Hay un movimiento muy concreto en el que empezar de nuevo deja de ser una promesa y se convierte en una exposición descarnada. Sucede cuando no entiendes los códigos de tu entorno, cuando te equivocas a la vista de todos o cuando descubres que el entusiasmo corporativo también tiene sus propias reglas. En ese espacio aparentemente perfecto de las multinacionales —repleto de pantallas, métricas y sonrisas ensayadas— lo difícil no es entrar, sino saber cómo estar sin desentonar. A partir de ahí, todo se vuelve una forma de ajuste.
A través de la historia de su protagonista, la novela Soy la nueva se sumerge en las entrañas de una gran plataforma de televisión en streaming de Silicon Valley para analizar los retos, los miedos y el aprendizaje que supone volver a empezar de cero. Hablamos con su autora, Beatriz Arias.
P. En tu libro, Soy la nueva, retratas una situación que resulta muy familiar: ese momento en el que llegas a un entorno desconocido, intentas agradar a toda costa y, de repente, percibes una mirada o un suspiro que te indica que algo no está gustando. ¿Por qué nos marca tanto esa experiencia?
R. Todos hemos sido la nueva alguna vez, ya sea en entornos laborales, personales o de ocio. Creo que existen dos factores clave para arrancar esta conversación: por un lado, a todos nos preocupa de alguna manera gustar o, por lo menos, generar sensaciones positivas en esos nuevos entornos; por el otro, nos interesa hacerlo bien, o al menos no fracasar. La protagonista de mi novela está muy ilusionada con su nuevo proyecto profesional; deja atrás una trayectoria y entra en un proceso largo y exigente.
P. Como ese cambio implica una ruptura con respecto a lo que ha dejado, la historia nos lleva a esa nueva vida. Pero ¿qué pasa con lo que la protagonista deja atrás?
R. Ella es periodista, trabaja de redactora en una revista de moda y, de repente, recibe la oportunidad de unirse a la empresa soñada: la plataforma de televisión en streaming más puntera de Silicon Valley. Con toda esa ilusión, hace las maletas y arranca. Deja atrás su pasado con agradecimiento, pero muy ilusionada por lo que tiene delante.
P. En la novela abordas varios temas centrales, entre ellos el síndrome de la impostora. De hecho, la primera intervención de la protagonista es en una reunión que termina en un error —un momento bastante incómodo que supone una exposición pública—. ¿Por qué decidiste situar ese fallo justo al principio de su recorrido?
R. Porque me parecía muy interesante reflejar en la novela que muchas veces, cuando somos los nuevos por primera vez, desarrollamos la faceta de ser patosos en un momento puntual sin serlo realmente. Creo que mi protagonista es muy prudente y correcta, pero en determinados momentos se vuelve patosa. No porque lo sea habitualmente, sino porque la presión que siente por la gran oportunidad que tiene por delante le juega una mala pasada.

P. ¿Qué papel juega esa desorientación a la hora de construir el personaje? Me refiero a que se enfrenta a una serie de códigos que todavía no domina, a esa sensación constante de estar fuera de lugar.
R. Creo que confluyen dos cosas. Por un lado, todos los que la rodean y la han seleccionado para el puesto le trasladan que era la candidata mejor preparada. En realidad confían en ella, pero ella utiliza esto para autopresionarse. El nivel de exigencia que se impone es muy alto; quiere asegurarse de estar al nivel y sacar un sobresaliente.
P. Además, cuando lo está haciendo bien, ella sigue fustigándose y presionándose. Existe una falta de control en torno a las dinámicas de estas multinacionales estadounidenses tan innovadoras, donde todo se mueve a una velocidad vertiginosa.
R. Esto era algo que también me apetecía analizar. Son ritmos muy disruptores, innovadores y rápidos que afectan a las dinámicas de trabajo. Si a eso le sumas que acabas de llegar a la empresa, de alguna manera tienes prisa por dominarlo todo. Lo que pasa es que es un proceso que lleva su tiempo.
P. La empresa se presenta en el libro como un espacio casi espectacular: comida ilimitada, actividades, discursos motivacionales y una estética muy cuidada. ¿Qué función cumple esa imagen tan seductora dentro del propio relato?
R. Era muy importante trasladar visualmente a los lectores y pintarles ese cuadro de atracción para que el entorno laboral les despertara la misma ilusión que a la protagonista. Todos conocemos a día de hoy, y de forma más reciente en los últimos años, ese tipo de empresas que ofrecen estos benefits, como los llaman los americanos, y que de alguna manera te facilitan la vida dentro del entorno de trabajo.
P. El proceso de bienvenida está cargado de un entusiasmo colectivo y de un lenguaje casi épico sobre el talento. Para un personaje que se presiona y se exige tanto, esto debería hacerle sentir que está en el lugar idóneo, porque encaja con su perfil. Lo que resulta ambiguo es dónde se sitúa la frontera entre la motivación real y la construcción de ese discurso.
R. Al principio de la novela, ella se traslada a San Francisco para esa orientación. Antes de arrancar su día a día en la oficina de Madrid, ya que está basada en el mercado español, tiene que explorar y adaptarse a esos nuevos códigos. Por lo tanto, debe decidir cuál va a ser su rol y qué tipo de códigos va a adoptar. Ella sabe quién era como periodista de moda, pero no sabe cómo es como gestora de contenidos. Ahí es donde tiene que definirse a sí misma; es también un aprendizaje.
P. Respecto al lenguaje, la protagonista se da cuenta de que el entorno laboral está lleno de signos, siglas y términos que no conoce al principio. ¿Hasta qué punto no entender ese lenguaje implica una exclusión? ¿Es otra forma de rechazo?
R. Sí. Al principio, quizá lo que más cuesta es preguntar, porque todos podemos pecar de pensar si será una pregunta demasiado evidente o si hará dudar de nuestra valía profesional. Es normal tener esas dudas al comenzar. Creo que mi protagonista va creciéndose a lo largo de la novela, adquiriendo seguridad y confianza. Lo que al principio tiene que ver con ese síndrome del impostor, también tecnológico, luego se va desvaneciendo para permitirle crecer por otro lado.
P. ¿Qué pasa cuando en una reunión se hace un comentario en tono de broma, buscando relajar el ambiente o los nervios, y alguien se lo toma de forma literal?
R. Eso es muy interesante. Me importaba mucho reflejar ese ambiente de interculturalidad que se da cuando en una empresa estadounidense confluyen distintas nacionalidades y culturas, con los clichés que todos podemos intuir y otros que probablemente no tienen nada que ver con lo que pensábamos previamente. Al final, aunque esto siempre es enriquecedor, un concepto o una broma pueden no interpretarse de la misma manera dependiendo de la parte del mundo en la que estés.
P. Hay violencias sutiles que no se reconocen como tales, como esa sensación de incomodidad constante o el no tener la certeza absoluta de si entiendes lo que te piden o si estás ofreciendo lo que se espera de ti.
R. Creo que esa inseguridad puede hacerte caer de un lado y decidir sumar o, por el contrario, provocar que esa misma inseguridad crezca y se convierta en rivalidad.
P. Esa inseguridad de la que hablas se vincula también con el abuso de poder que planteas en el libro. Aunque no haya una confrontación directa, se manifiesta a través de la ausencia o de la propia indiferencia. Es como marcar una distancia para recordarte de forma implícita: «Yo estoy aquí y tú estás ahí, no te olvides».
R. Sí, eso existe, pero al mismo tiempo hay otros agentes que lo compensan y lo equilibran ofreciendo apoyo y sororidad, si hablamos más de las mujeres. Esto era imprescindible para que la ecuación se pudiera interpretar bien, con la foto completa. Están las dos partes.
P. Como mujer, ¿qué tipo de presión experimenta más la protagonista?
R. Creo que la presión a equivocarse es una de sus principales preocupaciones, porque no nos olvidemos de que es el trabajo de sus sueños. Es la empresa puntera, el lugar donde todo el mundo desearía trabajar en ese momento. La mínima posibilidad de equivocarse es algo que le quita el sueño. Desde luego han confiado en ella tras un proceso de selección largo y duro, y cuando llega la oportunidad de empezar a demostrar, quiere hacerlo bien. Es comprensible.
P. Es comprensible que se soporten ciertas situaciones al inicio; la cuestión es saber marcar el límite y entender que uno debe tolerar solo hasta donde decida de forma consciente.
R. Sí, por eso es tan importante el viaje que hace rodeándose no solo de sus amigas, sino de esos personajes femeninos con los que se va encontrando a lo largo de la historia. A veces son encuentros cortos donde aprende mucho y se dota de herramientas.

P. Siempre hay un momento clave o una acumulación de factores que te impulsa a escribir una historia. En tu caso, ¿por qué decidiste escribir Soy la nueva?
R. Porque Soy la nueva es el reflejo y la aventura de muchas experiencias de compañeros, amigos y vivencias propias en un entorno corporativo global que creía que valía la pena contar, rodeado de mucho humor.
P. ¿Andar por esos entornos realmente vale la pena?
R. Sí, vale la pena porque el aprendizaje es ilimitado y las experiencias de vida también. Son aventuras y un verdadero regalo, más allá de que luego las etapas se terminen.
P. Siempre que acaba una etapa comienza otra. Hay un punto interesante en la novela: haber conseguido esa meta soñada, estar donde deseabas y tolerar ciertas cosas para ir ganando terreno o experiencia. El peligro real aparece en esa línea fina en la que, una vez que logras asentarte, empiezas a imitar conductas en lugar de limitarte a cumplir con tu cometido. Ahí es donde quizás se empieza a cruzar una frontera.
R. Creo que en las plataformas de streaming los objetivos son muy exigentes cada trimestre; hay unos números y un volumen de negocio que alcanzar en el mercado español. Eso te guía para no acomodarte, para que tu trabajo no sea siempre el mismo y para que la pasión perdure. Antía tiene que cerrar contenidos y conseguir acuerdos, y esos objetivos tan exigentes la empujan a intentar demostrar rápido, pero al mismo tiempo innovando.
P. En algunos momentos de la lectura da la impresión de que la integración depende más de los gestos que del propio valor del trabajo, desplazando de alguna manera el mérito.
R. Yo creo que ella tiene mucha personalidad. Ha conseguido este puesto por un cúmulo de cosas: sus conocimientos y su preparación, pero también su carisma, que la convierte en una gran relaciones públicas. Todo eso conforma la fórmula del éxito. No obstante, estoy de acuerdo en que muchas veces los gestos o lo que no dices influyen más que tu propio trabajo. Respecto a cuándo dejas de ser la nueva, no creo que exista una fecha como tal. A lo largo de la vida vas almacenando herramientas que te acompañan, pero nunca se deja de ser la nueva en un entorno o en otro.
P. ¿Incluso cuando llega otra persona a sustituirte y tú ya has pasado por ahí? Si hablamos de entornos laborales, claro.
R. Sí, e incluso personalmente. Aunque venga otra persona que en teoría sea la nueva, tú puedes no dejar de sentirte así, un poco por lo que acabas de decir: siempre va a haber nuevos retos y nuevos miedos para ti. Creo que eso es bueno porque te permite continuar despierta. Además, hay una parte muy interesante: cuando llega la nueva, puedes intentar ayudarla y proyectar en ella cosas que tú tardaste más en comprender para que ella no tenga que pasar por lo mismo.
P. Lo idóneo sería que así fuera, aunque depende de la actitud de cada persona. Al escribir esta historia, ¿te situaste más cerca de la mera observación externa o del reconocimiento personal?
R. Estaba más cerca de la observación y de imaginar cómo sería ese viaje en una plataforma de streaming donde hay mucho talento, pero también mucha sororidad entre mujeres.
P. Al hilo de esa sororidad que mencionas, existe la idea de que, por el hecho de ser mujeres, al llegar una nueva compañera se la va a tratar mejor para ayudarla a superar las barreras que uno mismo sufrió. ¿Es una realidad?
R. Creo que depende mucho de cada mujer, de sus experiencias, herramientas, pasado, presente y circunstancias. Pero creo que en los últimos tiempos lo estamos haciendo bien, cada vez mejor. Se verbaliza más, tenemos menos miedo a sentirnos vulnerables ante nuestras colegas y a comunicarlo.
P. Sin embargo, a veces parece que la competitividad se intensifica entre mujeres por el temor o la sensación de que la que llega pueda ocupar tu puesto o demostrar ser mejor que tú. No sé si esto ocurre también entre hombres, es una reflexión en voz alta, pero al decir que estamos mejorando entiendo que consideras que no está ocurriendo tanto.
R. Creo que últimamente lo estamos haciendo mejor. No significa que no ocurra, pero existe una corriente en la que nos comunicamos y nos entendemos mejor entre nosotras. O quiero pensar que es así.
P. Ojalá sea así. En el libro se percibe que la protagonista no siempre entiende la trascendencia de lo que ocurre en el mismo instante en el que sucede. ¿Te interesa explorar ese desfase temporal entre vivir una experiencia y llegar a comprenderla?
R. El ritmo de todo lo que sucede en la novela es tan vertiginoso que ella no tiene las herramientas para examinar, comprender o incluso protegerse en tiempo real. Resulta dificilísimo para ella, pero conforme transcurre la historia, la trama se acelera y ella va dándose cuenta de a quién tiene delante y por dónde pueden desencadenarse las circunstancias.
P. A mi parecer, la novela plantea dilemas y deja abiertas más preguntas que respuestas absolutas. ¿Escribes desde la certeza o desde la duda?
R. Escribo desde la certeza de los acontecimientos que suceden. Antía va transitando a través de muchas situaciones y reacciona conforme a esos sucesos. Creo que es certera, pero también tiene que tomar decisiones.
P. Esta es tu primera incursión en la literatura. En este gremio, ¿te sientes ahora mismo como «la nueva»?
R. Soy la nueva, yo también.
P. ¿Cómo te sientes?
R. Me siento muy afortunada y estoy muy ilusionada. Ha sido un proceso muy bonito en el que otras escritoras que fueron las nuevas antes que yo han compartido conmigo sus secretos, ayuda y esa sororidad de la que hablábamos. Espero poder hacerlo yo también en el futuro.
