El tren de la cultura: » Literatura sobre raíles camino de Córdoba»

Crónica | El Tren de la Cultura rumbo a Córdoba

La cuenta atrás para la 85ª edición de la Feria del Libro de Madrid comenzó sobre raíles. El llamado Tren de la Cultura, impulsado por Renfe y la División Editorial del Grupo Planeta, volvió a convertir un trayecto ferroviario en una experiencia literaria compartida. El destino elegido fue Córdoba, ciudad ligada a la memoria, al mestizaje y a la creación cultural, donde esperaba la visita a la Fundación Antonio Gala.

A bordo viajaban doce autores de perfiles y generaciones muy distintas, junto a periodistas especializados y la directora de la Feria del Libro de Madrid, Eva Orúe. Entre conversaciones improvisadas, libros abiertos y el paisaje avanzando al otro lado de la ventanilla, el tren terminó funcionando como una pequeña comunidad literaria en movimiento.

La expedición reunía a Jesús Carrasco, Juan del Val, José Antonio Marina, Ángela Banzas, Antonio Valenzuela, Juan Gómez Bárcena, Manel Loureiro, Nerea Llanes, Pedro Simón, Rafael Tarradas Bultó, Raquel Díaz Reguera y Odile Fernández. También fue la primera experiencia de Rosa pasa página en este viaje cultural que mezcla promoción de la lectura, encuentros cercanos y conversación compartida entre autores y lectores.

La llegada a Córdoba tuvo como uno de sus puntos centrales la visita a la Fundación Antonio Gala, situada en pleno corazón de la Judería. Allí, entre patios silenciosos, restos de muralla romana y la biblioteca personal del escritor, la figura de Antonio Gala seguía muy presente. El presidente de la fundación, Francisco Moreno, recordó la voluntad del autor cordobés de crear un refugio para jóvenes creadores: un lugar donde escritores, músicos y artistas pudieran desarrollar su obra lejos de la prisa y del ruido.

Eva Orúe destacó además el vínculo histórico de Gala con la Feria del Libro de Madrid, donde durante años fue uno de los autores más leídos y buscados por los lectores. La jornada terminó convirtiéndose, casi sin pretenderlo, en una reivindicación de la literatura como espacio de encuentro: autores distintos compartiendo trayecto, ideas y conversaciones mientras el tren avanzaba hacia Córdoba.

Ángela Banzas: “La convivencia es lo más literario de un viaje”

Ángela Banzas confesó que, si viajara sola en tren, aprovecharía para leer Ana, una novela que también gira en torno a un viaje ferroviario. La autora, conocida por atmósferas de misterio y paisajes gallegos cargados de bruma, aseguró que un buen thriller puede construirse en cualquier escenario, incluso bajo el calor de Córdoba o en una playa mediterránea.

Para ella, el secreto sigue escondiéndose hoy en los espacios digitales. Cree que las redes sociales han multiplicado la pérdida de identidad y alimentan nuevas formas de misterio contemporáneo. Reconoció además que prefiere dejar inquietudes abiertas al final de sus novelas antes que resolverlo todo de forma cerrada.

Cuando se le preguntó qué era lo más literario del trayecto, respondió sin dudar: la convivencia. Observar a los demás, escuchar conversaciones y compartir tiempo con otras personas forma parte esencial del trabajo de cualquier escritor.


Jesús Carrasco: “El tren es casi un espacio perfecto para leer y escribir”

Jesús Carrasco explicó que el viaje en tren le permite hacer dos cosas que en casa resultan más difíciles: leer y escribir. El trayecto le ofrece tiempo continuo, aislamiento y una cierta calma que favorece la concentración.

Si tuviera que elegir una lectura para un viaje largo, volvería a La montaña mágica, una novela que considera exigente y profunda, ideal para recorridos extensos.

Carrasco reflexionó también sobre los viajes emocionales. Prefiere viajar para compartir experiencias antes que para intentar solucionar conflictos personales. Según explicó, los problemas íntimos requieren espacios privados, mientras que el viaje debería estar asociado al descubrimiento y al disfrute.

Sobre las relaciones de pareja, sostuvo que la erosión cotidiana resulta más peligrosa que el conflicto abierto, precisamente porque es silenciosa y difícil de identificar.

Ya en clave cordobesa, recordó su estrecha relación con Andalucía y definió Córdoba como una ciudad fascinante para pasear, disfrutar de su patrimonio y vivir una experiencia cotidiana alejada de las postales turísticas.


Juan del Val: “Uno no puede desprenderse de su propia historia”

Juan del Val contó que siempre comienza sus novelas en el mismo apartamento del centro de Madrid. Necesita ese aislamiento inicial para construir el primer tercio de la historia y empezar a comprender verdaderamente a sus personajes.

Aseguró que los protagonistas terminan contradiciendo las ideas previas del autor y evolucionan por sí mismos a medida que avanza la escritura. Sobre el amor, defendió que el término “enamoramiento” es ambiguo y cambia completamente según la persona que lo experimente.

Del Val relató además que la promoción de su última novela ha estado marcada por encuentros constantes con lectores y por la complicidad compartida con Ángela Banzas durante los viajes y firmas.

Al hablar de Córdoba y de la identidad personal, afirmó que nadie puede separarse de su propia historia: “Tú eres tú y todo lo que te ha pasado”. Según explicó, esa experiencia vital acaba inevitablemente proyectándose sobre todos los personajes de una novela.


Pedro Simón: “Los mejores libros son los que te dicen que no estás sola”

Pedro Simón vinculó el viaje con la lectura y la capacidad de mirar el mundo. Confesó que suele detectar rápidamente quién lee, quién viaja y quién vive encerrado en sí mismo.

El autor defendió una literatura que hable del “nosotros” más que del “yo”. Cree que las grandes novelas acompañan al lector y le hacen sentir comprendido. “Los mejores libros son los que te dicen que no eres tan raro”, explicó.

Recordó también sus viajes infantiles en coche, escuchando música de cassette mientras descubría el mundo desde la ventanilla. Mostró preocupación por la dependencia actual de las pantallas y citó un verso de Jesús Montiel sobre el peligro de mirar antes una pantalla que una ventana.

Sobre la Fundación Antonio Gala, destacó el valor casi contracultural de ofrecer tiempo y recursos a jóvenes artistas para crear sin obsesión por la rentabilidad inmediata.


Antonio Valenzuela: “Estamos creando una sociedad crónicamente dispersa”

Antonio Valenzuela habló de su libro Vida nootrópica como un alegato a favor de una mente más creativa y menos sometida a la hiperproductividad. Explicó que el verdadero alimento del cerebro no está solo en los suplementos o la nutrición, sino también en las conversaciones, la lectura y los hábitos cotidianos.

Criticó la sobreestimulación permanente de la sociedad actual y reivindicó la necesidad de volver al cuerpo y a los ritmos humanos básicos.

Durante el viaje confesó estar leyendo un ensayo sobre Epicuro y defendió la importancia de recuperar el placer de aprender, conversar y compartir tiempo con otros.

Incluso recomendó algo tan sencillo como levantarse del asiento y moverse durante el trayecto para mantener activa la mente.


José Antonio Marina: “La memoria es el órgano del aprendizaje”

José Antonio Marina centró su conversación en la educación y las adicciones contemporáneas. Según explicó, vivimos rodeados de “patógenos mentales” capaces de manipular nuestra atención y debilitar nuestra capacidad crítica.

Defendió con firmeza el papel de la memoria frente a ciertas corrientes educativas que la consideran anticuada. Para Marina, aprender de memoria no significa repetir mecánicamente, sino disponer de herramientas para relacionar, comprender e incluso crear.

Puso como ejemplo la inteligencia artificial y su enorme capacidad para relacionar información almacenada. Sin memoria, dijo, resulta imposible comprender realmente el mundo.

También subrayó la importancia de los entornos inteligentes y de la escucha activa. Criticó la falta de comunicación real en la política actual y defendió que convivir y escuchar a los demás es fundamental para desarrollar la inteligencia individual.


Juan Gómez Bárcena: “Somos también lo que dejamos atrás”

Juan Gómez Bárcena confesó que aprovecha los viajes promocionales para leer y descansar. Su reflexión giró en torno a las vidas posibles y las decisiones que terminan definiendo quiénes somos.

Según explicó, no solo nos construye lo que hacemos, sino también aquello a lo que renunciamos. La memoria, añadió, reescribe continuamente nuestra experiencia y modifica el pasado desde el presente.

Para Gómez Bárcena, escribir supone cuestionar constantemente la idea del destino y asumir que tanto la vida como la literatura dependen muchas veces del azar.

El escritor recordó además su estancia en la Fundación Antonio Gala cuando tenía apenas 22 años. Definió el lugar como “una casa que es tuya y al mismo tiempo está habitada por otros”, una experiencia de convivencia artística que marcó profundamente sus inicios.


Rafael Tarradas: “El tren une ciudades como si fueran brazos”

Rafael Tarradas Bultó explicó que acababa de terminar una novela que le emocionó inesperadamente durante un trayecto ferroviario. Habló de la ambición humana y diferenció entre quienes ascienden ayudando a otros y quienes avanzan aplastándolos.

Para él, el tren posee una dimensión profundamente literaria porque obliga a convivir temporalmente a personas que pertenecen a lugares distintos. Comparó las vías ferroviarias con brazos que conectan ciudades.

Reflexionó también sobre Córdoba como ejemplo histórico de convivencia entre culturas y defendió la importancia de reconocer todo lo que une a las personas más allá de sus diferencias.

Finalmente lamentó que los móviles estén sustituyendo la contemplación del paisaje durante los viajes y reivindicó la experiencia de mirar por la ventanilla.


Odile Fernández: “El sueño sigue siendo la gran herramienta de salud”

Odile Fernández recordó que su trayectoria nace de una experiencia personal extrema tras superar un cáncer. Explicó que siente la obligación moral y profesional de acompañar a otras personas que atraviesan procesos similares.

Confesó que el tren es uno de los pocos lugares donde puede leer con tranquilidad y aseguró que suele escoger novela histórica para esos momentos.

Durante la conversación habló sobre hábitos saludables y defendió especialmente la importancia del sueño. Dormir entre siete y nueve horas, explicó, tiene un impacto directo sobre el envejecimiento y la prevención de enfermedades crónicas.

También criticó la enorme cantidad de mitos que siguen circulando sobre salud y nutrición, especialmente en torno al cuerpo femenino y la menstruación, y recordó que la ciencia evoluciona constantemente corrigiendo creencias anteriores.

Nerea Llanes: escribir sin traicionar la historia

Con Flor de sangre como telón de fondo, Nerea Llanes habló de secretos, tensión narrativa y atmósferas oscuras. Más que la revelación final, confesó que le interesa todo lo que ocurre antes: la intriga, aquello que permanece oculto y la tensión que se crea alrededor de lo que nadie termina de decir.

La autora también abordó uno de los grandes dilemas actuales para quienes escriben: convivir con la presión de las redes sociales y las expectativas del público sin perder libertad creativa. Reconoció que esa “pequeña voz” que invita a escribir pensando en lo que funciona siempre aparece, pero insistió en que una historia no puede construirse siguiendo modas. “Cuando algo se fuerza, el lector lo percibe”, explicó.

Amante de la fantasía y el romance, Llanes confesó además su fascinación por el thriller clásico y por autoras como Agatha Christie, dejando entrever su deseo de incorporar cada vez más misterio e investigación a sus futuras novelas.


Raquel Díaz: el caos adolescente y el placer de descubrir historias

Raquel Díaz aportó una mirada especialmente cercana y emocional al viaje. Entre risas, confesó su costumbre de olvidar siempre el libro antes de coger un tren y terminar comprando lecturas improvisadas en la estación. Para ella, viajar en tren sigue siendo uno de los mejores espacios para leer.

En su conversación sobre El caos de Becka, explicó cómo la novela mezcla recuerdos de su propia adolescencia con la mirada actual de su hija. Más allá de los cambios externos —amistades, instituto o familia—, dijo que lo que realmente le interesa narrar es “el caos interior”, esa confusión emocional que acompaña al crecimiento y que muchas veces solo puede ordenarse escribiendo.

Uno de los momentos más interesantes llegó al hablar sobre infancia, pantallas y educación. Díaz rechazó centrar el debate únicamente en prohibir móviles y defendió que el verdadero problema es haber convertido el aprendizaje en algo poco estimulante. “Los niños llegan con ganas de aprender y a los once años solo tienen ganas de aprobar”, lamentó, reclamando una educación más creativa, crítica y emocional.


Manel Loureiro: la fragilidad del orden

Manel Loureiro llevó al Tren de la Cultura la tensión propia de sus thrillers. Durante la conversación sobre Antes de que todo cambie, habló de una idea que atraviesa gran parte de su obra: la falsa sensación de seguridad en la que vivimos.

Le interesa especialmente —explicó— ese instante en el que algo aparentemente sólido empieza a agrietarse. De ahí su fascinación por los magnicidios, los sistemas de seguridad o las situaciones límite capaces de alterar por completo la percepción de control.

También reflexionó sobre los dilemas morales y sobre cómo construir personajes que se mueven en zonas incómodas. El protagonista de su novela, recordó, es un terrorista; sin embargo, el reto estaba precisamente en lograr que el lector entendiese sus decisiones aunque resulten perturbadoras.

Y como buen amante del suspense, dejó una última imagen perfecta para cerrar la conversación: un teléfono sonando en mitad del tren y una voz desconocida al otro lado advirtiendo: “No te fíes de los que te rodean”.


Cierre

Entre conversaciones sobre memoria, creatividad, adolescencia, miedo o literatura, el Tren de la Cultura volvió a demostrar que los libros también pueden viajar. Córdoba esperaba al final del trayecto, pero durante unas horas el verdadero destino estuvo dentro de los vagones: en las historias compartidas, en las preguntas lanzadas al aire y en esa sensación de que la cultura, cuando se mueve, conecta mucho más que ciudades.