Viviana «¿Por qué no decir simplemente: «Sí, fueron nazis, pero nosotros ya no lo somos»?»

Viviana Rivero reconstruye la huella del nazismo en Argentina para reflexionar sobre la herencia familiar, la culpa y la posibilidad de romper con el pasado.

Un apellido que pone en duda toda una vida

La historia siempre deja un rastro, aunque a veces permanezca oculto durante décadas. Esa huella es el territorio en el que mejor se mueve Viviana Rivero. Desde hace años construye novelas donde los grandes acontecimientos históricos sirven para iluminar conflictos íntimos: la identidad, la culpa, la memoria o los vínculos familiares. En Secretos de sangre vuelve a adentrarse en ese espacio donde la ficción dialoga con la investigación histórica para preguntarse qué ocurre cuando el pasado deja de ser un relato heredado y se convierte en una pregunta personal.

Un nombre escrito en una pared puede parecer un gesto menor, casi anónimo. Pero a veces basta una palabra para que el pasado empiece a moverse, lento, incómodo, como si hubiera estado esperando ese instante para volver. Entre ciudades que no descansan y territorios donde el silencio pesa más que la memoria, Secretos de sangre se adentra en todo aquello que una familia decide callar y en las preguntas que terminan abriendo las puertas de la verdad. Con esa imagen comienza nuestra conversación.

P. Alex Müller descubre de un día para otro que la historia sobre la que ha construido su vida quizá no era la que él creía. ¿Quién es y qué desencadena esa búsqueda?

R. Alex es un médico que vive en Nueva York y una mañana se levanta y encuentra las paredes de su casa llenas de grafitis. Lo acusan de que su apellido es nazi, de que él es nazi y de que su familia es nazi.

Al principio cree que habrá sido la travesura de algún muchacho. Pinta las paredes y trata de olvidarlo. Pero, cuando una semana después vuelven a aparecer las pintadas, empieza a preguntarse qué pasó realmente en su familia. Sabe que tuvo un abuelo diplomático durante la época nazi y una abuela de origen judío, así que siempre creyó que todo estaba bien. Sin embargo, decide llegar hasta las últimas consecuencias.

La novela alterna dos tiempos. En el presente, Alex regresa a la Argentina para reencontrarse con sus raíces e investigar qué pasó con esos jerarcas nazis y si su abuelo tuvo algo que ver con todo aquello. Los capítulos del pasado cuentan la historia de esos abuelos cuando eran jóvenes.

Mientras Alex avanza en la investigación y descubre también su propio destino —porque conocerá a una mujer que tiene mucho que ver con esta historia—, el lector va descubriendo qué ocurrió realmente con sus abuelos y cuál fue su papel.

La historia detrás de la ficción

P. La novela nace de una investigación histórica muy sólida. ¿Qué descubrimiento fue el que hizo arrancar toda esta historia?

R. Más allá de la historia que invento con los personajes principales, está lo que realmente sucedió desde el punto de vista político y social.

Todo comenzó con un barco alemán que se hundió en las aguas del Río de la Plata. El capitán, para no entregarlo a los ingleses, decidió hundirlo él mismo y salvar a los mil marinos alemanes que iban a bordo. Eran muchachos de entre veinte y veinticinco años.

Los enviaron a Buenos Aires pensando que volverían a la guerra. Pero Argentina, al ser un país neutral, no podía hacerlo y quedaron internados. Eran una especie de prisioneros, aunque tenían cierta libertad: podían cambiarse de provincia, casarse con argentinas y tener hijos.

La guerra duró cinco años y, cuando Argentina le declaró la guerra a Alemania, pasaron a ser prisioneros de guerra. Tuvieron que separarlos de sus esposas y de sus hijos. Algunos escaparon y otros fueron enviados de regreso a Alemania para ser juzgados.

Cuando encontré esta historia me impresionó muchísimo. Además, tuve la oportunidad de hablar con un hijo de uno de aquellos marinos. Ya había hablado antes con una hija, pero este hombre había recopilado muchísimos detalles sobre la vida de su padre: qué le ocurrió y qué pasó con quienes regresaron a Alemania.

Aquella fue la punta del ovillo de toda mi investigación.

P. Después de reconstruir toda esa presencia alemana en Argentina, ¿tu intención era contar unos hechos históricos o cuestionar la forma en que se han contado?

R. Traté de ser lo más verosímil posible, de liberarme de todo prejuicio y contar las cosas tal y como las iba encontrando.

A Argentina llegaron muchísimos jerarcas nazis y muchos vivieron ocultos durante décadas. Pero, al mismo tiempo, creo que Argentina tiene la segunda comunidad judía más grande del mundo. Es un cóctel muy extraño y quise reflejarlo en la novela.

Además, existen dos corrientes de historiadores: una sostiene que Hitler sí estuvo en Argentina después de que se anunciara su muerte y otra afirma que no. Yo investigué mucho y me incliné por la que me pareció más sólida. Muchas de las cosas que aparecen en el libro nacen precisamente de esa investigación sobre si realmente estuvo allí y dónde pudo haber estado

El peso de la herencia familiar

P. Alex descubre que un simple apellido puede poner en duda toda una vida. ¿Te interesaba explorar hasta qué punto el pasado familiar acaba condicionándonos?

R. Creo que el apellido nos pesa mucho más de lo que imaginamos. También creemos que somos dueños absolutos de nuestra vida, que estamos aquí porque elegimos este camino. Sin embargo, muchas veces llegamos hasta un lugar por decisiones que tomaron un padre o un abuelo.

P. Quizá sale cuando alguien está dispuesto a escuchar. En todas las familias hay secretos. Vivimos con ellos porque preferimos no hacer determinadas preguntas, pero cuando alguien decide formularlas, todo cambia.

R. Exactamente. Es como si estuviera buscando salir.

No sé si llamarlo la verdad, pero sí hechos en los que alguien salió herido, alguien quedó lastimado o sufrió una injusticia. Todo eso pugna por salir.

Y en esta novela le toca a Alex. Al principio todo le resulta casi una molestia. Cree que va a ser una investigación sin demasiada importancia y termina cambiándole completamente la vida.

Además, llega un momento en que el lector se convierte en mi cómplice, porque la escritora y el lector conocen cosas que los personajes todavía no saben.

Cuando la verdad también transforma a quien la busca

P. ¿Dirías entonces que Alex busca la verdad o, en el fondo, busca liberarse de la culpa que otros proyectan sobre él?

R. Creo que empieza buscando la verdad y liberarse de esa culpa, pero llega un momento en que todo eso pasa a un segundo plano.

La investigación termina influyendo en su vida, en sus decisiones. Lo hace reencontrarse con el potencial que tenía, con el Alex que podía llegar a ser y no era porque estaba demasiado cómodo donde estaba.

Toda esa incomodidad termina llevándolo a otro nivel como persona.

Coralina: la mujer que cambia el rumbo de la historia

P. Coralina aparece en ese camino. ¿Es una guía hacia la verdad o una nueva fuente de conflicto?

R. Coralina, es la mujer que conoce Alex. Ellos prácticamente no saben quién es realmente el otro, pero el lector sí.

Y yo creo que es las dos cosas uy eso también supone un conflicto para él.

Como suele ocurrir en la vida, los desafíos que se nos presentan casi siempre terminan haciéndonos mejores. No nos gustan cuando aparecen problemas que no esperábamos ni queríamos, pero después, cuando los enfrentas, los desmenuzas y resuelves aquello que tenías pendiente, creo que vivimos mejor y somos mejores personas.

Aunque al principio todo resulte muy conflictivo y nos haga sufrir un poco.

P. ¿Coralina mueve la historia o también está atrapada dentro de ella?

R. Yo creo que Coralina mueve la historia porque tiene mucho poder de decisión. Incluso un «no» suyo puede cambiar la vida de Alex.

Coralina representa a una mujer de hoy. Frente a ella está Amalia, una mujer de los años cuarenta, educada con la idea de que una mujer estaba incompleta sin un hombre.

Creo que, al menos en mi generación, también crecimos con esa sensación. Cuando era muy jovencita parecía que, si no tenías un hombre, estabas incompleta. En cambio, ahora ya no sentimos eso. Y eso es Coralina.

Nosotras amamos a nuestros hombres, los queremos y son bienvenidos, pero no estamos incompletas sin ellos.

Coralina tiene un hijo, ha conseguido estabilidad, vive en paz y vive de su trabajo. Por eso, aunque aparezca el candidato más interesante y le remueva los cimientos, ya no se plantea tan fácilmente irse a otro país y empezar de cero.

La mujer actual ya no se tira a la piscina por un amor tan fácilmente.

Me interesaba establecer ese paralelismo entre cómo vivía el amor una mujer en 1940 y cómo lo vive una mujer de hoy, que, por lo menos en mi generación, ha ido comprendiendo todo esto.

Mi hija lo tiene clarísimo: sabe que no está incompleta sin un hombre. Yo tuve que aprenderlo. Hoy ya no me siento incompleta sin una pareja. Los queremos, por supuesto, pero creo que tanto un hombre como una mujer están completos sin necesidad de tener pareja.

La redención también puede heredarse

P. ¿El vínculo entre ellos acaba siendo una forma de redención o termina complicándolo todo aún más?

R. Mi idea, cuando escribí la novela, era la redención.

En este libro hay una familia que ha perjudicado muchísimo a otra, que ha provocado una gran injusticia y mucho dolor. Y la misma sangre que hizo daño es la que va a tener que sanar. Es la misma sangre, solo que los personajes no lo saben.

A veces creo que así funciona la vida. Es como cuando uno planta buenas semillas y piensa: «Hace tanto tiempo que estoy plantando y no nace lo que quiero. Hago todo bien y, en lugar del olivo que planté, nacen otras cizañas».

Creo que es una cuestión de tiempo. Hay buenas semillas que no vemos crecer en nuestra generación, sino en la siguiente. Y es duro tener que esperar tanto.

Eso es precisamente lo que intento mostrar en la novela.

Soy una convencida de que hay fuerzas superiores —podemos llamarlas universo, Dios o como cada uno quiera— que van ordenando las piezas del puzle. Llega un momento en que esa injusticia, esa pérdida de armonía, termina encontrando su lugar. Y, a veces, ocurre en la siguiente generación, como sucede en este libro.

P. Entonces la culpa, los silencios y el pasado se heredan. Otra cosa es qué decide hacer cada uno con esa herencia.

R. Sí. Me gusta mucho una frase que dice: «No importa lo que te hicieron; lo importante es lo que tú vas a hacer con lo que te hicieron».

A veces estamos tan sumergidos en el dolor que creemos que ha invadido todas las áreas de nuestra vida. Pero, si tienes un momento de lucidez, te das cuenta de que eres tú quien decide hasta dónde vas a dejar que eso entre en tu vida.

Es un poco lo que van a encontrar en el libro.

Un pasado que sigue incomodando

P. ¿La presencia del nazismo en Argentina sigue siendo un tema que incomoda?

R. En Argentina y en el mundo entero.

Me llamó mucho la atención cuando hicimos la cubierta del libro. Esta novela está relacionada con Secreto bien guardado. Tiene principio y final y puede leerse de forma independiente, aunque algunos personajes vuelven a aparecer.

En la cubierta pusimos una esvástica. En la edición en papel nos lo permitieron, pero en el ebook no, porque en internet no puede aparecer nada que lleve una esvástica.

También me sorprendió que, cuando escribía en mi ordenador la palabra «nazismo», me la sustituyera por XXX. Nunca aparecía la palabra.

Estamos hablando de casi cien años después y sigue generando inquietud.

La historia transcurre en dos hoteles que existieron de verdad y estuvieron relacionados con el nazismo.

Uno de los descendientes de los dueños de aquella época sigue vivo. En el caso del Hotel Edén no niegan esa relación, porque existen muchísimas fotografías de sus abuelos con Hitler. Eran amigos personales, habían ido juntos a la escuela. Doña Ida, la dueña del hotel, era amiga personal de Hitler. Hablo mucho de todo eso en la novela.

No pueden negarlo porque las fotografías existen.

En cambio, el otro hotel sí niega esa relación.

Hablando con uno de los historiadores, me dijo: «Te voy a pasar una página». Es una página de internet donde aparece una lista negra con las personas que ayudaron al régimen nazi. Solo pueden acceder judíos y, si no lo eres, tienes que pagar una cantidad importante para entrar.

Él me iba enviando toda esa información por WhatsApp. Teníamos largas conversaciones y me pasaba los apellidos. Están ahí. Y duele. A veces también da vergüenza.

Yo pensaba: ¿por qué no decir simplemente «Sí, fueron nazis, pero nosotros ya no lo somos»? Estamos en otra época. Yo no he heredado eso.

Creo que tiene mucho más mérito reconocerlo y decir: «Ellos fueron, pero nosotros no».

Por eso sigue siendo un tema muy sensible desde todos los puntos de vista.

Cuando la literatura consigue unir lo que la historia separó

P. Mencionabas la capacidad que tienen los libros para unir a personas que llegan desde lugares completamente distintos.

R. Sí. Cuando publiqué Secreto bien guardado, mi primera novela relacionada con el nazismo, mi editora tenía a sus abuelos desaparecidos en Auschwitz. Y una de las personas que más me ayudó con la documentación era una de las hijas de aquellos marinos de los que hablábamos antes.

Ellas terminaron conociéndose en la presentación del libro.

La hija del marino había sufrido muchísimo. Su padre se quedó en Argentina después de llegar en aquel barco y vivieron siempre con miedo; nunca tuvieron teléfono fijo. La otra tenía a sus abuelos desaparecidos en Auschwitz.

Cuando las presenté, el ambiente era un poco tenso. Pero el libro acabó uniéndolas. Y pensé que esa es una de las grandes capacidades de la literatura: unir a las personas cuando se centra en la parte humana, más allá de la política.

Fue un momento muy bonito.

La verdad como posibilidad de redención

P. Cuando el lector cierre esta novela, ¿te gustaría más que descubriera una verdad o que comprendiera emocionalmente las consecuencias de todo lo ocurrido?

R. Lo segundo.

Me interesa más que entienda las consecuencias, porque las verdades absolutas son muy pocas en la vida.

Quería mostrar que nuestros actos siempre tienen consecuencias. Hay momentos para actuar y momentos en los que es mejor quedarse quieto, porque, si algo ya está roto, actuar puede romperlo todavía más.

Pero también llega un momento en que todo se calma y entonces sí es tiempo de actuar. Eso era lo que quería contar a través de los personajes.

P. ¿La verdad libera a tus personajes o los deja más perdidos que antes?

R. En el caso de mis personajes, la verdad los libera.

Alex cambia su vida, su manera de ser y su forma de entender el mundo. Todo eso lo libera.

Y también libera a Coralina. No era una mujer fácil, tenía un pasado complicado, pero la verdad termina sanándola.

En la novela hay un conflicto muy importante entre padres e hijos. Cuando una pareja se separa, cada uno puede seguir su camino. Pero padres e hijos no pueden separarse nunca. Siempre vamos a ser padres e hijos.

Por eso ese tipo de conflicto es tan doloroso y quise llegar al fondo de esa relación.

Recuerdo una escena que me emocionó escribir. Comparo la relación entre un padre y un hijo con una habitación que ambos han ido construyendo juntos. Está llena de recuerdos que solo ellos comparten.

Porque puedes tener varios hijos, pero con cada uno construyes una relación distinta. Hay recuerdos bonitos y otros que quizá es mejor no sacar, porque pueden destruir todo lo que se ha ido construyendo con los años.

Es como montar una biblioteca libro a libro. Esa habitación ha costado toda una vida levantarla. Para criar a un hijo y para que un hijo conozca de verdad a su padre hacen falta muchísimas horas compartidas.

Por eso esos conflictos son tan duros.

Quise abordarlos con una mirada esperanzadora. La verdad no deja confundida a Coralina; la sana. Eso sí, primero tiene que aceptar y comprender cosas que normalmente solo somos capaces de entender cuando los hijos ya son mayores.

De pequeños vemos a nuestros padres como héroes. Después descubrimos que son personas y les reprochamos sus errores. Y, al final, acabamos pensando que hicieron lo que pudieron. Creo que ese proceso es inevitable.

P. Antes decías que las parejas pueden separarse, pero la familia es otra cosa. Padres e hijos siguen unidos para siempre. Y eso me lleva al título de la novela. Hay hijos y nietos de nazis que no son como ellos. Sin embargo, mucha gente sigue pensando que, si algo se lleva en la sangre, uno acaba siendo igual.

R. Hay muchos secretos en la sangre de cada uno de nosotros. Algunos llegaremos a conocerlos y otros no.

Pero siempre existe la posibilidad de la redención a través de las nuevas decisiones que tomamos. Y esas decisiones también dependen, muchas veces, del mundo que nos toca vivir.

Cinco ideas que deja esta conversación con Viviana Rivero

  • Secretos de sangre parte de la presencia de nazis en Argentina para explorar el peso de los secretos familiares y la herencia moral.
  • La autora reflexiona sobre cómo un apellido puede condicionar una vida, incluso varias generaciones después.
  • Viviana Rivero defiende que reconocer el pasado resulta mucho más valioso que intentar ocultarlo.
  • La novela plantea si los hijos y los nietos deben cargar con la culpa de las decisiones tomadas por sus antepasados.
  • Frente al peso de la historia, la escritora reivindica la posibilidad de la redención a través de las decisiones que toma cada nueva generación.

Encontrarás…

Una conversación sobre la huella del nazismo en Argentina, los secretos familiares, la memoria, la identidad y la capacidad de la literatura para abordar algunos de los episodios más incómodos de la historia. A partir de Secretos de sangre, Viviana Rivero reflexiona sobre el peso de los apellidos, la culpa heredada y la posibilidad de romper con el pasado.


Ideal para lectores que…

  • Disfrutan de la novela histórica contemporánea.
  • Buscan historias inspiradas en hechos reales.
  • Se interesan por la Segunda Guerra Mundial y la presencia del nazismo en Argentina.
  • Valoran las novelas familiares donde la memoria y la identidad tienen un papel protagonista.
  • Disfrutan de entrevistas que van más allá del libro y reflexionan sobre la condición humana.

Lo que muchos lectores quieren saber sobre Secretos de sangre

¿De qué trata Secretos de sangre?

La novela sigue a Alex Müller, un médico que descubre que el pasado de su familia podría estar vinculado al nazismo. Esa búsqueda de la verdad lo llevará a reconstruir una historia marcada por los secretos, la culpa y las decisiones que atraviesan varias generaciones.

¿Está basada en hechos reales?

Sí. Aunque los personajes pertenecen a la ficción, Viviana Rivero construye la novela a partir de una amplia investigación sobre la llegada de nazis a Argentina tras la Segunda Guerra Mundial y sobre hechos históricos documentados.

¿Es necesario haber leído Secreto bien guardado?

No. Secretos de sangre puede leerse de forma completamente independiente, aunque algunos personajes y acontecimientos mantienen vínculos con aquella novela.

¿Qué temas aborda la novela?

La memoria, la identidad, los secretos familiares, la culpa heredada, la redención, el nazismo en Argentina y la capacidad de las nuevas generaciones para enfrentarse a un pasado que no eligieron.


Pregunta para el lector

¿Crees que una persona debe cargar con la historia de su familia o solo con las decisiones que toma a lo largo de su propia vida?


Ficha del libro

Título: Secretos de sangre

Autora: Viviana Rivero

Editorial: Plaza&Janés

Género: Novela histórica

Ambientación: Argentina y Alemania (Segunda Guerra Mundial y décadas posteriores)

Temas principales

  • Nazismo en Argentina
  • Secretos familiares
  • Memoria histórica
  • Identidad
  • Segunda Guerra Mundial
  • Redención
  • Relaciones entre padres e hijos
  • Herencia familiar