¿Es la ciudad moderna un entorno hostil para los animales? Para el veterinario y divulgador madrileño Víctor Algra, la respuesta es un rotundo sí. Compaginando su trabajo en la clínica diaria con la comunicación científica, Algra se ha convertido en una de las voces más lúcidas para analizar la convivencia multiespecie en la urbe actual.
Ahora presenta su libro «Animales de ciudad: Historias veterinarias en un mundo no tan humano», una obra que huye de tópicos y utiliza la realidad de la consulta para abrir debates necesarios: desde los límites de la sobreprotección y la humanización, hasta las mafias de los criaderos ilegales o el papel crucial que juegan los animales sosteniendo nuestros duelos. Hablamos con él sobre la invisibilidad de la fauna urbana y por qué tener una mascota hoy en día no es una alternativa egoísta a la paternidad, sino la consecuencia de la inestabilidad social.
«Diseñamos las ciudades pensando únicamente en nuestra comodidad, no en las especies con las que convivimos»
P.– Cuando se habla de animales de ciudad solemos pensar solo en las mascotas de casa, pero tú insistes en incluir a la fauna silvestre. ¿Hasta qué punto los vemos como parte de nuestro entorno o los consideramos simplemente un estorbo?
R.– Buena pregunta. Pues lo vemos un poco a veces como un estorbo al que le cedemos nuestros espacios cuando quizás tenemos que empezar a cambiar esa mirada y pensar que compartimos los espacios con otros animales. Eso es un punto importante.
«La percepción del valor que le damos a un animal va en función de nuestra relación personal, no de lo que realmente vale»
P.– No vamos a relatar todos los animales que solemos tener, pero vamos a empezar con la pregunta de esos animales que consideramos domésticos, pero no sé hasta qué punto. Por ejemplo, ¿cómo puedes dialogar con un cerdo vietnamita?
R.– Yo, de cerca, no he convivido con cerdos vietnamitas, pero sí que es verdad que su nivel de inteligencia es mucho más elevado del que la gente percibe. Entonces, creo que ahí el discurso va a cambiar mucho en función de quién te lo responda. Si es una persona que nunca ha convivido de forma estrecha con un cerdo, te va a decir: «¡eso no se puede!». Pero si es una persona que tiene un cerdo como animal de compañía, que es parte de su familia, probablemente su discurso cambie mucho. Entonces la percepción del valor que les damos va en función de nuestra percepción personal, no del valor que realmente tienen.
«Valoramos la cercanía física y diaria por encima de los lazos de sangre»
P.– Bien, podríamos entonces añadir que hay que darle mucha importancia a la palabra compañía, independientemente del animal que tengas.
R.– Sí, pero eso pasa también incluso con la gente. Valoras mucho más a la gente, por ejemplo, cuando tienes un drama en la familia y ha fallecido una persona y te ha fallecido tu primo, si es un primo al que hace quince años que no ves: «Pobrecito», fin. Pero si te ha fallecido tu vecino, que no es familia, pero le ves todos los días, te tomas un café, pues te afecta mucho más. No es tanto ese nivel de relación, es el nivel de cercanía el que lo dicta.
«En las ciudades hay espacio para todo tipo de animales, aunque no sean los más comunes»
P.– ¿La gente es rara cuando tiene serpientes, arañas, u otras especies?
R.– A mí también, pero hay gente para todo. Es verdad que normalmente en las ciudades no es el animal más trendy, pero alguna vez se encuentra.
«Hace siglo y medio las ciudades no estaban tan iluminadas; la luz artificial ha roto el ecosistema de muchos animales»
P.– La ciudad moderna es hostil para los animales. No sé si somos nosotros quienes la hemos hecho así. La mayoría estaban antes de que llegase «la civilización».
R.– Sí. Siempre que trabajamos algo, lo que priorizamos es nuestra comodidad, pero no pensamos en cómo puede afectar a otras especies. Algo que a mí me gusta mucho poner de relevancia es la luz de las ciudades, las farolas, los coches. Hace cien o ciento cincuenta años las ciudades no estaban tan iluminadas, el ecosistema era completamente diferente. Entonces, dentro de esa oscuridad hay muchos animales que viven, que están adaptados. Las luciérnagas, por ejemplo, todos estos animales que en carretera fallecen porque son atropellados. No hemos pensado en cómo la luz puede haber afectado a nuestra comodidad, sí, eso es claro, pero la incomodidad de muchos otros animales, a los que no les hemos preguntado.
«Los animales nos obligan a romper barreras sociales y generan vida de barrio»
P.– Sin embargo, ¿qué habilidades sociales has observado que los animales superan con mucha diferencia con respecto a los humanos?
R.– Bueno, esto es un poco parecido a los niños, que no entienden nada de convencionalismos y ayudan a estrechar muchísimas relaciones en los barrios. Yo tengo una historia personal: yo viví en un barrio durante unos años, al que me mudé, no conocía prácticamente a nadie porque vas del metro al trabajo, del metro a tu casa y adoptamos una perrita que tenía un drama y a la semana conozco gente. El parque detrás de mi casa, este lleva a este perro, el de tal, y te das cuenta de que conoces a tu barrio. Empezamos a saludar a una señora que tenía una tienda de… hacía temas de costura. Levaba ahí toda la vida, pero nunca le habíamos dicho ni hola, pero ya se paraba al perro: «¡Ay, qué bonito!», se aprende su nombre. Entonces, genera mucho barrio. Ayuda mucho a romper esas barreras. ¿Cuánta gente que tiene perros habla con la gente a través del perro? «¡Ay, qué bonito! ¿Cuántos años tiene? ¿Cuánto tal?». Si no, no nos diriges la palabra. Muchísimo más. A la fuerza o sin la fuerza, pero luego te das cuenta de que lo necesitas también.
«Hay una comercialización extrema de necesidades humanas que los animales realmente no tienen»
P.– Víctor, ¿cuándo el cariño hacia el animal empieza a convertirse en una sobreprotección?
R.– Es que depende, hay mucho… Mi percepción… Yo trabajo en una clínica veterinaria, entonces hay mucha sobreprotección que a veces viene bien y hay veces que no. También hay veces que lo pasamos mal con los animales, que estás como muy encima, y tienes un animal, supuestamente, para estar más feliz, para compartir tu tiempo, y acabas generando una preocupación de: «¿le pica un día la oreja? Es que tiene algo…». No tiene nada, simplemente le está picando la oreja. Entonces es verdad que hay veces que la sobreprotección… Mira, hay algo con respecto a la sobreprotección que va muy ligado a la humanización. Para mí están un poco solapadas estas dos cosas. Y hay una parte donde los animales tienen un fuerte potencial económico porque la gente está dispuesta a invertir mucho dinero en sus animales. Entonces hay una parte de necesidad, pero hay una parte que es una comercialización extrema de necesidades humanas que ellos no tienen. Entonces ahí yo creo que puede entrar un poco la humanización. Por ejemplo, pasear en un carrito para perros para pasearle. Hay veces que puede ser necesario: si tiene una artrosis brutal, tienes un parque a diez minutos de tu casa, el perro no puede andar tanto, le llevas y le sueltas en el parque, que huela, y vuelves a tu casa, bien. O que tiene un tumor, bien, un carrito ahí, bien. Pero pasearle, como hay gente que a lo mejor de rutina lleva a un perro en carrito, eso es una humanización innecesaria. Entonces es verdad que la línea es a veces un poco delgada y habría que ver cada caso. Habría que ver por qué.
«Pasear a un perro en carrito por rutina va en contra de su bienestar porque le impide oler y socializar»
P.– ¿Hasta qué punto tratar materialmente a un perro como a un niño, vistiéndolo o usando carritos, deja de ser cariño y empieza a perjudicar el bienestar de la mascota?
R.– No, eso impide su bienestar. Claro, el ir en el carro le impide socializar, le impide oler, le impide ir con la farola que le gusta a él. Estás poniendo unas barreras que no. O una gorrita, que a veces le pones una gorra. Hay ciertas cosas que van en contra de su bienestar.

«Con un animal no vale mandar un WhatsApp o un mail; ellos te atan al aquí y al ahora»
P.– ¿Qué papel juegan los animales con respecto a rescatar vidas, calmar ansiedades, sostener duelos? Lo decíamos un poco en la introducción, ¿no? Creo que es uno de los puntos más fuertes de una mascota.
R.– Sí, y también de la novela, porque eso, además, sale mucho a relucir en los extremos. En la profesión de veterinario ves los extremos de la salud, cuando todo peligra. Ahí te das cuenta de todo lo que sostienen cuando la vida está en juego. Y hay muchos casos de gente que lo ha conseguido gracias a esos animales. De eso se habla poco. Y también calman ansiedades, pero a nivel bioquímico, te bajan esos cortisoles. Hay ciertas… te ayudan a estar un poco en contacto. Tienes que relacionarte con ellos directamente. No vale mandar un WhatsApp, un mail, «mañana les escribo». Están aquí y ahora, es superimportante. Entonces, nos ata mucho a la vida. Ellos continúan, pase lo que pase. Yo he visto casos de gente que ha perdido un miembro muy importante de la familia, están mal, tienen un duelo importante y se levantan de la cama porque tienen que sacar a su animal. Les obliga a no caerse en un pozo. Incluso gente que ha perdido hijos por dramas familiares y tiene que hacerse cargo del perro de su hijo, y eso le ayuda como una balsa para no hundirse. Dicen: «no, es que le tengo que cuidar porque de alguna forma es como que mantienes ese hilo vivo con la persona que perdió» y le ayuda mucho a remontar. Entonces, hace una función muy importante que se le da muy poco valor.
«Las vidas cortas de los animales nos obligan a vivir todo con mucha más intensidad»
P.– La vida de los animales es cortísima y su pérdida es otro duelo terrible. Es algo horrible para lo que yo misma no estoy preparada todavía. Tú también tienes perros, ¿verdad?
R.– Tengo perros. Pero es verdad que son vidas muy cortas. Te hacen vivir todo más intenso, pero es un golpe cuando se van, muy importante.
«Ellos no tienen la percepción del tiempo que les queda; mientras estén felices, hay que disfrutar»
P.– Víctor, pero fíjate un punto importante de ellos es que te hacen disfrutar. Ellos disfrutan de cada paseo, disfrutan de cada olor, de cada lugar, de cada chuche. Lo disfrutan como si fuera el último día de su vida. Y eso es una enseñanza.
R.– Total, y además no lo piensan. Eso pasa mucho cuando diagnosticas una enfermedad terminal. Evidentemente es una noticia que nadie quiere dar, que pone un cronómetro muy en evidencia, pero siempre se dice: «pero tú lo estás pasando peor que él porque él no tiene la percepción de ‘me quedan dos meses'». No, ellos están felices. Mientras estén felices, vamos a disfrutar. El día que ya veamos que no están bien, actuaremos, pero ahora mismo no penséis en eso porque él no lo está pensando. Son mucho más prácticos que nosotros. Eso es también otra buena enseñanza, eso deberíamos aprenderlo también.
«Los gatos no son narcisistas, simplemente marcan sus propios tiempos»
P.– ¿Es verdad que el gato es el animal más narcisista?
R.– ¡Qué va! Lo que pasa es que tenemos que entenderles. Ellos son gatos, lo que pasa es que no podemos creer que un gato sea un perro. Yo he tenido perros toda la vida, ahora tengo estos dos gatos maravillosos y son muy diferentes. Tienen ahí su personalidad muy marcada, pero no son nada narcisistas. Son más independientes a veces, ellos marcan los tiempos. No están ahí siempre dispuestos a la caricia, pues a lo mejor ellos tienen que decir «ahora, dámela». Pero si tú vas ahí, dicen: «chico, que estoy echándome la siesta». Tiene sus tiempos.
«Un gato requiere mucho trabajo dentro de casa, pero como no se ve en la calle, parece que se gestiona solo»
P.– ¿Por qué los gatos se están convirtiendo, creo yo, o están ganando protagonismo en los hogares urbanos? Porque es verdad que mucha gente, entre perro y gato, decide un gato a lo mejor porque no tiene que pasearlo.
R.– Es una parte muy importante, sí. Pero sí que es verdad que tienen necesidades. Lo que hace años se pensaba de: «bueno, tengo un gato que se gestiona solo, le cambio el arenero, le pongo la comida, chimpún», no. Un gato tiene sus necesidades, tenemos que pulirlas. Pero a nivel paseo, con estos ritmos que tenemos vitales, es un animal más cómodo con el que convivir porque no tienes que sacarlo a pasear, pero tiene mucho trabajito. Si lo haces bien, tiene mucho trabajito. Y hay gente super cat-friendly que lo hace maravilloso, que cambia la casa, que pone baldas, que les pone juguetes por todas partes, que juega todos los días con ellos. Hay mucho que hacer por los gatos, lo que pasa es que lo hacemos dentro de casa y se ven menos. Nadie lo que ve.
«En mi consulta nos centramos en perros y gatos»
P.– No sé si tu consulta veterinaria es solo perros, gatos o…
R.– Perros y gatos.
«Juzgamos a las palomas a granel con esa percepción de plaga, pero se merecen la misma empatía»
P.– Perros y gatos. Por ejemplo, estábamos hablando de los animales de la fauna silvestre que habita la ciudad. Imagínate que una paloma de repente se cae delante de ti herida. ¿Estamos mentalizados? ¿Seríamos capaces de cogerla y llevarla a un veterinario, o pensaríamos «es una más»?
R.– Por desgracia, pensaríamos «es una más». Pero hay muchísimas personas que los cogen. Yo no tengo palomas en mi casa, ahora con los gatos la cosa se vuelve un poco más complicada. Lo que es cierto es que tenemos esa percepción un poco de plaga de las palomas. Hay muchas, ¿no? Las juzgamos un poco a granel a las palomas, pero sería bueno cogerlas. De hecho, hay compañeros que tenían un servicio que podían valorar a las palomas, las estabilizaban para que luego las pudieses un poco soltar o convivir con ellas, pero aquí la empatía depende ya de cómo sea uno.

«Tener perro no es la causa de que no se tengan hijos, es la consecuencia»
P.– Los animales de ciudad no tienen nada que ver con los de campo, pero ¿por qué crees que hoy se prefiere una mascota antes que un hijo? Es un fenómeno que se está viviendo de manera brutal.
R.– Pues te diré: aquí tenemos que empezar a girar el concepto, porque no es que la gente… Yo no encontraré a nadie que diga «tengo un hijo o tengo un perro», a nadie. Muchas veces se dice: «la gente no tiene hijos, prefiere tener perros». Tener perros no es la causa de que no se tengan hijos. Tener perros es la consecuencia de que no se tengan hijos. La gente no puede formar familias, no tiene estabilidad económica, no encuentra pareja, lo que sea. Y por esa razón, los perros, los gatos, estos animales, están cubriendo una necesidad muy importante. Pero no son ellos la causa, son la consecuencia. En vez de culparles, deberíamos decirles: «gracias». Gracias porque estáis ayudando a que esto siga funcionando, a que la gente esté acompañada, a que las familias, aunque cambien, vosotros seguís ahí. Pero la gente tiene hijos igualmente. Si no tienen hijos… es como comparar: «la gente no tiene hijos y tiene dos teles, es que la gente prefiere tener teles a tener hijos».
«Las dinámicas de pareja y de edad han cambiado, pero nadie sustituye un hijo por un perro de forma directa»
P.– Pero sí que es verdad que es una noticia que cada vez hay más parejas que tienen un perro o un gato y además es que prefieren tenerlo antes que hijos.
R.– Estos titulares yo los he leído en un montón de sitios, pero a mí me sigue quedando la duda. Yo de verdad, con la gente con la que trabajo, trabajo todos los días con un montón de animales, de personas, de familias, y no hay nadie… A lo mejor la gente no está dispuesta a crear unos lazos más estrechos, las relaciones duran menos, o la gente no quiere hacer una apuesta, o sí pero no del todo, o yo qué sé. Antes la gente con veintiún años, veintiséis, mis padres muy jóvenes, empezaban a tener hijos, ahora eso está cambiando. Y cierto, a lo mejor a los veintinueve o treinta años no tienes pareja, pero pues voy a coger un perro. Pero si se relaciona mucho el dato, yo no tengo ninguna duda de que se relaciona, pero yo, en mi experiencia personal, no he encontrado a nadie que haya dicho: «no, prefiero tener un perro a tener un hijo». A nadie.
«Es desgarrador ver casos donde un animal lleva meses enfermo y el dueño asegura que se puso mal ayer»
P.– Experiencia personal, ¿cuál es lo más surrealista que te ha ocurrido?
R.– Lo más surrealista que me ha ocurrido… tendría que pensar. Pues hay cosas surrealistas donde hay gente que se autopercibe… no surrealistas, por desgracia es bastante habitual. Hay gente que dirá: «no, es que esto le pasó ayer, es que lleva así un día», y de pronto diagnosticas una enfermedad en un gato renal súper avanzada que dices: «¡Ostras! Esto no es de un día, lleva muchísimo tiempo». «No, pues siempre ha estado bien, nunca le ha pasado nada», y de repente ves a un gato que pesa dos kilos y dices: «de repente, de repente, no ha sido», ¿no? Esto, bueno, como algo sorprendente más que surrealista.
«La gente que maltrata o no cuida a sus animales jamás cruza la puerta de una clínica veterinaria»
P.– ¿Te ocurre habitualmente?
R.– Sí, pues no es habitual, pero a veces sí que pasa. Más cosas surrealistas: por suerte, yo trabajo en un sitio para mí privilegiado, que es un barrio de Madrid donde la gente está muy concienciada, donde la gente les cuida, les tiene fenomenal a los animales. Y también es cierto que yo siempre digo que la gente que entra a una clínica veterinaria es gente que de base tiene un concepto ahí como de la responsabilidad, ¿no? La gente que no tiene bien a los animales nunca va a entrar a una clínica veterinaria. Puede que haya gente a dos calles de mi casa a los que yo nunca conozca. Y esto también cambia mucho en el mundo rural, porque también las cifras de abandono, que esto sí que me parece surrealista, con toda la concienciación, la gente parece en las redes sociales… parece que todo es a tope con los animales, pero luego ves las cifras de abandono y dices: «ostras, se han crecido con respecto a los últimos informes». Entonces esto, por ejemplo, sí me resulta bastante surrealista.
«Todos mis animales son rescatados; llegan con dramas pero se vuelven agradecidos y maravillosos»
P.- Iba a preguntarte sobre las perreras. ¿Qué ocurre realmente? ¿Cómo le afecta a los animales? No sé cómo funciona, pero es lo que dices. Tú lo ves en las redes y a mí me entra muchísima angustia de ver a un animal entre una jaula. Pero claro, peor sería vivir en la calle, que eso sí ocurre en la zona rural.
R.– Sí. Es verdad que tiendo a pensar que cada vez hay menos o cada vez está más controlado, tiendo a pensar, pero es verdad que mi percepción está un poco sesgada. ¿Y cómo les afecta? Pues hombre, imagínate. Ellos no están como deberían estar y hay muchísimo, muchísimo drama. Y yo personalmente con eso estoy bastante concienciado. Todos mis animales son rescatados, han llegado con sus dramitas y luego han sido animales maravillosos. Maravillosos, súper agradecidos, una pasada.
«Para las mafias el tráfico de cachorros es un negocio rentable aunque dos de cada tres mueran por el camino»
P.– ¿Qué estrategias crees tú que deberían aplicarse precisamente para atajar los criaderos ilegales?
R.– Pues mira, ahora mismo en Europa esto está en bastante debate y lo que se está haciendo es, por ejemplo, generar a nivel europeo como un marco común. Porque es verdad que entre los diferentes países esto puede cambiar y todavía hay algún perro que te llega de un criadero en un país de Europa del Este que no sabes, pero ha llegado aquí y a saber cómo ha llegado ese animal y cuántos han quedado por el camino. Porque los que llegan, llegan, pero los que están por el camino dicen: «bueno, esto es rentable porque de cada tres te llega uno fenomenal y los otros se mueren». Entonces, primero crear ese marco un poco común. Siguiente, concienciar a la gente de que es un animal, no es una moda, tienes que mirar por él, y además esto de los animales sí que es verdad que va por modas. Te pregunto por la oleada de los tekels, la oleada de los labradores, los pastores alemanes. Entonces, bueno, primero esto de que no es una moda y sobre todo lo que hay que hacer, esto lo hizo muy bien Holanda: concienciar a la gente, hay que concienciar, hay que identificar a los animales porque si alguien lo hace mal se pueda encontrar a esa persona que lo está haciendo mal, y las esterilizaciones. Claro, eso es muy importante. Las camadas indeseadas, o sea, no deseadas; hay todos esos animales que hay que encontrar en su hogar.
«En las redes sociales impera el efecto halo: parece que tener muchos seguidores te convierte automáticamente en experto»
P.– Antes hablabas de las redes de Instagram, te movías mucho en Instagram, zapeando… ¿Qué responsabilidad crees que tienen los divulgadores frente a modas virales precisamente en el tema de redes?
R.– Para mí es muy importante trabajar siempre desde el paraguas de la ciencia. En redes sociales está el fenómeno, está el efecto halo, ¿no? De que si tengo muchos seguidores, tengo una piel preciosa y me echan una crema, entonces todo lo que yo hago está bien y está asociado a mi número de seguidores. Eso es, y esto es muy importante separarlo. Hay gente fantástica, diplomados europeos, veterinarios súper formados que no tienen presencia en redes sociales y todo lo que dicen no tiene peso a nivel global, pero son los que más saben. Y luego hay mucha gente que te hace vídeos muy cortitos con tres chorraditas y tal, no tiene ninguna evidencia, y ¡boom!, te crea una oleada. Entonces siempre hay que escarbar un poco más, escarbar un poco más sobre quién te lo está contando, por qué te lo está contando y cuáles son sus fuentes. A mí eso es importante.
«El bienestar animal no puede medirse igual para una mascota, un animal de producción o uno silvestre»
P.– El bienestar animal, ¿crees que falta algo, sobra, hay que quitar, hay que poner?
R.– Sobre el bienestar animal falta muchísimo, falta muchísimo, y depende de las especies donde lo estemos mirando. También el bienestar animal no es lo mismo para los animales de compañía que para un animal de producción que para un animal silvestre que está ahí a su rollo. Un zorro, yo qué sé, de pronto hay una superficie enorme de cultivo y ha deforestado no sé cuánto. ¿Dónde está el bienestar animal? ¿Es el bienestar del animal que estaba por ahí?
«Se priorizan los intereses agrícolas y un montón de animales mueren sin que nadie los vea»
P.– Sí, los lobos, por ejemplo.
R.– Sí, los lobos, el zorro, otros animales. Hace tiempo, esto pasó hace un par de años, en Valdetorres de Jarama, que hicieron para una plantación de pistachos, de eso se habla en el libro y es un hecho real, que vallaron una zona muy amplia que estaba al lado del río Jarama, bueno, ahí donde iban a imperar los animales. Entonces dices: pistachos fenomenal, todo estupendo, y se murieron un montón de animales dentro y no podían ir a beber agua porque había una rotulación de pistachos. Entonces ahí el bienestar animal no está, pero no se veía, porque son ciervos, jabalíes, nada.
«A nivel urbano solo valoramos al animal si interactúa directamente con nosotros y nos mueve la cola»
P.– Este gesto que estás haciendo y que estás diciendo es un poco lo que ocurre con los animales que viven en Madrid. ¿Por qué despreciamos a otros animales que viven en las ciudades?Quiero decir, nosotros mismos que tenemos una mascota en casa, un perro, un gato, luego no somos capaces de darnos cuenta que también es un animal.
R.– Sí, pero va por esa percepción, el valor que tienen en nuestro día a día. Un gorrión en tu día a día bueno, tiene valor, pero no está contigo. No le das valor porque contigo, bueno, parece que no va la cosa, no es como tu perro que te viene a saludar, que te mueve la cola.
«Cuidado con pensar que este mundo es solo humano»
P.– Si animales de ciudad fuera una advertencia, además de una celebración, porque yo no veo una celebración, ¿cuál sería?
R.– Pues cuidado con pensar que este mundo es solo humano.
«En las grandes ciudades la comida parece magia, pero dependemos de un ecosistema que no es humano»
P.– Bien, porque ahora voy a la parte de la portada que dices «historias veterinarias en un mundo no tan humano». Este «no» entre paréntesis «humano», explícamelo.
R.– Para mí es súper importante. El «no tan» es el matiz, el kit de la cuestión. Pues eso, porque pensamos que el mundo está aquí para nosotros, que los recursos son para nosotros, que todo es para nosotros y realmente esto no es así. Este mundo no es tan humano y además esto también remarca mucho con la percepción de las grandes ciudades. Lo que sucede en las grandes ciudades es como magia. De pronto, los supermercados están llenos de comida: hay lechuga, hay carne, hay de todo. Pero tú dices: ¿quién planta la lechuga? ¿Dónde está este cerdo que me voy a comer? ¿Dónde está este filete? Llega mágicamente. Entonces, eso llega de otro sitio, llega de un ecosistema, llega de un mundo que no es humano gracias a que viven los humanos. Y eso es importante ponerlo en valor.
«La clínica diaria es un escenario teatral y dramático donde se cruzan la vida y la muerte»
P.– ¿Por qué decides escribir animales de ciudad? A ver, tiene sentido: veterinario, vives en ciudad, pero seguro que hay que hurgar un poquito.
R.– Hay dos vertientes importantes. Una es que la clínica es un lugar fantástico en el que inspirarse, en el que suceden historias muy extremas, en el que se pone mucho en valor la vida y la muerte, que al final son dos caras de la misma moneda. Esto es muy teatral, es muy dramático. Había escrito historias cortas, alguna ficción sonora que funcionaba muy bien, pero quería algo más largo para contar esa realidad. Eso por un lado. Y luego, por otro lado, también la realidad invisible de los veterinarios.
«La labor del veterinario va mucho más allá de los perros y gatos urbanos»
P.– Sí, todo el proceso hasta que llegas a serlo, porque empiezas así también.
R.– Sí, hablo del tema de una parte más de estudiante, una parte ya más de la realidad de la clínica, pero también una parte más escondida, que es todo ese trabajo de los veterinarios que no tiene que ver con animales de compañía, donde trabajan con animales que no son tanto de ciudad, pero que también están en la ciudad. Entonces hablo de toda esa cadena de la alimentación, esas enfermedades que compartimos, ese trabajo rural también.
«Hay realidades donde los animales aportan o padecen muchísimo y que nunca se cuentan»
P.– Te refieres a vacas, cabras…
R.– Sí, incluso provacunas también, investigación. O sea, hay ciertas realidades donde los animales aportan mucho o padecen mucho, ya depende de cómo se mire, que no se están contando. Entonces la realidad de la veterinaria es mucho más amplia que los perros y gatos y también hay una parte importante.
«El término ‘mascota’ va a quedar completamente desfasado; ya hablamos de tutores y miembros de la familia»
P.– ¿Crees que dentro de 20 años hablaremos de mascotas o de otra cosa?
R.– De otra cosa.
P.– ¿Cómo?
R.– Pues como miembros de la familia. Ya se está hablando algo… yo cuando estudié se hablaba mucho de propietarios: el propietario, el dueño de la mascota. Esto ya está un poco pasado. Ya se habla de tutores de mascotas, de responsables de las mascotas, incluso ya no, tutores del animal de compañía; ya «mascota» también tiene ahí… Entonces, bueno, el discurso va cambiando, los términos van evolucionando y yo creo que evolucionará. ¿Hacia dónde? No lo sé, pero creo que «mascota» va a quedar bastante desfasado.
«Los animales han dejado de ser objetos ante la ley, aunque para nosotros nunca lo fueron»
P.– Creo que sí, además, yo creo que ya sí que forman parte de la familia en el momento de que dejan de ser objetos.
R.– Sí, no lo son, vamos, ya lo dice la ley. Para mí nunca lo han sido, pero para las leyes sí que lo eran.
