Revista. Periodismo literario y actualidad cultural

Una entrevista comienza
mucho antes de
encender el micrófono

Nerea Erimia: «No todas tenemos que ser iguales, dóciles, un arcoíris caótico que parece que es súper, híper, mega mono»

En Literariamente tuya, Nerea Erimia utiliza el romance para hablar de inseguridad, síndrome de la impostora, mujeres incómodas, sexualidad y de los prejuicios del propio mundo literario, siempre con el humor y la ironía como aliados.

Hay encuentros que no se buscan y desplazamientos que no solo son geográficos. Una autora acostumbrada a controlar su mundo se ve obligada a salir de él, a enfrentarse a otra forma de mirar, de trabajar y de estar. Entre la velocidad de Manhattan y la quietud de la campiña inglesa se abre un espacio donde la escritura, la convivencia y las expectativas empiezan a rozarse.

Nerea Erimia vuelve a la novela con Literariamente tuya, publicada por Editorial Planeta, y lo hace sin tratar el romance como un territorio complaciente. Bianca incomoda, habla sin filtros y se ríe incluso de aquello que le duele. A su alrededor, Erimia abre preguntas sobre el síndrome de la impostora, la necesidad de aprobación, la sexualidad, el duelo y los prejuicios del propio mundo literario. Porque, como explica en esta entrevista, el romance es la base; después, «lanzo petardos por todos lados».

P. Literariamente tuya. Empecemos por el título. ¿Por qué lo elegiste?

R. En realidad fue cosa del destino. Yo tenía otro título y era un título en inglés. Mi editora se dio cuenta de que los títulos en inglés a veces engañan porque una persona ve un libro con un título en inglés y ya piensa: «Vale, este libro está en inglés», y por tanto no le hace caso.

Así que estuvimos valorando varios títulos. A mí me gusta mucho mirar libros en inglés porque tienen juegos de palabras muy interesantes y encontré uno que era Literalmente tuya. Entonces dije: «Vale, Literariamente tuya». Al final gustó a todo el mundo.

Y luego también se da la casualidad, porque el libro está lleno de muchas casualidades, de que el libro que recopila las cartas de Jane Austen escritas a su hermana Cassandra se llama Afectuosamente tuya.

Bianca Blake: el humor como escudo frente a la inseguridad

P. Vamos con Bianca Bicho Blake. Es irreverente, brillante, exagerada, pero también profundamente frágil.

R. Quizá no diría que es inteligente. Más bien se definiría un poco como bocazas. Pero sí, esa es Bianca Bicho Blake.

P. ¿Crees que la ironía es una forma de protección cuando escribimos sobre lo que duele?

R. Desde luego, absolutamente. Y yo creo que se le nota. Al principio piensas que es maravillosa y estupenda y, según pasa el libro, te vas dando cuenta de que no, de que todo es humor, pero ese humor es solo una barrera, un escudo para protegerse de muchas cosas. Si te burlas de todo, es más fácil que nada te haga daño.

P. El éxito acompaña a Bianca, pero no la calma. ¿Hasta qué punto el reconocimiento exterior cambia lo esencial de su relación con la escritura?

R. Ayuda, pero ayuda dependiendo también de los motivos que tenga detrás. En el caso de Bianca, estamos hablando, por ejemplo, de que viene de un hogar, de unos padres que no están de acuerdo con lo que hace.

Entonces, la intención de ella, al final, yo creo que no es el reconocimiento social o decir «yo puedo conseguir hacer esto», sino el reconocimiento paterno. Ella no se da cuenta, pero quizás todo lo que hace viene dado por que necesita que sus padres, en algún momento, le digan: «Muy bien, estamos orgullosos de ti». Pero eso nunca llega.

Entonces ella sigue y, aun así, sigue con sus inseguridades también, porque vienen de ahí. Por tanto, las inseguridades no son propias de ella, no son innatas, las ha recibido por parte de sus padres, que para ella son su apoyo, y no lo encuentra.

Cuando triunfar no basta para dejar de sentirse insegura

P. Y eso nos pasa en realidad un poco a todos, ¿no? Muchos de nuestros problemas vienen de cosas que nos faltaron antes. En el caso de Bianca, ¿qué significa realmente «madurar»?

R. Estamos hablando de una persona que vive de forma independiente en un piso en Nueva York, que paga sus deudas, que se ocupa de todo. Entonces, en cierta manera, eso ya es madurar.

P. ¿Qué sería para los padres de Bianca que madurara?

R. Que dejara de hacer el tonto con la escritura y se dedicara a estudiar algo de verdad, algo que sirviera para algo.

P. ¿Y eso es madurar?

R. Bueno, a lo mejor desde el punto de vista paterno sí, claro, pero no.

Adam Kingston le diría a Bianca que madurara en el sentido de que aceptara que eso es a lo que se tiene que dedicar ella, que dejara de pensar en sus padres y que dejara de pensar en el resto de personas que intentan, de alguna forma, vilipendiar lo que escribe.

P. Entonces, ¿te interesaba contar qué pasa cuando el reconocimiento no soluciona la inseguridad?

R. Son personajes muy profundos. Me pasa que, cuando la gente dice que están muy bien desarrollados —en mis otros libros también me lo han dicho—, yo pienso: «No sé, para mí son un poco básicos», porque al final son los problemas que tenemos todos.

P. Pero precisamente ahí está lo interesante: conseguir que el lector no sienta que está ante un personaje ajeno, sino ante alguien reconocible.

R. Por eso es tan profundo y, al mismo tiempo, tan reconocible. No sé si de forma positiva o negativa, pero creo que mis personajes, ya sea de forma directa o indirecta, son conscientes de las cosas que les pasan, de las cosas que hacen.

Y no sé si eso es bueno o malo. Quiero decir, ¿hasta qué punto es realista que tú seas consciente por dentro de tus problemas? Porque normalmente yo creo que la gente muchas veces no quiere aceptar determinados problemas que tiene. Entonces, ¿hasta qué punto es realista que ella sí sea honesta consigo misma? Bueno, eso lo dejamos para el lector.

El síndrome de la impostora nos acompaña mucho más allá del trabajo

P. Otro de los temas importantes es el síndrome de la impostora, que aparece casi como un personaje más. ¿Por qué querías introducirlo así?

R. De hecho, cuando lo escribí, luego pensé: «Madre mía, tenía que haberle dado más protagonismo». Aparece como una especie de polilla que la persigue, se pone en su hombro, se coloca encima de la estantería cuando está teniendo una conversación… Tenía que haberlo explotado más porque es un buen punto.

Al final, el síndrome del impostor nos acompaña a todas partes. Ya no hablamos solo de escritura. Hablamos de cuando vamos a trabajar, cuando tenemos una cita, cuando absolutamente en todo. Entonces me parecía importante señalar eso. No solo para quienes sean autoras y tengan miedo, sino para todos.

Mujeres incómodas: cuando decir lo que piensas todavía impone

P. ¿Crees que Bianca deja de incomodar como personaje y empieza a incomodar como mujer?

R. Creo que incomoda ya como mujer.

P. ¿Como mujer?

R. Sí. Porque el hecho de que sea tan directa y que diga lo que le da la gana no es algo muy común. Y a veces te topas con hombres que te dicen que, cuando una persona es así, impones. No es lo común, pero estaría bien que empezara a ser lo común en algún momento.

Porque no todas tenemos que ser iguales, dóciles, un arcoíris caótico que parece que es súper, híper, mega mono. No. Hay personas que son así, y si te gusta, bien, y si no, pues también es lo que hay.

Adam Kingston y otra manera de hablar de la masculinidad

P. Vamos con Adam. Es un personaje contenido, educado, emocionalmente reprimido. A través del duelo aparece también la sensibilidad masculina, pero sin que la subrayes explícitamente. ¿Qué te interesaba explorar con él?

R. Aquí volvemos a lo de que ellos son honestos consigo mismos y hasta qué punto eso está bien, está mal o es realista.

Hay un momento en el que Adam se pregunta si, al final, un hombre intenta ser masculino o intenta ser «un hombre» a toda costa para que ese tipo de cosas no le afecten, y hasta qué punto es bueno para él estar más en comunión con su lado femenino.

Eso me hace mucha gracia. Me gusta Adam, me gusta como personaje. Me gusta la idea de que un hombre trabaje como editor jefe en una de las mejores editoriales de Nueva York y, por tanto, sea uno de los mejores editores, vamos a decir, del mundo —porque Nueva York se cree que es el centro del mundo—, en una editorial que contrata casi exclusivamente a mujeres.

Entonces, algo tiene que estar haciendo bien Adam con su parte femenina como para que pueda estar ahí.

Luego también es un hombre al que le gusta la comedia romántica. Edita romance, le gustan las películas románticas e incluso defiende el romance cuando la propia Bianca no es capaz de hacerlo en algunas situaciones.

Bianca y Adam: dos mundos que chocan para derribar sus propios escudos

P. La relación entre Bianca y Adam no nace desde la idealización, sino desde el choque. ¿Son dos mundos que colisionan?

R. Sí, exacto. Creo que, de alguna forma, se ayudan mutuamente sin darse cuenta. Adam ayuda a Bianca a descubrir, por un lado, que Inglaterra no es tan horrible, que los ingleses no son tan horribles —de hecho, le acaba gustando uno— y que aquellos sitios pueden ser preciosos.

Pero, en realidad, Bianca se escuda mucho en el «no, esto no me gusta», «no, yo quiero una cárcel de metal». Vuelven a ser escudos de ella para no permitirse emociones.

Y pasa al revés también. Estamos hablando de Adam, que vive en un sitio que tiene unas costumbres un poco arcaicas, y que dice: «Me encanta tener a Bianca aquí porque es aire fresco». Es como una galaxia anexa que le permite colgarse de sus planetas, algo así.

P. ¿El viaje a Inglaterra supone para Bianca una forma de alejarse de esas defensas habituales o, precisamente por miedo a que se derrumben, intenta reforzarlas?

R. No estoy segura de si se aleja de ellas o de si intenta reforzarlas.

P. ¿Por miedo, precisamente, a que el lugar las derrumbe?

R. Sí. Por eso hay un momento en el que están en el coche y ella dice que, al menos, se alegra de estar metida en un sitio metálico que está, de alguna forma, contaminando lo que la rodea.

Creo que necesita ese escudo más que nunca porque está a punto de caer. Y se demuestra que cae al final.

De Nueva York a los Cotswolds: dos escenarios para Literariamente tuya

P. Nueva York y la campiña inglesa funcionan casi como dos estados anímicos. ¿Qué te permitía contar de cada personaje situándolo fuera de su espacio habitual?

R. Con Bianca sí ocurre eso. Pero, al final, a Adam le gusta la libertad que tiene en Nueva York y también le gustan las partes positivas del sitio donde vive. Por eso conoce tanta historia sobre los Cotswolds y sobre los distintos lugares.

P. ¿Por qué elegiste precisamente Nueva York y los Cotswolds? ¿Los conocías o te apetecía plasmarlos en la novela?

R. Yo sí he ido a Nueva York y tengo familia allí. En el caso de los Cotswolds, básicamente quería centrarlo en Inglaterra porque, obviamente, tenemos toda esa parte de las literatas inglesas, de jugar con Los Bridgerton, con Jane Austen y con todas esas cosas.

Luego directamente dije: «Mira, ¿cuál es el sitio más bonito que hay en Inglaterra?». Busqué y todo el mundo coincidía en que eran los Cotswolds. Y dije: «Pues vamos allá».

P. Y allí que fuiste.

R. Sí, completamente. Fui yo, fue Bianca y fueron todos.

Amor y deseo: la intimidad que consigue agrietar los muros

P. A la hora de escribir, ¿qué te resulta más complicado plasmar: el amor o el deseo?

R. Tiene más lógica que me resulte más difícil el amor, si es que me resulta difícil alguno, porque al final es más complejo.

P. También es más importante.

R. Sí, creo. Y eso lo hace más complejo. El deseo quizá es más fácil porque tiende más a un impulso más simple.

P. Puede ser más superficial.

R. Sí, en algunos casos. Puede existir amor sin deseo y deseo sin amor.

Pero sí es verdad que, por ejemplo, en muchas de estas historias los personajes empiezan a abrirse a raíz de situaciones sexuales.

P. ¿Porque es ahí donde comparten una intimidad especialmente fuerte?

R. Sí. Porque es ahí cuando comparten una intimidad tan fuerte con otra persona que empiezan a agrietarse sus muros. Entonces también es importante.

El dolor y el duelo también forman parte de la vida

P. Y, ya que hablamos de lo que resulta más o menos difícil de escribir, ¿qué ocurre con el dolor? ¿Te resultaba difícil escribir sobre él de una manera explícita o preferías filtrarlo a través de la intimidad y de los gestos?

R. ¿Qué quieres decir con explícito?

P. El dolor como tal. Igual que describes el amor o el deseo, también describes situaciones dolorosas que viven los personajes. En este caso, además, aparece el duelo.

R. Sí, vale. No voy a decir nada más. De duelo, lo dejamos en duelo.

Me gusta ser honesta y es así de sencillo. El dolor forma parte de nuestra vida. De la misma forma que hay gente a la que no le gusta leer escenas sexuales en libros de este tipo, el sexo forma parte de nuestra vida.

Entonces, me parece tan natural jugar con una cosa como jugar con otra.

P. ¿Tú crees que el duelo se resuelve o simplemente cambia de forma?

R. Claro, estoy pensando, como ejemplo, en un duelo similar al que podemos ver en el libro, que es algo que a mí nunca me ha pasado. Entonces no te sé decir si eso se resuelve en algún momento.

Supongo que, de alguna forma, en algún momento quedas en paz con ello, pero que siempre está ahí contigo, de la misma forma que siempre están las personas contigo.

El romance como punto de partida para hablar de mucho más

P. Yo creo que se transforma. Pero mejor que no tengas que experimentarlo. Literariamente tuya habla de muchas cosas, pero ¿tú la definirías como una novela romántica?

R. ¿De qué forma puedo definirla?

P. Prefiero que me lo digas tú.

R. Es una novela que habla de muchas cosas, pero es una novela romántica.

P. ¿Qué te interesaba reivindicar del género romántico? Porque no es fácil desarrollar una novela romántica con todos los elementos que tú has incluido. ¿El romance era la base desde la que querías abrir la escritura hacia otros temas?

R. Creo que siempre que escribo intento aprovechar para criticar ciertas cosas. Entonces, creo que el romance es la base y, a raíz de ahí, lanzo petardos por todos lados.

P. ¿Hacia dónde? Dime tres.

R. Al mundo literario: las cosas que uno debe hacer, las cosas que funcionan, las cosas que no funcionan… Me río bastante de algunas cosas, de algunas modas, etcétera. Siempre desde el respeto, quiero decir. No me estoy riendo de ti por escribir cierto tipo de literatura. Me río de esas cosas como me puedo reír de mí misma, de una forma inocente.

También va ligado a eso el tema de la sexualidad. Por regla general, lo que más vende es lo heterosexual, y la propia protagonista habla sobre ello: cuando funciona y vende bien, vale; cuando está de moda, bien; pero, si no, lo tapamos porque no es lo que interesa.

«El romance es la base y, a raíz de ahí, lanzo petardos por todos lados»

P. Me gusta esa idea que has utilizado: el romance como base desde la que «lanzas petardos». En realidad, estás envolviendo ese romanticismo con cuestiones de la sociedad que quieres poner en tela de juicio.

R. Al final es eso: las mujeres incómodas; que un hombre esté en contacto o no con su parte femenina y cómo se le juzga; la sexualidad; la crítica al mundo literario…

P. Has hablado de que un hombre muestre su parte femenina. ¿Y qué ocurre con las mujeres y su parte masculina? ¿Solemos mostrarla?

R. La propia protagonista, yo creo que siendo directa y diciendo un poco lo que le da la gana, lo hace.

P. ¿Por decir lo que le da la gana?

R. Sí, sin que te jodan. Aunque estemos en el siglo XXI.

P. Claro.

R. A veces pensamos que estamos en el siglo XXI y luego te das cuenta de que pasan ciertas cosas y dices: «Pero ¿no estábamos en el siglo XXI?».

De Jane Austen a Virginia Woolf: las escritoras que permanecen en lo que escribimos

P. Tal y como estás hablando, y teniendo yo tan reciente a Jane Austen porque se cumplen 250 años de su nacimiento, me llevas mucho a ella: el romanticismo, esos «petardos», el sarcasmo, la ironía, el humor…

R. Obviamente, para mí es un halago que digas algo así.

P. ¿Es un referente tuyo?

R. Sí, claro. Pero, al final, todo lo que haces, todo lo que engulles, por así decirlo —aunque «engullir» quizá sea una palabra un poco vulgar—, todo aquello de lo que te alimentas acaba saliendo. Igual que Virginia Woolf, porque además aparecen en el libro.

El síndrome de la impostora también aparece cuando llega el éxito

P. ¿Tú has sentido alguna vez el síndrome de la impostora?

R. Sí, claro. Hace tiempo, Ethan Hawke tuvo una entrevista con Sydney Sweeney en la que ella le decía que nunca se había subido a un escenario, a las tablas, al teatro, porque le daba mucho pánico. Y Ethan Hawke le dice: «¿Sabes cómo se llama eso? Falta de experiencia». Eso es lo que le dice.

Y a mí me pasa que, como llevo muchos años escribiendo, cuando estoy conmigo misma no tengo ningún problema con lo que escribo. Estoy segura de lo que hago.

Claro, yo no sabía que este libro iba a llegar a Planeta. Entonces, en el momento en el que pienso: «Todas estas personas van a leer el libro», ahí ya entran las inseguridades.

Y también aparecen las inseguridades de trabajar con una editorial como Planeta. Después de trabajar con ellos ves que trabajan de una forma muy profesional y quieres estar a la altura.

P. ¿Te dio un poco de pánico?

R. Sí, claro.

Cómo llegó Literariamente tuya a Editorial Planeta

P. ¿Cómo llegas a Planeta?

R. Eso es lo que me sigo preguntando yo todavía.

Antes de ponerte a escribir ningún libro —yo ya llevo tres—, realmente creo que lo que tienes que hacer es investigar el mundo literario. Es decir: «¿Yo funciono aquí? ¿Puedo funcionar aquí? ¿Puedo entrar aquí? ¿Puedo aportar algo aquí?». Y luego seguir.

Yo empecé a seguir a muchos editores, a muchas autoras y a muchos bookstagrammers para ver lo que funcionaba.

P. Lo de investigar a las autoras suena un poco al FBI.

R. Sí, sí. Me interesaba mucho esta parte. Ves que algunas empiezan en editoriales pequeñas y después hay un salto cualitativo hacia editoriales grandes y dices: «¿Qué hay ahí en medio?». En la mayoría de los casos hay una agencia.

Entonces, en mi caso, desde el principio sabía que tenía que buscar una agencia. Con los primeros manuscritos no lo conseguí y, por tanto, dije: «Vale, pues voy a seguir escribiendo».

La idea de Literariamente tuya me estaba gustando mucho y pensé que podía funcionar bien, pero, en lugar de lanzarla en ese momento a la agencia que me interesaba, esperé unos meses. Esperé a tener publicado el primer libro, el segundo, a tener reseñas en Instagram, en Amazon, en Goodreads… Una especie de currículum de autora para poder ir con todo y conseguir agencia.

Entonces, eso es lo que ocurre para acabar en Planeta.

«También lo he hecho yo»: aprender a reconocer el propio mérito

P. Precisamente ahí quería llegar. Para terminar, ¿qué parte de ti ha quedado más expuesta en esta novela, aunque no lo pretendieras?

R. Creo que, en general, cualquier inseguridad. No me duele tanto lo que pueda haber en este libro o en los anteriores porque es algo universal, no es algo doloroso y únicamente mío.

Entonces hay cierta comunión también en ese sentimiento. Muchas de las personas que lo lean lo van a adoptar también y, más que sentirme avergonzada, va a ser todo lo contrario: no avergonzarse.

P. Un autor siempre deposita cosas suyas en lo que escribe, aunque no sea plenamente consciente. Luego llegan las distintas lecturas, como la que te he hecho yo, y pueden sorprenderte algunas de las cosas que tú misma has dejado en el libro.

R. Pero es que, además, yo soy una persona que se ríe de todo.

P. Te ríes de todo.

R. Sí. Quiero decir que, al final, con muchas cosas que yo haya plasmado ahí, quizá no debería haberlo hecho o quizá me podrían afectar de una forma u otra, pero yo me río de ellas.

Me han afectado de una forma u otra y me río de ellas. Eso es verdad. Y me da igual.

CINCO IDEAS

1. El humor también puede ser una defensa.
Bianca se ríe de todo, pero detrás de esa ironía hay una forma de protegerse: «Si te burlas de todo, es más fácil que nada te haga daño».

2. El éxito no siempre acaba con la inseguridad.
El reconocimiento profesional no resuelve aquello que Bianca arrastra de su relación con sus padres ni su necesidad de sentirse validada por ellos.

3. El síndrome de la impostora no pertenece solo al mundo profesional.
Erimia lo convierte incluso en una presencia física dentro de la novela porque, para ella, puede acompañarnos en el trabajo, en una cita o prácticamente en cualquier situación.

4. Una mujer que habla sin filtros todavía puede resultar incómoda.
Bianca no intenta ser dócil ni comportarse como los demás esperan, y precisamente esa forma de estar en el mundo forma parte esencial del personaje.

5. La novela romántica puede servir para hablar de mucho más que amor.
Erimia utiliza el romance como base para abordar sexualidad, masculinidad, mujeres incómodas y también para lanzar una mirada crítica hacia determinadas dinámicas del mundo literario.

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Lectores de novela romántica que buscan personajes imperfectos, humor e ironía, pero también una historia que se permita salir del romance para hablar de inseguridades, sexualidad, duelo y de las contradicciones del propio mundo literario.

PREGUNTA FINAL AL LECTOR

¿Crees que todavía incomoda una mujer que dice exactamente lo que piensa?

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

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