Luis García-Rey: «La gente mira las sandalias cuando debería mirar mucho más a las corbatas.»

En esta entrevista, Luis García reflexiona sobre el poder, la corrupción, las cloacas del Estado, el chantaje, los dilemas morales, el racismo, los prejuicios, la construcción de la verdad y los límites de la justicia a partir de Chantaje, un thriller policiaco protagonizado por Axel, Lor y Ortiz. Una conversación sobre novela negra, investigación criminal y los conflictos éticos que aparecen cuando el poder intenta controlar el relato.

La corrupción, el poder, los prejuicios y los dilemas morales ocupan cada día titulares de actualidad. En Chantaje, Luis García traslada esas mismas preguntas al terreno de la ficción a través de un thriller policial donde nada es tan sencillo como parece y donde cada decisión tiene un coste.

Con una sólida trayectoria dentro de la novela negra, el autor recupera a Axel, Lor y Ortiz para construir una historia que va mucho más allá de una investigación criminal. La desaparición de una mujer en Lavapiés sirve como punto de partida para reflexionar sobre las cloacas del poder, el chantaje, la construcción de la verdad y los límites de la justicia.

En esta entrevista para Rosa Pasa Página, Luis García nos desvela cómo nació la novela, qué hay detrás de sus personajes y por qué el verdadero misterio de Chantaje no consiste solo en descubrir un culpable, sino en preguntarnos hasta dónde seríamos capaces de llegar cuando aquello que más queremos está en juego.

P. Chantaje admite muchas lecturas. ¿Te interesaba que cada lector encontrara una novela distinta?

R. No era una intención deliberada. Mientras escribía me di cuenta de que alguien podía darse por aludido. Pero siempre digo lo mismo: quien se dé por aludido tiene un problema. Yo no, porque esto es ficción. La escribo en mi casa y las similitudes con la realidad se me escapan.

Bárbara Cole y una desaparición que esconde mucho más que un crimen

P. La desaparición de Bárbara Cole pone en marcha la historia, pero muy pronto el lector entiende que su ausencia revela mucho más sobre quienes la rodean que sobre ella misma. ¿Fue el personaje más difícil de construir?

R. Sí. El gran reto era hacerla verosímil. Es una prostituta que vive en Lavapiés y mantiene una relación muy estrecha con personas muy poderosas. En principio, no debería existir ninguna relación entre una prostituta del barrio y un alto cargo político. Conseguir que esa conexión resultara creíble fue, probablemente, el mayor desafío de la novela.

Luego lees los periódicos y ves que estas cosas suceden. Eso me permitió relajarme un poco con la verosimilitud de la historia.

En cualquier caso, Bárbara es un personaje fundamental para entender la dimensión del poder que atraviesa la novela. Porque Chantaje habla de poder. Hay una desaparición y un misterio que resolver, pero el verdadero tema es el poder, la construcción del relato y de la verdad.

P. Más que la desaparición, el verdadero motor de la historia parece ser el miedo a lo que Bárbara sabe.

R. La desaparición es el MacGuffin. El misterio consiste en averiguar dónde está, si sigue viva o ha muerto y por qué ha desaparecido. Pero la verdadera pregunta es precisamente esa: por qué.

Muy pronto descubrimos que ha desaparecido porque posee una información muy valiosa. Hay gente muy poderosa que quiere encontrarla antes que la policía. Al mismo tiempo, intenta borrar huellas, eliminar pruebas y obstaculizar la investigación.

El problema para ellos es que se cruzan con Axel y Lor, dos policías muy difíciles de engañar y probablemente los más preparados para llegar a la verdad.

P. Axel y Lor acumulan experiencia, heridas y también contradicciones. ¿Te interesaba más explorar lo que han aprendido o aquello que todavía les queda por aprender?

R. En esta novela me apetecía llevarlos a lugares en los que todavía no habían estado. Ya los conocemos, sabemos cómo son y, desde Axel hasta Chantaje, han pasado siete años en la ficción. Los personajes tienen que evolucionar.

La transformación de Lor es más evidente en el plano profesional. La vamos a ver liderando la investigación, aunque a ella ya le cuesta liderarse a sí misma como para liderar a los demás. Es una policía muy capaz. A menudo está devorada por sus fantasmas y sus demonios, pero también tiene un enorme talento. Siempre ha estado muy cómoda como escudera de Axel, pero aquí vamos a verla sin red, sin él, y veremos cómo responde.

En el caso de Axel, la evolución es más personal. Va a enfrentarse a problemas en su vida privada y, además, está yendo a terapia. La intención era intentar que dejara de tomar tantos atajos y que fuera mejor persona. No es mala persona, pero es un auténtico maquiavélico: para él, el fin justifica los medios. Y también vamos a intentar que se enamore. Es algo que ha sobrevolado todas las novelas y nunca termina de ocurrir.

P. En esta ocasión parece que va a conocer a alguien. Veremos si, por fin, surge el amor.

R. Lo dejamos ahí. Pero no va a ser fácil.

¿Todo el mundo tiene un precio? Los dilemas morales de Chantaje

P. Ortiz descubre que cualquiera puede convertirse en rehén de sus propias debilidades. Al final, la pregunta que plantea la novela es si existen personas incorruptibles o si simplemente todavía no han sido puestas a prueba.

R. Esa es la gran pregunta de la novela: si todo el mundo tiene un precio.

La mayoría de la gente responde que sí. Cuando hablas de dinero siempre aparece alguien que dice: «Por dos millones de euros yo no lo haría. Tengo suficiente dinero, no lo necesito». Pero el dilema que plantea la novela es otro: ¿matarías a tres criminales para salvar la vida de la persona que más quieres?

Ahí casi todo el mundo responde: «Sin dudarlo». Pero la respuesta no es tan sencilla. Yo tampoco quiero ver sufrir a la persona que más quiero, ya sea un hijo o una madre. Sin embargo, una decisión así tiene consecuencias y aparece la culpa.

Hay personas que se sienten culpables por comerse una napolitana de chocolate o por cometer una infidelidad. Todo eso es mucho menos que cometer un asesinato. Después hay que convivir con esa decisión. Además, los criminales suelen rodearse de otros criminales y la venganza siempre está esperando a la vuelta de la esquina.

Por eso creo que es un dilema que merece pensarse mejor. El primer impulso es proteger a quien quieres y hacer lo que haga falta, pero cuando empiezas a valorar todo lo que viene después, la respuesta deja de ser tan evidente.

P. El chantaje da título a la novela y atraviesa toda la historia. ¿Qué resulta más difícil: corromper a una persona o descubrir aquello con lo que no puede ser corrompida?

R. Un chantaje es de las peores cosas que te pueden pasar porque nunca termina. Ese es el gran problema de la extorsión: conecta con tu mayor miedo. Si alguien acepta un chantaje es porque le han tocado aquello que no quiere que se sepa bajo ningún concepto o porque amenazan a un ser querido.

El problema es que, una vez que cedes, ¿dónde está el límite? Hoy te obligan a matar a tres criminales y mañana serán otros tres. Siempre vas a estar atrapado. Por eso, en teoría, nunca se debe aceptar un chantaje.

La solución sería acabar con el chantajista, pero hay chantajistas que son inaccesibles, como ocurre en esta novela. Por eso el chantaje es un mecanismo tan complejo.

P. La novela plantea constantemente ese conflicto moral. Cuando parece que el lector tiene clara una respuesta, enseguida aparece un nuevo dilema que la pone en cuestión.

R. Esa era la intención. Quería que el lector se hiciera preguntas y encontrara respuestas incómodas. No solemos preguntarnos cuál es nuestro precio. Esa es la segunda gran pregunta de la novela: si todo el mundo tiene un precio, ¿cuál es el tuyo?

Creo que mucha gente lo descubrirá leyendo Chantaje, porque se hará preguntas que probablemente nunca se había planteado y encontrará respuestas más incómodas de lo que esperaba.

P. ¿Y tú has encontrado las tuyas?

R. Me he hecho muchas preguntas. Al principio pensaba que tenía muy claras las respuestas, que haría cualquier cosa por salvar a alguien a quien quiero. Pero, a medida que escribía, empecé a pensar en todas las consecuencias. Ahí cambia todo.

Y vuelvo al chantaje: cuando alguien da con tu mayor miedo o con un ser querido, lo único que puedes hacer es plantarte y decir que no. Otra cosa es que hacerlo requiera muchísimo valor.

P. Ese dilema recuerda a situaciones muy reales. En España lo vimos durante años con el chantaje al que sometió ETA a muchas de sus víctimas: ceder significaba seguir cediendo; no hacerlo podía tener consecuencias terribles.

R. Claro. Ahí está el llamado impuesto revolucionario, que era una forma de chantaje. Y luego estuvo el caso de Miguel Ángel Blanco. Al final no se cedió, porque no se podía ceder, y aquello terminó con la vida de una persona.

Fue un dilema durísimo para este país. Había quien defendía que había que ceder para salvar una vida y quien sostenía que no se podían aceptar las condiciones de una banda terrorista. Era una situación terrible y un momento muy duro de nuestra historia.

P. La novela también plantea que nuestro peor enemigo puede ser esa versión de nosotros mismos que desconocemos.

R. Yo creo que nuestro mayor enemigo somos nosotros mismos. Procuro no tener enemigos en la vida. Siempre te entiendes mejor con unas personas que con otras, pero el gran obstáculo suele estar dentro de uno mismo.

Todos tenemos una voz que nos boicotea, que nos dice que no lo estamos haciendo del todo bien o que no somos suficientes. Yo intento hablarme bien y tratarme bien, pero ese demonio siempre aparece. Al final, luchar contra uno mismo es probablemente la batalla más difícil.

Las cloacas del poder y la corrupción que normalizamos

P. Chantaje desciende a las cloacas del poder, donde la política, la policía y los negocios terminan formando parte del mismo engranaje. La corrupción no aparece como una anomalía, sino como una forma de funcionamiento. ¿Querías retratarla así?

R. Sí. Creo que la corrupción siempre ha estado presente en nuestras vidas y en la historia de este país. Es duro decirlo, pero no es una anomalía. Ahora mismo vivimos un momento de mucha actualidad en torno a la corrupción, pero, desde que tengo uso de razón, recuerdo casos de corrupción política.

Y hablamos de cargos públicos, que tienen la obligación de ser ejemplares. No es lo mismo que tú o yo hagamos algo mal a que lo haga una persona en la que los ciudadanos han depositado su confianza. Eso es mucho más grave.

Ahora bien, si no somos cínicos, todos somos corruptibles. En las pequeñas cosas del día a día todos hacemos trampas, en mayor o menor medida. No hay nadie completamente inmaculado. Hay personas con un expediente mucho más limpio que otras, pero todos tenemos alguna mácula. Es imposible someter una vida entera a una revisión absoluta y salir indemne. Basta con revisar un teléfono móvil o una conversación de WhatsApp para encontrar cosas de las que no nos sentiríamos especialmente orgullosos.

P. Hablamos de las cloacas del poder como si formaran parte del paisaje. ¿Ese convencimiento de que la corrupción siempre ha existido acaba limitando nuestra capacidad para exigir responsabilidades?

R. No creo que nos hayamos acostumbrado a la corrupción. Nos sigue molestando igual que siempre. La cuestión es qué podemos hacer frente a ella. Al final, el ciudadano decide con su voto, aun sabiendo que quienes lleguen también pueden acabar cometiendo los mismos errores.

Por eso creo que el castigo es necesario. No todo vale. Después cada uno tiene sus propias líneas rojas y, a veces, acaba priorizando unas cuestiones sobre otras. No debería ser así. Hace falta gente que genere ilusión y marque un rumbo.

Pero las cloacas existen allí donde hay poder. Da igual que sea un gobierno, la oposición o una empresa privada. Donde hay poder, hay cloacas. El poder siempre corre el riesgo de utilizarse mal.

P. Y, sin embargo, el poder debería ejercerse de otra manera.

R. Sin duda. El poder debería estar ahí sin necesidad de ejercerlo constantemente. Ya sabemos quién tiene poder; no hace falta demostrarlo a cada momento. Lo que ocurre es que la tentación siempre está arriba.

P. ¿La impunidad nace del dinero, de las relaciones o de la capacidad para permanecer invisible?

R. Yo creo que la impunidad, en realidad, no existe. Lo que existe es gente que se siente por encima del bien y del mal y que se cree intocable. Puedes serlo durante un tiempo gracias a las relaciones o al dinero, pero invisible no es nadie.

Puedes sentirte muy poderoso, hacer cosas que no debes y pensar que nunca te pasará nada. El problema es que los intereses cambian y el viento siempre acaba cambiando de dirección. Cuando eso ocurre, dejas de ser intocable. Por eso habría sido mejor no hacer determinadas cosas, porque antes o después terminas pagando las consecuencias. En un momento puedes estar protegido, pero esa protección no dura para siempre.

P. El poder protege mientras se conserva. ¿Por eso cuesta tanto desprenderse de él?

R. Sí. Cuando estás en una posición de poder te sientes invulnerable porque te acostumbras. Te acostumbras a que te traten de una determinada manera, a no tener que pagar el precio de las cosas. El poder es una plataforma.

Pero, tarde o temprano, quien está a tu lado deja de estarlo. De repente, donde había sol hay sombra y la situación cambia.

Racismo, prejuicios y la construcción del culpable

P. Chantaje también habla de las historias que merecen ser contadas y de quién construye el relato. En Axel el trasfondo social era el narcotráfico y en Lor, el precio de la fama. En esta novela aparecen la corrupción, la culpa y las cloacas del poder. ¿Cuál dirías que es el gran trasfondo social?

R. En Chantaje el gran trasfondo social es el racismo. La culpa está en la novela, por supuesto. También la corrupción y la construcción del relato del poder, que quizá sea lo más importante.

Bárbara desaparece en Lavapiés, un barrio de Madrid multirracial y multicultural. Y me he dado cuenta, también por mi trabajo en la radio, de que en el mundo del fútbol hay mucho racismo. Sin embargo, cuando se plantea la pregunta de si España es un país racista, enseguida nos sentimos ofendidos y respondemos que no, que hay racistas porque tontos hay en todas partes, pero que España no es un país racista.

Creo que esa pregunta hay que formularla de otra manera. Muchas veces quienes respondemos somos personas blancas. Estamos siete personas diciendo que España no es racista y somos todas blancas. Es complicado hablar desde una experiencia que no has vivido. Y que un amigo negro diga que España no es racista tampoco significa que España no lo sea. Es un debate mucho más profundo.

Basta con entrar en los comentarios de una noticia en redes sociales. Por ejemplo, una violación múltiple. Antes incluso de que se sepa qué ha pasado o de que haya una investigación, hay quien ya da por hecho quiénes son los culpables. Eso es racismo.

También hay que distinguir entre la violencia racista y el racismo. La violencia racista la ejercen unos pocos, gente deleznable. Pero existe un racismo estructural, que todos arrastramos en mayor o menor medida y que procede de nuestro contexto social, de nuestra educación y de nuestras experiencias.

Al final nos relacionamos, en un porcentaje muy alto, con personas de nuestra misma raza. Eso hace que nos falte aprendizaje para relacionarnos con la misma naturalidad con personas de otras razas. Ahí aparece un racismo casi imperceptible.

Y ese es uno de los dilemas de la novela. Cuando eres policía y diriges una investigación tienes que dejar tus prejuicios a un lado. Pero ¿es realmente posible? ¿Se puede dejar el racismo al margen cuando ni siquiera somos plenamente conscientes de él?

En la investigación aparecen enseguida unos marroquíes como sospechosos. Axel y Lor tienen que intentar ser justos, alcanzar la verdad y no dejarse llevar por las presiones ni por los prejuicios. Ahí está también parte del dilema moral de la novela.

P. También somos racistas en términos geográficos. Según dónde ocurra un delito, miramos con lupa a unas personas y damos por hecho determinadas cosas.

R. Claro. Quien conozca Madrid sabe lo que significa Lavapiés, pero eso también ocurre en otros lugares.

P. No solo hay prejuicios raciales, también territoriales. Si el delito se ha cometido en un lugar determinado, parece que ya sabemos quién es el culpable. Y esa es otra parte de la novela: fabricar pruebas para reforzar una conclusión que ya se ha decidido antes de tenerlas.

R. Es muchísimo más fácil culpar a alguien que pertenece a una minoría discriminada que a alguien del poder. Es mucho más fácil encontrar ahí un culpable.

Pero hay que pelear contra eso. Axel y Lor lo hacen: intentan descubrir la verdad cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Desde arriba reciben presiones enormes para cerrar el caso, señalar a unos culpables y calmar a la opinión pública sin meterse en líos con gente poderosa. Pero la justicia es otra cosa.

P. Confundimos posición social con inocencia. La sociedad mira demasiado a los márgenes cuando debería mirar más hacia los despachos.

R. Sí. La gente mira las sandalias cuando debería mirar mucho más a las corbatas.

Edimburgo, Ortiz y el peso de las decisiones

P. ¿Qué encontraste en Edimburgo?

R. Viví allí hace veinte años. Edimburgo es una ciudad fascinante, una de las capitales más bonitas del mundo. Es asequible, fácil, manejable y también multicultural. Llega gente de todo el mundo.

Cuando vivía allí me recordaba a Galicia, por ese punto nostálgico, verde y celta. Entonces descubrí la leyenda del gaitero solitario, que nunca olvidé y que me pareció muy novelesca.

Según la leyenda, se descubrieron unos túneles que conectaban el castillo de Edimburgo con diferentes zonas de la ciudad. Metieron a un gaitero en ellos y, desde arriba, los dirigentes iban siguiendo el sonido. Pero el gaitero dejó de tocar y nunca apareció su cuerpo, ni vivo ni muerto. La leyenda dice que cada vez que hay un crimen en Edimburgo suenan de fondo los acordes del gaitero solitario.

Me pareció una buena manera de incorporar a Jorge Ortiz, que en este caso es el comisario solitario, no el gaitero solitario.

P. También es un personaje fuera de lugar, rodeado de amenazas que no controla y atravesado por un dilema moral. Es policía: su deber debería ser acabar con el crimen, no cometerlo.

R. Claro. Pero se encuentra ante ese chantaje: matar a tres criminales para salvar a la persona que más quiere. Y tendrá que luchar no solo contra esos criminales, sino también contra sí mismo. Siendo policía, tomar esa decisión es todavía más complicado.

P. Entonces la cuestión no es cuánto cuesta una persona, sino qué está dispuesta a perder para no pagar ese precio.

R. Exacto. Cuando hablamos del precio de cada uno, todo el mundo lo lleva a lo económico, pero no va por ahí. Salvo que necesites el dinero para salvar la vida de alguien, que también puede ocurrir. Hay personas que se han metido en problemas enormes, incluso grandes capos del narcotráfico mundial, porque necesitaban dinero para pagar un tratamiento a un ser querido.

Pero en este caso ni siquiera hay dinero de por medio. Es un chantaje directo sobre la vida de una persona. Ahí la decisión es muy difícil y hay que meditarla mucho. Cuanto más la meditas, más cerca estás de no aceptar el chantaje.

Por qué el chantaje nunca termina

P. Antes de terminar, te hago una pregunta personal. ¿Alguna vez has sufrido un chantaje?

R. No de este calibre. Chantajes emocionales, sí. De esos hemos sufrido todos.

P. ¿Por ejemplo?

R. Una situación muy cotidiana. Un amigo te dice: «Tengo una fiesta el sábado, tienes que venir». Tú respondes que ya verás, y enseguida llega el «como no vengas, como me dejes tirado…». Eso también es un chantaje.

P. Bárbara representa una paradoja: pertenece a uno de los colectivos más vulnerables y, al mismo tiempo, tiene acceso a información que puede comprometer a personas muy poderosas. ¿Qué te interesaba explorar a través de ella?

R. Exacto. En la cama todos nos desnudamos, en sentido literal y metafórico. Puede surgir un grado de intimidad, incluso cuando existe una transacción económica. Ahí puedes acabar contando secretos o cosas que nunca confesarías en otro contexto.

De hecho, uno de los personajes de la novela, que además es policía, utiliza el sexo como una vía para obtener información. Sabe que, cuando la gente está excitada o desnuda, puede llegar a revelar cosas que jamás contaría en un despacho.

Las prostitutas manejan muchísima información y eso también puede volverse en su contra, porque no tienen a nadie que las proteja. Ni siquiera un proxeneta lo hace; al contrario, las utiliza y las extorsiona. Tampoco un cliente las protege. Muchas veces siente que está por encima de ellas y que, por el hecho de pagar, tiene cierto poder sobre ellas. Es un colectivo extremadamente vulnerable.

P. ¿Por qué Chantaje?

R. Porque llevaba mucho tiempo dándole vueltas a esta idea. Siempre juego con mis amigos a preguntarles si todo el mundo tiene un precio, cuál es el suyo o qué estarían dispuestos a hacer en determinadas circunstancias.

Los chantajes me obsesionan. Me pregunto muchas veces qué haría yo si me chantajearan de verdad. Los pequeños chantajes emocionales ya me incomodan; imagínate uno de esta magnitud.

Llevaba tiempo pensando en ello y me pareció que era una buena historia para desarrollar. Además, quería colocar a Ortiz en el centro de la novela. Con Axel y Lor ya había recorrido mucho camino y no quería separarlos. Ortiz siempre se ha considerado un hombre incorruptible, pero al mismo tiempo es muy ambicioso. Me parecía el personaje perfecto para enfrentarlo a un dilema como este.

Cinco ideas que deja esta conversación con Luis García

Chantaje parte de la desaparición de una mujer, pero muy pronto se convierte en una reflexión sobre el poder, la corrupción y los mecanismos con los que se construye la verdad.

Para Luis García, la gran pregunta de la novela no es quién ha cometido el crimen, sino si realmente existe alguien incorruptible cuando aquello que más quiere está en peligro.

La investigación también pone el foco en los prejuicios y el racismo, mostrando lo fácil que resulta señalar a quienes ocupan los márgenes mientras el verdadero poder permanece oculto.

Los personajes de Axel, Lor y Ortiz evolucionan en esta nueva entrega enfrentándose a conflictos personales y profesionales que ponen a prueba sus propias convicciones.

Más allá del thriller, Chantaje invita a reflexionar sobre el miedo, la culpa, la justicia y las decisiones que pueden cambiar una vida para siempre.

Lo que muchos lectores quieren saber sobre Chantaje

¿De qué trata Chantaje?

La desaparición de Bárbara Cole desencadena una investigación policial que pronto deja de centrarse únicamente en un crimen para adentrarse en una compleja red de poder, corrupción y secretos. A medida que avanza la historia, la novela plantea una pregunta incómoda: ¿hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar por proteger a la persona que más queremos?

¿Qué diferencia a Chantaje de otros thrillers?

Más allá de la investigación, Luis García construye una novela negra donde el suspense convive con cuestiones muy actuales como la corrupción, las cloacas del poder, el racismo, los prejuicios y los dilemas morales. Cada decisión obliga al lector a cuestionarse qué haría él en la misma situación.

¿Es necesario haber leído las novelas anteriores?

No. Aunque reaparecen personajes conocidos como Axel, Lor y Ortiz, Chantaje puede leerse de forma independiente. Los lectores habituales descubrirán una evolución en los protagonistas, mientras que quienes se acerquen por primera vez a la serie podrán seguir la historia sin dificultad.

Información del libro

Título: Chantaje

Autor: Luis García

Editorial: @espasa

Fecha de publicación: (Añadir)

Género: Novela negra · Thriller policial

Temas: Corrupción · Poder · Chantaje · Investigación policial · Racismo · Prejuicios · Justicia · Dilemas morales

Encontrarás…

Un thriller de ritmo ágil que combina una investigación policial con una profunda reflexión sobre el poder, la corrupción y las decisiones que pueden cambiar una vida. A través de Axel, Lor y Ortiz, Luis García construye una historia donde la búsqueda de la verdad resulta tan importante como los conflictos éticos que afrontan sus protagonistas.

Ideal para lectores que…

Disfrutan de la novela negra contemporánea, los thrillers de investigación y las historias que, además de mantener la tensión, invitan a reflexionar sobre la condición humana y los mecanismos del poder.

Más información: Página oficial de la editorial (añadir enlace).

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