Nacho Faerna: «1968 sigue explicando el mundo en el que vivimos»

Edén, una novela que viaja a la Ibiza de 1968 para reflexionar sobre la memoria, la ficción, el poder y los relatos que construyen nuestra forma de entender el mundo.

La Ibiza que desmonta el mito hippie

La memoria nunca es un territorio estable. Cambia con el paso del tiempo, con lo que descubrimos después y con las historias que nos contamos para entender quiénes fuimos. Esa incertidumbre recorre de principio a fin la obra de Nacho Faerna y vuelve a convertirse en el eje de Edén, una novela que utiliza la Ibiza de 1968 para hablar de mucho más que un lugar o una época.

Bajo el mito de la isla, de la contracultura y de la revolución de las costumbres, Faerna explora cuestiones que atraviesan toda su narrativa: la verdad y la impostura, el poder de las imágenes, la fragilidad del recuerdo y la distancia que siempre existe entre lo que ocurrió y lo que creemos que ocurrió. El resultado es una novela que dialoga constantemente con el presente y que invita a preguntarse cuánto queda de aquellas utopías y qué nuevos relatos gobiernan hoy nuestra manera de mirar el mundo.

Conversamos con Nacho Faerna sobre memoria, ficción, poder, cine y literatura, pero también sobre un tiempo en el que la inteligencia artificial amenaza con transformar nuestra relación con la verdad y con las propias historias que contamos

P. Antes de entrar en la novela, tengo que preguntarte por la portada. Es una de esas que llaman la atención en cuanto entras en una librería.

R. Sí, además sale de lo normal, de lo común. Es muy llamativa. Pensé que conseguir los derechos iba a ser complicado porque me encontré la obra durante la documentación. Es de un pintor suizo que vivió prácticamente toda su vida en Deià, en Mallorca.

¿Sabes el disco Abraxas, de Santana? La portada reproduce una Anunciación, pero con una mujer negra, exuberante y desnuda. Es una imagen muy famosa, muy espectacular. Es del mismo pintor.

En algún momento incluso contemplé la posibilidad de convertirlo en uno de los personajes reales que aparecen mezclados en la historia, aunque al final no fue así. Pero cuando vi este retrato me obsesioné. Mientras escribía la novela lo tuve como fondo de pantalla. Le dije a Miriam que intentáramos conseguir los derechos. Sabía, porque seguía a los herederos en Instagram, que sus hijos habían nacido y vivido en España y que estaban en Barcelona.

Al final fue posible y me gusta mucho el resultado porque resume muy bien el espíritu de lo que quería transmitir, esa atmósfera de la época.

P. Antes de entrar en la novela, tengo que preguntarte por la portada. Es una de esas que llaman la atención en cuanto entras en una librería.

R. Sí, además sale de lo normal, de lo común. Es muy llamativa. Pensé que conseguir los derechos iba a ser complicado porque me encontré la obra durante la documentación. Es de un pintor suizo que vivió prácticamente toda su vida en Deià, en Mallorca.

¿Sabes el disco Abraxas, de Santana? La portada reproduce una Anunciación, pero con una mujer negra, exuberante y desnuda. Es una imagen muy famosa, muy espectacular. Es del mismo pintor.

En algún momento incluso contemplé la posibilidad de convertirlo en uno de los personajes reales que aparecen mezclados en la historia, aunque al final no fue así. Pero cuando vi este retrato me obsesioné. Mientras escribía la novela lo tuve como fondo de pantalla. Le dije a Miriam que intentáramos conseguir los derechos. Sabía, porque seguía a los herederos en Instagram, que sus hijos habían nacido y vivido en España y que estaban en Barcelona.

Al final fue posible y me gusta mucho el resultado porque resume muy bien el espíritu de lo que quería transmitir, esa atmósfera de la época.

P. Has situado la novela en un año en el que coinciden la rebelión política, la revolución sexual, Vietnam, la Primavera de Praga y una profunda transformación cultural. ¿Qué tenía 1968 para ser el único momento posible para esta historia?

R. El origen de mi interés por ese momento tiene que ver con que yo nací el año anterior, en 1967, justo después del Verano del Amor. Siempre me ha interesado cómo era el mundo cuando uno acaba de llegar a él.

Además, estamos hablando de una década que ha impregnado toda nuestra cultura. Es, en gran medida, nuestra educación sentimental. Tengo dos hermanos mayores, cinco y seis años más que yo, y la música que sonaba en casa, los libros y, sobre todo, las películas que me marcaron pertenecen a esa época.

El interés parte de ahí. Yo intento contar historias que sean interesantes. No escribo novelas para defender una tesis ni para obligar al lector a sacar una conclusión determinada. Lo que quiero es contar una historia y que cada cual extraiga la suya.

Pero sí me parecía que situarla en ese momento concreto tenía sentido porque todo lo que has mencionado —la revolución sexual, el Mayo del 68, el enorme cambio sociocultural que se estaba produciendo simultáneamente en buena parte del mundo— convertía aquel contexto en un escenario especialmente interesante.

P. Hablábamos antes de la fotografía y del cine. ¿Dirías que, de alguna manera, películas como 2001: Una odisea del espacio también contribuyeron a construir visualmente aquella época?

R. Mira, has mencionado el rodaje de More, que se produce en el otoño de 1968. De hecho, fue durante la documentación cuando terminé de situar la historia. El comienzo de la novela está en mayo del 68 porque me parecía muy representativo de todo lo que estaba ocurriendo.

Además, hubo algo que me sorprendió al documentarme: al Mayo del 68 le ha pasado un poco lo mismo que al movimiento hippie. También se ha convertido en una caricatura. Se recuerda el idealismo juvenil, aquello de «la playa está debajo de los adoquines» o «prohibido prohibir», cuando en realidad fue una revuelta muy seria que podría haber terminado de una forma muy distinta. Me parecía importante recuperar esa dimensión.

P. Lo que quería decirte es que en Edén la fotografía y el cine tienen un peso muy importante y quizá, en los años sesenta, también formaban parte de esa construcción visual del mundo que hoy ya no tenemos.

R. Claro. Cuando descubrí que, justo en el otoño en que mi personaje llega a la isla, se estaba rodando More, comprendí que aquella película me iba a servir muchísimo como herramienta de documentación.

Es una película completamente independiente, rodada con un estilo casi documental. Fueron allí con un equipo muy pequeño y la Ibiza que aparece en pantalla resulta muy valiosa. Me ayudó precisamente a huir del estereotipo.

Hay un detalle que llama mucho la atención: cuando ves a los hippies de 1968, no hay ni un pelo largo. No les había dado tiempo a dejarse el pelo. La protagonista lleva incluso un corte a lo Jean Seberg en Al final de la escapada, y el protagonista es un chico completamente normal, casi burgués, que llega allí, descubre las drogas y empieza a experimentar. Eso rompía por completo el imaginario que tenemos hoy y me resultó muy útil.

Después me di cuenta de otra coincidencia. En España se estrenó El planeta de los simios justo antes del verano y, al final de ese mismo verano, 2001: Una odisea del espacio. Son dos películas que marcaron mi adolescencia. Las vi siendo muy joven y las recuerdo perfectamente.

Son películas aparentemente muy distintas, pero tienen muchas cosas en común. Las dos son ciencia ficción y, como ocurre con las buenas novelas y con las buenas historias, hablan mucho más de la época en la que fueron creadas que del tiempo en el que sitúan su acción.

Como soy muy cinéfilo y el cine forma parte de mi vida, era imposible no utilizarlo como referencia. Igual que creo que mi novela habla, en el fondo, mucho más del mundo en el que vivimos ahora que de aquella década lejana.

«La ficción puede contar una verdad más profunda»

P. En la novela también aparecen los falsificadores. Una falsificación perfecta no solo engaña al espectador; también pone en duda nuestra capacidad para distinguir el original de la copia. No sé si la impostura termina revelando más sobre quien miente o sobre quien necesita creer.

R. Muy buena reflexión.

En realidad, ese tema no lo introduje porque quisiera hablar de la impostura. Surgió durante la documentación. Yo ya conocía al personaje de Elmyr de Hory, la película de Orson Welles sobre él y también la figura de Clifford Irving, un escritor que siempre me ha interesado mucho. Todos ellos formaban parte de esa cosmopolita tan particular que existía en la Ibiza de aquellos años.

Eso conecta con lo que decía antes sobre Walker Evans, cuando afirma que la cámara miente casi siempre. Es una idea que me preocupa mucho. Cuando escribo ficción soy plenamente consciente de que estoy haciendo exactamente eso: inventar.

A mí la ficción que más me interesa es la ficción que, aunque mezcle personajes reales o se sitúe en un contexto histórico reconocible, es capaz de decir una verdad más profunda.

Me tomo muy en serio la ficción, precisamente porque está hecha de cosas inventadas. Alonso Quijano probablemente sea el manchego más influyente de su tiempo, y nunca existió. Seguramente tampoco hubo ningún español de aquella época que haya influido tanto en nuestra forma de mirar el mundo como ese personaje inventado por Cervantes.

Los personajes de ficción son muy importantes en mi vida. La impostura, entendida de esa manera, puede convertirse en una herramienta para contar la verdad con más eficacia que un simple recuento de los hechos.

Porque ¿qué es un relato completamente objetivo de los hechos? Incluso los historiadores más rigurosos incorporan inevitablemente un punto de vista.

Y eso enlaza también con la memoria, otro de los grandes temas de la novela. Si tú y yo recordamos un mismo acontecimiento vivido hace muchos años, seguramente lo haremos de forma distinta, aunque los dos estuviéramos allí. Entonces, ¿quién dice la verdad?

La verdad es otra cosa. Está debajo del relato que hacemos de ella. Para mí eso es muy importante. Yo cuento una historia y el primero que tiene que creer en ella soy yo para intentar que después también la crea el lector.


Cuando el poder aprende a disfrazarse

P. Otro de los temas importantes de la novela es el poder, que nunca se presenta como poder, sino que se disfraza de libertad, de revolución o de aventura. ¿Las formas más eficaces de control son precisamente las que no se reconocen como tales?

R. En mi vida real tiendo muy poco a creer en las teorías conspirativas o conspiranoicas. Soy muy poco paranoico y les doy muy poco crédito. Pero, en el terreno de la ficción, me parece que no hay que tomarlas al pie de la letra, aunque muchas veces revelan cómo es el mundo en realidad.

No creo que el control de lo que sucede se decida en una sala oscura, pero sí que la libertad de nuestros movimientos está cada vez más limitada. Creo que vamos hacia un mundo mucho más controlado y que resulta muy fácil ir cediendo parcelas de libertad.

En la vida real tiendo a ser muy escéptico, pero en la ficción es una tentación demasiado fuerte como para no seguirla. Siempre tiendo a dar crédito a las versiones más conspirativas. Una conspiración consiste en varias personas que se ponen de acuerdo para conseguir un fin. Lo paranoico es pensar que realmente se han reunido y se han puesto de acuerdo.

Lo que sí creo que sucede en la realidad es que existen intereses comunes. No hace falta que quienes los comparten se reúnan. El resultado es que determinadas cosas terminan ocurriendo porque hay mucha gente remando en la misma dirección.

Eso está presente en Edén y también aparecía, de una manera mucho más clara y en un tono completamente distinto, en mi novela anterior, Bendita democracia americana, que está conectada con esta.

La razón por la que la novela tiene dos líneas temporales —una que transcurre entre 1968 y principios de los setenta y otra situada en el presente de Daniel, en 2001— tiene que ver, por un lado, con la película. El año 2001 era el futuro de Daniel.

Yo recuerdo preguntarme de niño cómo sería la vida en 2001, si realmente sería como aparecía en la película. Ahora estamos en 2026 y parece que se nos ha olvidado, pero en 2001 sucedió lo que sucedió.

Creo que en 2001 cambió todo de una manera evidente. El mundo en el que vivimos ahora es producto de 2001. Entonces sí se produjo una revolución que no tuvo nada que ver con la que no llegó a producirse a finales de los sesenta y principios de los setenta.

Y tuvo éxito precisamente por los motivos por los que aquella fracasó: porque no fue una revolución popular ni un movimiento social espontáneo, sino algo que obedecía a los intereses de quienes acumulaban mucho poder.


«Estamos delegando una capacidad del ser humano»

P. Para terminar, Nacho, has escrito una novela sobre una generación que creyó que iba a cambiar el mundo. ¿Cuál crees que es la gran ficción que está viviendo ahora la nuestra?

R. Me preocupa muchísimo la inteligencia artificial. Lo comento a menudo con mis compañeros. Creo, por ejemplo, que mi oficio está condenado a desaparecer dentro de muy poco tiempo. De hecho, ya está sucediendo.

Supongo que se mantendrá de alguna manera, como ha ocurrido con otros oficios. Cuando compramos una vajilla, vamos a una gran superficie y adquirimos una fabricada industrialmente. Sin embargo, cuando estamos de vacaciones, llegamos a un pueblo bonito y entramos en una tienda, compramos una pieza de cerámica hecha por una persona. Esa pieza tiene claramente el rastro de lo humano y le damos un valor especial.

Podemos utilizarla en nuestra vida diaria o conservarla como una pieza singular. Nadie coloca en el centro de la mesa unas frutas maravillosas dentro del recipiente comprado en una gran superficie. Aprovecha y utiliza la pieza de cerámica.

Creo que quienes contamos historias acabaremos convirtiéndonos en ceramistas. O en carpinteros. Cuando compras una mesa, vas a una gran superficie. Pero cuando necesitas un mueble a medida para una pared concreta, llamas a un carpintero. Lo valoras de otra manera.

Los carpinteros siguen existiendo, aunque la mayoría de la gente ya no acuda a ellos para comprar sus muebles. Nosotros nos convertiremos en algo parecido.

Lo que me preocupa es que no estamos hablando de sillas o de piezas de cerámica, sino de la cultura, de las ideas, del pensamiento y de la manera en que la gente se expresa.

Cuando empecé a ver en el trabajo que algunas personas recurrían a la inteligencia artificial para que les escribiera los correos electrónicos, pensé: «Estamos acabando». ¿Cuánto se tarda en escribir un correo? Es verdad que hay gente que tarda más de lo que quisiera o que se bloquea.

Como se supone que expresarme con palabras es algo que debo hacer con cierta facilidad, escribir un correo no me cuesta ningún trabajo. Pero, en el momento en que delegas en una inteligencia artificial la expresión de lo que piensas, de lo que quieres decir o de lo que quieres comunicar, estás renunciando a algo muy importante.

El otro día leí en El País una entrevista a Harari, el autor de Sapiens, de una lucidez extraordinaria. Hay quienes dicen que la inteligencia artificial es una herramienta, pero ¿cómo va a ser solo una herramienta?

Él ponía un ejemplo que me parece fantástico: un cuchillo no decide si se utiliza para matar a alguien o para cortar una lechuga. Eso es una herramienta. La inteligencia artificial, en cambio, sí puede decidir para qué utiliza aquello que le has enseñado a hacer.

Creo que estamos delegando una capacidad del ser humano y que eso es peligrosísimo. Y cuando entramos en el terreno de los sentimientos y de las emociones, con personas que tienen amigos o parejas virtuales, me parece un disparate.

De ahí solo puede salir una distopía muy desagradable. No soy nada optimista en ese sentido. Ya tengo una edad y espero que, laboralmente, todavía se siga recurriendo durante algún tiempo a los «ceramistas» para hacer lo que yo hago, aunque creo que será poco tiempo.

Solo podemos confiar en ser lo bastante conscientes de que esto supone un peligro muy grande y tratar de limitarlo, porque es algo muy grave. A mí, sinceramente, me da mucho miedo.

CINCO IDEAS DE LA ENTREVISTA

  • La Ibiza hippie fue mucho más compleja que el mito que el paso del tiempo ha construido sobre ella.
  • La ficción puede acercarse a una verdad más profunda que un relato estrictamente factual.
  • El cine y la literatura hablan siempre de la época en la que nacen, aunque sitúen sus historias en otro tiempo.
  • El poder resulta más eficaz cuando consigue ocultarse bajo la apariencia de la libertad.
  • La inteligencia artificial plantea un desafío cultural que afecta a nuestra forma de pensar, escribir y crear.

ENCONTRARÁS…

Una conversación que parte de Edén para recorrer la Ibiza de 1968, desmontar algunos mitos de la contracultura y reflexionar sobre la memoria, la ficción, el poder, el cine y el papel que la inteligencia artificial puede desempeñar en el futuro de la creación.


IDEAL PARA…

  • Lectores de novela contemporánea con trasfondo histórico.
  • Interesados en la Ibiza de finales de los sesenta y la contracultura.
  • Amantes del cine, la literatura y los grandes relatos culturales.
  • Quienes disfrutan de entrevistas que trascienden la promoción de un libro y abren un debate sobre el presente.

LAS CLAVES DE EDÉN

¿De qué trata Edén?

La nueva novela de Nacho Faerna viaja a la Ibiza de 1968 para reconstruir una época marcada por la contracultura, las utopías y la revolución cultural. A partir de ese escenario reflexiona sobre la memoria, la verdad, el poder y la fragilidad de los relatos con los que explicamos el pasado.

¿Por qué sitúa la historia en 1968?

Porque considera que fue un momento decisivo en la transformación cultural de Occidente y el mejor escenario para explorar el origen de muchas ideas y conflictos que siguen definiendo el mundo actual.

¿Qué papel desempeña el cine en la novela?

Películas como More, 2001: Una odisea del espacio o El planeta de los simios forman parte del imaginario de la obra y ayudan a reconstruir la mirada de toda una generación sobre aquella década.

¿Puede la ficción contar una verdad más profunda que los hechos?

Es una de las grandes ideas de la novela. Faerna defiende que una historia inventada puede revelar aspectos de la realidad que un simple relato de los acontecimientos no siempre alcanza.

¿Qué reflexión hace sobre la inteligencia artificial?

El escritor cree que el mayor riesgo no es tecnológico, sino humano: delegar en la inteligencia artificial nuestra capacidad para pensar, expresarnos y crear.


PARA SEGUIR LA CONVERSACIÓN…

Nacho Faerna sostiene que la ficción puede acercarse más a la verdad que un relato de los hechos. ¿Estás de acuerdo o crees que la literatura nunca debería sustituir a la realidad?

FICHA DEL LIBRO

Título: Edén
Autor: Nacho Faerna
Editorial: Espasa
Colección: Espasa Narrativa
Publicación: 3 de junio de 2026
Páginas: 360
Precio: 21,90 €

Y, si quieres añadir un pequeño cierre (como hacemos en las demás), pondría:

Una novela que desmonta el imaginario de la Ibiza hippie para explorar la memoria, la impostura, el poder de las imágenes y las historias con las que construimos la verdad.