Hermanas Greenwood:«Tienes que romperte del todo hasta ser añicos, ser cristal del todo, para poder reconstruir de ahí algo bonito».

«En España somos una mezcla de culturas y, a veces, somos racistas; es absurdo e hipócrita»

El panorama de la fantasía en España está viviendo una época dorada gracias a voces como las de las Hermanas Greenwood. Tras cautivar a los lectores con la bilogía formada por El despertar de las brujas y La hermandad de la luna, el dúo creativo regresa con su obra más introspectiva y ambiciosa: La Tormenta de los Eternos.

En esta nueva historia nos trasladan a Rolvara, un mundo donde la magia no se elige, se carga. A través de un complejo sistema de cristales y profecías, seguimos a Brianne, una protagonista atrapada entre el deber de su linaje y el deseo de libertad, mientras una tormenta inminente amenaza con desvelar las grietas de una sociedad marcada por el privilegio y los secretos.

El mundo de Rolvara y el debate interno

P.- En Rolvara el poder no se aprende, se nace con él. Bajo un cielo de tormentas y cristales, ¿quién eres cuando todo te empuja a ser otra cosa? Con La Tormenta de los Eternos nos situáis donde todo se resquebraja. ¿Qué hacemos en esta tormenta?

R. (Bea): En esta tormenta vamos a descubrir, a través de Brianne, ese debate interno entre la luz y la oscuridad que todos tenemos. Es llevar a la ficción decisiones sobre el deber, el corazón y el sacrificio. Ella se pregunta: «¿Merezco yo más comodidad que el destino de tantos?». Es una crítica introspectiva sobre uno mismo.

R. (Natalia): Es un libro con muchos espejos y reflejos. Los cristales funcionan como metáfora de cómo te puedes ver a ti misma en esta aventura. Queríamos que el lector se sintiera parte de ese descubrimiento.

El Sistema de Magia: Los Cristales

P.- Los cristales estructuran el mundo. ¿Os interesaba más su poder o lo que revelan sobre quienes lo usan?

R. (Bea): Hay dos tipos: los comunes, que sostienen los cimientos de la sociedad, y los mágicos, que guardan habilidades cotidianas. Tienen mucho valor por las «pullitas» que se sueltan los personajes a través de ellos. A veces, la trama nos pedía un cristal específico para que se viera la «cara oculta» de un personaje. Es un sistema que no solo abre una puerta física, sino que abre el corazón de los protagonistas.

R. (Natalia): Exacto. Ha habido cristales que creamos simplemente para usarlos, pero otros nos los «dio» la trama por necesidad narrativa. Es un proceso muy bonito porque termina siendo un sistema de magia muy completo a muchos niveles.

El Proceso Creativo: Escribir a «Cuatro Manos»

P.- En la fantasía parece que puedes coger piezas de una caja según te hacen falta. ¿Cómo lo gestionáis siendo dos?

R. (Natalia): En la fantasía no todo vale, debe tener estructura. Si establecemos que un cristal hace «A», no puede hacer «B» en el capítulo 9 solo porque nos convenga. Eso obliga al personaje a evolucionar; si no puede ir en línea recta, tiene que dar la vuelta a su mundo. Ahí es donde nace la verdadera trama.

R. (Bea): Somos muy «mapas» y nos gusta tenerlo todo controlado, pero siempre aparece el momento de «¿y si…?» y te toca cambiarlo todo. Al estar las dos, nos apoyamos. Sabemos los puntos fuertes de la otra y nos complementamos. Una es la voz de la razón, incluso cuando la otra no está de acuerdo.

La Tormenta y las Profecías

P.- La Tormenta es casi una identidad. ¿En qué momento decidisteis que la magia debe sentirse más que explicarse?

R. (Bea): Viene de las profecías que rigen la historia. En la edición del libro las pusimos al principio porque marcan la creencia de las comunidades, tanto los del acantilado como los que viven cerca de la playa, y cómo interpretan esa posible llegada del desastre.

R. (Natalia): La tormenta es un ente. Dios es «Padre y Madre», pero la tormenta les acompaña. Los Nadur, que son un pueblo extranjero, la sienten de forma muy distinta a los locales. Esa interpretación individual es la verdadera riqueza de la historia.

El Destino y la Protagonista «Elegida»

P.- ¿Es una historia de destinos inevitables o de personajes que intentan romperlos?

R. (Bea): Las dos cosas son complementarias. Jugar a ser Dios es divertido. Usamos el cliché de «la elegida» porque narrar la historia de un personaje secundario mientras el otro vive lo épico no sería interesante. Pero le hemos dado una vuelta de tuerca. Quienes han leído el final se quedan en shock; no se esperan lo que pasa en las últimas páginas.

R. (Natalia): Teníamos muy claro que ella sería la elegida, pero queríamos que el enfoque fuera totalmente diferente a lo habitual.

Romper para Renacer

P.- ¿Llega la tormenta para destruir o para revelar lo que ya está roto?

R. (Natalia): El mundo ya estaba fracturado y se sigue rompiendo a través de la protagonista. La finalidad de esa ruptura es poder unir las piezas finalmente. Es ver si eres capaz de reconstruirlo o si terminas de romperlo todo.

R. (Bea): Es la paradoja de que tienes que romperte del todo, hacerte añicos hasta ser cristal, para poder renacer de entre los fragmentos y construir algo bonito.

8. Dualidad y Enemigos Grises

P.- Los enemigos nunca están claros. Hacéis que el lector dude constantemente.

R. (Natalia): Queríamos que no hubiera una versión única. Al conocer ambos lados, entras en debate. Queríamos que el lector no supiera realmente quién es el culpable de la destrucción.

R. (Bea): Ponemos a Brianne en el medio, como el «tranchete de un sándwich». Está entre los privilegiados y los no privilegiados, entre Aiden y Radric. Acabas el libro entendiendo a los dos y odiando a los dos, porque así es la vida real.

La Identidad de Brianne: «¿Bri o Brianne?»

P.- Brianne deja de obedecer. ¿Cómo vive esa transición de «niña buena»?

R. (Bea): Ella era la hija perfecta, la estudiante modelo. Radric hacía que su destino como reina fuera fácil. Pero algo la tuerce. Brianne siempre tuvo alas reprimidas y, en cuanto ve una rendija, asoma la patita. Lo que hay fuera le llama demasiado como para quedarse entre rejas.

R. (Natalia): Hay una lucha interna muy fuerte. Ella misma se pregunta: «¿Soy Bri o Brianne?». Unos la llaman de una forma y otros de otra. Ese conflicto de hacia dónde «romperse» es lo que define su evolución.

Personajes Secundarios y Efecto Mariposa

P.- ¿Qué importancia tienen los personajes secundarios en esta obra?

R. (Bea): En un autoconclusivo no puedes profundizar como en una saga de nueve libros, pero aquí los secundarios son fundamentales. No están en un rincón.

R. (Natalia): Ellos obligan y arrastran a la protagonista a tomar decisiones. Tienen su propia historia y modifican por completo la trama principal. Es un efecto mariposa: sin ellos, la historia no existiría.

El Romance como Desafío

P.- ¿El romance es un espacio seguro o de riesgo?

R. (Natalia): Es un riesgo constante. Ella se juega mucho cada vez que rompe los esquemas de su educación modélica.

R. (Bea): El romantasy nos permite desafiar las reglas. Radric y Brianne se han criado juntos, pero ves cómo él se transforma en algo oscuro y obsesivo. Radric le da al lector unas cosas y Aiden otras. Te hace seguir leyendo porque piensas: «¿Por qué me gusta esto si sé que no debería?».

Espacios Sensoriales y Worldbuilding

P.- Los espacios tienen una energía casi sensorial. ¿Cómo los construís?

R. (Natalia): Nos gusta que percibas colores, olores y ruidos. El barullo del mercado o los destellos de los cristales. Queremos que el libro tenga una apariencia visual muy clara.

R. (Bea): Jugamos con los sentidos. Pasas del circo de los Nadur, que es caos y barro pero que a ella le encanta, al castillo señorial donde todo brilla. Es fascinante ver cómo un mundo limitado en un mapa puede ofrecer contrastes tan grandes.

Hipocresía, Racismo y Radric

P.- El rechazo a los Nadur es muy humano e incómodo. ¿Buscabais esa reflexión?

R. (Natalia): Queríamos entender qué lleva a los pueblos a esas situaciones y ver sus motivos desde dentro. Conocer a los Nadur abre la visión del contexto global.

R. (Bea): El libro habla de la hipocresía. En España somos una mezcla de culturas y a veces somos racistas, lo cual es absurdo. Radric tiene un odio arraigado porque sus padres se lo enseñaron, pero el destino le da una bofetada y le obliga a ver que él viene de donde viene. Él lucha porque ese odio es el fundamento de su vida. También hay secundarios que saben de dónde vienen pero prefieren la comodidad de la ignorancia y deciden no cuestionarse nada.

Justicia y Consecuencias

P.- ¿Qué os interesaba más: la justicia o las consecuencias de los actos?

R. (Natalia): Las consecuencias. Al cerrar el libro, el mensaje es: «Esto es lo que pasa cuando haces lo que haces».

R. (Bea): Con Radric ves cómo se pierde el control en una espiral de odio. Al final, cuando llega la calma, se queda solo en medio del desastre que él mismo ha provocado, con todo en llamas a su alrededor, y tiene que asumir que se lo ha labrado él solito.

15. Maternidad y Sensibilidad al Escribir

P.- ¿Cómo os ha afectado ser madres en vuestra forma de narrar emociones?

R. (Bea): Desde que somos madres todo nos afecta más. Los sentimientos se han triplicado. Antes me fijaría solo en la protagonista, pero ahora veo a la madre de Brianne y sufro por ella.

R. (Natalia): El libro está dedicado a las madres. Hay una escena muy cruda sobre un grupo de madres en el campamento Nadur que simboliza «la tormenta sin hijos». Es curioso porque la historia se planteó antes de ser mamás, pero acabó convergiendo de forma muy especial. Le damos mucho valor a la figura materna en esta obra.

16. Cierre: Poder, Amor y Memoria

P.- Si la tormenta arrasara con todo, ¿qué sobreviviría?

R. (Natalia): Por desgracia, sobreviviría el poder. Y la memoria también, pero la memoria de los que ganan, que no siempre es la real. Cuesta mucho más llegar a la memoria de los perdedores.

R. (Bea): El amor no está ganando de momento, hay que darle fuerza. Las nuevas generaciones son más conscientes de dónde hay que poner el poder. Lo importante es escuchar todos los puntos de vista, las religiones y las culturas. Lo que hacemos con Brianne y los Nadur es, precisamente, escuchar la memoria silenciada.