Regina Rodríguez observa el mundo de una manera poco habitual. Mientras otros pasan de largo, ella se detiene en un gesto, una azotea, un grafiti o la forma de un antebrazo. De esa mirada nacen sus novelas y también el humor con el que convierte lo cotidiano en algo extraordinario.
Tras el éxito de Las bragas al sol, la escritora regresa con Palomitas de madrugada, una novela protagonizada por Rita, una mujer que lleva años buscando su voz mientras intenta encontrar también su lugar en el mundo. Publicada por Suma, la obra vuelve a explorar algunos de los temas que atraviesan toda la literatura de Regina Rodríguez: la amistad, la incertidumbre, la observación y esa curiosidad inagotable que convierte cualquier detalle en una historia.
En esta entrevista para Rosa Pasa Página, conversamos con la autora sobre el éxito inesperado de la novela, Barcelona como escenario emocional, el humor como herramienta para hablar de asuntos profundos y la necesidad de detenerse a mirar cuando todo parece empujarnos a correr.
Rita vive ahí, entre trabajos que no terminan de parecer definitivos, una escritura que insiste, aunque a veces dude de sí misma, y una ciudad que la empuja y la contiene a la vez. Barcelona no la ordena, la acompaña en ese estado de búsqueda que no acaba de resolverse nunca. En ese movimiento continuo, lo cotidiano se vuelve el único territorio posible. Lo que se dice en voz baja, lo que se comparte sin saber muy bien por qué, lo que se sostiene sin prometer nada. Y aquí tenemos a Palomitas de madrugada con Regina Rodríguez.
Rita vive ahí, entre trabajos que no terminan de parecer definitivos, una escritura que insiste, aunque a veces dude de sí misma, y una ciudad que la empuja y la contiene a la vez. Barcelona no la ordena, la acompaña en ese estado de búsqueda que no acaba de resolverse nunca. En ese movimiento continuo, lo cotidiano se vuelve el único territorio posible. Lo que se dice en voz baja, lo que se comparte sin saber muy bien por qué, lo que se sostiene sin prometer nada. Y aquí tenemos a Palomitas de madrugada con Regina Rodríguez.
«No me merece la pena escribir si no es con toda mi verdad»
P.- He oído que vas por la cuarta edición, a un mes de que saliera. Yo ya no sé qué decir. ¿Qué piensas?
R.- Pues que tengo mucha suerte y que estoy orgullosa de que finalmente, después de todos estos años de haber huido de mí misma con tantos trabajos distintos, me harté y dije: «Me voy a hacer caso a esta voz que me sale de dentro, y si me sale con humor y con esta locura, pues la voy a escribir». Me parece inesperado, bonito y también veo la esperanza en la gente después de leer las historias. Nos abrazamos con la misma emoción con la que yo lo escribí; la gente lo ha recibido y es un regalo.
P. Cuando publicaste Las bragas al sol, lo hacías desde un lugar mucho más íntimo, menos expuesto, diría yo, o a lo mejor lo contrario. No sé si recuerdas esa primera relación con la escritura antes de que existiera la publicación. Me voy a ir un poquito más adelante, al momento en el que presentas la novela. Hay un momento en el que te expones físicamente y dices: «Esto lo va a leer la gente de verdad».
R.- Sí, pero después pienso que lo que yo he escrito no es ninguna barbaridad, que es muy honesto. Por suerte es una historia bonita en la que hablo de cosas tan íntimas como explicar cómo hago el amor; es bestia. Pero después te das cuenta de que la vergüenza está más en el lector que en ti mismo. La gente no se atreve a hablar de esto, hay como un pacto. Pienso que, después de ver el impacto con Las bragas al sol, ha merecido la pena. Y con Las palomitas es igual. Como es tan de verdad, me he abierto y no me he dejado nada, porque si no, para mí no merece la pena. Yo me pongo delante de la pantalla con toda mi verdad y creo que es importantísimo que la proteja porque, si no, no va a funcionar. Primero no va a funcionar para mí, que invierto casi tres años en escribir una novela. No me atrae ponerme a escribir cada mañana si no es con toda mi verdad y pasándomelo bomba con mi humor. No me merece la pena.

El éxito de Palomitas de madrugada y el vértigo de cumplir un sueño
P.-. El éxito con Las bragas al sol te llegó con rapidez y con mucha intensidad, pero no sé si esta segunda novela va a ser todavía más vertiginosa.
R.- Mira, se me ha puesto la piel de gallina. ¿Por qué digo que no estoy preparada para esto? De momento lo está siendo. Te juro que antes me habría preparado un discurso para los Oscars que un discurso para ser la más vendida de Sant Jordi. Ha pasado un mes desde que salió, me hicieron la primera entrevista y han pasado tantas cosas. Digo que cada día debería tener un diario para escribirlo, pero no tengo tiempo ni para eso por las cosas buenas de estar aquí contigo o de volver a estar después de Las bragas. Esta noche me presenta Toni Acosta en el Hotel Bastardo; la conocí hace un año por Sant Jordi porque nos sentaron juntas y fue un flechazo inmediato. Me va a presentar esta pedazo de mujer, generosísima, y entre medio son vidas enteras las que he vivido.
Rita, la búsqueda de una voz propia y la épica de lo cotidiano
P.- Si tuvieras que explicar qué parte de ti no cabe en Rita, ¿sabrías decirme cuál es?
R.- Qué buena pregunta, creo que cabe todo. Claro, Rita no es madre y yo sí, entonces de repente aquí se ha expansionado mi mundo hasta límites insospechados que ella todavía no conoce. Ella no sabe que va a cambiar para bien y para mejor; para todo va a ser un gran «guau». Todo lo que me interesa tiene que ver con la intensidad, en ella me defino y ahí están los grandes rasgos de quién soy. Esto siempre lo pongo en mis novelas y lo canalizo; no solo en Rita, a veces necesito otros personajes. A lo mejor Rita no puede con todo, pero por eso necesito una novela y a todos esos otros personajes para contar lo que quiero contar.
P.- La historia de Palomitas de madrugada se apoya más en lo cotidiano que en lo excepcional, y creo que es una cosa que te define. Tienes tu estilo, tu humor y tu forma de contar la historia, y creo que ese es uno de tus principales ganchos.
R. Creo que todos tenemos nuestra manera de ver el mundo. El otro día caminaba con un amigo mío que es diseñador y él iba mirando los rótulos de las tiendas. Me decía: «Mira esto». Y pensaba en lo interesante que es cómo vemos las cosas.
A mí me sale algo que defino como «épica cotidiana». Tengo la suerte de tener el umbral de la exigencia por los suelos, así que me conformo con poco para emocionarme. Además, creo que ese extra de salseo andaluz que tengo ayuda a la exageración narrativa a la hora de escribir, y ese mix funciona.
Me pasan muchas coincidencias. No sé si tengo una dimensión extra de conexión, pero yo las leo así. Me impactan, las ordeno y las pongo en la escritura.
Palomitas de madrugada es ese momento en que Rita ya no puede seguir mintiendo. Lleva casi una década diciendo que está escribiendo, pero no lo hace porque no encuentra ni su voz ni su historia. Entonces aparece una persona que ya venía de Las bragas al sol. Yo pensaba que allí se quedarían todos, pero este personaje llamó a la puerta una y otra vez, como diciendo que tenía algo muy importante que contar. Tanto, que acabó dándole nombre a la novela.
«Tengo una curiosidad extrema en la vida»
P.- En esta insistencia de la novela por seguir adelante, incluso cuando no hay dirección, ¿te parece mucho más interesante la idea de avanzar o la de resistir?
R.- Si te has leído las dos novelas, ya sabes la respuesta.
P.- Dámela tú.
R.- Yo voy con todo, que salga lo que tenga que salir. Sobre todo, tengo una curiosidad extrema en la vida. Ahora que soy madre, viendo a mis hijos despertar, veo que esa curiosidad es innata en los humanos y es maravillosa; seguimos siendo exactamente los mismos bebés que éramos. Para mí la curiosidad es una filosofía de vida, es ver qué pasa. Tener la suerte de haber contado con los lectores en mi primera novela te hace aventurarte aún más, teniendo ese respaldo para la segunda. Supongo que también me resisto a alguna cosa de mi vida, pero como estrategia para saber qué es y avanzar más adelante.
Barcelona, la ciudad donde aprender a mirar lo que casi nadie ve.
P. Vamos a situarnos en el otro personaje principal, o al menos en la ciudad donde se ambienta la novela: Barcelona. Te diría que no aparece tanto como un espacio ligado a una experiencia vital, sino que te interesa más lo desapercibido, lo que casi nadie ve.
R. Sí, me has vuelto a poner la piel de gallina. Me acuerdo de una vez, en el colegio. Yo tendría unos nueve años. Estábamos en el comedor y había una foto con muchísima gente. Al fondo apenas se veía una persona. Mi profesor me llamó y me dijo: «Regina, ven. ¿Quién es este y qué está haciendo?». Él ya sabía que yo tendría la respuesta porque me fijo en las cosas raras. Le contesté: «Es tal y está haciendo tal». Y él me dijo: «¿Ves?». Yo pensé: «¿Qué acaba de pasar?». No me había dado cuenta de que tenía esa manera de mirar.
Barcelona me fascina. Yo siempre seré de pueblo, de un pueblo del Pirineo que está a dos horas de aquí, así que creo que siempre tendré esa mirada externa y curiosa. Nunca acabaré de ser una habitante nativa de Barcelona.
A lo mejor por eso me fijo en las cosas que me devuelven al pueblo, como las azoteas. Cuando subes allí tienes la perspectiva de un silencio que no existe en ningún otro lugar.
Además, mientras escribía las dos novelas trabajaba haciendo tours privados para americanos. Llevo a dos personas a lugares de Barcelona que a mí me gustan; es un turismo muy respetuoso. Cada tour renueva mi mirada sobre la ciudad, y eso me alimenta y me fascina.
No me había dado cuenta de que en Barcelona había tantos grafitis hasta que un día me preguntaron: «¿Por qué hay tantos grafitis?». Y pensé: «¡Es verdad!». Y así con todo: cómo viste la gente, cómo se comporta… Yo les hago un montón de preguntas y siempre acaban diciéndome: «Bueno, ya está, el tour era para nosotros, no para ti».
Observar antes de escribir: las pequeñas rarezas que construyen una novela
P. Defíneme «cosas raras». ¿Qué son para ti?
R. Tengo un amigo absolutamente brillante que siempre ve cosas extrañas y coincidimos mucho en eso. El otro día hablábamos de Keira Knightley y me dijo: «¿Sabes lo de…?». Le respondí: «Sí, la mandíbula». Eso es lo fácil, que te llame la atención su mandíbula. Pero enseguida empezamos a hablar de cómo la forma del antebrazo puede definir muy bien la voluntad de una persona. Eso ya es bastante raro.
O cuando Rita entra en el desastre y conoce a gente nueva, yo me fijo en esos detalles. Me encanta Sherlock Holmes, me fascina cómo observa. Obviamente estoy en las antípodas de su talento, pero también deduzco cosas de la gente por sus pendientes, por su olor o por lo sucia que lleva la mochila.
Me interesa muchísimo observar. La parte que más me gusta de la novela es la presentación de los personajes. Cuando estudié guion de cine, una de las primeras clases que se me quedó grabada fue esa.
Pienso mucho en Mejor… imposible, con Jack Nicholson. Él es extremadamente meticuloso: sale del coche, entra en el supermercado y, antes de pagar, ya tiene la llave preparada porque no quiere perder ni un segundo ni que nada se salga de su esquema. Todo eso a mí me fascina. Podría estar horas hablando de ello.
Encontrar tu lugar después de años de incertidumbre
P. Tanto Rita como tú habéis pasado por trabajos muy distintos antes de dedicaros a escribir. ¿Qué parte de esa inestabilidad crees que todavía necesitas para estar cómoda?
R. La inestabilidad laboral no me provoca ninguna comodidad. Lo pasé mal. Fueron años duros que no romantizo en la novela porque los viví francamente mal, y durante mucho tiempo.
Al principio de la treintena parece que todo el mundo está ubicado y sabe lo que tiene que hacer. Luego descubres que eso cambia y que es algo que atraviesa todas las décadas de la vida. Creo que esa es una de las razones por las que tanta gente conecta con las novelas: da igual tener veinte que ochenta años.
A mí la inestabilidad laboral me parece terrible. Por eso sigo trabajando. Aunque por suerte he podido escribir estos dos últimos años, he seguido trabajando porque económicamente lo necesito, pero también porque me gusta saber que mi trabajo sigue ahí y que lo voy cuidando. Para mí eso es básico.
Lo único bueno de haber divagado tanto entre tantos extremos es que, cuando encuentras tu lugar, lo reconoces enseguida. Dices: «Vale, esto está bien. Yo pertenezco aquí».
P.- Entonces ahora estás en el lugar al que perteneces.
R.- Ahora me noto muy ubicada, sí, porque vivo en la abundancia de decir: «Wow, he escrito dos libros y han funcionado». Es una suerte; hay millones de libros maravillosos a los que no les pasa esto.
«Quiero hablar de temas muy profundos a través del humor»
P.- Volvemos al humor. Diría que tu humor no es evasivo, sino que convive con lo incómodo. No sé si es una forma de defensa o de exposición. Ni me lo planteo, con lo bien que me había quedado la pregunta.
R.- Es maravillosa. Te das cuenta de que haces un psicoanálisis con cada entrevista. Yo he tenido siempre poca vergüenza y, como asumo que mi base es sana, entiendo que todo lo que pueda salir de ahí no tiene maldad y no me voy a pasar de la línea. Hay líneas rojas que ni me salen nunca. Por ejemplo, el humor de reírse de los demás me provoca incomodidad y me parece una injusticia; no puedo entenderlo. Me provoca un rechazo físico, te lo juro, incluso con los memes. Creo que parto de una base sana y los gags que me salen son cosas compartidas que he vivido con otra gente donde nadie salía mal parado y todo el mundo se reía con todos. Por suerte me sale de manera natural y sana, y se mantiene ahí.
P.- ¿Tú crees que Rita preferiría vivir la vida o contemplarla? Lógicamente quiere vivirla, pero ¿en esa contemplación no se produce ya observación y cambio?
R.- Contemplarla implica tener una vida estática. Yo creo que prefiere vivirla. Yo también vivo con conciencia, no voy como una loca aunque lo parezca. Creo que contemplarla es intentar que el tiempo se calme un poco. Por ejemplo, durante la vorágine de Sant Jordi, donde no paré ni un segundo, fui muy consciente y me lo impuse; como en una boda, intentas pararte a pensar. Como lo que me está pasando es tan intenso, ahora estoy aquí contigo y lo estoy disfrutando mucho, y esto me ayuda a contemplar, a poder ver los antebrazos y los pliegues de cada momento. Me sale así porque escribo desde estos momentos de parar y plantearme cosas que con la velocidad del día a día no me plantearía.
A mis padres los adoro y tenemos una gran relación, pero como trabajaban tanto, mi hermano y yo siempre éramos los últimos a los que venían a buscar al colegio. A veces pasaban dos o tres horas; en esa época no había móviles ni nada, no te podías mover de aquel lugar. Dos o tres horas es bastante tiempo, así que aprendí a contemplar. Me sabía los motores de todos los coches. Mi hermano y yo creamos allí un micro universo, observé y contemplé; a lo mejor esa calma y tranquilidad para parar me viene de ahí.
P.- Oye, me has dado un titular enorme: «He aprendido a contemplar la vida gracias a que mis padres tardaban dos horas en irme a buscar».
R.- ¡Ay, pobres mis padres, van a quedar traumatizados! Olvídate, vas a tener que estar editando toda la entrevista. No, esto lo podemos decir, ellos lo saben.
P.- ¿Cuántas veces has comido palomitas de madrugada?
R.- Bastantes, porque he salido mucho de fiesta. Son las típicas palomitas de Barcelona, de un bar que se llama La Oveja Negra, que es enorme, con jarras de cerveza. Lo que te dan son palomitas, que es lo más marrano que hay, y llega un momento en que están súper mojadas. Te las comes porque eres pobre y no quieres gastar, y como son gratis, pues ya está. Pienso en esos momentos y son de absoluta felicidad porque tienes ese cansancio físico de las seis de la mañana. Ese cansancio me alimenta el «momento palomitas», porque cuando estás cansada físicamente ya no haces el esfuerzo de lucubrar; te sale la verdad, te abrazas con tus amigos y te da igual cómo vas vestida o peinada. A mí me da igual desde el principio, pero ahí todo es puro, orgánico y genuino. Me he comido bastantes palomitas de madrugada y han traído grandes verdades que son fantásticas.
P. Hay una imagen pública que se construye casi sin querer. ¿Cuál es la idea sobre ti que más te gustaría desmontar si algún día sintieras que esa imagen empieza a imponerse?
R. Justo ayer me hizo gracia porque alguien dijo: «Hostia, el otro día escuché a Regina en la radio y no es tonta».
Me interesa mucho eso. A veces, cuando haces humor, la gente piensa: «Palomitas de madrugada, léete esto, que es fácil». Y no siempre se aprecia que detrás de lo aparentemente fácil hay muchísimo trabajo. Hacer reír, aunque a mí me salga de forma bastante natural, no es tan fácil; hay un propósito.
Yo quiero hablar de temas muy profundos a través del humor, y creo que eso también tiene un valor. Imagínate no poder consumir humor en ningún formato; sería terrible. Y creo que lo más difícil es precisamente sostener ese tono mientras hablas de cosas importantes.
La amistad como refugio y las conversaciones que permanecen
P.–Has mencionado antes la amistad, que es un tema que atraviesa la novela y que, sin embargo, en tus libros nunca resulta un lugar común. ¿Qué representa para ti?
R. Mis amigos siempre han sido mi religión. Los de toda la vida son los que me mantienen anclada a quien soy. Gracias a esa estabilidad, y también a la de mi familia, siento que puedo hacer lo que quiera porque sé que siempre los voy a tener ahí.
Además, cuando mantienes relaciones sanas, eso también te permite hacer amigos nuevos, más afines a la persona que eres ahora. Aunque, por una cuestión de tiempo y de vida, solo unos pocos pueden ocupar un lugar principal, siento que he sabido mantenerlos a todos de una manera muy orgánica.
Todo este viaje de Las bragas al sol y Palomitas de madrugada ha sido un viajazo porque lo comparto con ellos. Nos reímos juntos cuando ven mi cara en el tren. Necesito vivir todo esto con ellos; no podría reírme yo sola de una cosa tan absurda como esta. Necesito a alguien que entienda qué barbaridad estamos viviendo.
Cinco razones para leer la entrevista a Regina Rodríguez en Rosa Pasa Página
1. Porque explica por qué solo escribe cuando siente que está siendo completamente honesta.
Regina Rodríguez habla con una sinceridad poco habitual sobre el proceso de escritura y reconoce que no le merece la pena sentarse a escribir si no puede hacerlo desde «toda su verdad».
2. Porque descubre cómo la observación de los pequeños detalles acaba convirtiéndose en literatura.
La autora explica por qué un grafiti, una azotea, unos pendientes o incluso la forma de un antebrazo pueden convertirse en el origen de una historia.
3. Porque reflexiona sobre el éxito inesperado de Palomitas de madrugada y cómo ha cambiado su vida.
La conversación aborda el vértigo de convertirse en una de las autoras más leídas del momento y cómo está viviendo un éxito que nunca imaginó.
4. Porque reivindica el humor como una forma de hablar de los temas más profundos.
Lejos de utilizar el humor para escapar de la realidad, Regina Rodríguez explica cómo lo convierte en una herramienta para abordar la amistad, la incertidumbre o la identidad.
5. Porque deja una de las reflexiones más bonitas de toda la entrevista sobre la curiosidad y la manera de mirar el mundo.
La escritora demuestra que escribir también consiste en detenerse, observar y hacerse preguntas que casi nadie se hace.
Lo que muchos lectores quieren saber sobre Palomitas de madrugada
¿De qué trata Palomitas de madrugada?
La novela sigue a Rita, una mujer que lleva años intentando encontrar su voz mientras atraviesa una etapa de incertidumbre personal y profesional. Con el humor y la observación de la vida cotidiana como hilo conductor, Regina Rodríguez construye una historia sobre la amistad, la búsqueda de identidad y la necesidad de encontrar un lugar en el mundo.
¿Es necesario haber leído Las bragas al sol?
No. Aunque algunos personajes regresan y los lectores de Las bragas al sol encontrarán guiños y conexiones, Palomitas de madrugada puede leerse de forma completamente independiente.
¿Quién es Regina Rodríguez?
Regina Rodríguez es escritora y guionista. Debutó con Las bragas al sol, una novela que conquistó a miles de lectores por su humor, su frescura y su manera de convertir lo cotidiano en literatura. Con Palomitas de madrugada confirma una voz narrativa muy personal, donde la observación, la amistad y la emoción ocupan un lugar central.
¿Qué temas aborda la novela?
Palomitas de madrugada reflexiona sobre la búsqueda de una voz propia, la amistad, la incertidumbre laboral, la identidad, Barcelona como espacio emocional y el humor como una forma de mirar la realidad y afrontar las contradicciones de la vida.
📖 Ficha del libro
Título: Palomitas de madrugada
Autora: Regina Rodríguez
Editorial: Suma
Género: Novela contemporánea
Temas: Amistad, identidad, humor, crecimiento personal, Barcelona, búsqueda de la propia voz, observación de la vida cotidiana.
Ideal para lectores que… disfrutan de las novelas que convierten los pequeños detalles de la vida en grandes historias, donde el humor convive con la emoción y los personajes resultan profundamente humanos.
Regina Rodríguez sostiene que muchas de las mejores historias nacen de observar aquello en lo que casi nadie se detiene.
¿Crees que hoy vivimos demasiado deprisa para contemplar los pequeños detalles que dan sentido a la vida? Nos encantará leerte en los comentarios.
