Los huérfanos coloca el foco en personajes que no caben fácilmente a un lado u otro de la línea. Carmen Moal, quiere saber de dónde vienen, qué aprendieron por el camino y qué tuvo que ocurrir para que acabaran siendo capaces de determinadas cosas. Entenderlos no significa justificarlos, dicen en la entrevista, y esa idea recorre una novela en la que casi nadie puede explicarse únicamente por lo que hace en el presente.
La historia comienza con tres niños en un orfanato de Belfast y llega, décadas después, a Marbella. Entre un lugar y otro quedan vidas construidas sobre la lealtad, la ambición, las deudas, la violencia y la familia: la que nos viene dada y la que elegimos cuando la primera falla. Los Pastor forman parte de ese entramado y también Laura, que regresa a una ciudad y a un padre de los que lleva más de veinte años intentando mantenerse lejos.
Marbella pone alrededor el dinero, el lujo y el crimen organizado, pero lo verdaderamente interesante ocurre más cerca. En lo difícil que resulta saber cuándo alguien empezó a cambiar, cuánto conocemos a quienes tenemos al lado y qué vínculos continúan sujetándonos incluso cuando también nos hacen daño
Una frase casi inocente basta para abrir la puerta a todo lo contrario. Un niño de once años, un sótano, un sacerdote y la certeza de que algunas palabras pueden quedarse dentro durante mucho tiempo. Fuera de allí existe todavía algo a lo que aferrarse: la idea de escapar y la promesa de no dejar atrás a quienes se han convertido en familia.
Mucho después, Marbella será otro escenario: luz, dinero, poder y una ciudad donde lo que se exhibe convive demasiado cerca de lo que nadie quiere mirar.
P. Soléis empezar muy fuerte, eso lo sabemos todos. Pero Los huérfanos casi no necesita mostrar nada para inquietarnos. Basta un orfanato y un sacerdote. ¿Hasta qué punto queríais trabajar con un miedo que, por desgracia, ya forma parte de nuestro imaginario colectivo?
R. Nos gusta empezar fuerte, es verdad, como marca de la casa. Creo que es lo que debe hacer cualquier escritor, especialmente en un thriller: intentar agarrar al lector desde el principio. Dices que no necesitamos casi nada, pero yo creo que un orfanato y un sacerdote ya son mucho, porque enseguida se te llena la cabeza de anticipación, de sospechas y de terribles presagios que se confirman en ese capítulo. Es un capítulo terrible, estremecedor, y pone el listón muy alto para el lector de Carmen Mola, para que entre en la novela como nosotros queremos que entre.
P. El abuso se mezcla además con una autoridad que debería representar protección. Estamos hablando del sacerdote. ¿Por qué era importante colocar esa contradicción en el origen de la historia?
R. Porque es el momento de definición de uno de los personajes que más miedo genera en la novela, Stramer, uno de los huérfanos. Nos parecía importante entender de dónde viene este personaje, por qué es como es y qué es capaz de hacer.
También es verdad que esta indefensión frente a una figura paternal, que debería dar protección y cariño, tiene un paralelismo con Laura Pastor. Laura también sufre algo muy parecido. Su gran conmoción es descubrir que la persona a la que amas y que debería cuidarte es, en realidad, un monstruo. Ese descubrimiento es traumático en un sentido para Stramer y en otro para Laura.
P. Habéis dicho, y además lo mostráis en el libro, que necesitabais enseñar de dónde vienen los personajes para que el lector entienda por qué tienen determinado comportamiento o por qué actúan de una manera concreta. Sin embargo, del sacerdote no sabemos de dónde viene.
R. Porque el sacerdote no nos importa. Es un instrumento para que conozcamos a uno de los personajes de la novela.
Nosotros necesitamos entender a los personajes no solo para que el lector los conozca, sino también para conocerlos nosotros. Para poder escribir a un personaje necesitamos entenderlo. Eso no significa justificarlo. Puedes no estar de acuerdo con él, pero sí tienes que entenderlo.
Si yo tengo que escribir al carcelero de un campo de concentración, no puedo escribirlo, si quiero hacerlo bien, limitándome a decir que es malo. Es un personaje que viene de algún sitio y hubo un momento en el que decidió saltarse quizá lo que le habían enseñado de pequeño.
Trevor Stramer es lo contrario: de pequeño no le enseñaron nada o le enseñaron que la violencia y la venganza eran lo que funcionaba. Por eso actúa con violencia y con venganza. De esa manera nosotros entendemos al personaje y el lector también lo entiende. El sacerdote nos da igual; es como el cuchillo con el que se mata.
Una familia que no necesita compartir sangre
P. Los tres personajes acaban siendo hermanos. No son hermanos de sangre, sino hermanos que han sufrido juntos, y existe entre ellos una lealtad que quizá ni siquiera existe entre hermanos de sangre. ¿Hasta qué punto queríais trabajar la diferencia entre ser leal y sentirse obligado por esa lealtad?
R. Es un buen matiz y una buena diferencia. Efectivamente, los huérfanos, puesto que no son hermanos de sangre, han elegido esa camaradería, esa amistad y seguir juntos hasta el final. Eso favorece una lealtad más sólida y más firme que la familiar, que, al fin y al cabo, es un tipo de relación que no has escogido y dentro de la cual tienes que manejarte.
La relación que retratamos como la más firme, la más sólida y la más indestructible es la de los huérfanos. Y no es de sangre.
Es una familia elegida, pero creo que todos los personajes tienen vínculos muy fuertes. En el caso de los huérfanos, no tienen ninguna intención de destruirlos, pero, aunque quisieran hacerlo, creo que no serían capaces. No podrían dejar de ser hermanos una vez que ya han crecido.
Un poco lo mismo le sucede a Laura: no puede romper con su propia familia aunque le gustaría. Ese vínculo está ahí como un hilo irrompible. Y a la hermana May, en el mundo de la tríada, le sucede algo parecido. Son vínculos tan potentes que, aunque te hagan daño, siguen estando ahí.
¿Podemos escapar realmente de la familia de la que venimos?
P. Laura lleva más de veinte años intentando mantenerse lejos de Marbella, o por lo menos de la Marbella que ella vivió, y también de su padre. ¿Es realmente posible escapar de aquello de lo que procedemos?
R. Creo que uno de los grandes problemas de Laura, y por eso se produce su viaje en la novela, es que ella se considera todo lo contrario a lo que es su padre. Cuando vuelve empieza a descubrir que le gustaría ser lo contrario a su padre, pero que quizá no lo sea. Quizá esté de acuerdo con él en algunas cosas, por mucho que ella se niegue a sí misma reconocerlo.
Es como pensar: «Yo quiero ser bueno y trabajador, pero a lo mejor soy malo y vago». Ella quiere ser una cosa, pero la realidad le indica otra.
P. ¿Hasta qué punto conocemos realmente a nuestros padres fuera del lugar que ocupan en nuestra vida?
R. Creo que los conocemos poco, igual que los padres conocen poco a los hijos. Adjudicamos a los hijos unos rasgos de carácter y, con el paso del tiempo, esos rasgos pueden no corresponderse con la realidad.
En este tipo de asunciones sobre cómo es el padre o cómo es el hijo existe un prejuicio en el sentido literal de la palabra: un juicio demasiado prematuro que después no suele revisarse.
P. Entonces la incomunicación está servida. Hay algo muy reconocible en la familia Pastor. Creemos conocer especialmente bien a quienes tenemos más cerca y quizá precisamente por eso dejamos de hacerles ciertas preguntas. ¿La intimidad puede volvernos más ciegos?
R. Sí. La proximidad, la familia, lo que estaba contando Antonio, el prejuicio, el hecho de catalogar de determinada manera a cada miembro de una familia y ser incapaz de sacarlo de esa caja hacen que no veas otras cosas que tiene esa persona.
En el caso de los hermanos sucede. Consideras que tu hermano o tu hermana es de determinada manera en función de cómo lo has visto en un momento dado y también en función de cómo lo ven tus padres.
Y, en el caso de los padres, esto forma parte del viaje de madurez de todos los seres humanos. Primero tienes que descubrir que esos padres que te parecen perfectos y maravillosos no son todopoderosos. Después, que no son perfectos y que también tienen defectos. Y finalmente, que son humanos.
Ojalá ese viaje se complete y todos lleguemos a conocer no solo la fachada de nuestro padre o de nuestra madre, sino su totalidad.
El momento en que vivir mejor empieza a tener un precio
P. Alberto y Marimar son también dos personajes muy interesantes y nos permitís conocerlos desde jóvenes. Llevan juntos desde los diecisiete años aproximadamente y proceden de familias humildes. ¿En qué momento vivir mejor empieza a dejar de ser suficiente?
R. No sé qué está primero. No sé si deja de ser suficiente vivir mejor o si, precisamente para vivir mejor, pierden los valores. No sé si pierden los valores por vivir mejor o viven mejor porque han perdido los valores. En estas cosas nunca sabes qué ocurre antes.
Nosotros hemos querido construir dos personajes ambiciosos cuyo cambio es muy paulatino, se produce poco a poco.
Al principio él es un abogado al que simplemente le caen casos malos. Después pasa a ser un abogado que tiene un golpe de suerte y defiende a alguien que puede venirle bien. Más tarde empieza a llevar los papeles de esa persona que puede favorecerle, pero él sigue haciendo únicamente el trabajo de abogado. Después tiene que callar algo que ha hecho.
El proceso es muy paulatino. Lo que sucede es que después hacemos un intervalo de treinta años, abrimos una brecha de treinta años en la que no sabemos qué está pasando, y cuando volvemos a encontrarnos con el personaje ya está en el otro lado.
Pero ¿cómo ha llegado hasta ahí? ¿Cuándo perdió los valores? Ni nosotros lo sabemos. Probablemente no lo sepa ni Alberto Pastor.
Aras: cuando la rabia encuentra unas reglas
P. Vamos con otro personaje: Aras. Es luchador y representa a alguien cargado de rabia dentro de un deporte violento, pero sometido a reglas. ¿Hay también una contradicción ahí? ¿Qué papel juegan esas reglas en él?
R. Aras ha encontrado en este deporte, el MMA, una forma de redención después de una vida de desastres y fracasos. Lo que ocurre es que no soporta perder. Eso le produce mucha rabia.
Y algo sucede no mucho después en la novela, una tragedia personal, que lo convierte realmente en alguien peligroso y con deseos de venganza. Todo ese camino de redención que había emprendido parecía haber triunfado. Si puede o no recuperar ese camino que había aprendido es lo que cuenta esta primera novela en la trama de este personaje.
A la vez, Aras representa un pasado luminoso con Laura Pastor. Podría existir cierta sugestión de relación amorosa entre ellos, o de amor entre ellos, y ya veremos qué pasa.
La violencia más peligrosa es la que deja de sorprendernos
P. Vamos con algunos de los grandes temas de la novela. Por ejemplo, la violencia. Hay una violencia que estalla y otra que se prepara. ¿Qué os resulta más inquietante como narradores?
R. A mí lo que me resulta más inquietante es la violencia sistémica, la violencia que forma parte del día a día en los negocios de la hermana May, en los negocios de los huérfanos o incluso en los de Alberto Pastor. Dar una paliza, asustar a alguien, romper una pierna o hacer algo parecido forma parte de la jornada laboral.
Esa violencia que se instala en la sociedad y que después puede desembocar en grandes explosiones, que puede reventar mucho más alto con cosas que hace Stramer o con cosas que hace la hermana May, es la que más miedo me da. Ese sustrato me parece especialmente peligroso porque ya lo tenemos asimilado, va formando parte de nuestra realidad y de la propia maquinaria social.
Cuando la venganza se convierte en una forma de vida
P. La venganza aparece en personajes muy distintos y por motivos también muy diferentes. ¿Qué permite contar la venganza que no permite la violencia por sí sola?
R. Darle un sentido. La violencia por sí sola, en realidad, tampoco es tan inquietante: pasa y desaparece.
Sin embargo, la venganza es una forma de vida. Hablábamos antes, por ejemplo, del personaje del sacerdote y de Trevor en el principio de la novela. Ese sacerdote desaparece y aquello es violencia sin más. En cambio, en la violencia posterior hay mucho más sustrato y resulta mucho más inquietante.
A mí me parece más inquietante la hermana May que Trevor. Trevor simplemente es alguien descontrolado que después recibe su castigo, sin más.
Las deudas que el dinero no consigue saldar
P. En la novela, una deuda rara vez termina cuando se devuelve el dinero. Yo diría que en la novela y también en la vida real. ¿Qué otras cosas pueden llegar a deberse?
R. Estoy de acuerdo en que una deuda no termina cuando pagas el dinero porque se genera algo más. Por ejemplo: «Yo he sido generoso contigo y parece que ahora me debes un favor». Se genera una cierta servidumbre moral.
P. ¿Puede llegar a saldarse la vida de un hombre con dinero?
R. Creo que no termina de saldarse del todo, porque se genera una servidumbre moral entre las personas que han participado. Hay uno que ha sido quien ha hecho el favor y otro que se lo debe. Se establece una jerarquía que puede resultar, al menos, sutil.
Marbella: cuando el monstruo toma café a tu lado
P. Está la Marbella del lujo y está también la Marbella criminal. ¿Hasta qué punto necesitabais que ambas compartieran los mismos espacios?
R. Porque creo que eso es precisamente lo interesante de esta ciudad: que en un lugar corriente, por el que se mueve la gente de la ciudad y por el que se mueven los turistas, también se mueve otra gente que funciona en otro plano completamente distinto, el del crimen organizado.
Cruzarte de manera más o menos cotidiana con gente así genera una zona gris de la realidad muy interesante, porque los malos no están escondidos en cuevas ni en palacios. Los malos están en el bar donde vas a tomarte un café todos los días.
Y esa proximidad hace que resulte más terrorífico. Porque lo otro es pensar: «Ahí está el monstruo en la cueva. Me alejo y ya está». No me da miedo porque yo no voy a entrar en la cueva.
Pero sí voy a ir al centro comercial al que voy todos los días o a tomarme un café en la cafetería a la que voy siempre. Y quizá ese día suceda algo porque allí también están los malos. Esa proximidad me parece muy interesante.
P. Cuando habéis venido a Marbella me comentabais que, durante la investigación, ibais paseando y os señalaban quién podía estar relacionado con determinadas cosas. ¿Ha habido algo con lo que no contarais y que os haya sorprendido especialmente?
R. Nosotros, la verdad, no hemos tenido ni la suerte ni la mala suerte de ver eso. Lo único que hemos visto ha sido ese lujo. Recuerdo un momento en el que vimos dos Lamborghinis aparcados uno junto al otro y pensamos: «¿Qué pasa aquí? ¿De dónde sale esto? ¿Por qué ese exhibicionismo?».
Una de las cosas que nos fascina de la hermana May es precisamente que es poderosa pero no necesita exhibirse. Ella simplemente es.
Y, sin embargo, ves ese exhibicionismo y te preguntas: «¿Esto es dinero? ¿Es poder? ¿Quién lo hace? ¿Son los dueños?».
Pero yo no he visto otra cosa. A mí Marbella, sinceramente, por todo lo que he visto, me parece un lugar estupendo.

Debajo del thriller, una historia de familias
P. Si quitáramos de Los huérfanos los crímenes, las mafias, las apuestas, el dinero y toda la maquinaria del thriller, ¿de qué diríais que habla realmente esta novela?
R. De familias. Es un drama familiar o un culebrón familiar, que es un término que normalmente parece peyorativo y que la gente suele rechazar, pero que está en el interior de esta novela y que es precisamente por donde nosotros empezamos.
Nosotros queremos escribir un drama familiar, una historia sobre familias. Lo que ocurre es que nuestro terreno es el thriller y, por tanto, resulta mejor colocar a esas familias en el mundo del crimen organizado para juntar las dos cosas que queremos hacer.
Cinco ideas
1. La familia también puede elegirse. Los tres huérfanos no comparten sangre, pero construyen el vínculo que la novela presenta como el más firme e indestructible.
2. Entender no significa justificar. Carmen Mola necesita saber de dónde vienen sus personajes y cómo han llegado hasta determinados lugares, incluso cuando sus actos resultan moralmente inadmisibles.
3. La corrupción rara vez ocurre de golpe. Alberto Pastor permite observar cómo una sucesión de pequeñas decisiones puede acabar colocando a alguien en un lugar que quizá nunca imaginó ocupar.
4. La violencia más inquietante puede ser la que normalizamos. No solo importa la que estalla, sino aquella que acaba incorporándose al funcionamiento cotidiano de los negocios y de la sociedad.
5. Debajo del thriller están las familias. Los propios autores lo dicen al final de la entrevista: antes que el crimen organizado, querían contar un drama familiar.
Encontrarás…
Familias elegidas y heredadas, heridas que atraviesan los años, ambición, poder, crimen organizado, violencia, venganza, deudas que no se pagan únicamente con dinero y una Marbella en la que lo extraordinario puede convivir con la vida más cotidiana.
Ideal para…
Lectores de thriller y novela negra que buscan algo más que resolver un crimen: personajes con zonas grises, conflictos familiares, lealtades difíciles de romper y preguntas morales que continúan abiertas cuando termina la acción.
Pregunta final al lector
¿Hasta dónde crees que podemos alejarnos realmente de la familia de la que procedemos?
