Todos construimos nuestra vida a partir de los recuerdos. Con ellos explicamos quiénes somos, de dónde venimos y por qué tomamos determinadas decisiones. Pero ¿qué ocurre cuando esa memoria falla? ¿Y si aquello que creemos recordar nunca sucedió exactamente así?
El sacrificio parte de esa grieta para construir un thriller donde la investigación avanza al mismo ritmo que una pregunta mucho más profunda: cuánto de nuestra identidad depende de la verdad… y cuánto de la historia que nos contamos para poder seguir adelante. Henrik Fexeus.
La memoria: el lugar donde también se construye la identidad
P. La identidad del protagonista se convierte en un terreno inestable construido sobre un pasado incompleto. ¿Qué significa vivir sin conocer los propios orígenes?
R. Es una pregunta muy interesante. La mayoría de nosotros no recordamos los primeros cinco años de vida. En el caso de David, el protagonista de la novela, no recuerda sus doce primeros años. En realidad, la diferencia entre su caso y el de la mayoría de las personas no es tan grande.
He de decir que me siento identificado con David porque yo mismo he intentado alejar algunos recuerdos de mi infancia.
Para responder a tu pregunta también es importante entender cómo funciona la memoria. Muchas personas la imaginan como un álbum de fotos: coges una fotografía, la vuelves a guardar y, cuando la recuperas, sigue siendo exactamente la misma. Pero no funciona así. Cada vez que recordamos algo, modificamos ese recuerdo. Esa «fotografía» va cambiando.
Al final, la memoria está hecha de verdades, medias verdades e incluso algunas mentiras. Entonces surge la pregunta: ¿podemos confiar en nuestra memoria? Probablemente no.
Por eso, la diferencia entre no tener recuerdos, como le ocurre a David, y tenerlos es menor de lo que parece, porque tampoco podemos confiar plenamente en ellos.
Olvidar también puede ser una forma de sobrevivir
P. Estamos hablando de recuerdos, pero olvidar también puede proteger. ¿Qué valor tiene el olvido en la construcción del yo?
R. Hay un dicho que afirma que somos nuestras acciones, que son ellas las que definen nuestra identidad. Y eso es cierto, sobre todo desde la perspectiva de los demás.
Pero para nosotros mismos somos, sobre todo, las acciones que recordamos. ¿Hasta qué punto nuestras acciones definen quiénes somos si no podemos recordarlas?
Ahí es donde la memoria adquiere un valor especial. La pregunta que plantea la novela es precisamente esa: ¿quiénes somos si no podemos recordar lo que hemos hecho?
En el caso de David, al no recordar esos doce primeros años de su vida, podría parecer que tiene plena libertad para reinventarse y convertirse en quien quiera ser. Pero esa libertad también se construye sobre unos cimientos muy frágiles.
El poder como el gran miedo invisible
P. Las élites aparecen como los antagonistas visibles de la historia. ¿Qué representa el poder dentro del thriller?
R. Curiosamente, empecé a pensar en esa pregunta después de haber escrito el libro. Al principio introduje la sociedad secreta porque me parecía un elemento muy entretenido. Creo que a todos nos fascina la idea de que existan organizaciones ocultas.
Después comprendí que, en realidad, tenía mucho que ver con el poder y con la sensación de indefensión. Los seres humanos tenemos muy poco control sobre quiénes somos y sobre el entorno que nos rodea.
No hay nada que nos aterrorice más que esa falta de control. Es precisamente esa sensación la que muchas veces nos lleva a la ansiedad.
La idea de que exista otra persona, una entidad o un grupo que realmente controle nuestras vidas y nuestro entorno es, probablemente, una de nuestras mayores pesadillas. Es casi un miedo del subconsciente.

El miedo también sostiene muchos silencios
P. La corrupción y el silencio colectivo protegen a los poderosos. ¿Qué papel juega la complicidad social en la novela?
R. En la novela nadie conoce realmente esos secretos; solo los miembros de la sociedad secreta.
En el mundo real, creo que el silencio tiene mucho que ver con el miedo. Muchas personas callan por las consecuencias que una revelación puede tener para ellas o para sus seres queridos.
El miedo es un gran motor del comportamiento humano. Nos lleva tanto a evitar determinadas acciones como, en ocasiones, a cometerlas.
La gran traición de la novela no nace del enemigo, sino de la confianza
P. La relación entre paciente y terapeuta tiene una evidente ambigüedad moral. ¿Qué tensiones quería explorar a través de ese vínculo?
R. En la novela es una relación muy particular porque el terapeuta de David también es su mejor amigo, la persona que mejor lo conoce desde que era pequeño.
No cabe duda de que, como terapeuta, cruza algunos límites que no debería haber cruzado. Pero, al mismo tiempo, es quien considera que está mejor preparado para ayudar a David precisamente porque lo ha visto crecer.
En realidad, no quería centrarme tanto en la relación entre terapeuta y paciente como en la gran traición que atraviesa toda la historia. Tenemos a un personaje que al principio parece casi intachable, una figura bondadosa que incluso formula reflexiones muy profundas. Sin embargo, al final descubrimos que, en realidad, lo único que busca es salvarse a sí mismo, no salvar a David.
Más que hablar del vínculo terapéutico, quería utilizar esa relación como un vehículo para explorar la ansiedad y la traición. Además, resulta interesante que sea precisamente el terapeuta quien empuja a David a reinventarse, cuando sabemos perfectamente que eso no funciona.
Cuando no sabes quién eres, también cuesta expresar lo que sientes
P. ¿Dirías que el control emocional dentro de la novela es una herramienta de poder?
R. Definitivamente sí.
Creo que era un reto complicado porque, cuando escribes una novela, normalmente intentas dotar de emociones a los personajes. En este caso el desafío consistía precisamente en contenerlas.
David es un personaje muy reservado porque, de alguna manera, no ha tenido la oportunidad ni el aprendizaje necesario para expresar lo que siente. Tiene dificultades para establecer relaciones con otras personas y, por eso mismo, también es programador. Es una forma de protegerse del mundo exterior.
Creo que esa actitud nace de la sensación constante de que falta una parte de su historia personal. Hay algo que desconoce sobre sí mismo y esa carencia hace que no sepa realmente quién es. Precisamente por eso le cuesta expresar emociones, porque ni siquiera puede confiar plenamente en sus propios recuerdos.
Florence: un liderazgo construido desde la fortaleza, no desde el estereotipo
P. Florence se mueve en un entorno profesional dominado por hombres. Al mismo tiempo, representa un liderazgo femenino que se enfrenta a estructuras patriarcales. ¿Cómo encontró ese equilibrio?
R. Florence fue un personaje mucho más fácil de escribir que David. David es tan reservado emocionalmente que, por momentos, casi bordea lo aburrido.
En cambio, Florence apareció de una forma muy natural. Creo que es el resultado de todo lo que he visto a mi alrededor. Siempre he trabajado con mujeres muy fuertes, muy interesantes, y he podido observar de cerca cuáles son sus luchas y a qué tipo de entorno se enfrentan.
Así que, en realidad, solo tuve que recurrir a todo lo que había ido percibiendo durante mi vida para construir un personaje como Florence.
La infancia nunca desaparece del todo
P. Hemos hablado del peso de la infancia y de la ausencia de recuerdos. ¿Qué consecuencias emocionales tiene crecer con esa ausencia familiar o con una tradición familiar incompleta?
R. Creo que no existe una respuesta única. Depende muchísimo de cada persona, de cómo haya sido el resto de su crianza, del entorno social en el que haya crecido, de sus amigos, del colegio y del ambiente que la haya acompañado.
Por eso creo que no hay una única consecuencia posible.
P. No recordar la infancia no nos libera de la herencia familiar, ni de la genética. Aunque olvidemos esos primeros años, todo eso sigue influyendo en quienes somos.
R. Sí, sin lugar a dudas. Por eso vemos que el protagonista conserva una serie de valores. Aunque no recuerde su infancia, esos valores permanecen y siguen dando forma al núcleo de su personalidad.

Los símbolos permiten decir lo que las palabras no alcanzan
P. Elementos como el arte aparecen casi como un espejo del conflicto interior. Y, junto a ellos, la figura del padre y la idea del sacrificio atraviesan toda la novela. ¿Qué lectura simbólica le gustaría que hiciera el lector?
R. Para ser honesto, no hay una única lectura. Sí creo que la simbología funciona como una especie de atajo.
Los símbolos permiten que el lector comprenda determinados aspectos de la historia con mayor profundidad sin necesidad de explicarlos de forma explícita. Todos reaccionamos ante ellos.
Como escritor, eso me evita tener que sobreexplicar ciertos estados emocionales. Mi única esperanza es que esos símbolos sean lo suficientemente universales como para que el lector perciba las tensiones psicológicas que hay debajo de la historia sin que yo tenga que dedicar cincuenta páginas a explicarlas.
Enfrentarse a uno mismo exige más valentía que descubrir cualquier secreto
P. Para terminar, la verdad aparece en la novela como un territorio peligroso. ¿Qué significa enfrentarse a uno mismo sin filtros?
R. Creo que enfrentarse a uno mismo sin filtros requiere mucha valentía y, sobre todo, mucha humildad. Humildad para conocernos de verdad, para aceptar quiénes somos y también para perdonarnos por nuestros propios arrebatos.
Al final, espero que ese proceso conduzca a la paz interior. En el caso de David, eso es precisamente lo que está buscando: encontrar una paz que le permita construir unos cimientos más sólidos sobre los que levantar una vida más auténtica y unas relaciones más profundas.
Creo que es muy difícil construir una vida auténtica y establecer vínculos profundos si antes no existen esos cimientos.
P. El sacrificio es una historia absorbente, llena de tensión y de preguntas sobre la identidad, la memoria y el poder. Henrik, ha sido un placer. Muchísimas gracias.
R. Muchas gracias. Espero que también te guste la siguiente.
P. Seguro que sí.
CINCO IDEAS DE LA ENTREVISTA
- La memoria no conserva los recuerdos intactos: los reconstruye constantemente.
- La identidad también se construye sobre aquello que olvidamos.
- El miedo es uno de los grandes motores del comportamiento humano.
- El poder nace muchas veces de nuestra sensación de falta de control.
- Enfrentarse a uno mismo exige tanta valentía como descubrir la verdad.
ENCONTRARÁS…
Una conversación sobre memoria, identidad, trauma, poder, sociedades secretas y psicología. Henrik Fexeus explica cómo El sacrificio utiliza el thriller para explorar una pregunta profundamente humana: quiénes somos cuando dejamos de confiar en nuestros propios recuerdos.
IDEAL PARA…
- Lectores de thriller psicológico.
- Quienes disfrutan de novelas sobre memoria e identidad.
- Personas interesadas en la psicología humana.
- Lectores de suspense con reflexión filosófica.
- Quienes buscan historias donde el misterio nace de los personajes.
¿De qué trata El sacrificio?
La novela sigue a David, un hombre que no recuerda los doce primeros años de su vida. A partir de esa ausencia de memoria comienza una investigación que mezcla suspense, poder y búsqueda de identidad.
¿Qué temas aborda la novela?
La memoria, el trauma, la identidad, el miedo, la ansiedad, el poder, la traición y la construcción del yo.
¿Es un thriller psicológico?
Sí. Aunque existe una investigación y una sociedad secreta, el verdadero conflicto gira alrededor de la memoria, la identidad y las emociones de los personajes.
¿Quién es Henrik Fexeus?
Es escritor y experto en comunicación y comportamiento humano. En El sacrificio combina el suspense con la psicología para explorar cómo construimos nuestra identidad.
PREGUNTA PARA EL LECTOR
Si descubrieras que una parte importante de tus recuerdos nunca ocurrió como creías, ¿seguirías siendo la misma persona?
FICHA DEL LIBRO
Título: El sacrificio
Autor: Henrik Fexeus
Editorial: Planeta
Género: Thriller psicológico
Temas
- Memoria
- Identidad
- Trauma
- Poder
- Sociedades secretas
- Manipulación psicológica
- Miedo
- Verdad
- Relaciones humanas
- Búsqueda de la identidad
