Marta Pérez Carbonell.“Nos vamos a morir todos, pero casi todos los días podemos decir: mañana seguiré viva.”

"Hay mucha lucha contra la idea de cómo debe ser una mujer"

Marta Pérez Carbonell habla sobre Mañana seguiré viva, su novela que sigue a Linda Rams, actriz legendaria de los años 50 y 60, ya retirada en Capri, mientras narra su vida a un biógrafo. Entre la fama, la maternidad y la construcción de su propio mito, la obra explora la memoria, la identidad y la libertad, mostrando cómo los recuerdos y las expectativas moldean la vida de una mujer. Con un estilo íntimo y cinematográfico, Pérez Carbonell ofrece un retrato profundo de la vida privada frente a la imagen pública.

P. Linda Rams es la protagonista de la novela. ¿Quién es este personaje y en qué momento de su vida la conocemos?

R. Linda Rams es la protagonista de Mañana seguiré viva. Es una actriz legendaria de los años cincuenta y sesenta. Nosotros la conocemos cuando ya está retirada, en la isla de Capri, contando su vida a su biógrafo, porque se está escribiendo un libro sobre ella. Una parte importante de la novela está en ese acto de contar: en ese relato hay silencios, cosas que se ocultan y recuerdos que la memoria transforma. Cada persona tiene su versión, y el libro juega con esa ambigüedad: qué pasó realmente y quién es, de verdad, Linda Rams.

P. ¿Dónde nace Linda Rams? ¿Cuál es la primera imagen que tienes de ella?

R. La encontré en esa terraza. Creo que hay escritores cuyo primer latido del libro es verbal, una frase o un párrafo; en mi caso es muy visual. La encontré hablando, contando. La conocí ya en el ocaso de su vida y eso me provocó mucha curiosidad: quién era, quién había sido y quién decía ella que era. En este caso, la primera imagen de la novela fue también la primera imagen que tuve del personaje.

P. Linda pasa de ser rica a convertirse en un mito. ¿Qué te interesa de ese proceso de transformación?

R. Es un tema que aparece mucho en mis novelas y también en el cine: la idea de que creemos tener claro quiénes somos, pero en realidad nuestra identidad depende mucho de cómo nos ven los demás. ¿Qué ocurre cuando llega un momento en que todas las miradas se posan sobre ti y empiezan a construir una historia, una leyenda, un mito? En el caso de Linda, incluso cambia el nombre. Ese proceso de transformación tiene que ver con cómo la mirada ajena, queramos o no, contribuye a nuestra identidad, aunque sea para luchar contra ella, que es algo que a veces le sucede a Linda.

P. Es una violencia peligrosa porque no siempre es visible. En el caso de Linda, además, es una mujer.

R. La figura famosa es una figura femenina y, además, en una época —los años cincuenta y sesenta— en la que, aunque ahora siga ocurriendo, había menos conciencia de esa violencia. Linda fue objeto de una violencia estructural porque la atraparon de una manera muy concreta por ser mujer. Sin destripar los episodios de la novela, en su historia hay mucha lucha contra la idea de cómo debe ser una mujer. Ella se convierte en un icono, y un icono es un referente, pero ella es una persona. No es un referente. Lucha contra ese ideal femenino.

P. ¿En qué momento el personaje público devora el espacio privado?

R. Linda pasa toda su vida luchando contra eso, intentando no perderse. Aun así, hay momentos en que su figura pública es incompatible con su vida privada. Algunos aspectos muy importantes de su vida se resienten por esa fama y ese éxito global que la catapultan a todos los escenarios. Sus relaciones íntimas y familiares se ven muy afectadas. Ha luchado contra ello, pero la Linda pública ha devorado mucho de la vida privada e íntima.
Reinventarse es un reto. Es, quizá, lo que nos pasamos la vida haciendo: reaprender, madurar, crecer, continuar viviendo. Mirar atrás y ver que hay modelos que habíamos interiorizado demasiado y contra los que queremos rebelarnos porque ya no nos sirven. Lo que nos han contado que debemos hacer como mujer, como madre, como amiga, como amante o como esposa. Queremos reinventar ese modelo para nosotros mismos. Es un proceso vital de reaprendizaje.

P. La relación con su hija también introduce distancia. ¿Qué te interesaba de ese vínculo?

R. Provoca un extrañamiento. La hija conoce una versión de su madre que no es la pública. Sufre esa fama y ese éxito de una manera mucho más íntima, casi más que la propia Linda, y además siendo una niña pequeña. Desde la primera imagen de Linda contando el conflicto y la historia con su hija, Silvia, sentí que ahí estaba gran parte del nudo de la narración.

P. ¿Crees que una madre puede ser libre sin ser juzgada?

R. Querría pensar que nos acercamos a un momento de la historia más cercano al sí, aunque no es un sí rotundo. Están muy enfrentadas.
La libertad tiene algo impulsivo, algo que te sale de dentro, la posibilidad de tomar una decisión en cualquier momento y elegir un camino u otro. La maternidad, a veces, es lo contrario, porque requiere una atención constante, diaria, doméstica, a las cosas pequeñas. Linda también vive en esa tensión, manejando una cuerda que quizá no es solo suya, sino de todas las madres.

P. ¿Cómo se redefine la libertad cuando eres madre? ¿Y cómo la vive la hija?

R. En este caso es una hija que ve, ha visto y ha sentido aspectos de esa libertad de su madre. También ha sufrido, porque esa libertad tiene un precio para los más cercanos. Crece bajo la sombra de su madre y recibe una herencia emocional. A veces proyectamos justo lo que no queremos. Aquí se desarrolla a través de una actriz legendaria y su hija, pero es algo inherente a la relación entre madres e hijas.

P. ¿Cómo se gestiona esa herencia emocional compartida?

R. Para la hija, todo empieza con esa madre, que lo es todo para ella. Después va reajustando la expectativa de que no puede serlo todo porque también tiene su propia herencia emocional y no puede ser todo lo que la hija quiere. En la novela se habla de ese ideal materno.
Empecé a escribir Mañana seguiré viva sin estar embarazada y la terminé habiendo dado a luz. En la revisión pasé un embarazo y tuve una hija. Revisé algunas cosas porque cuando empecé solo había sido hija; no era madre.
Escribo desde la pregunta. Si tuviera las cosas claras, haría algo más práctico que escribir novelas. Para mí surgen de algo que no tengo resuelto. La pregunta sobre la libertad y su lugar dentro de la maternidad no la tengo resuelta. Cuestiono si existe un modelo perfecto. No. Es uno de los aspectos más primarios de un ser humano, y un ser humano es complejísimo: a nivel individual, genético, emocional, histórico, con la herencia que trae.

P. La maternidad tiene algo muy primitivo, instintivo, pero también lo es ser tú misma. ¿Cómo se conjugan esas dos fuerzas en Linda y en su entorno?

R. Se encuentran en esa tensión, creo que en ellas dos y en todos los demás. Linda no tiene un núcleo familiar tradicional; lo construye a partir de otros vínculos. La idea de la familia inquebrantable es otro mito: las familias genéticas también se rompen. Me interesaba explorar a alguien que crea lazos familiares con quienes no son su familia genética. Hay hombres muy distintos en la novela; algunos muestran la peor cara histórica de la masculinidad, mientras que otros son compañeros vitales de Linda y tienen un rol crucial en su vida. Los hombres reflejan, al final, la diversidad de la experiencia humana: la protagonista se encuentra a lo largo de su vida con distintas caras de la masculinidad.

P. Hay un episodio que aborda la salud mental. ¿Qué papel tiene en la novela?

R. Es un lado oculto de Linda, algo que silencia y que no se conoce mucho de su vida. La salud mental, hoy menos tabú, en los años 50 era casi intocable, especialmente para una mujer actriz. Me interesaba explorar lo que ocurría en Italia en esa época con la psiquiatría, los hospitales y los tratamientos, especialmente hacia las mujeres. Por ejemplo, el pabellón de las 44 mujeres agitadas era real: un lugar espeluznante donde estaban atadas. Introducir esto en la novela permite mostrar la fragilidad humana y las partes de la vida que no siempre se ven.

P. El cine tiene un papel central en la historia.

R. Sí, porque Linda es actriz y se mueve en el cine italiano de la época de Fellini, Antonioni y Sica. Aunque Albice Colonna, el director que la descubre, no es real, representa a los directores de ese tiempo. Me interesa que el cine sea representación de uno mismo: el personaje que interpreta, Gloria, le da algo a ella. La novela también es cinematográfica: personajes, directores, actores, escenarios. Cuando visité el hotel en Capri, cerré ese vínculo entre la ficción y la realidad. La novela insiste en que no se puede contar el pasado tal cual, solo modelarlo.

P. ¿Crees que también falseamos nuestra propia biografía?

R. Absolutamente. La memoria es traicionera. A veces nos encontramos con una foto que contradice lo que recordábamos o con un hermano, y descubrimos que no era como pensábamos. Esa fragilidad hace que nuestra identidad sea incierta; la basamos en recuerdos que son la primera narración de nuestra vida.

P. ¿Y qué papel juega la voluntad en la memoria?

R. A veces traicionamos la memoria sin darnos cuenta. Es difícil separar lo que recordamos de lo que queremos recordar. Esa tensión entre memoria y deseo es la que da forma al relato y a los personajes: todo se imagina y todo se reconstruye, y eso nos permite no perdernos en nuestro pasado.

P. ¿Qué cambia cuando una mujer mira su vida desde la vejez?

R. Mirar atrás permite recrear el relato con perspectiva. Lo que antes parecía un agravio, ahora se contextualiza. La memoria está teñida por la experiencia actual: no hay objetividad. Queremos entendernos, pero necesitamos la ficción para hacerlo; es un recurso sano.

P. Cuando alguien cuenta nuestra historia, aparece otra versión.

R. Exacto. A veces se ve con Lorenzo, el biógrafo de Linda: saca algo de su propio relato para mostrar otra perspectiva. No creo que la solución sea que alguien cuente la historia de otra persona, pero ayuda a reconocer otras versiones. Es el juego del relato: los personajes hablan, contamos sus recuerdos y versiones, como un cubo de múltiples caras. Además, hay encuentros fortuitos entre personas que marcan capítulos de la vida, aunque luego cada uno siga su camino.

P. ¿Qué significa para ti Mañana seguiré viva?

R. Es una frase muy de Linda, que combina grandeza y sencillez. En la novela no es un dictamen rotundo, sino un mensaje de esperanza: cómo seguir viva, cómo seguir contando y afirmar “aquí estoy yo”.

P. ¿Y para ti personalmente?

R. Tiene esperanza. Contar la vida de alguien en su ocaso me hace sentirme cerca de ese personaje. Pienso mucho en escritores como Javier Marías, que reflexionaban sobre la muerte. Nos vamos a morir todos, aunque lo intentemos comprender. Pero casi todos los días podemos decir: mañana seguiré viva. Esa temporalidad nos recuerda a levantarnos cada mañana y no obsesionarnos con las cosas pequeñas.

P. Vamos a terminar con la portada del libro.

R. Es una foto de los años 30, tomada en Capri, con mujeres que no eran modelos. Cuando estaba pensando en la novela y en la portada, fui al lobby del hotel Punta Tragara y allí estaba la foto enorme. Supe que tenía que ser la portada: con luz, brillo en el mar y la línea del horizonte justo a la mitad. La editorial Lumen consiguió materializarla perfectamente.