Un homenaje nacido del agradecimiento
El aplauso comenzó antes de que Eva Orúe pronunciara una sola palabra. En el salón Ramón Gómez de la Serna del Círculo de Bellas Artes apenas quedaban asientos libres cuando comenzó un acto que no figuraba en ningún calendario oficial. Convocado en apenas unos días por un reducido grupo de personas muy cercanas a la periodista y escritora, reunió a representantes de instituciones culturales, científicas, universitarias y diplomáticas, junto a editores, libreros, escritores y amigos, con un propósito compartido: reconocer públicamente la labor desarrollada por Orúe durante los cinco años en los que dirigió la Feria del Libro de Madrid.
No fue casual que el homenaje se celebrara en el Círculo de Bellas Artes. El acto quiso reunir a buena parte de las instituciones que, durante ese tiempo, habían encontrado en la Feria un espacio de colaboración. Desde la bienvenida quedó claro que aquella no sería una sucesión de discursos protocolarios, sino el relato compartido de una etapa construida desde la cooperación entre el mundo del libro, la cultura, la ciencia, la universidad y las instituciones públicas.
La encargada de abrir el acto, María de Meer, recordó que la iniciativa había nacido del deseo de amigos, amigas y admiradores del trabajo de Eva Orúe de encontrar un espacio donde expresar gratitud y afecto al término de una etapa especialmente fértil. Agradeció al Círculo de Bellas Artes haber acogido la convocatoria y dio paso a un recorrido por los proyectos, alianzas y complicidades que habían acompañado la dirección de la Feria durante los últimos años.
Valerio Rocco: «La Feria del Libro de Madrid no es un mercadillo de libros»
El primero en intervenir fue Valerio Rocco, director del Círculo de Bellas Artes, quien reivindicó la Feria del Libro de Madrid como una de las grandes instituciones culturales del país y recordó que su valor trasciende con mucho el de un gran encuentro editorial.
«La Feria del Libro de Madrid no es un mercadillo de libros; es un protagonista de la escena cultural de Madrid y de España».
A su juicio, uno de los grandes logros de estos últimos años había sido convertir la Feria en un espacio de colaboración permanente entre instituciones que tradicionalmente trabajaban de manera independiente. Esa forma de entender la cultura —basada en la creación de alianzas, en el diálogo y en la confianza mutua— había fortalecido los proyectos comunes y, sobre todo, había creado una auténtica comunidad de trabajo.
Lucía Sala: «Las pioneras no solo abren las puertas; las dejan abiertas para quienes vienen detrás»
Aquella idea encontró enseguida su reflejo en la intervención de Lucía Sala, directora general de la Fundación Ortega-Marañón. Recordó que una de las primeras decisiones de Eva Orúe al asumir la dirección de la Feria fue recorrer personalmente las instituciones del llamado Paisaje de la Luz para presentarse, escuchar e invitar a todas ellas a participar en un proyecto compartido.
A partir de aquel gesto inicial comenzó a tejerse una red en la que convivieron la Biblioteca Nacional de España, el Museo del Prado, el Museo Reina Sofía, la Real Academia Española, Casa de América, Casa Árabe, el Instituto Cervantes, CaixaForum, la Fundación Telefónica, el Real Instituto Elcano, el Colegio de Registradores y muchas otras entidades que encontraron en la Feria un lugar de encuentro.
Sala destacó que aquella relación no se limitó a las semanas de celebración de la Feria, sino que se convirtió en una colaboración continuada a lo largo de todo el año. Subrayó la capacidad de Eva Orúe para escuchar, abrir puertas y convertir las ideas en proyectos compartidos, recordando además que fue la primera mujer en dirigir la Feria del Libro de Madrid.
«Las pioneras no solo abren las puertas; las dejan abiertas para quienes vienen detrás».
Fue una de las frases más aplaudidas de la primera parte del homenaje.
La cooperación como legado de una etapa
Ese espíritu de colaboración encontró continuidad en el primero de los bloques audiovisuales proyectados durante la tarde. A través de distintos testimonios, representantes de la Red Estatal de Ferias del Libro, del Máster de Edición y de otras instituciones culturales coincidieron en señalar a Eva Orúe como una de las impulsoras de una forma de trabajar basada en la cooperación entre ferias, el intercambio de experiencias y la construcción de proyectos comunes.
Era una idea que volvería una y otra vez a lo largo del homenaje: la Feria del Libro de Madrid había dejado de ser únicamente una cita anual para convertirse en un espacio permanente de encuentro entre instituciones y profesionales del libro.
La Feria abierta al mundo
Aquella red de complicidades no tardó en extenderse más allá de Madrid. Si en los primeros años la prioridad había sido fortalecer la colaboración entre las instituciones del llamado Paisaje de la Luz, muy pronto la Feria comenzó a proyectarse hacia Europa e Iberoamérica con una intensidad inédita. No se trataba únicamente de incorporar autores extranjeros a la programación o dedicar una edición a un país invitado, sino de establecer relaciones estables con embajadas, universidades, centros culturales, festivales y grandes ferias internacionales que continuaran vivas mucho después de que las casetas abandonaran el paseo de Coches del Retiro.
Simond de Galbert anuncia la distinción francesa para Eva Orúe
La primera mirada se dirigió a Europa. En representación de una de las instituciones que más estrechamente colaboró con la Feria durante estos años, Simond de Galbert, consejero de Cooperación y Acción Cultural de la Embajada de Francia y director del Instituto Francés de España, recordó una relación construida desde la confianza mutua y el convencimiento de que la cultura solo puede crecer a través del intercambio. Comenzó dirigiéndose a Eva Orúe en francés —una lengua que ella conoce y aprecia especialmente— antes de evocar los numerosos proyectos compartidos entre la Feria y las instituciones culturales francesas, el diálogo permanente con el mundo editorial y la complicidad que había presidido esa colaboración desde el inicio.
Eva Orúe recibirá la Orden de las Artes y las Letras de Francia
Su intervención reservaba, sin embargo, una sorpresa para la homenajeada. En nombre de la República Francesa anunció que Eva Orúe recibirá el próximo otoño las insignias de Chevalier —Caballera— de la Orden de las Artes y las Letras, una de las máximas distinciones que concede el Ministerio de Cultura francés a quienes han contribuido de manera excepcional a la difusión de las artes, la literatura y la cultura.
La noticia, desconocida hasta ese momento por la propia Eva, fue acogida con una larga ovación de un público que se puso nuevamente en pie, convirtiéndose en uno de los momentos más emocionantes de toda la tarde.
Mónica Colomer: «Ese sueño iberoamericano de Eva es ahora el sueño de todos nosotros»
La mirada europea dio paso, casi de manera natural, a la otra gran dimensión internacional que marcó la dirección de Eva Orúe: Iberoamérica. Lejos de entenderla como una presencia puntual en la programación, la Feria fue construyendo un espacio estable de diálogo con las instituciones culturales del otro lado del Atlántico, convencida de que la lengua compartida constituía también un territorio común para la creación, el pensamiento y la edición.
Mónica Colomer, directora general del Español en el Mundo, recordó el nacimiento del Pabellón Iberoamericano, una iniciativa impulsada desde la Feria con el respaldo del Ministerio de Asuntos Exteriores y de numerosas embajadas. Explicó que aquel espacio nació con vocación de permanencia y que muy pronto se convirtió en uno de los lugares más dinámicos de la programación, reuniendo a escritores, editores, traductores, periodistas y profesionales del libro procedentes de toda la comunidad iberoamericana. Más que un nuevo escenario dentro de la Feria, dijo, el pabellón había terminado convirtiéndose en un lugar de encuentro para una comunidad cultural unida por el español y por el deseo de compartir proyectos comunes.
«Ese sueño iberoamericano de Eva es ahora el sueño de todos nosotros».
Una red de cooperación que cruzó el Atlántico
Las intervenciones presenciales encontraron continuidad en un nuevo bloque de testimonios audiovisuales llegados desde distintos países de América Latina. Responsables de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), Centroamérica Cuenta, la Fundación Gabo, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y otras instituciones coincidieron en destacar el papel desempeñado por Eva Orúe para reforzar los vínculos entre España y el continente americano. Todos ellos subrayaron su capacidad para escuchar, generar confianza y convertir las relaciones institucionales en proyectos concretos que trascendían el intercambio de autores o la programación de actividades para consolidar una auténtica red de cooperación entre ferias, festivales, universidades y organizaciones culturales.
La UNE concede a Eva Orúe el Premio Nacional a la Promoción de la Edición Universitaria 2026
La tarde deparó entonces un segundo reconocimiento inesperado. Tras el anuncio realizado por la Embajada de Francia, la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE) comunicó públicamente la concesión a Eva Orúe del Premio Nacional a la Promoción de la Edición Universitaria 2026, aprobado ese mismo día por unanimidad por su Junta Directiva.
El galardón reconocía el respaldo constante que la directora de la Feria había prestado a la edición universitaria, incorporándola de manera estable a la programación y contribuyendo a acercar al gran público el trabajo de las editoriales académicas. Como había sucedido minutos antes con el anuncio francés, la sorpresa fue absoluta para la homenajeada y volvió a arrancar un largo aplauso de los asistentes.
Una Feria que unió instituciones, países y conocimiento
A esas alturas del homenaje comenzaba a dibujarse con nitidez una de las grandes aportaciones de Eva Orúe al frente de la Feria del Libro de Madrid. Las intervenciones ya no hablaban únicamente de una directora capaz de organizar uno de los grandes acontecimientos culturales del país. Hablaban de una gestora que había convertido la Feria en un lugar de encuentro entre instituciones, países y comunidades culturales muy diversas.
Quedaba todavía otro ámbito donde esa forma de entender la cultura iba a adquirir una dimensión especialmente innovadora: el diálogo entre la literatura, la ciencia y el conocimiento.
La Feria como espacio del conocimiento y de la ciudadanía
Tras el reconocimiento a la dimensión europea e iberoamericana de la Feria, el homenaje dirigió la mirada hacia otro de los ámbitos que marcaron la dirección de Eva Orúe: la incorporación de la ciencia a la programación y la apertura de la Feria a nuevos espacios de conocimiento.
Pura Fernández: «Somos de ciencias y de letras»
Ese cambio encontró su mejor expresión en la intervención de Pura Fernández, vicepresidenta adjunta de Cultura Científica y Ciencia Ciudadana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), quien recordó los primeros encuentros con Eva Orúe y la naturalidad con la que acogió una propuesta que hasta entonces parecía poco habitual en una feria del libro: convertir la ciencia en una protagonista más de la programación cultural.
Frente a la tradicional división entre disciplinas, defendió una idea que terminaría convirtiéndose en uno de los lemas de aquellos años:
«Somos de ciencias y de letras».
La creación de la Plaza de las Ciencias y las Universidades, explicó, permitió que investigadores, científicos, divulgadores y universidades compartieran espacio con escritores, editores y lectores, haciendo visible que el conocimiento forma parte de un mismo patrimonio cultural.
Pura Fernández evocó algunos de los proyectos desarrollados junto al CSIC, entre ellos la gran instalación dedicada a Santiago Ramón y Cajal, convertida en uno de los espacios más visitados de la Feria. Recordó también la presencia creciente de universidades, centros de investigación y científicos en la programación, convencida de que la literatura y la ciencia no pertenecen a mundos separados, sino que comparten una misma voluntad de comprender y explicar la realidad. Su intervención fue, más que un agradecimiento institucional, una reivindicación de la Feria como lugar donde el conocimiento circula sin fronteras entre disciplinas.
Una Feria que tendió puentes entre universidades y cultura
Ese diálogo entre la literatura y otros ámbitos de la cultura continuó a través de un nuevo bloque de testimonios audiovisuales. Desde el mundo del humor gráfico hasta la Universidad de Columbia y la Feria Internacional del Libro de Nueva York, distintas voces recordaron cómo la Feria había abierto nuevas vías de colaboración con instituciones académicas y culturales internacionales.
La edición dedicada a Nueva York, señalaron varios de los participantes, no concluyó con el cierre de las casetas, sino que dio origen a proyectos de cooperación universitaria y bibliotecaria que siguen desarrollándose y que culminarán con la celebración en Madrid del congreso anual de SALALM, referencia internacional en los estudios latinoamericanos y las bibliotecas de investigación.
Una Feria que continuaba más allá de sus diecisiete días
Pero quizá uno de los rasgos que más se repitió a lo largo del homenaje fue la capacidad de la Feria para convertirse en el punto de partida de iniciativas que trascendían el calendario de sus diecisiete días de actividad.
La Selección Cervantina, Pequeños Gigantes de la Lectura, los clubes de lectura, los encuentros con centros educativos y numerosos proyectos desarrollados con asociaciones culturales encontraron en la Feria un espacio desde el que crecer y consolidarse.
En todos los testimonios aparecía la misma idea: la Feria no terminaba al cerrarse el parque del Retiro, sino que seguía viva en proyectos que continuaban durante todo el año.
La dimensión social de la Feria
Especialmente emotivo resultó el último bloque audiovisual, dedicado a la dimensión social de la Feria. Desde el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús se recordó la colaboración desarrollada para acercar los libros y la lectura a los niños hospitalizados, convirtiendo la literatura en una compañía y un alivio durante su estancia en el hospital.
Otros testimonios destacaron las iniciativas impulsadas en centros penitenciarios, hospitales y espacios de inclusión, así como las mejoras organizativas que, edición tras edición, hicieron de la Feria un lugar más accesible, mejor señalizado y más cómodo para lectores, autores, libreros y visitantes.
Eran transformaciones discretas, casi invisibles para el gran público, pero que muchos de los participantes identificaron como parte esencial de la forma de trabajar impulsada durante aquellos años.
Rosa Montero: «Eva Orúe llevó la Feria del Libro al siglo XXI»
El broche a las intervenciones lo puso la escritora Rosa Montero, una voz especialmente autorizada para hablar de la Feria del Libro de Madrid después de décadas recorriéndola como autora y como lectora. Precisamente esa larga relación con la institución le permitió comparar distintas etapas y detenerse en los cambios que, a su juicio, habían transformado la Feria durante los últimos años.
Rosa Montero recordó que Eva Orúe había recibido una Feria ya consolidada, pero defendió que había sabido llevarla «al siglo XXI». No habló de grandes revoluciones, sino de una suma de decisiones que habían modernizado la Feria sin alterar su esencia.
Citó mejoras aparentemente pequeñas —como la nueva señalización de las casetas, que permite localizar los números también desde la parte trasera, facilitando el trabajo de autores, libreros y visitantes— para explicar que son precisamente esos cambios, invisibles para muchos, los que terminan mejorando de verdad una institución.
Con el humor que atravesó toda su intervención, confesó su sorpresa de que nadie hubiera reparado antes en soluciones tan sencillas y defendió que esa capacidad para detectar necesidades concretas y resolverlas había sido una de las señas de identidad de la gestión de Eva Orúe. Porque, vino a decir, modernizar una institución no consiste únicamente en emprender grandes proyectos, sino también en mejorar la experiencia cotidiana de quienes la hacen posible y de quienes la disfrutan.
Sara y un desayuno que Eva no esperaba
Cuando por fin tomó la palabra, tras un largo aplauso con el público puesto en pie, Eva Orúe tuvo que detenerse unos instantes antes de empezar. Visiblemente emocionada, contuvo la emoción en varios momentos de una intervención en la que, fiel a su estilo, desvió desde el principio el protagonismo hacia quienes habían hecho posible aquel homenaje y hacia el equipo con el que había trabajado durante cuatro años y medio.
Contó que todo había comenzado el lunes anterior, cuando Sara, su mujer, le dijo simplemente:
—«Tenemos que hablar».
Desayunaron juntas y fue entonces cuando descubrió que llevaba ya tres días organizando aquel encuentro junto a un pequeño grupo de personas muy cercanas a ella. En realidad —recordó con humor— había terminado enterándose porque «a alguien se le había escapado algo» y ya no quedaba más remedio que compartir con ella el secreto.
Los primeros agradecimientos fueron para Sara, por haber impulsado el homenaje; para María de Meer, por sumarse desde el primer momento; para Rosa Sánchez, por acompañar la iniciativa desde el inicio; para el Círculo de Bellas Artes por abrir sus puertas al acto, y para Marta Rivera de la Cruz, delegada de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, cuya presencia quiso agradecer expresamente porque la Feria del Libro es también Feria de Madrid y sin el ayuntamiento, la Feria no sería.
Después llegó la primera rectificación de la tarde.
«Os voy a agradecer los elogios, pero os tengo que decir una cosa. Decís mucho que fui la primera mujer directora de la Feria. Cuando yo entré en el equipo de la Feria era la primera de siete. Durante un tiempo fuimos todo mujeres y cuatro de ellas están hoy aquí.»
Pidió entonces el primer aplauso para el equipo con el que había compartido aquellos cuatro años y medio. Recordó que las dos compañeras ausentes no habían podido asistir porque se encontraban fuera de Madrid y, señalando el ramo de flores que acababa de recibir al comienzo del homenaje, explicó:
«Este ramo es de las siete».
A partir de ese momento comenzó a desmontar, uno a uno, los elogios que había recibido durante toda la tarde para atribuirlos a las personas con las que había trabajado.
«Cuando alguien habla de los números en los laterales de las casetas, habla de mí, pero está hablando de Mariví. Cuando alguien agradece el trato recibido en las oficinas de la Feria, puede que piense en mí, pero está hablando de Rosa. Cuando alguien dice que la Feria ha cruzado el Atlántico y se ha convertido en un festival internacional de primer nivel, habla de mí, pero está hablando de Daniela Mercado; también de María José de Acuña, responsable de Comunicación, y de Ana Huerta, responsable de Producción, que es quien hace posible que más de cuatrocientos actos funcionen como un reloj.»
«Es el trabajo más bonito que se puede hacer»
El reconocimiento al equipo dio paso a la parte más personal de su intervención. Después de varios intentos por contener la emoción, Eva Orúe confesó algo que apenas había compartido hasta entonces.
«Yo creí que este iba a ser mi último trabajo.»
La frase quedó suspendida unos instantes en el salón.
Recordó que fue nombrada directora de la Feria el 15 de diciembre, el mismo día en que Sara cumplía años, y que la primera edición que dirigió comenzó el 27 de mayo, fecha de su propio cumpleaños. Aquella coincidencia la llevó a pensar que el destino le estaba reservando el mejor final posible para su vida profesional.
«Saqué la conclusión de que este puesto sería el remate de mi carrera. Y no ha sido así. Pero tengo que agradecer haber tenido la oportunidad de vivirlo.
Porque es precioso. A pesar de los problemas, a pesar de los contratiempos, a pesar de todo, es el trabajo más bonito que se puede hacer.»
La emoción volvió a aflorar, aunque enseguida recurrió al humor para rebajar la intensidad del momento.
Recordó un antiguo programa de televisión en el que los invitados escuchaban, en vida, el discurso que otros pronunciarían en su funeral. Después evocó otro formato más reciente, El cielo puede esperar, y confesó que alguien muy cercano le había dicho la víspera:
—«Lo que vas a vivir mañana es lo más parecido a un funeral que vas a tener».
La ocurrencia provocó las risas del público y permitió a Eva recuperar el tono desenfadado con el que había conducido buena parte de su intervención.
«Antes lo sospechaba; ahora lo sé»
Desde ahí fue hilando un agradecimiento amplio, sereno y sin prisas. Dio las gracias a las instituciones que habían acompañado el crecimiento de la Feria; a los patrocinadores que habían confiado en el proyecto; a editores, distribuidores y libreros; a escritores, traductores, periodistas, moderadores y colaboradores; a cuantos habían hecho posible que, edición tras edición, la Feria siguiera creciendo sin perder su identidad.
No habló de cifras ni de éxitos personales. Habló de trabajo compartido.
Recordó que durante aquellos cuatro años y medio había tenido el privilegio de dirigir una institución única y confesó que, antes de asumir el cargo, intuía la importancia de la Feria del Libro de Madrid, pero que solo al vivirla desde dentro había comprendido realmente su dimensión.
«Antes lo sospechaba; ahora lo sé.»
Aquellas palabras resumían mejor que ninguna otra el sentido de su despedida. No reivindicó una gestión ni hizo balance de un mandato. Prefirió celebrar la institución por encima de quienes, circunstancialmente, la dirigen.
Por eso reservó las últimas palabras para aquello que había presidido toda su intervención y, en buena medida, toda su etapa al frente de la Feria.
«¡Viva la Feria del Libro de Madrid!»
El salón Ramón Gómez de la Serna respondió con una nueva ovación, larga y cerrada. Como al principio del acto, el público volvió a ponerse en pie. Esta vez, después del acto lleno de recuerdos, reconocimientos y afecto compartido, el aplauso sonó distinto. No cerraba únicamente un homenaje. Cerraba una tarde en la que el mundo del libro, de la cultura, de la ciencia y de las instituciones quiso dejar constancia de una forma de entender la Feria del Libro de Madrid cuya huella, a juzgar por todas las intervenciones, trasciende ampliamente los días en que cada primavera abre sus puertas en el parque de El Retiro.
Lo que encontrarás en este artículo
- Cómo se desarrolló el acto de reconocimiento a Eva Orúe.
- Las intervenciones de representantes del mundo cultural, científico y universitario.
- Los reconocimientos anunciados durante la tarde.
- El discurso de Eva Orúe y su reivindicación del trabajo en equipo.
- El legado de una etapa al frente de la Feria del Libro de Madrid.
Preguntas que responde la crónica
- ¿Quiénes participaron en el acto de reconocimiento a Eva Orúe?
- ¿Qué distinción concedió Francia a Eva Orúe?
- ¿Por qué la UNE premió a Eva Orúe?
- ¿Qué papel desempeñó la ciencia durante su etapa al frente de la Feria?
- ¿Qué dijo Eva Orúe en su intervención?
- ¿Por qué definió la dirección de la Feria como «el trabajo más bonito que se puede hacer»?
