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221 novelas y ningún ganador: cuando un premio decide no premiar

El jurado, presidido por Lorenzo Silva, no encontró entre 221 novelas el consenso suficiente para elegir ganadora en la trigésima edición del certamen.

Doscientas veintiuna novelas se presentaron este año al XXX Certamen Internacional de Novela Negra «Ciudad de Getafe». El jurado encontró entre las finalistas obras de nivel. Y, aun así, decidió declarar el premio desierto. La noticia podría quedarse ahí. Pero lo verdaderamente interesante empieza después: qué significa que un jurado llegue hasta el final de una convocatoria y no encuentre el consenso suficiente para elegir una novela ganadora.

Estamos acostumbrados a que un premio termine con un nombre. Se anuncia el fallo, conocemos al autor, el título del libro y, durante unas horas, toda la atención se concentra en esa elección.

Esta vez no ha ocurrido.

El jurado del XXX Certamen Internacional de Novela Negra «Ciudad de Getafe», presidido por Lorenzo Silva, ha decidido dejar desierto el galardón después de valorar las 221 novelas presentadas. Entre las finalistas, según ha explicado el propio jurado, había trabajos de nivel estimable. Lo que no llegó fue algo mucho más difícil de medir que la corrección técnica de una novela: el acuerdo suficiente alrededor de una de ellas para convertirla en ganadora.

Y ahí está realmente la noticia.

Cuando el final de un premio no es un nombre

Declarar desierto un certamen literario no significa que entre los originales presentados no existan novelas valiosas. Tampoco convierte en menores a quienes han llegado hasta las últimas fases.

Significa algo mucho más concreto: que, después de leer, comparar, discutir y defender distintas obras, el jurado no encontró una que reuniera el respaldo necesario.

Eso importa.

Porque detrás de cualquier fallo literario existe una parte que rara vez vemos. Un premio no se resuelve únicamente leyendo manuscritos y colocando puntuaciones. También intervienen el criterio, la discusión, la sensibilidad de cada miembro del jurado y la capacidad de una obra para imponerse después de muchas lecturas.

Esta vez ninguna consiguió hacerlo de manera suficiente.

221 novelas cambian la dimensión del fallo

El número no es un detalle.

Doscientos veintiún originales llegaron a esta trigésima edición. Doscientos veintiún autores pusieron una novela en manos de un jurado y aspiraron a entrar en un palmarés que lleva tres décadas construyéndose.

La participación obliga a mirar la decisión con más atención.

No estamos ante una convocatoria pequeña ni ante una falta de opciones. Hubo lectura, selección y finalistas. Hubo obras que llegaron lejos. Pero llegar lejos y conseguir que un jurado entero termine encontrando un punto común son cosas distintas.

Ahí aparece una de las zonas más interesantes de cualquier premio literario: la literatura admite argumentos, pero no fórmulas exactas.

Una novela puede entusiasmar a un miembro del jurado y dejar más dudas en otro. Puede ser impecable en su construcción y no provocar el mismo impacto en todos. Puede destacar por sus personajes, por su atmósfera o por su manera de trabajar el género y, aun así, no generar ese acuerdo final.

En Getafe, ese acuerdo no apareció.

Un palmarés también se construye con criterio

El Certamen Internacional de Novela Negra «Ciudad de Getafe» cumple treinta ediciones. Y eso cambia también el peso de una decisión como esta.

Un premio que ha construido una trayectoria no elige únicamente una novela para un año concreto. Cada nueva obra premiada pasa a formar parte de su historia y termina diciendo algo sobre aquello que el certamen ha querido reconocer a lo largo del tiempo.

Por eso un fallo nunca es completamente aislado.

Cada ganador se incorpora a una sucesión de nombres, estilos y maneras de entender el género negro. Y quien decide tiene delante no solo los manuscritos de ese año, sino también la responsabilidad de añadir uno más a ese recorrido.

Este año ese nombre no llegará.

La palabra que deja el jurado: ambición

Lorenzo Silva ha hablado también de la necesidad de estimular la llegada de propuestas cada vez más ambiciosas.

La palabra merece detenerse.

Porque ambición literaria no significa escribir más grande, más oscuro o más complicado. Significa intentar llevar una historia un poco más lejos. No conformarse únicamente con que la trama funcione. Construir personajes capaces de sostener lo que ocurre, encontrar una mirada propia y conseguir que una novela permanezca después de haber cerrado el libro.

En la novela negra eso resulta especialmente importante.

El género lleva años ocupando un espacio enorme en las librerías. Thriller, policial, noir, crimen, investigación, violencia, desapariciones, secretos familiares. Las fronteras se han ensanchado y también lo ha hecho el número de publicaciones.

Pero precisamente cuando un género crece tanto, distinguir una voz, una estructura o una mirada capaces de sobresalir resulta todavía más difícil.

No basta con conocer los mecanismos.

Lo verdaderamente complicado es conseguir que esos mecanismos dejen de verse.

¿Qué convierte entonces una novela en ganadora?

Quizá esa sea la pregunta que deja esta edición.

No existe una respuesta única.

Puede ser una voz que aparece desde la primera página. Un personaje imposible de olvidar. Una estructura especialmente inteligente. Una historia que utiliza el género para hablar de algo mucho más grande que el propio crimen. O simplemente esa combinación difícil de explicar que hace que una novela termine quedándose por encima de las demás.

Los jurados literarios trabajan precisamente en ese territorio.

Leen, comparan, discuten y argumentan. Y al final deben llegar a una decisión que siempre contiene una parte de criterio y otra inevitablemente subjetiva.

Esta vez la discusión llegó hasta el final, pero no produjo un ganador.

Treinta ediciones después, un espacio vacío

El XXX Certamen Internacional de Novela Negra «Ciudad de Getafe» llegará así a 2026 sin una novela premiada.

Quedará un espacio vacío en el palmarés.

Y quizá sea precisamente ese hueco el que obligue a mirar esta edición con más atención.

Porque detrás de esas 221 novelas no hay una historia de fracaso colectivo. Hay lectura, selección, discrepancia y una decisión final: reconocer que ninguna de las obras consiguió reunir el consenso necesario.

En literatura también importa saber explicar por qué elegimos.

Y, algunas veces, asumir que todavía no hemos encontrado aquello que todos estamos dispuestos a elegir.

ROSA PASA PÁGINA

Rosa Sánchez de la Vega ha desarrollado su carrera en prensa escrita, digital y, especialmente, en radio, donde ha dirigido, coordinado y colaborado en programas vinculados a la literatura, el arte y la cultura. El micrófono ha marcado buena parte de su trayectoria y una forma propia de entender la entrevista y la divulgación cultural. De esa experiencia nacen proyectos como Rosa Pasa Página y Autoras de palabra con Rosa, en MAGAS (El Español).
 
Rosa Pasa Página da nombre a una revista digital de periodismo literario y actualidad cultural, con la entrevista como uno de sus principales ejes y una mirada abierta al cine y al arte.

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