Madrid recibió este fin de semana a una escritora que sabe bien lo que significa desaparecer cuando todo el mundo espera que sigas hablando. Kathryn Stockett, autora de Criadas y señoras, reapareció en la Feria del Libro para presentar El club de las indomables, una novela que llega después de casi dos décadas de espera, dudas, bloqueos y una larga batalla contra las expectativas que generó uno de los mayores fenómenos editoriales de este siglo.
Lejos de la imagen de autora arrolladora que podría asociarse a alguien que vendió millones de ejemplares en todo el mundo, Stockett se mostró cercana, incluso autocrítica. Recordó que su primer éxito nació casi por accidente, impulsado por la nostalgia de su Mississippi natal mientras vivía en Nueva York. Nadie esperaba entonces que aquella historia terminara convertida en un fenómeno internacional ni que su adaptación cinematográfica acabara consolidando su nombre entre los grandes superventas.
Precisamente ese éxito fue el principal enemigo de la novela que ahora presenta. La escritora reconoció que enfrentarse a un segundo libro fue mucho más difícil que escribir el primero. Ya no estaba sola frente a la página en blanco. A su alrededor pesaban las expectativas de lectores, editoriales y crítica. El resultado fue un proceso creativo que se prolongó durante años y que, por momentos, llegó a paralizarla.

La chispa que desbloqueó la historia apareció durante la investigación histórica. Documentándose sobre el Mississippi de los años treinta descubrió las políticas de esterilización que afectaron a miles de personas en Estados Unidos durante buena parte del siglo XX. Aquella realidad, poco conocida fuera de los círculos académicos, le abrió una puerta narrativa inesperada. A partir de ahí encontró el corazón de una novela que vuelve a explorar la situación de las mujeres en una sociedad marcada por la desigualdad y los prejuicios.
Aunque la conversación giró principalmente en torno a la literatura, la actualidad estadounidense terminó colándose en el encuentro. Stockett evitó convertir la rueda de prensa en un debate político, pero sí expresó su preocupación por el retroceso que percibe en algunos derechos de las mujeres. Más que establecer paralelismos directos entre el presente y el pasado que retrata en sus novelas, defendió la necesidad de permanecer vigilantes ante cualquier pérdida de libertades conquistadas.
Uno de los momentos más interesantes llegó cuando reflexionó sobre la función de la literatura. Para Stockett, leer sigue siendo una de las formas más eficaces de comprender vidas ajenas. Los libros, dijo en esencia, permiten viajar a otros tiempos y ponerse en la piel de personas que viven realidades muy distintas. En una sociedad cada vez más polarizada, considera que esa capacidad de generar empatía es más necesaria que nunca.

También hubo espacio para el humor, un ingrediente que considera indispensable tanto en la escritura como en la vida. Porque, aunque El club de las indomables aborda asuntos tan duros como la discriminación, la persecución de la homosexualidad o la violencia institucional contra las mujeres, la autora cree que ninguna historia funciona sin momentos de luz. Ni tampoco ningún escritor sobrevive diecisiete años trabajando en un libro sin aprender a reírse de sí mismo.
Quizá esa fue la imagen que mejor resumió el encuentro: la de una autora que tardó diecisiete años en regresar, que fue rechazada decenas de veces antes de triunfar y que incluso llegó a perder la confianza de su editorial, pero que nunca dejó de escribir. No habla de resiliencia. Prefiere definirse con una palabra mucho más simple: testaruda. Y, a juzgar por la expectación que despertó su regreso en Madrid, esa obstinación ha terminado dando sus frutos.
