioma tan antiguo como la guerra: el primer caído de la guerra es la verdad.

Entonces, lo que cuentan los rusos, lo que cuentan los ucranianos… cuentan historias. Pero qué está pasando de verdad allí y qué es lo que están haciendo, no lo sabemos. Por ejemplo, no sabemos ni el número de bajas concretas.

En Gaza nos decían todas las mañanas: «Hoy han muerto 27, hoy 36». Más o menos podemos imaginarnos el número de bajas que había en Gaza. Eso a través de Al Jazeera, con lo cual la fuente tampoco era demasiado fiable. Pero, bueno, podemos hacernos una idea.

Sabemos menos de las bajas que hubo en el ejército israelí, porque no daban tantos datos.

Del ejército ucraniano y del ejército ruso no sabemos nada. Nada. Porque las cifras que dan yo creo que son producto de la propaganda.

P. Es difícil, entonces, aventurar siquiera cómo serán las guerras del futuro.

R. Sí, porque cada vez vamos de sorpresa en sorpresa. Este libro lo que hace es estudiar lo que sabemos. No me he atrevido ni siquiera a meterme con Ucrania, y eso que ya entraba cronológicamente.

El último capítulo, en teoría, quería llegar hasta el año 2024. Pero ya aviso ahí de que Ucrania estaba demasiado tierna para poder sacar alguna consecuencia de lo que está pasando. No tenemos ni idea de lo que está pasando realmente en Ucrania porque, naturalmente, eso es un axioma tan antiguo como la guerra: el primer caído de la guerra es la verdad.

Lo que cuentan los rusos, lo que cuentan los ucranianos… cuentan historias. Pero qué está pasando de verdad allí y qué es lo que están haciendo no lo sabemos. Por ejemplo, no sabemos ni el número de bajas concretas.

En Gaza nos decían todas las mañanas: «Hoy han muerto 27, hoy 36». Más o menos podemos hacernos una idea del número de bajas que había en Gaza. Eso a través de Al Jazeera, con lo cual la fuente tampoco era demasiado fiable. Pero, bueno, podemos imaginarnos aproximadamente el número de bajas.

Sabemos menos de las que hubo en el ejército israelí, porque esos no daban tantos datos. Del ejército ucraniano y del ejército ruso no sabemos nada. Nada. Porque las cifras que dan yo creo que son producto de la propaganda.

P. Quizá esa imposibilidad de conocer lo que realmente está ocurriendo sea también una de las constantes de la historia de la guerra.

R. Sí. Estoy seguro.

CINCO IDEAS

1. La economía está detrás de la guerra.
Puell de la Villa sitúa los intereses económicos incluso por detrás de las propias ansias de poder como uno de los grandes motores históricos de los conflictos.

2. La guerra ayudó a construir el Estado moderno.
Controlar la violencia, recaudar impuestos, crear burocracias y mantener ejércitos permanentes fueron procesos estrechamente relacionados con la consolidación estatal.

3. Europa sigue teniendo una construcción pendiente.
El historiador señala la ausencia de un verdadero Estado federal y de un ejército europeo y considera que el nacionalismo continúa dificultando una identidad común.

4. Ya se puede estar en guerra sin que parezca una guerra.
Ciberataques, presión económica, redes sociales o interferencias electorales forman parte de esa «zona gris» situada entre la paz y el conflicto abierto.

5. Conocer una guerra mientras está sucediendo es extraordinariamente difícil.
Ucrania sirve como ejemplo: las cifras, los relatos y la información que proporcionan las partes están atravesados por la propaganda.

ENCONTRARÁS…

Historia militar, poder, economía, nacimiento del Estado, Edad Media, evolución de las armas, ejércitos, Oriente Medio, Israel, Ucrania, Europa, nacionalismo, propaganda, ciberguerra, redes sociales, inteligencia artificial y guerras del futuro.

IDEAL PARA…

Lectores interesados en historia, geopolítica y relaciones internacionales, pero también para quienes quieran comprender por qué las guerras actuales no pueden explicarse únicamente mirando lo que sucede en el campo de batalla.

PREGUNTA FINAL AL LECTOR

¿Crees que hoy sabríamos reconocer una guerra si no hubiera soldados ni disparos?

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

MUCHO MÁS QUE
UNA ENTREVISTA

SÍGUENOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Cada semana lo mejor de
Rosa pasa página en tu correo. 

MÁS LEÍDOS

LIBROS DEL AUTOR

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Cada semana lo mejor de Rosa pasa página en tu correo. 

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR