Alejandra Llamas, autora y creadora del proceso MMK, invita en El arte de conocerte a reconectar con la esencia personal y cuestionar las creencias que guían nuestra vida. Su libro propone un camino de autoconocimiento para descubrir quiénes somos más allá de las historias heredadas, con herramientas prácticas para transformar pensamientos, emociones y relaciones.
P. Para conquistar tu vida, primero hay que saber quién eres. Parece sencillo, pero en realidad solemos mostrar solo parte de nosotros y guardar otra parte. ¿No es así?
R. Exacto. Parte de lo que somos ni siquiera lo vemos. Esto a veces se refleja en resultados no deseados en nuestras relaciones, economía o proyectos, sin darnos cuenta de que somos parte de la ecuación. Reconocerlo nos permite entender ciclos que se repiten y acercarnos a resultados más funcionales y satisfactorios.
P. ¿Por qué crees que muchas personas temen mirarse hacia adentro?
R. Porque enfrentarse a uno mismo implica romper con creencias muy arraigadas, como que equivocarse es malo. Muchas personas podrían potenciar su vida, pero se sienten limitadas por lealtades familiares o sociales. Abrirse a cuestionarse puede generar miedo a quedarse fuera de la “tribu” por romper reglas invisibles de la familia o la comunidad.
Además, muchas personas están condicionadas a la victimización. Prefieren no asumir responsabilidad porque, de alguna manera, la posición de “pobre de mí” se ha convertido en parte de su identidad.
P. Mencionas ocho pilares, los pilares del ser. ¿Qué prácticas recomiendas para cuestionar creencias y patrones?
R. Primero, déjame explicar los ocho pilares. En El Arte de Conocerte hablo de pensamientos, creencias, declaraciones, el lenguaje que usamos, el tono emocional que surge de ese lenguaje, los trances —es decir, las visiones limitadas que adoptamos cuando nos cerramos a una perspectiva—, el ego, y finalmente el amor y la expansión.
El primer pilar, y tal vez el más revelador, es dejar de creer todo lo que pensamos. Los seres humanos tenemos unos 60.000 pensamientos diarios, muchos repetidos por todos. Según la doctora Evie Hawkins, el 97 % de la humanidad cree todo lo que piensa. En el libro propongo una metodología para cuestionar esos pensamientos, liberarnos de patrones repetitivos y empezar a escuchar nuestra propia sabiduría.

P. ¿Qué es el método MMK?
R. Es un conjunto de metodologías desarrolladas a lo largo de 15 años, basadas en enseñanzas de autores, maestros y científicos. Cada pilar tiene una técnica específica que permite a la persona reconocerlo, comprender cómo opera en su vida y transformarlo si no es funcional.
P. ¿Por qué la mente es un terreno espiritual y no solo racional?
R. Porque existe un mundo que nos gobierna y que no es tangible. Como señala Neville Goddard, la conciencia es la única realidad; lo que percibimos como físico es una ilusión, algo que también confirma la física cuántica. Puedes llamarlo espiritualidad, conciencia o quantum: es el espacio invisible desde donde se enraízan las experiencias que luego se plasman en la realidad física.
P. ¿Tenemos que desaprender antes de aprender?
R. Sí. Mucho del aprendizaje consiste en desaprender. Los grandes sabios alcanzaban el nirvana o la revelación cuando llegaban al punto de no saber: la verdadera libertad interior viene de reconocer que no lo sabemos todo, y desde ahí, podemos aprender.
Muchas veces repetimos patrones porque los aprendimos por imitación, de nuestros padres o de la cultura. Por ejemplo, no pedir perdón, culpar a otros o victimizarse se aprendió como forma de protección o de justificación. Esto limita nuestra vida, nos mantiene en roles más pequeños y evita que nos expongamos o nos responsabilicemos plenamente de nuestros resultados.
P. ¿Qué entendemos mal cuando pensamos en espiritualidad?
R. Hoy la espiritualidad se asocia mucho con lo mágico o rituales, en lugar de entenderla como un camino hacia una vida más amorosa.
P. ¿Cómo afecta el autoconocimiento a nuestras relaciones?
R. El autoconocimiento nos permite ser más asertivos con nuestros límites y decidir lo que es funcional para nosotros. A veces esto implica distanciarnos para ser congruentes con nuestra energía, lo que puede parecer negativo al principio, pero a largo plazo nos ayuda a relacionarnos de manera más auténtica.
Proyectamos nuestro mundo interno. Si hay caos en relaciones, economía o comunicación, probablemente hay desorden interno. Cuando hay claridad y armonía interna, esto se refleja afuera: hay comunicación coherente, perdón cuando se requiere y mayor equilibrio. Reconocer que somos la causa del caos externo nos permite tomar responsabilidad y transformarlo.

P. ¿Qué pasa si alguien no tiene claro un propósito?
R. Nos enfocamos en el propósito del ser: paz, amor, armonía y buena voluntad. No es tanto qué haces con tu vida, sino desde dónde surge tu vida. Mi propósito del ser es la paz, y la vivo en todo lo que hago: mi trabajo, cómo pongo la mesa en casa, cómo me comunico con mis hijos. Mantener esa intención es más importante que cada acción específica.
P. ¿Qué le diría a alguien que siente que no sabe quién es?
R. Le diría que probablemente se ha identificado tanto con sus historias y narrativas que ha evitado sentarse consigo mismo. Muchas personas tienen miedo de mirar dentro.
Pero si se sienta y se permite estar consigo mismo, esas capas ilusorias empiezan a desvanecerse. Lo único que encontrará es ternura, consuelo y un gran gozo: una conciencia compasiva que lo recibe y lo hace sentir como en casa.
P. ¿Qué pregunta te haces a ti misma si sientes que te estás perdiendo?
R. Cuando siento incomodidad recurro a las cuatro preguntas de Byron Katie. Si algo me genera resistencia, significa que no estoy aceptando algo, y esa resistencia viene de una creencia o pensamiento. Entonces me pregunto:
- ¿Esto que creo es verdad?
- ¿Es absolutamente verdad?
- ¿Es la única manera de verlo?
- ¿Quién soy y cómo me siento cuando creo este pensamiento?
Si puedo suspender esa creencia por un momento, regreso a la paz. Desde ahí me pregunto: ¿quién quiero ser? ¿Cómo quiero relacionarme con esto? Ese simple ejercicio abre muchas alternativas y para mí es completamente transformador. La señal de alerta siempre es la incomodidad.
P. ¿Qué verdad sobre la transformación personal la gente no suele querer escuchar?
R. A veces la gente cae en cinismo y desestima estas ideas. Dicen: “Sí, qué lindo tu Instagram y tus libros, pero el mundo no funciona así”. Lo cierto es que no necesitamos justificar nuestro trabajo contando nuestras experiencias más difíciles. La vida misma es disruptiva y desafiante: todos enfrentamos enfermedad, muerte, problemas económicos y de relaciones.
El valor de estos procesos no viene de sufrir más que otros, sino de reconocer que la condición humana tiene el potencial de movernos hacia el amor, de manera práctica y efectiva, incluso en nuestra relación con el planeta. No se trata de romantizar la vida, sino de vivir con intención y conciencia.
P. ¿Hay alguna creencia que todavía te cuesta desmontar, incluso después de tantos años de trabajo?
R. Sí. Me sigue resultando muy difícil aceptar el maltrato, especialmente hacia niños y animales. Esa violencia extrema me duele profundamente. Me doy cuenta también de que a veces puedo ser violenta conmigo misma, con mis pensamientos o creencias, y eso se refleja en mi vida. Todavía me duele que la violencia siga existiendo en nuestras vidas.
P. Para terminar, ¿qué descubriste de ti misma cuando te atreviste a ser completamente auténtica por primera vez?
R. Fue durante un curso en Minneapolis. Estaba atravesando una crisis matrimonial y económica, y quería justificar mi sufrimiento ante mis maestros. Me paré frente al salón y conté todo lo que estaba viviendo con mis hijos, sin dinero y en una situación compleja. Esperaba compasión, pero ellos permanecieron serios.
Una de las compañeras me dijo: “Ustedes, las latinas, son muy dramáticas”. Eso me dolió y lloré en el baño. Al regresar, entendí que no necesitaba que nadie validara mi sufrimiento. Ellos estaban reconociendo mi grandeza, no mi dolor. Fue revelador: aprendí que no soy mis circunstancias, sino las posibilidades que existen dentro de ellas.
Ese momento marcó mi manera de actuar desde entonces: tomar responsabilidad, actuar proactivamente en lo económico, profesional y personal, y no depender de la validación de otros. Reconocer el dolor de alguien no significa avalarlo; podemos acompañar sin perpetuar sufrimiento.

P. El arte de conocerte, ¿es un arte conocerte?
R. Sí. Porque estamos llenos de puntos ciegos, y conocernos requiere disposición, voluntad, entrega y también ganas de amarnos, aceptarnos y reconocernos a nosotros mismos, sin dejar que otros hagan ese trabajo por nosotros.
